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miércoles, 1 de febrero de 2012

Summary: Isabella Swan no es la típica chica de 17 años, torpe, indefensa e inocente. Ella es atrevida, rebelde, decidida, no le importa decir lo que piensa ni lo que los demás piensen de ella, y, por sobretodo, es la chica más deseada de todo el Instituto desde que llegó. Cualquier chico moriría por tenerla, cualquier chica desearía ser su mejor amiga, Isabella era el objetivo de todos. Pero ella ya tenía a sus dos objetivos bien fijados. Pero, ¿qué ocurrirá cuando ellos terminen siendo diferentes a lo que aparentan?
Advertencia: Contiene escenas sexuales explìcitas -por eso el rating M, daa-, lees bajo tu propia voluntad. Persona que no les gusten los trios -o LEMMONS de cualquier tipo-, RETROCEDAN. No me hago responsable bajo advertencia.
Cancion (?): No. Por esta vez, no hay nada. Les doy permiso para que escuchen lo que se les plasca. :) HAY LEMMON, tengan eso en cuenta... xD Por lo que yo unicamente sugiero algo sexy... :$
N/A: Okey, como prometí, ¡LEMMON! :D Denle un aplauso a mi siempre presente beta, Guadi, que me beteó el cap. Mujer, sabes que te quiero! ;)
Ahora sip... ¡Enjoy la lectura! ^^

16. Capitulo Dieciseis
Naughty Game
By Ally Cullen-Black
&.
Bella POV
—Oh… ¡Mierda! —Gemí cuando sentí su lengua lamer completa y lentamente mi intimidad.
Mi respiración era acelerada, mis ojos estaban jodidamente vendados y mis manos malditamente atadas al respaldar de la cama.
Sí, el mal nacido me tenía completamente a su merced. Bufé internamente. Esto no estaba bien…
Todo pensamiento se fue por el drenaje cuando su lengua comenzó a lamer insistentemente mi muy traicionero y sensible clítoris mientras dos de sus dedos jugaban acariciando mi entrada. Mis ligeros jadeos y gemidos no se hicieron esperar, resonando en aquella sucia habitación de hotel barato.
Sí, lo sé. Había caído bajo. Pero, ¿cómo iba a saber yo que mi larga caminata me dirigía a las afueras de Port Angels? ¿Cómo iba a saber que ese lugar estaba casi despoblado, y que las pocas personas que lo habitaban eran indigentes de la calle? Vamos, soy Isabella Swan, el perfecto imán atrae problemas. Me golpeé mentalmente por haber sido tan estúpida de no haberme dado cuenta de todo ello.
Su socarrona y arrogante risa me sacó de mis cavilaciones, y bufé frustrada, ya que por su risa había detenido sus acciones.
Sus dedos rozaban levemente mi entrada, haciendo que mis caderas se elevaran instintivamente, buscando más fricción. Daniel volvió a reír.
—Dime lo que quieres, gatita… —Solté un jadeo-bufido por sus palabras. Odiaba que me llamara así, pero el tono con el que lo hacía me excitaba.
Sus dedos hicieron presión en mi sensible botón, solté un ligero "Ugh", y sus dedos aflojaron. Bufé otra vez.
—Imbécil —le insulté sin contenerme por haberse detenido. Daniel volvió a reír.
Al parecer, le resultaba entretenidamente divertido verme atada y vendada de los ojos en una cama, completamente excitada. Bruto idiota. Me tragué mis insultos cuando todo se fue al carajo. Sus dientes atraparon mi clítoris, apretándolo, y sentí dos de sus dedos penetrarme de lleno. Gemí alto -casi gritando-, arqueándome y echando la cabeza hacia atrás cuando el orgasmo me golpeó con fuerza. ¡Puta madre!
Me mordí el labio intentando recobrar la respiración. Y de la nada, un recuerdo me llenó…
.
Esa sensación de enorme placer me llenaba y sentí algo húmedo acariciarme con delicadeza aquella parte sensible de mi intimidad, provocando que una descarga eléctrica me recorriera el cuerpo. Abrí mis ojos de golpe y los dirigí hacia abajo. Jadeé con fuerza ante la erótica imagen de Edward entre mis piernas, con los ojos cerrados y el ceño fruncido, completamente concentrado en su tarea de follarme con la lengua.
Tomé en puños las negras sábanas de seda volviendo a recostarme. Mordí mi labio arqueándome, dejándome llevar por esa hermosa sensación de infinito placer que él estaba entregándome. Luego de unos minutos, gruñí y jadeé pesado, su lentitud estaba matándome.
Edward… —Gemí cerrando los ojos y echando la cabeza hacia atrás. Él profirió un sonido gutural que me excitó sin la real intención de hacerlo.
Déjate llevar, Bella. —Dijo con la voz ronca antes de lamerme completa y lentamente. ¡Demonios! Estaba haciéndolo a propósito. Estaba matándome de placer lento y tortuoso. —Déjame probarte, preciosa…
Y gracias a esa voz sexy, la tortuosa lentitud de su lengua y uno de sus dedos penetrándome con esa misma lentitud, hizo que llegara a mi bendito e inigualable orgasmo.
.
Dios… ¿Acaso era real? ¿En verdad Edward me había follado con la lengua? No lo sabía, y si lo era, me costaba creerlo. Pero lo que sí sabía era que quería más de ello, y de él. No del cavernícola que me follaba con dolor, como solo sabía hacerlo el bruto y masoquista de Daniel.
Comencé a tirar de las cuerdas que me ataban a la cama, queriendo soltarme. Pero era imposible, por lo que bufé.
—¿Qué intentas hacer? —Sentí su cuerpo colocarse sobre el mío, su punta rozar mi entrada -provocando que un jadeo se me escapara-, y su voz en mi oído. —No creas que te dejaré ir tan fácilmente, gatita.
Su miembro me penetró duro, fuerte, de una sola estocada mientras sus dedos pellizcaban mi pezón derecho. Gemí, no pude evitarlo. Aunque el placer me llenara, allí, en un ligero rincón de mi mente, no estaba disfrutándolo. Sentía una pequeña pizca de rechazo -okey, eso siempre lo sentía hacia él cuando no me tocaba-, repugnancia, desprecio, y dolor. No quería más, ya no quería nada más de esto.
Agradecí entonces el tener los ojos vendados, ya que de esa forma -y gracias a la presión que ejercía la misma sobre mis ojos cerrados- impedía que las lágrimas que querían escaparse lo hicieran.
Entonces, me rendí y suspiré dejándome llevar…
.
.
.
Inspiré profundamente, y me sorprendí al oler el típico olor a flores de mis sábanas ¿Estaría ya en mi casa y en mi cama? Abrí mis ojos lentamente, y lo comprobé. Sí, era mi hermosa y suave cama. Sonreí agradecida e intenté estirarme al sentir la reconfortante suavidad de las sábanas sobre mi piel.
Y allí lo sentí.
Mis pezones dolían, sentía todos los músculos de mis piernas y brazos agarrotados, y un ligero ardor y dolor en mi entrepierna. Gemí del dolor y disgustada al recordar los típicos efectos secundarios de haber follado con Daniel, o más bien, que él me follara a mí. Comprobé también que estaba desnuda, y que mi ropa yacía en los pies de mi cama. Suspiré agradecida. Al menos, Daniel había tenido el respeto de no llevársela.
Con un enorme esfuerzo, entre gemidos de dolor y con los ojos cerrados, me senté con las piernas fuera de la cama. Como odiaba todo esto... ¡Como lo odiaba a él! Abrí mis ojos, y un grito de atoró en mi garganta. Mis muslos y piernas tenían un ligero tono azulado, y en otras partes, más cerca de mi intimidad y mis caderas, el color se profundizaba, pasando al morado.
Moretones... ¡El hijo de puta me había hecho moretones!
Solté el grito con fuerzas. ¡Al diablo! No me importaban una mierda los vecinos. Estaba enojada, molesta, y necesitaba descargarlo en algo. Cuando me calmé -pero aún con la respiración acelerada-, me puse en pie, y con dificultad caminé hasta el espejo de cuerpo completo que tenía en la pared, a un lado de la puerta de entrada a mi habitación, comenzando a observarme desde abajo, de pies a cabeza.
Mis pies… Por suerte estaban bien, normales. Con sus típicas lastimaduras de una persona que hace ballet.
Subí por mis pantorrillas hasta mis rodillas… Normal. No había indicios de maltrato.
Pero cuando comencé a subir más, el tono azulado comenzaba a notarse en algunas partes de mis piernas, y como lo mencioné antes, cerca de mi intimidad y caderas, el color se intensificaba, llegando al morado.
¡¿Qué putas me había hecho el malnacido? Mi respiración era acelerada, y hasta a mí misma me daba miedo llegar a mi rostro. De seguro, se vería mucho más furioso de lo que me imaginaba.
Continué subiendo, y la piel de mi estómago tampoco se había salvado. Fruncí el ceño cuando identifiqué dos mordidas. Me mordí el labio conteniendo las ganas de golpear algo mientras seguía subiendo. Mis pechos, más específicamente mis pezones, completamente irritados. Intenté tocarlos, pero me dolió más de lo que supuse. A duras penas subí por mi cuello, hasta llegar a mi rostro.
Y me sorprendí al no ver allí ninguna marca, solo la humedad que dejaban al paso las lágrimas que salían de mis ojos, deslizándose por mis mejillas sonrojadas.
No lo soporté más. Me dejé caer al suelo, apoyando la espalda en la cama, a la altura de los pies, y abracé mis piernas dejando salir el llanto.
Ya no… Ya no quería más. Daniel era una pesadilla para mí, y una horrenda. Había habido un tiempo en el que disfrutaba de estos juegos, y no me importaba como me sintiera al día siguiente, pero ya no era lo mismo. No, no lo era. Y eso era lo que dolía. Pero no entendía el por qué.
Y otro recuerdo me mostró el por qué…
.
Los dorados ojos de Edward me penetraban profundamente mientras su mano izquierda acariciaba mi mejilla con delicadeza, y no abandonaban un solo segundo los míos. Suspiré, sintiéndome -por primera vez- demasiado cohibida.
Bella… —Jadeó posicionándose sobre mí. Me estremecí al sentir su calor cerca de mi cuerpo. —No voy a follarte. —Dijo seguro apoyando su frente sobre la mía y cerrando los ojos.
Sentí mi respiración detenerse ¿Estaba hablándome jodidamente en serio? ¿Cómo que no iba a follarme? ¡No! ¡No podía hacerme eso! Faltaba tan poco… Quiero decir, ambos ya estábamos desnudos, era solo cuestión de que alguno se moviera bruscamente contra el otro, y la penetración ocurriría.
Lo pensé, lo medité, lo calculé ¿Me detendría una vez que hubiera hecho que me penetrara? ¿Sería acaso virgen? Descarté la idea recordando cómo me había follado con la lengua. Pero, entonces… ¡¿Por qué demonios no me cogería?
Separó nuestras frentes y sus ojos volvieron a hipnotizarme. Él sonrió torcidamente -mi nueva sonrisa favorita-, y se acercó a mi oído.
Voy a hacerte el amor… —Susurró antes de comenzar a penetrarme con desbordante lentitud, hasta que sentí la piel de su estómago contra la piel del mío, demostrando así, lo profundo que estaba enterrando en mí.
.
Enmudecí el llanto de golpe al recordarlo.
—Oh. Mi. Dios. —Murmuré en voz alta soltando un largo y profundo suspiro.
¿Acaso habría sido eso lo que me había hecho cambiar con respecto a Daniel? ¿Era eso lo que tenía 'atascado' en mi cabeza, no dejándome pensar en paz, no dejándome pensar en otra cosa que no fuera él y Jasper?
Jasper… ¿Qué tenía que ver él? ¿Por qué pensaba en Edward, y rápidamente Jasper lo acompañaba?
¿Acaso… estaba… enamorada… de AMBOS? ¡¿Acaso eso era jodidamente posible?
Me puse en pie, y corrí al baño, metiéndome de una sola vez en la ducha, sin importarme que el agua estuviera malditamente fría. Sentía la necesidad de bañarme, no solo por el obvio motivo -la transpiración del sexo-, sino también por, en una centésima de un segundo, haber inspirado el olor de Daniel impregnado en mi piel, distrayéndome agradecidamente de mis pensamientos.
Y no. Ya no lo permitiría más. No dejaría que Daniel volviera a tocarme. No estaba bien lo que me hacía. Su cabeza tampoco estaba bien, y esto había sido todo. En anteriores veces, sí me había lastimado, pero siempre era ligeramente, casi nunca llegaba a dejarme siquiera una pequeña marca azulada.
Y ésta vez, se había pasado. Había cruzado la línea, y no lo permitiría otra vez. Juraba, me prometía a mí misma, que no lo dejaría más, que no habría otra vez.
Salí del baño sintiéndome mejor, sintiéndome liberada, y limpia. Sonreí ante lo último, ya que únicamente reconocía el típico olor a flores del enjuague para el cabello que siempre usaba. Ningún olor a sudor y ningún indicio de olor a Daniel.
Con una enorme sonrisa fui a mi habitación envuelta en una toalla, y me vestí únicamente con unas cómodas bragas violetas y una diminuta, aunque igual de cómoda, musculosa blanca. Antes de bajar a la cocina, me coloqué en mis piernas y estómago una crema cicatrizante para la piel. Rogaba que la crema funcionara y me curara los moretones y mordidas.
Una vez lista, bajé las escaleras hasta la cocina ya que no había podido ignorar el sonoro rugido de mi estómago. Caminé al refrigerador, dispuesta a atacarlo y sacar lo primero que encontrara para comer, pero una hoja doblada sobre la mesada llamó mi atención.
La tomé, y era una nota. De Daniel…
"Bella:
Como verás, te traje a tu casa. No iba a dejarte en ese sucio hotel. A pesar de todo, sigues siendo mi 'hijastra'.
Pronto volverás a saber de mí.
No me extrañes.
Con amor,
Daniel."
Bufé haciendo de la nota un bollo de papel en mi mano. Maldito abusador. Ahora recordaba el hecho de que supuestamente era su 'hijastra'. Pero el solo pensamiento de volver a verlo, hizo que me estremeciera… del miedo.
Mierda. Sí, le temía. No quería que volviera a ocurrir algo como lo que pasó, o más específicamente, no quería volver a terminar de la forma en la que terminé. Suspiré calmándome y tirando la nota en la basura.
Debía pensar en algo. Y pronto.
Tenía que hablar con las dos personas que se habían vuelto protagonistas en mi vida, con las que había comenzado todo...
Edward Cullen y Jasper Hale.
Sonreí suspirando bobamente al pensar en ellos. Demonios, me había enamorado… Y de los dos.

O.O Sip, lo sé... ¡Impactó! :O
Okey, y ahora viene mi aclaración, aunque creo que no hay mucho qué aclarar... :P
Muchas de ustedes me preguntaron -y otras reprocharon- el motivo por el cual Bella se deja hacer con Daniel. Pero chicas, pónganse en el lugar de ésta Bella -porque en el mundo fanfiction existen millones de tipos de Bellas- y díganme: ¿Acaso no les daría miedo si lo vieran tan solo a lo lejos a Daniel? ¿No les darían ganas de salir corriendo en direccion opuesta a donde él estuviera? ¿Qué harian acaso si el las arrinconara?
Obviamente, muchas me contestaran: "¡Lo mando bien a la mierda!". :D Y las apoyo, porque yo tambien lo haría. Pero luego pienso: "Él es hombre, de por sí ya tiene mas fuerza que yo. Si salgo corriendo, existe la opcion de que me siga. Y miedo... ¡pfff! Mucho... Si supuestamente 'me violó' -recuerden que hablamos si estuvieramos en el lugar de Bella-." ;)
Es complicado... :S Lo unico que puedo decirles por ahora, aunque creo que muchas ya se han dado cuenta, es que con el tiempo -y creo que con este cap ya lo hiceron- terminaran ODIANDO a Daniel... (u.u)
Okey, creo que esa es toda la aclaración que tenía que hacer... :D
¡Ah, si! Chicas, cuando digo que algunas "reprocharon", no es personal ni nada. Las entiendo, yo también reprocharía. :P No se asusten, que no me molestó ni nada... Todo lo contrario, eso demuestra que estan atentas. ;D
Ahora sí, eso es todo. (L) :B
¿Alguna opinión? xD
¡Las amo!
Peace. Out.
Ally C-B.

jueves, 12 de enero de 2012

 (Nueva portada!!!) XD
Summary: Isabella Swan no es la típica chica de 17 años, torpe, indefensa e inocente. Ella es atrevida, rebelde, decidida, no le importa decir lo que piensa ni lo que los demás piensen de ella, y, por sobretodo, es la chica más deseada de todo el Instituto desde que llegó. Cualquier chico moriría por tenerla, cualquier chica desearía ser su mejor amiga, Isabella era el objetivo de todos. Pero ella ya tenía a sus dos objetivos bien fijados. Pero, ¿qué ocurrirá cuando ellos terminen siendo diferentes a lo que aparentan?
Advertencia: Contiene escenas sexuales explícitas -por eso el rating M, daa-, lees bajo tu propia voluntad. Persona que no les gusten los tríos -o LEMMONS de cualquier tipo-, RETROCEDAN. No me hago responsable bajo advertencia.
Canción (?): No. Por esta vez, no hay nada. Les doy permiso para que escuchen lo que se les plazca. :) Pero si les interesa, yo escuché "Breathe on me_Britney Spears" mientras escribía. XD
N/A: Un gran agradecimiento a Karina, que sin darse cuenta, me beteó el cap de corrida. ^^ Te amodoro, mi payasa! 3

15. Capitulo Quince
Naughty Game
By Ally Cullen-Black
&.
Bella POV
Edward cerró sus ojos con fuerza frunciendo el ceño y cerrando sus manos en puños. ¡Demonios! ¡¿Por qué putas no contestaba? Resoplé antes de girarme e ir hacia la habitación donde antiguamente habíamos estado.
"Donde te folló, Isabella." Me recordó mi mente cuando mi vista se centró con melancolía en la desordenada cama.
Oh, genial. Lindo recuerdo que NO recuerdo…
Comencé a buscar mi ropa y… Por solo una décima de segundo, me dieron ganas de reír. Mis bragas estaban sobre la lámpara que había en la mesita de noche al lado de la enorme cama, y mi sostén estaba sobre el escritorio, en la otra punta de la habitación.
Sacudí mi cabeza volviendo a sentirme… ¿Confundida? ¿Usada? ¿Dolida? Diablos, ni sabía cuál de todos me llenaban completamente, pero todos estaban en mí.
Me vestí a zancadas, intentando hacerlo lo más rápido que pudiera y tratando enormemente de no matarme en el proceso -estúpida torpeza-. Y una vez lista, fui hasta el living, donde Edward estaba sentado en el sofá, como antes, con los codos apoyados en sus rodillas y su rostro escondido entre sus manos. Me dolió verlo así, pero de seguro él no se daba una idea de cómo yo me sentía. Y aún no entendía por qué demonios no me explicaba nada.
—Adiós, Edward. Cuando dejes de lado tu cobardía, llámame. —Escupí antes de cerrar la puerta de salida a mis espaldas.
Corrí. Ni siquiera sabía dónde me encontraba, pero necesitaba correr. Estaba confundida. ¡Y nadie podía decirme que mierda pasaba! Me paré en seco recordando a una persona…
Una persona que sí podía darme -y tenía- las respuestas que necesitaba.
—Jane... —Susurré para mí misma en voz alta antes de continuar corriendo.
.
.
.
Toqué la puerta dos veces con mis nudillos de aquella enorme casa de dos pisos. Mierda, sentía mis piernas de gelatina de tanto correr.
Un hombre no tan viejo abrió la puerta. Su piel pálida, su cabello largo y su sonrisa amistosa, no hizo más que erizarme los vellos.
—Hola. —Saludó observándome de arriba abajo. Sentí el escalofrío subirme por el cuerpo, pero intenté omitirlo.
—Hola, estoy buscando a Jane. —Dije tratando de que mi voz saliera normal.
—Ah, sí. Soy Aro, el padre de Jane. Ella está arriba. ¿Quieres pasar a esperarla mientras la llamo? —Preguntó haciéndose a un lado. Asentí ingresando en aquella enorme mansión.
Aro me sonrió antes de perderse escaleras arriba. Estaba en una enorme sala, de sofás negros de cuero donde al frente había un televisor plasma de vaya a saber uno de cuántas pulgadas era… Basta decir que era enorme. Estaba concentrada en todos los logos de negocios que había sobre una pared, cuando escuché la voz de Jane.
—¿Bella? —Preguntó confundida.
Me giré y la miré seria, sin ninguna sonrisa amigable.
—Necesitamos hablar. —Dije cruzándome de brazos. Ella frunció el ceño antes de suspirar.
—Está bien, pero no aquí. —Dijo antes de tomarme de un brazo y llevarme afuera. Iba a protestar pensando que ella no iba a salir conmigo, pero lo hizo. Así que tuve que tragarme la protesta.
Una vez afuera, cerró la puerta a sus espaldas antes de cruzarse de brazos, imitando mi acción anterior.
—¿Qué quieres? —Escupió Jane molesta.
Reí secamente.
—Explicaciones, eso quiero.
—No lo entiendo. ¿Por qué vienes conmigo? —Preguntó, pero luego se respondió ella misma. —Oh… Ya veo. Ellos no te dicen nada, ¿cierto? —Una sonrisa burlona se asomó por la comisura de sus labios.
Podía sentir esa adrenalina subir por mi cuerpo, dándome ganas de golpearla. Suspiré conteniéndome cuando ella comenzó a reír al ver que no contestaba.
—No lo puedo creer. ¿Y piensas que yo te diré algo? —La miré confundida. Ella volvió a soltar una risa burlona. —Bella, desde el momento en que los reconocí, tú y yo dejamos de ser amigas. Déjame explicártelo más claro… Ellos son míos.
No podía creer lo que mis oídos estaban escuchando. ¡¿Estaba hablándome jodidamente en serio?
Mordí mi labio antes de contestarle.
—¿Piensas que yo no pelearé por ellos?
—Mmm… No, no lo pienso. Estoy segura que lo harás. —Dijo firme, desafiándome. —Y también de lo que estoy segura es de que perderás… Al menos, si sigues en tu posición de 'víctima' todo el tiempo con ellos.
Fruncí el ceño.
—¿A… a qué te refieres?
—¿Crees que no se cansan de tus pendejadas, de tus idas y vueltas? Son hombres, Bella. Al final, lo que siempre buscan es sexo…
¡Ja! Como si yo no supiera aquella filosofía de vida. ¡Claro que buscaban sexo! ¡Eran hombres, por todos los santos! Pero… ¿Y si ella tenía razón en ése punto? ¿Y si ellos en verdad se cansaban de seguirme por mis más que abundantes pendejadas?
Ellos no comprendían la magnitud de sentimientos y pensamientos que rondaban en mi mente por ellos, así que… ¿Por qué habrían de aguantarme? ¿Ellos habían dicho que querían algo serio conmigo? ¡Demonios! ¡No podía pensar bien! ¡Demasiados pensamientos confusos y encontrados se disparaban en mi todavía obnubilado cerebro!
Reaccioné cuando sentí una sonora risa provenir de enfrente mío. La muy zorra se reía de mí.
—¿Ves como eres pendeja? Te quedas allí, quieta y muda ante una simple realidad… Tú no eres mujer para ellos por el simple hecho de que no eres mujer, sigues siendo una pequeña pendeja que se la da de adulta por sólo acostarse con muchos… ¡Vaya, Bella! ¡Pero si solo eres una más de las pendejas zorras de instituto! —Dijo volviendo a reír, esta vez aun más fuerte.
Por fin mi cerebro pareció activarse.
No le demostraría nada. No a ella. Mis debilidades o problemas eran míos, míos y sólo míos, y no debía de demostrar flaqueza ante nadie… Mucho menos ante un ser tan… 'repulsivo' como resultó ser ella.
—¡Oh! ¡Disculpa, querida! En verdad estoy confundida entonces porque, veamos… ¿Entonces eso en que te convierte a ti? ¿Acaso no vas al instituto como nosotros? ¿Acaso no te has acostado con media ciudad en cada estado en el que has estado? ¿Acaso no te ha quedado blanca la nariz de tan aspirada que has estado? No, hermosa… Yo puedo ser una pendeja como tú dices, pero te aseguro que ellos no me ven a mí de la misma forma, no cuando me los monto como nadie, según sus propias palabras claro.
Su cara fue transformándose ante cada palabra que salía de mi boca. Genial.
—¿Te das cuenta que eres una pendeja? ¡Sé de sobra que no te los has montado todavía!

Fue mi turno de reír descaradamente. Sí, se lo diría lenta y tortuosamente...
—Bien. —Dije mirando mis uñas para luego clavar una mirada felina en ella. —¿Y de dónde crees tú que he venido? Okey, okey… Reconozco que no me los he montado a ambos. —Dije guiñándole el ojo. —Pero te aseguro que Edward quedó muy conforme con como resultaron las cosas entre nosotros… —Me reí nuevamente. —Es más, a Jasper le toca en breve… Entonces, querida… ¿Quién es la pendeja?
Pude ver justo como movía su mano para meterme un derechazo por lo que tiré mi cuerpo hacia atrás, y fue tan sólo cuestión de abalanzarme hacia ella para estamparla contra la pared.
—Mira quien resultó tramposa además. —Dije sonriente mientras ella me miraba con odio. —No juegues conmigo, Jane, porque no me conoces ni un poco. No sabes de lo que puedo llegar a ser capaz… Así que no me tientes a demostrártelo.
La solté y comencé a alejarme, dejándola allí medio tosiendo por la presión que había ejercido con mi brazo en su cuello, y saliendo como toda una 'lady' -que no era- de aquél nido de ratas.
—Me las pagarás, Swan. —Le oí decir en voz baja.
Yo ni me giré, no valía la pena. Sin embargo, sí la saludé. Me di un beso en la mano y la levanté para mover mis dedos a señal de saludo… Para luego formar un hermoso 'fuck you' con mi dedo corazón.
Está bien. Sabía que no estaba en condiciones de estar fuera a estas horas -sean las que fuere- con tamaño desorden mental en mi cabeza, pero a la vez, necesitaba desesperadamente despejarme, ver gente, caminar…
Vagué sin rumbo durante lo que pareció mucho tiempo, pensando, analizando la mierda de vida que llevaba…
"¡Hey! ¡No todo era mi culpa! ¿Verdad? ¡¿Verdad?" Me gritaba a mí misma dentro de mi mente.
—¿Qué haces, preciosa?
Esa voz…
Me paré en seco, paralizándome con todos los vellos en punta. Con mis sentidos comenzando a trabajar a mil por hora, estando alerta. ¡Diablos! ¿Por qué me sentía así cada vez que él aparecía? ¿Por qué mierda le temía?
Y un recuerdo me contestó a esa pregunta…
*Flashback*
—¡Diablos! —Protesté cuando la vibración del móvil en mi bolsillo trasero me asustó. Dejé el jugo de naranja sobre la mesada de la cocina y lo saqué para averiguar quién era el imbécil que molestaba un domingo a la noche.
Bufé molesta cuando en la pantalla decía: "Daniel, llamando". No iba a contestarle, no tenía ganas. Lo tiré sobre la mesada, tomé mi jugo y fui escaleras arriba hacia mi habitación. Una hermosa noche de sueño me esperaba, y nadie iba arruinármela…
.
.
Sentí algo húmedo y suave rozar mi cuello, y no pude evitar estremecerme. Una mano acariciar mi vientre por debajo de la pequeña musculosa que usaba para dormir y otra haciendo presión sobre mi intimidad, y no pude evitar jadear con fuerza.
—Despierta… —Medio gruñó y pidió la voz de Daniel, y sentí su aliento chocar contra mi cuello. Resoplé entre molesta y excitada intentando quitarlo.
—No molestes… —Dije alejándolo un poco. Pero sus manos comenzaron a ejercer fuerza y sus dientes reemplazaron lo que supuse debió haber sido su lengua.
—Isabella, no estoy de bromas.
—Y yo no tengo ganas. —Dije de la misma forma autoritaria abriendo los ojos y encontrándome con los suyos, llenos de enojo, deseo y lujuria.
Resopló y se levantó alejándose molesto y bufando. Me daba la espalda, pero podía imaginarme su rostro, y no sería nada bueno de ver.
—Gracias. —Agradecí algo incomoda.
—No. —Soltó de golpe girándose a mí, llevó una mano al puente de su nariz y lo apretó sonriendo sarcásticamente. —No me alejo por ti, ¿sabes? —Lo observé confundida antes de fruncir el ceño molesta.
—No estoy para tus idioteces. Lárgate y déjame dormir. —Escupí volviendo a cubrir mi cuerpo con la ligera sábana de la cama.
—Lo follaste. —Volví mi rostro hacia él completamente confundida, pero en mi interior también estaba sorprendida.
—¿De qué diablos hablas?
—Eleazar… La cabaña… Todo este maldito fin de semana… ¿Creíste que soy idiota? ¡¿Creíste que no iba a enterarme? —Su voz sonaba tan… molesta, que parecían rugidos. Lo único que yo hacía era apretar cada vez con más fuerza la sábana que llegaba hasta mi pecho.
¿Cómo diablos se había enterado? Eleazar y yo habíamos tomado todas las precauciones existentes, ya que ambos conocíamos a Daniel y a su particular forma de llevar una relación que solo implicaba sexo. Entonces… ¿cómo hacía para enterarse?
Algo hizo 'click' en mi mente en ese momento, y el enojo comenzó a llenarme.
—¡¿Me seguiste? —Protesté molesta.
—Tú eres mía… Y nadie te quitará de mi lado, esas son las reglas…
—¡Al diablo tú y tus estúpidas reglas! —Le grité levantándome de mi cama y queriendo salir de mi habitación, pero me detuve cuando un escalofrío me recorrió la espalda mientras asimilaba sus palabras.
Me giré hacia él con terror. Él suspiró -que sonó más a un bufido- y se sentó en el sofá individual al lado de mi pequeña biblioteca, observándome con detenimiento antes de que una sonrisa apareciera en su rostro.
—D-Daniel… ¿Qué… qué hiciste? —Mi voz no salía normal, estaba totalmente consumida por el pánico.
Su sonrisa se ensanchó y sus codos se relajaron en los brazos del sofá.
—Te dije que no jugaras conmigo…
Mi espalda chocó contra la pared y en mi mente se procesaron imágenes. Lo único en lo que podía pensar era en Eleazar... Aquel tierno hombre, con su esposa enferma de cáncer, cansado de tanto trabajo, de una vida llena de problemas y en busca de alguien que supiera follarlo como lo merecía -siendo yo la afortunada, porque, tenía que admitirlo, él había sido uno de los pocos que lograba rescatar-… Y su muerte.
Adiós a mi tan ansiada noche de hermoso sueño…
*Fin del flashback*
"Estúpido recuerdo…" Pensé antes de que todo ocurriera demasiado rápido.
Cerré mis ojos al sentir su mano tomarme del brazo y adentrarme en el callejón del cual había salido su voz con anterioridad. Luego, sentí la dura y fría pared chocar contra mi espalda y su lengua lamer insistente mi cuello y sus dientes rozar mi piel.
—¿Por qué tan sola a estas horas y en este lugar?
—E-eso… no te… importa. —Contesté jadeando, sintiendo mi centro comenzar a excitarse gracias a la presión de su rodilla sosteniéndome en el aire. ¡Demonios!
Devilbella: -¿Lo ves? Sigues siendo masoquista, cariño -dijo apareciendo en su lugar de siempre.
"Oh, genial. ¿Y hasta ahora apareces?" Pensé frustrada.
Devilbella: -Oye, yo no tuve la culpa de que aceptaras la invitación de Peter -contraatacó cruzándose de brazos.
No. Por supuesto que ella no la tenía, solo había sido yo envuelta en las mis caramelos. "Mea culpa".
—Sigues siendo testaruda… —Dijo bajando su mano por entre medio de mis pechos, pasando por mi estómago y metiéndose dentro de mis ajustados jeans y mis bragas, hasta tocar mi intimidad. Comencé a jadear pesado. —Y maleducada… —Sus dedos comenzaron a hacer presión sobre mi clítoris mientras su lengua insistía en mi cuello.
Mordí mi labio conteniendo el gemido que quiso salirse de mi boca y una de mis manos voló a su hombro, por dentro de su camisa medio desprendida, y clavé mis uñas en su piel. Daniel jadeó contra mi cuello antes de soltar una risa que me puso los vellos en punta, otra vez.
—Será una larga noche… —Dijo antes de penetrarme con dos dedos y morderme el hombro descubierto gracias a que llevaba musculosa. Gemí echando mi cabeza hacia atrás, arqueándome.
Sí. Esta sería una larga noche… Pero, al menos, placentera.
Devilbella: -Si quitas de lado el dolor, sí es placentera…-comentó sarcástica.
"Oh, gracias por recordármelo…" Cerré mis ojos y me dejé llevar. ¿Qué más daba? Era Daniel, cualquier cosa que intentara en su contra, saldría perdiendo.
Adiós a la posibilidad de pensar tranquila y en paz.
Algo bueno de todo esto: Al menos me alejaría de la puta realidad en la que me había sumergido hacía horas...

*asoma la cabeza sobre la mesa donde esta escondida*:)
¿Alguien por allí detrás de la pantalla? ^^
Okey, ¿opiniones? ¿Quieren Lemmon para el prox cap? XD
Ya saben, van al botoncito azul aquí debajo y sueltan todo... ;)
Las amo!
Peace. Out.
Ally C-B.
 
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