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lunes, 6 de junio de 2011

Cancion Portada: "Breathe me" de Sia
Summary: ¿Qué hubiera ocurrido si Bella no hubiera llegado a tiempo para salvar a Edward en Luna Nueva? ¿Podrá ella vivir sin el amor de su vida? ¿Qué ocurrirá cuando la persona menos pensada se convierta en la razón de su respirar?

Prefacio
“¿Dónde te has ido, amor mío? Que mi alma se ha ido contigo, dejándome aquí, sola, y sin el calor de tu amor…”
Breathe me
By Ally Cullen-Black
&.
Alice se acercó a su amiga y la tapó, arropándola como si fuera una niña indefensa, una niña pequeña. Ovillada en la cama, como cuando tiene miedo o frío. No pudo evitar compadecerse de su mejor amiga, dejando que un suspiro cansado saliera de su pecho. Isabella tenía su ceño fruncido, notándose lo cansada y triste que estaba a pesar de que estuviera dormida.
Una vez que Alice se cercioró de que Bella dormía profundamente, salió de la habitación, encontrándose con Emmet apoyado a la pared de enfrente con su rostro demacrado. Como el de cualquiera de la familia Cullen.
¿Cómo está? Preguntó el vampiro con apariencia de oso, con un tono tristón, saliéndose de la pared y acercándose a su hermana.
La pequeña duende se encogió de hombros con el mismo rostro demacrado. Destruida, Emm.
El enorme oso tomó su rostro entre sus manos tratando de ocultar esas ganas de vengar a toda costa lo que había ocurrido. Para que así, su adorada hermana humana pudiera estar mejor. No soportaba verla de aquella forma. En tan poco tiempo, Isabella se había convertido en su segunda mejor hermana, después de Alice. 
No creo que sea buena idea, Emmet. Dijo la pelinegra tensándose y reprendiendo la idea de su hermano.
Tranquila, lo sé. No pienso hacer nada. Es solo que…no soporto verla así, Alice. Dijo Emmet bajando su mirada.
Alice se acercó a él y lo envolvió en un abrazo que fue correspondido por el enorme vampiro.
Ni yo, Emm. Dijo Alice dejando que un sollozo saliera, ese que tanto había tratado de contener estando frente a Bella. Pero ahora es cuando debemos darle fuerzas, debemos cuidarla…Dijo ella convenciéndose así misma de que era fuerte, esa era la única forma de poder ayudar a su mejor amiga. Emmet asintió concordando.
Él pasó su brazo por los pequeños hombros de Alice y bajaron juntos hasta la sala donde estaban todos los Cullen presentes, excepto uno. Uno que ya no existía por todo un mal entendido.
Emmet soltó a Alice cuando Jasper la vio y le estiró sus brazos para que ella fuera, y una vez que estuvo allí, soltó todo ese llanto que intentaba contener y controlar. Pero casi todos los miembros de la familia, al menos los seis que quedaban, estaban de esa forma, tan tristes y desolados. Solo una persona yacía sin emoción alguna en su rostro, parada al lado del ventanal mirando a la nada.
Rosalie Cullen no sentía nada. Es más, no entendía por qué tanta tristeza. Él se lo había buscado, había sido Su decisión. Si Edward quería morir, su deseo ya se había cumplido.
¡¿Puedes dejar, aunque sea una vez en toda tu maldita existencia, de no pensar solamente en ti?!  Chilló Alice alejándose de su marido y gritando en dirección a Rosalie. La aludida se giró a su hermana adoptiva con expresión fría, dispuesta a contestarle, por lo que Carlisle se vio obligado a interferir.
Por favor, no es momento de pelear. Debemos discutir qué es lo que ocurrirá de ahora en más. Dijo mientras se sentaba en su lugar de siempre, en la cabecera de la larga mesa. A su derecha, se ubicaron Esme, Jasper y Alice; y a su izquierda, solía ir Edward, pero ahora solo estaban Emmet y Rosalie.
Carlisle suspiró triste. Su primogénito, su primer amigo, le hacía falta en ese momento.
No quiero que Bella se vaya, quiero que se quede. Dijo Alice atajante a cualquier comentario que Rosalie estuviera por decir.
Yo igual, ella nos necesita. Concordó Esme con su hija mientras tomaba la mano derecha de Carlisle, que estaba sobre la mesa.
Creo que sería lo mejor. Opinó Jasper tomando la mano de su esposa por encima de la mesa. Esa sería una de las formas en cerciorarnos de que no cometerá una locura.
Exacto. Dijo Emmet emocionado con sus dedos entrelazados sobre la mesa. Concuerdo con Jasper.
Una risa arrogante se escuchó al lado de Emmet. ¿Están todos hablando en serio? ¡Por favor! ¡Es una simple humana! Tarde o temprano terminará muriendo…Dijo la rubia antes de volver a reír.
Rosalie…Susurró Esme con un tono desaprobatorio.
¡Eres una egoísta! ¡¿Cuándo pensarás en alguien más que no seas tú?! Dijo Emmet poniéndose en pie y saliendo de aquella sala. Necesitaba estar solo, pensar, por lo que salió de la casa y corrió hacia el bosque.
¿En qué momento Su Rose se había vuelto tan fría, tan egoísta, tan mala? No entendía por qué era así, y no le gustaba. Emmet paró de correr cuando llegó a orillas del río que había por allí cerca. Sus manos cerradas en puños, su respiración agitada haciendo que su pecho se inflara y desinflara con rapidez, su ceño fruncido y la seriedad marcada en cada una de sus facciones… Por primera vez, Emmet Cullen estaba realmente molesto.
Emmet…Murmuró Rosalie apareciendo por atrás.
¿Qué te ocurrió? Le preguntó el enorme hombre girándose a su esposa. Su rostro estaba dolido y frío al mismo tiempo. La decisión que estaba por tomar no era fácil.
La rubia lo miró confundida. ¿A qué te refieres?
Rosalie, tú no eres la misma mujer con la que me casé…
Emmet…Dijo la rubia sorprendida por las palabras de su marido.
La mujer con la que yo me casé no pensaba solamente en ella, no era tan egoísta, no era mala…Escupió Emmet bajando su mirada y frunciendo el ceño con los ojos cerrados. Yo…no puedo más, Rosalie, no puedo estar con alguien que solamente piensa en sí. Y eso es exactamente lo que tú haces, en tu vida, solo eres , y . Se supone que somos una pareja, somos marido y mujer, somos dos en uno. Pero tú solo estás para ti…El pelinegro levantó la vista a la rubia, la cual lo miraba con furia.
Es por ella, ¿cierto? Dijo Rosalie cruzándose de brazos y con expresión fría en el rostro.
¡NO METAS A BELLA EN ESTO! ¡La del problema aquí eres tú! ¡Tú y tu estúpida adicción a ti misma! Dijo Emmet saliéndose de sus casillas.
Le molestó de sobremanera que ella metiera a Bella en el problema. No solo por todo lo que había ocurrido, sabiendo que ella estaba destrozada, sino también porque hacía ya tiempo, Emmet sentía algo especial por Bella. Algo, quizás, que iba más allá de una simple amistad…aunque él intentara reprimir ese sentimiento.
Rosalie, necesito estar solo. Dijo Emmet dándole la espalda a su ¿esposa? ¿Qué ocurriría de ahora en más? ¿Qué serían ellos de ahora en más?
La rubia resopló y se fue corriendo en dirección a la casa de los Cullen, dejando a Emmet solo en el bosque. ¿Por qué se había enojado tanto cuando Rose metió a Bella en el problema? ¿Qué era lo que él sentía por aquella humana? ¿Compasión por lo que había ocurrido? ¿Amistad? ¿Amor?
Ese último sentimiento lo dejó pensando. ¿Acaso él se había enamorado de Isabella? ¿Podría ser eso posible? Emmet se resignó ante todos los pensamientos que llenaban su mente mientras emprendía camino de vuelta a su casa.
Cuando llegó, una emocionada Alice corrió a abrazarlo. Él le devolvió el abrazo confundido.
Rosalie se fue. Dijo Carlisle demasiado tranquilo mientras el pequeño duende que tenía como hermana, alias Alice, le entregaba un sobre a Emmet. Él la miró sorprendido.
Léela. Atajó Alice antes de que Emmet preguntara algo.
El aludido abrió el sobre, en el cual una carta escrita con la perfecta caligrafía de Rosalie yacía doblada prolijamente. Emmet la desdobló y comenzó a leer.
“Emmet:
Estuve pensado mucho en nuestra discusión, y creo que tienes razón. Últimamente no hacía más que pensar en mí, hasta el punto de olvidarme de mi marido.
Por lo que he tomado la decisión de irme.
Solo quiero que seas feliz, y espero encuentres a esa persona que podrá amarte como yo no lo hice. Inclusive si es una humana. Ya hablé con Jasper, y él se encargará de los papeles del divorcio.
No te preocupes por mí, estaré en Alaska, con las Denali. Prometo volver a visitarlos, y espero que para ese entonces, seas muy feliz, como realmente te lo mereces.
Siempre te recordaré.
Rosalie.”
Emmet se quedó atónito luego de leer la carta. No podía creer cómo Rosalie había entrado en sí tan rápido, ya que ella era bastante orgullosa. Sin embargo, sus palabras lo habían dejado si habla.
Ya hablé con Jenks. Dijo Jasper levantándose del sofá y caminando hacia su hermano. ¿Te parece si mañana realizamos los trámites? Emmet asintió sin salir de su asombro.
Esme se levantó de su asiento y corrió a abrazar a su enorme hijo. No sé qué ocurrió, pero Rosalie volvió irreconocible. Antes de irse nos abrazó a cada uno con una sincera sonrisa en su rostro, parecía otra persona. Gracias…Susurró antes de besar en la mejilla a Emmet. Él aún no salía de su asombro. 
¡Emmet, reacciona! Gritó Alice golpeándolo en la cabeza ligero, para que volviera en sí.
El aludido sacudió su cabeza antes de que una sonrisa apareciera en su rostro. Esto…es raro. Comentó mirando la carta en su mano. Jasper sonrió. Él podía sentir la confusión y el alivio de Emmet. A pesar de que ya no estaría más con Rosalie, Emmet podría ser feliz como realmente se lo merecía.
¿Por qué no vas a ver cómo está Bella? Preguntó Alice sonriente hacia Emmet.
¿Aún no han ido a verla? Preguntó el grandulón casi ya llegando a la escalera.
Todos los presentes sonrieron, viendo cómo Emmet subía apresurado, cuando a Alice la llenó una visión.
Una Bella sonriente abrazaba a Emmet por el cuello, mientras éste le devolvía el abrazo tomándola por la cintura. Ambos sonreían melosos. Pero algo llamó totalmente la atención de Alice. Bella tenía ojos color rubí, y justo cuando en ese momento un rayo de luz solar los tocó, su piel brilló como una bola de discoteca, al igual que Emmet.
Alice volvió en sí y sonrió de oreja a oreja mientras comenzaba a saltar sentada en el sofá, donde en medio de la visión, Jasper la había colocado.
¿Qué, Alice? ¿Qué viste? Preguntó Esme emocionada por la alegría de Alice.
Emmet y Bella… ¡juntos! Susurró para que únicamente los tres vampiros que la rodeaban la escucharan. Jasper, Esme y Carlisle sonrieron alegres.
Al parecer, al final de toda esta tragedia, algo bueno ocurriría. Al menos, ambos tendrían un final feliz.

¡Ja! Parece un cap más que un prefacio, pero me gusto como quedo... :)
Espero que a ustedes también. :) Lo tenía pensado subir una vez que terminara Mi segunda vida, pero no pude contenerme... ;)
Este fic es mas como una compensación por haber cambiado hace mucho el fic de "Relaciones Prohibidas", ¿se acuerdan? ;) Así que, espero les guste este Bella/Emmet. ((Para las que aun no lo captaron, sí, este fic es Bella-Emmet))
Bueno, dejen sus opiniones, ¡¿sip?! :D
¡Las amo!
Peace. Out.
Ally C-B.
Capitulo Cuatro
Chica atrevida
Bella POV
Félix no dejaba de mirar mi cuerpo con deseo, aunque también sus ojos detonaban miedo y vergüenza. Inútil.
Me acerqué a él, lo tomé del cuello y lo besé, en la propia nariz de Victoria. Mis amigas se pararon en seco sorprendidas, aunque seguían demostrando firmeza; cuando se dieron cuenta de mi plan, comenzaron a sonreírles a sus presas. Besé a Félix de la misma forma en que lo hice con aquél desconocido en el bar, pero no eran los mismos suaves y carnosos labios que provocaron que tuviera un sueño húmedo esa misma noche. Así que me imaginé esos labios, y lo besé con más fuerza mientras el idiota de Félix me seguía, al menos hasta que se escuchó el grito de Victoria y él reaccionó, empujándome para que lo soltara.
-¿Qué demonios haces? –me preguntó enojado cuando lo solté.
-Félix, cariño, ¿qué no te acuerdas de mí? –le pregunté haciéndome la confundida- ¿O tengo que recordarte la maravillosa noche que pasamos juntos? –dije guiñándole un ojo con una sonrisa picara. Automáticamente, él miró a Victoria.
-Cariño, -dijo antes de que ella lo interrumpiera.
-Creí que me amabas –dijo con los ojos llenos de lágrimas- ¡Eres un idiota! –gritó la pelirroja antes de estampar su mano en la mejilla derecha de Félix y salir corriendo seguida de sus plásticas.
-Me dijiste que no tenías novia, imbécil –dije antes de descargarme y darle un cachetazo en su mejilla izquierda- Eso es para que se empareje lo colorado –dije y lo empujé para pasar entremedio de todo ese grupo seguida de Alice y Rose.
Una vez que estuvimos afuera de la cafetería comenzamos a reír a carcajadas las tres juntas. Mi plan había resultado ser todo un éxito.
-¿Qué dicen si para festejar  que acabamos con el reinado de la plástica de Victoria vamos a mi casa y comemos algo? –preguntó Alice una vez que calmamos nuestras risas.
-Yo estoy de acuerdo, -no tardó en responder Rosalie. Noté un brillo especial en sus ojos y su impaciencia.
-¿Por qué tanta alegría, Rose? –le pregunté juguetona.
-Amm, creo saberlo…-contestó Alice con una sonrisa pícara- Verás, Bells. Tengo dos hermanos mayores, y ¡Oh, casualidad! –sobreactuó Alice juntando sus manos- ¡A Rose le gusta el mayor! –Alice y yo comenzamos a reír a carcajadas mientras Rosalie rodaba sus ojos.
-Muy graciosas, -dijo mientras emprendíamos camino hacia nuestros casilleros.
.
.
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-¿Esta es tu casa? –pregunté cuando Rosalie aparcó su descapotable rojo en el porshe de aquella lujosa casa de tres pisos, con enormes ventanales de vidrios, y un hermoso jardín lleno de flores al frente.
-Es realmente útil tener un padre que es el director del hospital más utilizado en Forks y que tu madre sea una reconocida diseñadoras de interiores, ¿no Alice? –preguntó sarcástica Rosalie. Alice asintió con una orgullosa sonrisa mientras las tres bajábamos del auto.
Alice prácticamente corrió hacia la entrada para abrir la puerta con su llave, mientras Rose me esperaba, y una vez que llegué a ella, entrelazó su brazo con el mío y seguimos a Alice. El interior de aquella lujosa mansión me había dejado sin habla, se notaba a leguas la cantidad de dinero que poseían los padres de Alice y sus hermanos.
Cuando llegamos a la sala del segundo piso, tres jóvenes estaban sentados en un hermoso sofá negro frente a un televisor jugando videojuegos, pero ese trío totalmente concentrado en el juego nos daban la espalda, por lo que no pude ver sus rostros, pero sus cabellos me parecían conocidos. Uno, más específicamente el que estaba a la izquierda, tenía el pelo negro; el del medio, un extraño color cobrizo; y el de la derecha, rizos rubios.
No sabía por qué, pero me sonaban muy conocidos. 
-Papá los matará por no haber ido hoy al Instituto…-dijo Alice mientras dejábamos nuestras mochilas a un lado contra la pared.
-Como si realmente le importara lo que hacemos o dejamos de hacer –dijo una voz aterciopelada que hizo que mis piernas temblaran.
En eso, uno de ellos se paró. Era el de pelo negro que estaba a la izquierda. Su cuerpo era enorme, casi como un oso. Mi mente rebobinó automáticamente, y encontró a aquel hombre del bar. ¡Oh, mi Dios!
El gran oso fue hasta la PlayStation para cambiar de juego, pero cuando se dio vuelta se quedó petrificado mirándome, al igual que yo a él. ¡Ese era el mismo chico que estaba con el dios griego al cual besé!
-Oh…mi…Dios…-dijo mientras una divertida sonrisa aparecía en su rostro, formando unos hermosos hoyuelos, como aquella vez- Miren a quién tenemos aquí…-automáticamente, los otros dos chicos se giraron curiosos a ver de quien hablaba el gran oso.
Ambos se pararon de inmediato al verme, y sonrisas aparecieron en sus rostros mientras yo no salía de mi petrificación. No solo por haberme encontrado con ellos, sino porque ¡ellos eran algo de mis amigas!
-Alice, por favor dime que ellos no tienen nada que ver contigo…-le susurré antes de que ella corriera a abrazar al cobrizo y al pelinegro.
-Bella, te presento a mis hermanos, –dijo entrelazando su delgado y delicado brazo con los recién abrazados- Emmet, -dijo señalando al pelinegro que me sonrió divertidamente- y Edward –el cobrizo me guiñó el ojo seductoramente con una hermosa sonrisa torcida que hizo que comenzara a delirar.
-Y yo te presento al mío, -dijo Rosalie entrelazando su brazo con el de rizos dorados- Jasper, -el de la mirada felina se paró derecho y con solo una de esas miradas asechadoras hizo que me mojase al instante, sin siquiera haberme tocado.
De repente, todo comenzó a girar, todo me empezó a pesar sobre mi espalda, hasta que todo se volvió negro, empujándome a la inconsciencia.
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Sentía mi cabeza partirse a la mitad, como si fuera una mañana luego de mis alteradas noches llenas de alcohol y drogas. Gemí del dolor mientras de a poco comenzaba a abrir mis ojos. Noté que estaba recostada sobre algo demasiado suave.
-Hey, chica atrevida…-dijo una voz aterciopelada con total suavidad y casi en un susurro.
Abrí completamente mis ojos para encontrarme con el dios griego arrodillado a mi lado mirándome con dulzura y con deseo al mismo tiempo.
-¿Qué hago aquí? –pregunté intentando levantarme de aquella cama, que justo en ese momento noté que las sabanas eran negras y de seda.
-Te desmayaste, -dijo mientras yo me ponía en pie. No tuve mejor idea que justo perder el equilibrio, y el cobrizo no tardó en atraparme en sus reconfortantes brazos, tomándome por la cintura- y veo que aún sigues débil…–dijo sonriendo divertido con sus labios muy cerca de los míos- Dime, ¿comiste algo? –preguntó levantando una de sus cejas dejando ver el doble sentido, y haciéndolo ver más sexy de lo que ya era.
-¿Qué? ¿Eres mi padre ahora? –pregunté provocándolo mientras me paraba derecha, demostrándole que ya estaba bien, pero él no me soltaba de la cintura.
-Sonaría muy depravado que una hija ande besando a su padre, ¿no lo crees? –contestó con sus labios rozando los míos.
Sabía perfectamente lo que hacía, se estaba vengando por lo del bar. Yo no pensaba quedarme de brazos cruzados, si él quería jugar, podríamos jugar de a dos.
-¿Únicamente besándose? –le pregunté tocando con la punta de mis labios los suyos mientras comenzaba a caminar hacia la cama- ¿O crees que harían algo más? –susurré seductoramente en su oído antes de sentir la fuerte inspiración que él realizaba para no perder el control. Sonreí satisfecha antes de empujarlo y que callera recostado sobre la cama de seda. Le guiñé un ojo antes de girarme y salir de aquella habitación.
Llegué a unas escaleras las cuales bajé, a pesar de no conocer la casa pude llegar sin ningún problema hacia la sala en la que me había desmayado. Pero todo estaba vacío y en silencio, al menos hasta que lo escuché al cobrizo bajar las escaleras.
-¿Dónde están Alice y Rose? –le pregunté girándome hacia él. Su mirada era divertida y al mismo sus ojos desprendían deseo.
-No están, -escuché una voz firme y melodiosa a mi espalda.
Me giré y vi una puerta abierta, que daba a una cocina. Entré en aquella habitación y me encontré con el rubio apoyado en una pared que al lado tenía una ventana abierta, por la cual botó el humo del cigarrillo que tenía en su mano.
-¿Dónde están? –pregunté acercándome a él sin miedo.
Cuando llegué a él, le quité el cigarrillo de su mano y lo llevé a mis labios para inspirar de aquel humo que hacía mucho tiempo había dejado por las pastillas. Tanto el rubio como el cobrizo me miraron asombrados.
-Se fueron con Emmet a comprar algo para cenar –dijo el rubio sin dejar de mirarme cuando boté el humo por la ventana. Lo miré de reojo y le guiñé un ojo, a lo que él me sonrió cómplice, aunque pensándolo mejor, creo que esa sonrisa no fue para mí.
Luego, todo ocurrió muy rápido. Jasper me quitó el cigarrillo de las manos y lo llevó a sus labios, llevando aquel humo a sus pulmones, mientras dos fuertes y familiares manos me tomaron por la cintura. En ese instante supe que era el cobrizo, gracias a su aroma a lilas y miel entremezclado. El cobrizo me pegó a su pecho sin decir una palabra, sentía su respiración en mi cuello, y dos segundos más tarde, comenzó a besarlo, dejando pequeños besos húmedos por toda su extensión haciendo que mis piernas comenzaran a flaquear gracias al placer que me provocaba. No tuve más opción que cerrar mis ojos y disfrutar de las sensaciones, debía admitirlo, me excitaba que él estuviera haciendo eso mientras el rubio miraba.
Abrí mis ojos de golpe cuando sentí una presencia frente a mí, demasiado cerca…era el rubio. Su aroma a vainilla entremezclado con algo cítrico me embriagó completamente cuando tuve tanto su rostro como su cuerpo demasiado cerca de mí. Él comenzó a acariciar mis brazos suavemente mientras el cobrizo apretaba su agarre en mi cintura y de vez en cuando mordía mi cuello sensualmente. Ambos me estaban llevando a la locura, y lo sabían perfectamente. 
Una de las manos del rubio tomó mi mandíbula con delicadeza, levantándola para que mis labios quedaran más a la altura de los suyos; su mirada felina con ojos totalmente poseídos por el deseo hicieron que mis piernas temblaran por el placer, aparte de que la lengua del cobrizo en mi punto débil, o sea mi cuello, estaba llevándome al paraíso.
-Abre la boca, chica atrevida –susurró el cobrizo en mi oído seductoramente mientras el rubio rozaba sus labios contra los míos. Aún no entendía qué pretendían.
Abrí mi boca lentamente, y cuando estuvo lo necesariamente abierta, que no fue tanto, el rubio soltó el humo del cigarrillo de su boca, depositándolo en la mía. Tan solo el pensar en esa imagen tan erótica, hizo que me mojara. Una vez que lo depositó por completo en la mía, le guiñé un ojo cuando se apartó solo unos centímetros y moví mi rostro a un lado para botar el humo en el aire.
De repente, el ruido de una puerta abrirse y muchas risas llenar el lugar, hizo que ambos me soltaran y se alejaran completamente. Estaba demasiado excitada como para moverme o siquiera reaccionar, solo lo hice cuando mis amigas y el pelinegro entraron en la cocina riendo.
-¡Bella! –gritó entusiasmada Alice cuando me vio parada. Respiré profundamente antes de girarme y sonreírle intentando aparentar normalidad.
-¿Cómo te sientes, Bells? –preguntó Rose preocupada.
-No se alarmen, estoy bien –dije acercándome a ellas y abrazándolas- Solo fue una bajada de tensión, eso es todo –dije una vez que las solté mientras iba hacia la sala y buscaba mi mochila, seguida de todo el grupo.
-¿A dónde vas? –preguntó confundida Alice.
-Debo irme, ya es tarde –contesté mirando hacia la ventana, la cual mostraba que ya la luna estaba apareciendo- ¿Puedes llevarme, Rose?
-Amm…de hecho, tuve un pequeño percance con mi descapotable –dijo realmente apenada- No sé qué demonios le ocurre, no quiere encender…-asentí sonriendo.
-Está bien, cariño. Una caminata al aire libre no viene del todo mal…-dije guiñándole un ojo.
-En realidad, yo puedo llevarte –dijo el cobrizo sonriéndome ladinamente- Mi auto está en el garaje, solo dame unos minutos así lo saco.
-Yo tengo mi auto afuera, no creo que deberías molestarte, Edward –dijo el rubio mirándome con esa mirada felina que me ponía los bellos de punta.
-Mi Ducati aún está en marcha –dijo el pelinegro con total confianza, mostrando la diferencia entre lo que es estar desesperado y lo que es la gentileza- Tengo que irme, si quieres puedo llevarte de paso –juro que en ese momento escuché dos gruñidos desde el fondo, donde justo estaban el rubio y el cobrizo.
-Okey, tú ganas –dije tomándolo del brazo y arrastrándolo a la salida- ¡Nos vemos mañana, chicas! –les grité a mis amigas desde la puerta de salida.
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Chicas!!! La imagen de portada de este cap se las debo!! Es que ando con un poquito de prisa, asique... ;) Espero les guste!!! ;)
Las kiero!!!
Ally**

miércoles, 1 de junio de 2011

Bella POV
-Oh…mi…Dios…-dijo mientras una divertida sonrisa aparecía en su rostro, formando unos hermosos hoyuelos, como aquella vez- Miren a quién tenemos aquí…-automáticamente, los otros dos chicos se giraron curiosos a ver de quien hablaba el gran oso.
Ambos se pararon de inmediato al verme, y sonrisas aparecieron en sus rostros mientras yo no salía de mi petrificación. No solo por haberme encontrado con ellos, sino porque ¡ellos eran algo de mis amigas!
-Alice, por favor dime que ellos no tienen nada que ver contigo…-le susurré antes de que ella corriera a abrazar al cobrizo y al pelinegro.
-Bella, te presento a mis hermanos, –dijo entrelazando su delgado y delicado brazo con los recién abrazados- Emmet, -dijo señalando al pelinegro que me sonrió divertidamente- y Edward –el cobrizo me guiñó el ojo seductoramente con una hermosa sonrisa torcida que hizo que comenzara a delirar.
-Y yo te presento al mío, -dijo Rosalie entrelazando su brazo con el de rizos dorados- Jasper, -el de la mirada felina se paró derecho y con solo una de esas miradas asechadoras hizo que me mojase al instante, sin siquiera haberme tocado.
De repente, todo comenzó a girar, todo me empezó a pesar sobre mi espalda, hasta que todo se volvió negro, empujándome a la inconsciencia...

Capitulo Tres
Nueva Alianza
Bella POV
-Así que tú eres Isabella…–dijo una chica pelirroja entrando en mi habitación- Te imaginaba más linda –dijo mirándome de arriba hacia abajo. ¡¿Quién demonios se creía que era?!
-¿Disculpa? ¿Y tú quién demonios eres? –le pregunté rebajándola con la mirada.
-Victoria, la hija de Carmen –dijo estirando su mano hacia mí, la cual miré con desprecio sin si quiera mover un mísero musculo con intención de generar contacto.
-Así que tú eres la hija de la zorra –dije cruzándome de brazos con una sonrisa falsa- Eres su clon, solo que en versión pelirroja. Aún más zorra que ella –comenté riendo mientras me giraba a seguir con el desempaque de mis maletas.
-Ten cuidado como me hablas –dijo empujándome con una sonrisa de superioridad.
Me giré hasta quedar al frente suyo, y una vez que lo estuve, la empujé con fuerza. Su espalda chocó con la puerta de mi armario, y cayó al suelo adolorida.
-Tú ten cuidado de cómo te comportas conmigo –dije agachándome hasta quedar cerca de su rostro- No me conoces, zorra –me acerqué a su oído dispuesta a infundirle miedo- Y si quiero, puedo ser tu peor pesadilla –ella tembló ante mis palabras antes de levantarse e irse corriendo de mi habitación. CONSEGUIDO. Zorra hija espantada, aún quedaba la zorra madre.
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-Compórtate, Isabella –dijo Charlie serio mientras aparcaba su auto en la puerta del Instituto.
-Sí, lo que tu digas, Charlie –dije acomodándome el cabello antes de salir del auto y cerrar la puerta.
-Hablo en serio, Bella –gritó desde adentro del auto mientras yo comenzaba a caminar en dirección al Instituto. Levanté mi pulgar hacia el cielo, contestando a su comentario, sin girarme a él. Aún seguía enojada con él.
Luego de mi “escenita” en el bar, Charlie me había castigado adelantando el plazo a la entrega de mi propio auto, a lo que la muy zorra de su prometida, Carmen, había reído por lo bajo cuando él me informó del castigo. Maldita. Seguramente había sido su idea.
Entré al Instituto a grandes zancadas, aún tenía que ir a secretaría a pedir mis horarios y las llaves de mi casillero. Una vez que me los entregaron, me fijé cuál era mi primera clase. Ballet. ¡Genial! Al menos enseñaban algo decente en ese colegio. Corrí hacia los vestuarios al fijarme en la hora, eran las 7:25 y la clase comenzaba a las 7:50.
¿Olvidé mencionar que tardo cerca de una hora para alistarme? Creo que lo olvidé. Corrí lo más rápido que pude, y tarde únicamente cinco minutos en llegar, y diez más en alistarme. ¡Todo un record para Isabella Swan! Tomé mi Ipod, y me dirigí al salón donde Judith, la secretaria, me había informado que se realizaban las clases de ballet.
Llegué al salón, pero era la única, aún no llegaba nadie. Por lo que no le vi nada de malo encender mi Ipod, colocarme los auriculares y comenzar a calentar. Al principio, realizaba los básicos pasos del ballet, los clásicos y aburridos pasos. Hasta que en un momento, me cansé de ellos, y comencé a bailar olvidándome de todos los estrictos pasos, comencé a hacerlo dejándome llevar por el momento, las melodías, y por lo que mi cuerpo sentía.
Cuando la melodía comenzó a terminar, mi cuerpo fue realizando pasos leves que seguían la misma, terminando al mismo tiempo con una delicada pose de ballet. No me di cuenta de que ya no estaba sola hasta que comencé a escuchar como muchos aplausos y silbidos llenaban el lugar. Me giré quitándome los auriculares para encontrarme con las profesoras y las demás alumnas realizando esas acciones. Sonreí tímidamente.
-Tú debes ser Isabella Marie Swan –dijo una de las profesoras caminando hacia mí con una sonrisa de oreja a oreja y un brillo especial en sus ojos.
-Así es, -afirmé estrechando su mano cuando ella la estiró hacia mí.
-Me dejaste sin aliento, lo que acabas de hacer fue asombroso –dijo con aire soñador llevando sus manos a su pecho, justo en el lugar donde se encuentra el corazón.
-¡Sí! ¡Fue hermoso! –comentó una chica menudita, de cabello negro con sus puntas señalando distintas direcciones.
-Gracias, -les contesté con una sonrisa mientras otras de las chicas se me acercaban a halagarme.
-Bueno, veo que tenemos a una profesional entre nosotras –comentó otra de las profesoras sonriendo con la misma admiración que las otras.
Algo me decía que sería muy odiada con el tiempo…
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-Entonces, eres de Phoenix, ¿cierto? –me preguntó Riley, el capitán del equipo de bascket.
-Así es, -contesté con una sonrisa antes de darle un mordisco a mi porción de pizza.
Estaba en la cafetería junto con Alice, la chica menudita, y Rosalie, su hermana. Ella era una modelo sacada de la más cara de las revistas sobre moda y belleza; su cabello rubio cayendo en cascada por su espalda, era la envidia para cualquier adolescente de nuestra edad; sus marcadas curvas hacían que cualquier chica quisiera morir y volver a nacer; sus ojos celestes como el mar, al igual que los de Alice, era profundos y delicados al mismo tiempo.
Alice, a pesar de ser menudita, tenía unas curvas parecidas a las de Rosalie, su melliza; su sonrisa era encantadora y tenía esa intuición sobre las cosas que la hacía aún más especial.
-Vaya, vaya, vaya…-comentó una voz seguida de varias risas.
¿Por qué esa voz me sonaba muy conocida? Me giré para comprobar si era esa persona que creí, y bufé rodando mis ojos al comprobar que sí era.
-Veo que ya encontraste a tu grupo de arpías –dijo mientras las demás chicas que estaban con ella reían ante el chiste que yo no le vi gracia, al igual que Alice y Rose.
-Veo que conseguiste amigas de tu misma especie –comenté mientras me levantaba de mi asiento, al mismo tiempo que Alice y Rose.
Alice se paró a mi derecha, y Rosalie a mi izquierda, dejándome a mí en el medio. Victoria estaba al medio de las otras dos rubias plásticas que se reían por nada.
-¿Qué quieres decir con eso? –preguntó la rubia que se encontraba a la izquierda de Victoria.
-Oh, lo siento, debe ser difícil entender algo como lo que dije para una plástica sin cerebro como ustedes –dije haciéndome la preocupada mientras mis amigas se reían y la mayoría de los presentes en la cafetería- Lo explicaré mejor para que tus plásticas puedan entenderlo –le dije a Victoria parándome sensualmente como lo hacía siempre- Veo que ya conseguiste a zorras como tus amigas, o sea de tu misma especie –todos en la cafetería comenzaron a reírse.
-Esto no se queda así, Isabella –dijo Victoria acercándose a mí como si me intimidara.
-Te estaré esperando, plástica –le contesté cerca de su rostro con una sonrisa de superioridad. Ella resopló y se fue corriendo seguida de sus “amigas”.
Cuando me giré, Alice y Rosalie me atraparon en un abrazo tritura costillas mientras las tres reíamos animadamente.
-¿Tienes idea de cuánto deseábamos quitarnos de encima a esa zorra? –preguntó irónicamente Alice suspirando aliviada.
-¿Victoria? No es más que una simple niña mimada y consentida de mami que siempre obtiene lo que quiere, pero yo le demostrare lo que es que te quiten todo lo que es de uno…-dije más para mí que en respuesta a la pregunta irónica de Alice.
-Y creo que sé por donde puedes empezar…-susurró Rosalie cerca de mi oído justo antes de decirme que Victoria tenía novio.
Alice, Rose y yo, sonreímos maliciosamente. Las tres habíamos tenido el mismo malvado pensamiento. Pero mi atención se fue completamente cuando lo vi entrando en la cafetería seguido de otros estudiantes. Todos reían animadamente, hasta que él me vio parada y se paró en seco sorprendido. Mi ira creció cuando nuestros ojos se encontraron, cuando volví a ver esos negros ojos que me quitaron mi inocencia.
-Bella, ¿qué ocurre? –preguntó Alice preocupada al notar mis manos cerradas en puños.
Su voz me sonó distante, lejana, como si no estuviera allí, o como si fuera un pensamiento. Lo único que sentía era ira, que crecía desde las puntas de los dedos de mis manos y pies y que subía por todo mi cuerpo. Lo único que quería hacer en ese momento era correr a él y dejarlo castro, como castigo a lo que me hizo, pero un vengativo plan se produjo en mi mente cuando lo vi tomado de la mano de Victoria.
Rosalie comenzó a reír cuando vio la imagen delante de mí. –El plan comenzó, ¿cierto Bells? –preguntó acomodándose el cabello visualizando a su presa, el novio de una de las rubias plásticas.
-Así es, Rose –dije pasando mis manos por el costado de mi cuerpo acomodando mi ropa, y haciéndolo a propósito ya que Félix no quitaba su mirada de mi cuerpo.
-Al ataque, niñas –dijo Alice mordiendo su labio inferior mientras miraba al novio de la otra rubia plástica.
-Mataré dos pájaros de un tiro –susurré para mí misma mientras empezaba a caminar hacia donde estaban Félix y Victoria seguida por Alice y Rose.
Las tres caminábamos sensualmente, contorneando nuestras cinturas de un lado a otro como si estuviéramos en una pasarela y todos se babearan por nosotras. Y la realidad era que eso mismo estaba ocurriendo, todos los estudiantes nos seguían con la mirada sin importarles sus novias o amigas. De ahora en más, seríamos el trío invencible, el trío más deseado por todos, el trío del cual cualquier chica querría formar parte. De ahora en más, seríamos respetadas hasta por las porristas.
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Bueno chicas!! Espero les guste este cap!! Lamento no haber podido subir nada el finde semana como habia prometido, pero hubo cambio de planes, =/
Se me cuidan, sip?? :D
Ally**
 
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