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viernes, 6 de enero de 2012


 Summary: "Dos mentes distintas, dos cuerpos distintos, un mismo origen, pero distinta seres completamente diferentes, unidos por un mismo sentimiento: AMOR…”
ADVERTENCIA: Contiene escenas sexuales explícitas -por eso el rating M, daa-, lees bajo tu propia voluntad. No me hago responsable bajo advertencia.

6.- Capitulo Seis: "Surrender of a hunter"
Beautiful Darkness
By Ally Cullen-Black
&.
Bella POV
La observé sorprendida y confundida a la vez. ¿Por qué se me acercaba? Algo en sus ojos me decían que estaba insegura si hablarme, si mirarme directo a los ojos. Me temía, a pesar de no conocerme. También pude notar que le había dolido que no estrechara su mano.
Pero, ¿cómo iba a hacerlo si apenas la conocía? Pensándolo bien, era la primera vez que nos presentábamos.
Alice me miró con intención de hablar, pero justo sonó mi móvil.
-Lo siento -me disculpé mientras visualizaba la pantalla del mismo.
"Bree llamando". Atendí preocupada, ya que ella únicamente me llamaba cuando había alguna emergencia.
-¿Diga?
-¡Oh, Bells! Te necesitamos aquí. Riley…-no dejé que terminara. Podía notar claramente cómo Alice prestaba absolutamente toda su atención en mí y en la llamada.
-Okey, estoy saliendo para allá -dije y corté- Lo siento, Alice. Pero me necesitan en mi casa -me disculpé lo más amable posible.
-Oh, está bien. Quizás otro día podamos conversar…-asentí sonriendo. Me despedí y corrí dentro del Instituto en busca de mis amigos.
Corrí a paso humano hasta el casillero de Max, donde estaban también George y Kimberly. Y para mi mala suerte, tenía que pasar por donde estaban Edward y uno de los vampiros, el rubio para ser más precisos.
Edward me observaba con el ceño fruncido, entre preocupado y confundido. Agradecí al cielo por no haber hecho que mi torpeza se metiera en el medio.
-¿Qué ocurre? -preguntó George preocupado.
-Bree acaba de llamarme. Algo ocurrió con Riley -dije mientras Max cerraba su casillero y los cuatro comenzábamos a caminar con demasiada rapidez -más de la que un humano, pero no tanto como la de un vampiro, y mucho menos como la de un vampsolt- hacia el estacionamiento. No nos importó que los vampiros nos vieran, a esta altura, era más que obvio que sabían que éramos extraños. Distintos.
Mientras mis tres amigos hablaban intentando adivinar qué era lo que había ocurrido, giré mi cabeza buscando esos hermosos ojos dorados. Él se veía raro, como si no quisiera que me fuera. ¡Diablos! Yo tampoco quería alejarme demasiado de él, pero era imposible. Tenía que irme, a pesar de extrañarlo con cada poro de mi fría y dura piel…
¡Alto! No. No debía pensar en él. No debía…
.
.
-Eres un idiota…-le escupí a Riley totalmente resentida.
-¡¿Qué pretendías que hiciera? ¡Estaba quitándome a la mitad de mi aquelarre! -gritó mientras se frotaba el hombro derecho con una mueca de dolor en su rostro.
-Sigues siendo un idiota. Enfrentarte a un lobo por un estúpido neófito que no supo cumplir con el acuerdo, es demasiado peligroso. Sabes exactamente que ellos son las únicas creaturas que pueden matarnos fácilmente a diferencia de otro vampsolt, u otro vampiro -dije cruzándome de brazos- De todas formas, perdiste algunos.
-Sí, pero solo fueron los inútiles -lo miré con expresión reprobatoria- ¿Qué? No me mires así, señorita-defensora-de-pobres. Ya tengo suficiente por hoy para aguantarte a ti...
-Púdrete, Riley -dije antes de girarme para salir de su habitación.
Todo había sido un mal entendido entre los nuevos y los malditos lobos. Hombres lobo, los odiaba. Siempre merodeando por estos lados, como esperando a que cometiéramos un error para venir por nosotros. Malditos.
-Aguarda, Bella -dijo haciendo que me detuviera de golpe- Tengo un trabajo para ti -me giré y fui hasta él, que estaba parado mirando por su ventana hacia el bosque.
-¿Q-qué clase de trabajo? -pregunté con miedo.
"Dios, que no sea lo que pienso…"
-¿Ves en aquella dirección? -dijo señalándome hacia algún punto en el bosque. Un extraño brillo vino desde ese lugar, como si una luz despampanante se reflejara sobre el vidrio. Asentí- Por allí vive el aquelarre de los vampiros de ojos amarillos, y estaba pensando…-sentí mi cuerpo paralizarse. La furia mezclada con un extraño instinto protector, comenzó a subirme por el cuerpo, dominándome. Antes de que Riley terminara, lo empujé con fuerza, haciendo que su espalda chocara contra la pared, donde se produjo el sonido de un camión chocando contra otro. En la pared quedó la calcomanía de la espalda de Riley.
-Si llegas a tocarlos, date por muerto -dije entre gruñidos. Riley me observó confundido y enojado. Me giré sobre mis pies y salí de aquel lugar.
Estaba furiosa, necesitaba urgente distraerme antes de que cometiera una locura. En ese momento, entre todo el enojo que me dominaba, comencé a notar que mi garganta quemaba. ¡Diablos! ¡Y cómo dolía! Apreté los dientes cuando mi monstruo interno me recordó a… Edward. Corrí hacia Port Angels, lo más lejos que me permitía a mí misma, con esperanzas de encontrar algo durante la noche. Aparte de estar lejos del vampiro por si las dudas…
Me metí por una abertura entre dos edificios que separaban un viejo -con aspecto de abandonado- hotel y un negocio de ventas de CDs. Atravesé el callejón por dentro hasta el final; y cuando llegué, subí muro arriba.
Una vez en la azotea, observé el cielo. Aún faltaban varias horas para que oscureciera del todo, así que me senté con mis piernas cruzadas debajo de mi cuerpo, y esperé hasta que la oportunidad apareciera.
Tres horas más tarde aproximadamente, un hombre apareció en el callejón trayendo consigo a una joven. El rostro de la chica era de total horror, mientras que el hombre tenía una expresión fría en el rostro.
Un aroma dulce, apetitoso, me llegó desde la posición del hombre, justo debajo de donde yo estaba sentada.
El aroma a… Vampiro.
"¡Bella! ¿Y si ese fuera… Edward?"
Demonios. ¿Ahora tenía que traer el recuerdo del vampiro de ojos dorados a mi cabeza? Mi monstruo tomó ventaja, y comenzó a hacer memoria…
Me agazapé, dispuesta a atacar, pero una dirección completamente distinta a la de donde estaba mi presa.
"Tu presa esta de éste lado, Bella. ¿Qué se sentirá cuando esa ansiada sangre se deslice por tu garganta? ¡¿Cómo se sentirá esa sangre, Bells? Imagínalo…" Me tentó mi monstruo interior.
Alcé la vista, y vi el bosque. Justo la dirección que me llevaba a la casa de Edward.
NO. Cerré los ojos con fuerza y clavé las uñas en el tejado donde me encontraba.
Gracias al cielo, no hizo falta esperar tanto a que el vampiro terminara de alimentarse con la pobre humana. Salté cayendo justo detrás de su cuerpo, y sin pensarlo clavé mis dientes en esa gruesa -a comparación con la de un humano- piel de vampiro.
La sangre era cálida, con un sabor agridulce gracias a que recién terminaba de alimentarse, y sofocó la quemazón en mi garganta al mismo tiempo que aplacaba el irritante vacío de mi estómago. Absorbí y tragué ansiosa, intentando olvidarme de Edward. Una vez que terminé, lancé el cadáver sin vida -ni muerte viviente- al suelo, y me volví unos pasos hacia atrás hasta que mi espalda chocó contra la sucia y fría pared de ladrillos del callejón.
Lo bueno de un vampsolt era que solo necesitaba un vampiro para poder sentirse -aunque fuera por poco tiempo- algo satisfecho. Pero no en mi caso. Yo tenía algo, o mejor dicho alguien, que me impedía esa satisfacción…
"Si tan solo tuvieras esa sangre corriendo por tu garganta, estaríamos satisfechas…"
NO. Salí corriendo en busca de otro vampiro. No importaba si tenía que meterme en un bar para conseguirlo. Lo haría. Haría cualquier cosa que implicara no lastimar a Edward. Si llegaba hacerlo, no me lo perdonaría. Jamás.
Cuando llegué a Forks, encontré a otro vampiro. Un nómade. No tardé menos de quince minutos en terminarme el segundo. Dejé caer el cuerpo sin vida otra vez al suelo, sintiendo mi estómago a punto de estallar. Estaba satisfecha.
-Siento que estés sufriendo así, Bells -dijo Bree apareciendo de entre los árboles. La miré confundida- Max me lo explicó.
Asentí volviendo mi mirada al suelo, donde estaba el cuerpo inerte del vampiro.
-¿Por qué volviste? -devolví mi mirada a ella- Quiero decir… si esto es muy difícil para ti…-se apuró a explicar al ver mi rostro.
No sé qué es lo que pudo haber visto en él para apresurarse a explicar sus palabras, pero me daba una idea.
-No me gusta sentirme una cobarde…-confesé encogiéndome de hombros.
-Bella…-dijo como regañándome mientras se acercaba y tomaba mis manos entre las suyas, tan diminutas que me causaban ternura.
Irónico, ¿no? Un ser inhumano, cruel y sin piedad sintiendo ternura.
-Nunca fuiste una cobarde, siempre te consideré un modelo a seguir…-sonreí sin poder evitarlo- Y lo sigo haciendo -aclaró sonriente. La abracé.
Aún recordaba el día que Riley encontró a Bree. Yo estaba con él. Hace cinco años atrás, su padre comenzó a golpearla afuera de su casa. Riley sintió pena por la chica, por lo que no dudó en ayudarla. Él mató al padre, y luego al verla tan indefensa mirándonos con sumo terror, no me resistí en sugerirle a Riley que la transformara.
Y otra vez la culpa me llenó… Era mi culpa que ella fuera el vil ser que yo era. Era mi culpa que mis amigos me vieran sufrir por aquel vampiro. Era mi culpa el haber casi matado a Edward.
Todo estaba derrumbándose en mi estúpida existencia…
-Ven, te ayudo a limpiar -dijo Bree alejándose antes de tomar mi mano y sonreírme. Intenté devolverle la sonrisa, pero creo que se vio más a una mueca forzada.
.
.
Caminé por el pasillo del Instituto hasta llegar a la cafetería, donde estaban todos los estudiantes.
-Woow, Bells. Te ves terriblemente mal…-comentó George en mi dirección.
Le saqué la lengua mientras me sentaba en mi lugar habitual al lado de Max. -Muérdeme -le escupí irritada apoyando los codos sobre la mesa y ocultando el rostro entre mis manos. Escuché su burlona risa seguida del sonido de sus dientes chocar, a modo de respuesta a mi insulto. Idiota.
-¿Estuviste cazando? -me preguntó Max con preocupación.
-Así es. No quiero arriesgarme…-dije mirándolo de reojo.
-Bella, te estás torturando a ti misma -me regañó George. Me encogí de hombros mientras me ponía en pie- ¿A dónde vas?
-A buscar algo para beber -mis tres amigos me miraron confundidos- Agua, jugo, lo que sea que sirvan en este infierno…-expliqué con malhumor antes de girarme e ir hacia la corta fila.
Suspiré guardando mis manos en los bolsillos de mi chaqueta. No había podido descansar, ya que terminé acompañando de cacería a Bree. Pero fue un momento agradable. Ella me hacía recordar de cuando yo era una niña. Callada, sin intención de generar disturbios en lo que supuestamente nosotros llamábamos "hogar" al aquelarre, y completamente reservada. Claro, esa era una cualidad de la cual ella se olvidaba estando conmigo.
Una aroma me golpeó desde atrás, rodeándome. Dejé de respirar. Sabía perfectamente de quién provenía.
-Buenos días -sentí su voz susurrar detrás de mí justo cuando avanzaba la fila. No pude evitar sorprenderme -por más que su olor lo delató hace unos momentos-, haciendo que tropezara con mis propios pies. Su mano me tomó del brazo justo a tiempo, y una corriente eléctrica me subió por el cuerpo desde su toque.
¡Diablos, no! No podía tocarme. No debía hacerlo, por más que algo muy adentro mío deseara que me abrazara y no me soltara. Una vez que estuve afirmada sobre mis pies, giré mi cabeza y miré con seriedad -obviamente fingida- hacia su agarre. Él me soltó de inmediato.
-Buenos días -dije con dureza volviendo mi mirada al frente.
-¿Está todo bien? -podía notar preocupación en su tono de voz, aparte de confusión.
Esta vez fui yo la que suspiré. -Edward…-dije girándome a él- No deberíamos ser amigos.
"Es por tu propio bien…" Pensé para mí misma.
Él hizo una mueca extraña seguida de un seco y corto suspiro. -Deberías haberte dado cuenta de eso antes -dijo secamente, casi molesto.
Diablos. Me había quedado sin aire, y necesitaba contestar. Respiré con miedo. Su dulce aroma rasgó por mi garganta haciendo que la sed se intensificara, y cerré los ojos con frustración, tratando de concentrarme en algo más que el deseo por su sangre.
-Solo dije que no deberíamos ser amigos, no que no lo quisiera…-dije girándome, volviendo a la fila y dejando de respirar- Y… me harté de estar lejos de ti…
No podía evitar sentir lo que sentía. Sí, quería estar cerca de él, por más que eso implicara que comenzara a controlar y mejorar mi autocontrol, sobre todo con él. Otro en mi lugar, consideraría eso una tortura. Pero yo con gusto lo haría, por él…
Edward volvió a suspirar frustrado mientras la fila avanzaba y yo tomaba una de esas cajitas con jugo de naranja y avanzábamos al mismo paso. Por poco y él me pisaba los talones.
-¿Qué significa eso? -preguntó totalmente frustrado mientras se paraba delante de mí, impidiéndome que siguiera mi camino hacia la mesa de mis amigos una vez que nos salimos de la fila.
-Significa que si fueras inteligente, te alejarías de mí -contesté mirándolo a los ojos. Él miraba mi rostro con detenimiento, como si quisiera intentar meterse en mi cabeza, mientras que a la vez observaba con confusión el jugo en mis manos.
-Supongamos por un momento que no soy inteligente…-propuso casi con desesperación- ¿Me dirías qué es lo que ocurre?
-No. Probablemente, no -contesté con rapidez antes de irme hacia mi lugar.
Él se quedó en allí durante unos segundos, antes de suspirar pesadamente e irse con su familia. Odiaba tratarlo así, pero sentía que no me quedaba otra opción.
.
.
-Aun no entiendo cómo haces para soportarlo…-comentó Kim mientras caminábamos por el bosque, siguiendo desde atrás a algunos integrantes del aquelarre.
Habíamos salido de caza, y yo había optado en salir con ellos, necesitaba verificar que no iban a acercarse a los Cullen.
-Creo que… tendré que acostumbrarme -dije en un suspiro.
-¿Por qué no buscas el lado fácil? -preguntó George.
-¿Te refieres a… matarlo? -preguntó Kim a su novio.
Un gruñido se escapó de mi garganta. -¡Okey! Tranquila. Solo fue una suposición -sacudí mi cabeza volviendo a tranquilizarme.
-Debería irme. Desaparecer…-comenté mirando al cielo. Por primera vez, no estaba nublado, y dejaba ver las infinitas estrellas por todo el cielo, y a la enorme y brillante luna en el centro.
-Anda. Piensa en estar lejos del vampiro…-me retó Kimberly.
Lo pensé. Pensé en cómo sería irme, dejarlo. En cómo sería tener su recuerdo grabado en mi mente en donde fuera que me encontrara... ¡Maldita sea! No podía. Mi estómago se contraía de puro dolor, al igual que mi pecho de desesperación. Y era un ser demasiado egoísta. No podía estar, subsistir en mi larga existencia sin él.
-¿Lo ves? Ahí lo tienes. Mira su rostro -le dijo Kim a George. No me había dado cuenta de que tenía el ceño fruncido con una mueca de dolor en el rostro, al menos hasta que me vi reflejada en los ojos de Kim.
Suspiré cansada, relajándome. Aunque la sensación había quedado en mi mente.
-¡George! ¡Únetenos, hermano! -le gritaron Kevin y Matt, integrantes del aquelarre. El aludido sonrió antes de saludar a su novia, asentirme e irse con rapidez con sus amigos.
Nosotras seguíamos caminando, bien atrás del grupo que le había tocado salir esa noche.
-Bella, creo que deberías darle una oportunidad…-comentó Kim de la nada. La miré confundida- Cariño, ya es tiempo que dejes de pensar en los demás, y comiences a pensar en ti. La eternidad, es demasiado tiempo para estar solo…
No supe que pensar sobre eso. Sí, eso era un hecho de seguro pero, ¿a qué precio debería de tener lo que quería? Y lo más importante, ¿querría pagar dicho precio por el simple hecho de tenerlo a mi lado? ¿De que fuera mío?
Obviamente la respuesta a aquello era demasiado simple.
SÍ.
La necesidad de reclamarlo como mío en todo sentido se me hacía casi compulsiva pero… ¿Cómo?
¿Cómo querer algo así cuando la raíz de todo lo malo era que yo era su mayor problema?
Esto no era juego de una sola baza. Aquí era arriesgar el todo por el todo porque, siendo completamente sincera y tal como me lo demostró Kim hacía tan solo unos segundos, yo no podría seguir viviendo, o más bien existiendo, sabiendo que él ya no estaría a mi lado. Ya fuera que la causa fuera yo o no, yo sabía que no podría vivir un día más allá de él.
No me di cuenta de que Kim me había dejado sola hasta mucho después cuando tratando de despejar mi mente sacudí mi cabeza y me vi parada sola en aquel lugar.
Corrí. Corrí por mucho rato ya que la velocidad me dejaba una gran claridad en mi mente. Era casi como desconectarse y ver todo desde afuera. No tenía miedo de que alguien me viera ya que estaba sola corriendo por el medio del muy oscuro bosque. Sin embargo…
Sin embargo cuando me quise dar cuenta me encontraba en lo alto de una gran colina viendo directamente a ese punto claro de luz en el medio del bosque. La casa de los Cullen. Su casa.
Al final opté por sentarme y quedarme viendo en aquella simple apacibilidad durante horas. Tratando de impregnarme de la paz del momento.
Me rindo.
.
.
Edward Cullen entró en la cafetería luego de que sus cuatro hermanos lo hicieran. La chica menuda se quedó mirando un punto fijo mientras el vampiro rubio la guiaba a su asiento habitual, en la mesa que siempre ocupaban los vampiros, entre ellos Edward. Y luego, ella sonrió mirando al cobrizo.
Edward giró su vista por toda la cafetería, hasta que sus ojos se cruzaron con los míos. Su latente confusión de hace días estaba plasmada a su rostro, y creció aún más al verme allí sentada.
Había optado por rendirme. Ya no huiría más de él. El futuro sería el que tuviera que ser.
Estaba sentada en una mesa apartada de mis amigos -que obviamente protestaron por mi decisión de darle una oportunidad a un vampiro, a una presa- y de los Cullen.
El cobrizo se encaminó hacia mi mesa, que pronto sería nuestra. Claro, solo si él quería.
-¿Por qué no te sientas conmigo? -le pregunté amablemente una vez que llegó a la mesa.
Él, sin pensarlo, se sentó frente a mí.
-¿Qué significa todo esto?
-Bueno, ya te lo he dicho. Estoy harta de estar lejos de ti, así que me rendí -confesé sin miedo. Edward frunció su ceño- Espero tus hermanos no se molesten por haberte raptado.
-Sobrevivirán -comentó con tono de broma. Sonreí cruzando mis brazos sobre la mesa.
-Aunque, es posible que no quiera liberarte. Te vez preocupado…-comenté observando la expresión de su rostro.
-Más bien, sorprendido. ¿A qué se debe tal cambio de humor?
-Ya te lo he dicho. Me rendí.
-¿Te rendiste? -preguntó confundido.
-Sip. Deje de intentar ser buena, hare lo que yo quiera. Y que el futuro sea lo que tenga que ser…
Él suspiró antes de recostarse en su silla.
-¿Eso quiere decir que somos… amigos?
-Amigos…-repetí suspirando- Sigo esperando a que me creas. Si eres listo, me evitarás.
Edward rió divertido antes de hablar.
-Entonces, hasta que sea listo, ¿podemos ser amigos?
Le devolví la risa.
-Podemos intentarlo…
Él sonrió abiertamente, mostrando sus blancos y filosos dientes, antes de acercarse a la mesa y estirar su mano hacia mí. La observé detenidamente, con algo de miedo. ¿Qué pasaría si él tocaba mi fría piel? ¿Me rechazaría? ¿Sería ese el antídoto para que huyera de mí? Quiero decir, él ya lo había hecho una vez, pero no del todo. (N/A: Se refiere a que Edward una vez tocó su mano. ¿Recuerdan? En la clase de biología…)
-No creo que sea un buen comienzo…-dije mirando con desconfianza su mano estirada.
-¿Crees que saldría corriendo por solo un toque? -preguntó divertido.
-Tengo esperanzas de que lo hagas -confesé aun mirando con desconfianza su mano.
-¿No crees entonces, según tú y tu insistencia en que me aleje de ti, que eso ayudaría?
Levanté mi vista a sus ojos que destilaban diversión.
-Touché -él volvió a sonreír.
Suspiré mientras desenredaba mis brazos cruzados sobre la mesa. Miré su mano, y muy lentamente, fui estirando la mía para estrechar la suya. Mordí mi labio antes de que nuestras manos se juntaran.
Él suspiró cuando nuestras manos se unieron, seguramente al sentir el frío de la mía. Yo sentí toda una corriente subir desde nuestra unión y expandirse por todo mi cuerpo. Se sentía tan… reconfortante, que quería, y deseaba, que jamás me soltara.
Me observó directamente a los ojos mientras bajaba nuestras manos unidas y las apoyaba sobre la mesa, sin ningún indicio de querer soltarla. Sonrió de lado con aquella sonrisa tan característica suya, cuando llevó su otra mano a aquella unión, tomando mi mano entre las suyas y acariciándola levemente.

Woow, chicas! EXTRA LARGO! ^^
Que me dicen? Les va gustando? :D
Espero ansiosa sus Reviews! :)
Peace. Out.
Ally C-B.

 Summary: "Dos mentes distintas, dos cuerpos distintos, un mismo origen, pero distinta seres completamente diferentes, unidos por un mismo sentimiento: AMOR…”
ADVERTENCIA: Contiene escenas sexuales explícitas -por eso el rating M, daa-, lees bajo tu propia voluntad. No me hago responsable bajo advertencia.

5. Capitulo Cinco: "Conociéndonos"
Beautiful Darkness
By Ally Cullen-Black
&.
Bella POV
-¿Las damas primero, compañera? -su voz tan masculina me sacó de mis cavilaciones. Lo miré detenidamente a los ojos, intentado que mi monstruo no saliera a flote, recordándome su olor- Puedo empezar yo si lo deseas -se corrigió mirándome profundo.
-No, está bien -dije antes de sacar el primer cristal y colocarlo en el microscopio antes de acercar mi ojo al pequeño lente- Profase -dije rápidamente, sabiendo de memoria el tema, mientras buscaba el siguiente cristal. ¿Cuántas veces había hecho este ejercicio con distintos tipos de células? Perdí la cuenta.
-Sé que sonará estúpido, pero, ¿te importa si lo miro? -dijo tomando mis manos, evitando que cambiara el cristal. Su tacto era frío -pero de seguro no tanto como el mío- y suave, provocando que una extraña corriente eléctrica se produjera desde donde nuestras manos se unían y se expandiera por mi cuerpo.
Quité rápidamente mis manos mientras su rostro demostraba sorpresa y confusión. Susurré un débil: "Lo siento". Él no dijo nada, solo tomó el microscopio y le echó una ojeada.
-Profase -murmuró entre dientes mientras anotaba algo en su cuaderno.
-Eso dije -contesté haciéndole saber que lo había escuchado. El soltó otra débil risa. Volví mi mirada al portaobjetos antes de volver a sentir su mirada y sus ansias por hablar sobre mí, hasta el momento dado en el que lo hizo.
-¿Estas disfrutando de la lluvia? -preguntó intentando entablar conversación. Levanté mi mirada estupefacta. Sonreí de lado mientras soltaba una divertida risa- ¿Qué es lo divertido? -preguntó confundido por mi reacción.
Me encogí de hombros.
-Siendo lo que somos, ¿no crees que deberíamos acostumbrarnos a este tipo de clima, nos guste o no? -murmuré para que únicamente él me escuchara, mientras que para los demás parecía como si escribiera algo en mi cuaderno y tarareara alguna canción. Él me miró detenidamente, como si se impresionara por mi contestación, cuando alcé mis ojos hacia él.
El vampiro se sumergió en sus pensamientos mientras cambiaba el cristal por otro. Acercó su ojo al lente del microscopio por solo dos segundos.
-Anafase -dijo mientras volvía a escribir en su cuaderno.
-¿Puedo? -pregunté señalando al microscopio. Él asintió con una sonrisa.
Miré por el lente rápidamente, creo que ni llegué al segundo.
-Anafase -repetí.
-Eso dije -repitió mis propias palabras. Sonreí quitando el cristal.
-¿Me pasas el número tres? -pregunté estirando mi mano. Él dejó caer el cristal sobre la misma, y lo coloqué en el aparato. No miré tanto tiempo, era imposible confundirse en la fase- Interfase -dije con tono despreocupado y levanté mi mirada hacia él, expectante- ¿Quieres mirarlo? -pregunté divertida. Él sonrió.
-Confío en ti…-contestó mirando directo a mis ojos, pero me dio la sensación de que era como si le estuviera hablando a mi alma. Esa alma que por tanto tiempo creí muerta, y que con esas simples palabras daba un salto en mi muy muerto corazón.
Bajé mi mirada pasándole el microscopio, perdida en mi mente, en mi interior. ¿Por qué me sentía tan…tan…llena? Sí, esa era la palabra. Llena. Antes de que él llegara, nunca me había sentido así, nunca había tenido algo por qué hacerlo. Mis amigos lo eran todo para mí, pero aun así siempre sentía un pequeño vacío en mi interior que no lograba llenarlo con nada. Absolutamente nada. Ni siquiera con Max, o con Riley, no, mucho menos con él.
Volví a la realidad cuando sentí un escalofrío recorrer mi cuerpo, que resultó ser Edward, con su mano en mi espalda pidiéndome permiso para pasar e ir a hablar con el profesor. Cuando volvió me sonrió, y así terminamos la tarea, hablando de a una palabra a la vez y casi sin mirarnos a los ojos. Luego, el señor Banner se acercó a nuestra mesa y revisó lo que habíamos hecho.
-En fin, Bella -dijo levantando su vista hacia mí- ¿No crees que deberías dejar que Edward también mirara por el microscopio? -sonreí sin poder evitarlo.
-En realidad, Edward hizo la mitad del trabajo -lo halagué mirándolo otra vez.
-¿Has hecho antes esta práctica de laboratorio? -se giró el profesor a él mientras le preguntaba.
Noté la diversión en los ojos de Edward antes de contestarle. -Sí.
El señor Banner lo miró sorprendido antes de volver a preguntar. -¿Estabas en un curso avanzado en Alaska?
-Así es -contestó Edward asintiendo con esa misma diversión.
-Bueno, -dijo dejando nuestro trabajo sobre la mesa- supongo que es bueno que ambos sean compañeros de laboratorio -giró y se alejó de nosotros murmurando, -Así los otros chicos tienen la oportunidad de aprender algo por sus propios medios -casi en un susurro, que ningún humano pudo haber oído, pero que nosotros sí lo hicimos. Nos miramos el uno al otro y nos sonreímos de manera cómplice.
-Así que…-comenté a los minutos- ¿Alaska? -pregunté mirándolo curiosa.
-Estuve allí con mi familia por un tiempo -me explicó con seriedad- Tuvimos que irnos gracias a que unos humanos comenzaron a sospechar. Al parecer, eran unos de esos obsesionados con un tema que no paran hasta comprobar sus palabras…-dijo rodeando los ojos con cansancio. Pobre, me imaginaba cómo debía haber sido tener que soportar a personas así.
-Alaska…-suspiré mirando al frente- La mayor parte de mi familia vivió allí…-comenté volviendo a sumergirme en mi mente.
-¡Rápido, Bella! ¡Corre! -me gritaba mi madre cuando tenía unos siete años de edad, mientras mi padre nos corría a ambas para atraparnos.
Risas. Cosquillas. Juegos en familia. Siempre fuimos unidos, los tres, Charlie, Renné y yo. Y al ser su única hija, todo su amor siempre fue volcado a mí y estuvo muy presente en mi niñez.
Recordaba muy bien como todos los domingos, luego de que anochecía, Charlie me tomaba a mí y mi libro preferido en sus brazos y nos llevaba junto a aquella hermosa y enorme chimenea que teníamos en la casa, mientras que Renné preparaba su típico chocolate caliente con galletas caseras, todo hecho con amor, esa clase de amor que hacía tanto tiempo no veía. Al menos de aquel estilo tan puro.
Y allí nos la pasábamos todos a gusto, hasta que yo me dormía. Charlie leyéndome mis cuentos preferidos, Renné mirándome embelesada, con ese incalculable amor de madre. Todo era perfecto durante la niñez.
Lástima que cuando uno crece, todo cambia.
-¿Qué edad tienes? -la pregunta del vampiro me distrajo y me hizo volver rápidamente de vuelta a la realidad, interrumpiendo mi muy guardado y apreciado recuerdo, que no entendí por qué había salido a la luz justo en aquél momento.
Me giré hacia él, viendo su cara de total confusión y frustración al mismo, con su ceño fruncido y sus manos cerradas en puños sobre la mesa. Me tensé.
-Amm…-¡Diablos! ¿Qué le contestaba? No podía decirle exactamente mi edad- Te refieres, ¿en apariencia, o la verdadera? -susurré para que únicamente él me escuchara.
El tal Edward relajó completamente su rostro y sus manos antes de contestar con simpatía:
-Ambas.
Solté una débil risa sin contenerme.
-Que sincero…-él rió mientras yo desviaba la vista hacia mi cuaderno sobre la mesa- Aparento diecisiete. Y… amm… soy mayor -dije justo cuando tocó el timbre.
Me levanté lo más rápido que pude tomando mis cosas antes de desaparecer de allí. No iba a decirle mi edad. No. Al menos, no por ahora.
"Y se lo dirás, ¿cuándo? ¿Cuándo se conviertan en mejores amigos?"
Nadie dijo que seríamos amigos. ¿O sí? Bueno, no era momento de pensar en el futuro. Sería lo que tendría que ser…
"¿Y si en ese futuro están… juntos?"
¡Agh! Estúpida consciencia.
Cuando me di cuenta de que era la única en el pasillo, corrí a velocidad de vampsolts hacia el estacionamiento. Necesitaba respirar aire fresco. Me senté en unas de esas mesas de piedras que allí había.
Okey, sí. Había sido una estúpida al salir corriendo de esa forma, pero no podía mentir. Era demasiado mala para ello. Y decirle mi verdaderaedad no era una opción. ¿Por qué me sentía tan… rara, al ocultarle algo?
Al menos, algo teníamos en común… Ambos conocíamos Alaska. No sabía si él había nacido allí, pero al menos lo conocía.
"Es solo una coincidencia, Bella. No te ilusiones…"
¿Ilusionarme? ¿Por qué debería de hacerlo?
"Tus últimos pensamientos hacia él, no han sido muy apropiados para su persona…"
Nuestros, querrás decir. Y, ¿a su persona?
"Okey, nuestros... Sí, a SU persona. 'Rostro tallado por dioses, cuerpo musculoso, sonrisa torcida que nos vuelve loca', ¿no te suena?"
Está bien. No tenía con qué contradecirla.
"Recuerda, Isabella. Él es la presa, y tú la cazadora. NO hay nada en común"
Suspiré resignada. Ella tenía razón. Más bien yo tenía razón… Ahh, daba igual. La cuestión era que no podía ni debía pensar en que algo sucedería entre ambos.
Yo soy la cazadora. Él es la presa. No existe unión más allá de la típica red alimentaria entre depredador y presa. Y eso éramos…
"Para nuestra mala suerte, eso somos…"
Estaba tan metida en mi cabeza, que no oí llegar a la pequeña vampiro de pelo corto que se encontraba al frente mío.
-Hola, soy Alice Cullen -saludó presentándose con una sonrisa mientras me estiraba su mano, e interrumpía, por segunda vez una persona de aquella familia, mis pensamientos. Asentí en su dirección. No iba a generar contacto.
-Hola, Alice. Soy Isabella Swan, pero puedes llamarme Bella.
Okey, no sé de dónde salió la confianza para permitirle aquello. Pero su menuda y pequeña figura me causaba ternura, que obviamente, me hacía olvidar su dulce olor a vampiro.
Ella sonrió antes de sentarse en frente de mí.

Alguien por allí detrás de la pantalla? ^^
Bueno chicas! Que les pareció? :D
Reviews?
Saben que las re amoo! Y muchas gracias a todas por apoyarme con mis locas ideas!
Peace. Out.
Ally C-B.
 
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