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sábado, 2 de julio de 2011


Capitulo Seis
¿Placer o amistad?
Bella POV
-No creí que fueras de esas -comentó Emmet antes de inspirar uno de mis caramelos que él había aplastado sobre la mesita de noche junto a mi cama. Ambos estábamos vestidos con nuestra ropa interior, y debía admitir que ese bóxer negro que él llevaba puesto le sentaba muy bien.
-Todavía no me conoces del todo, Emm -le contesté con una sonrisa y media ida por el efecto de los caramelos que Jane me había dejado dentro de mi mochila.
Definitivamente eran mejores de los que yo compraba. Sentía como si flotara, como si todo me valiera una mierda de nada.
-Eso es cierto, -dijo sobándose la nariz luego de inspirar la droga, y recostándose a mi lado. Cerré mis ojos dejándome ir por el efecto que producían las pastillas- pero sí se algo muy importante de ti…-susurró en mi oído seductoramente mientras, seguramente, se movía, ya que sentí mi cama moverse y hundirse a los costados de mi cintura y mi cabeza.
-Sé cuánto te gusta que haga esto, -dijo acariciando con su nariz y labios, a veces con la punta de su lengua, mi cuello, haciendo que lo estirara para darle más acceso. Se sentía tan bien, que no pude evitar que un jadeo se escapara; mordí mi labio tratando de evitar a los siguientes que querían seguir al primero. Emmet sonrió orgulloso contra mi cuello- o esto, -dijo subiendo con su mano desde mi rodilla hasta mi muslo interior, y posando dos de sus dedos sobre mi centro. Gemí sin controlarme. ¿Cómo podías controlarte cuando un hombre como ese te tocaba de esa forma?
-Emmet, -gemí arqueando mi espalda. Ya había perdido la cuenta de cuántas veces lo habíamos hecho durante la noche, y ya estaba amaneciendo. Eso significaba que debíamos ir al Instituto.
A pesar de que fuera un completo desastre en lo personal, debía obedecer a mi padre y sus reglas. “El Instituto es lo principal, luego están los amigos y salidas…” Ese era el dicho de Charlie. Pero tampoco quería perderme el hecho de volver a ver a mis amigas; la satisfacción de ver la cara de idiota de mi hermanastra y su novio, o mejor dicho “ex novio”; y no vamos a mentir, también quería volver a ver a mis dioses griegos, Edward y Jasper.
-Emmet -volví a gemir al sentir su dedo presionar contra mi centro sobre la tela de mi ropa interior, haciendo que todo pensamiento se fuera por el drenaje- De-debemos…ir al…-él volvió a hacer presión, haciendo que gimiera e interrumpiendo a lo que intentaba decir.
-¿Quieres que pare, Bells? -preguntó haciendo a un lado mis bragas y metiendo de lleno dos de sus dedos. Me arquee gimiendo- Contesta -ordenó moviendo sus dedos con frenesí dentro de mí.
-Oh, demonios…-gemí arqueando mi espalda- No, no pares…-dije mientras arañaba sus desnudos brazos. Él sonrió contra mi cuello antes de sacar sus dedos de mi interior, provocando que jadeara en respuesta y arrancarme las bragas de un tirón. Solté un gritito de sorpresa  antes de comenzar a reír siguiéndolo a él.
-Me debes unas bragas -dije entremedio de las risas. Él rió más alto antes de penetrarme con fuerza. Medio grité, medio gemí de sorpresa.
Cualquiera se preguntaría: ¿en qué momento se había quitado los bóxers? Pero en ese momento no me importaba en lo más mínimo. No si esos sexys bóxers eran la prisión de quién me entregaría placer.
-Ohh, -jadee con fuerza cuando me penetró completamente. El sonrió orgulloso mientras capturaba uno de mis senos con sus dientes, y los mordisqueaba a tal punto de sentir dolor y placer al mismo tiempo.
Me penetraba con fuerza y precisión, entrando y saliendo. Estaba en el paraíso.
Hubo un momento en que paró de hacerme gemir y lo mire interrogante. Se rió una vez más y posicionó mis piernas arriba de sus hombros, quedando él a su vez arrodillado frente a mí. Su miembro acarició mi entrada, mi clítoris y mis labios vaginales.
-Ohh, mierda, Emmet… ¡mételo ya! -grité desesperada. Me arremetió violentamente haciendo que gritara de placer, su miembro llegaba muy dentro de mí, provocando que tras cada envestida me mojara más.
La cama vibraba y crujía mientras que él hacia chocar con fuerza su pelvis contra la mía. Gemíamos, maldecíamos y rogábamos por más.
Emmet agarró mis caderas levantándome un poco más, sintiendo como la punta de su miembro tocaba una parte sensible en mi interior, grité y gemí fuera de mí misma. Con cada estocada, la sensación volvió de nuevo, y una vez más luego de muchas en la misma noche, pero no con la misma fuerza, mi pecho se infló, de tanto placer, arquee la espalda sujetándome con el respaldo de mi cama. Emmet me penetraba con más rapidez, con más precisión, y supe que se vendría conmigo.
-Bella…-gimió echando su cabeza hacia atrás, disfrutando del placer- Oh, ¡demonios, Bella! Eres una maravilla...
-No pares, Emmet, no pares.
Un sudor corría por el musculoso y fornido abdomen de mi maquina de placer personal, quise pasar mi lengua por toda su extensión pero en esa posición poco podía hacer. Una vez más en la noche fui yo la que recibió prácticamente todo el placer.
Quedamos tendidos en mi cama. Jadeantes, llenos de sudor. Aun podía sentir los espasmos de placer, como ondas vibrantes en mi cuerpo. Sin duda un sexo único…si es que tenía que compararlo con los demás idiotas con los que me acosté.
-Un buen comienzo del día…-comentó girando su cabeza hacia mí, con una enorme sonrisa plasmada, y con sus ojos algo idos por el efecto de la droga. Ahora entendía porque se reía tanto.
-Emmet, ¿es la primera vez que vuelas? -le pregunté mientras me arrodillaba a su lado y tomaba su rostro entre mis manos. Revisé sus ojos idos y rojos, como cuando te entra agua en ellos.
-Ammm…-dijo sentándose y apoyando su espalda en el respaldar de la cama sin dejar de sonreír. Me preocupé -Sip, pero nunca…-rió- probé de estas…-concluyó tomando la cajita de metal de mi mesita de noche y sacudiéndola en el aire. Reí más tranquila.
Miré a Emmet, una vez que me calmé. Él estaba todo sudado aún, y desnudo sobre mi cama, y faltaban no más de tres horas para que el día en el Instituto comenzara.
-Anda, ve a darte una ducha -dije levantándome y yendo a mi closet a buscar ropa para Emmet.
Todas las veces que me acosté con chicos y éstos olvidaban ropa, o me la regalaban a pesar de saber que nunca las usaría ya que eran de hombres, servían a pesar de todo.
-¿Quieres acompañarme? -murmuró sensualmente en mi oído mientras rodeaba con sus brazos mis cintura, pegándome a su pecho y haciendo que sintiera a su gran amigo con vida otra vez. Reí antes de girarme hacia él y besarlo.
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-Entonces, ¿qué hizo tu madre? -preguntó Emmet intrigado, interrumpiendo a la historia que iba contándole en el camino hacia el Instituto. Mi historia.
-No lo sabe…-él me miró confundido y un tanto enojado. Era raro verlo serio, con el seño fruncido, sin sus sexys hoyuelos y con esa mirada de hermano mayor que dice: “Te lo dije”.
-Ella nunca lo supo, no quería herirla. Se veía tan feliz con el imbécil de Daniel, que no quise destruir ese castillo que tanto le costó volver a construir gracias a la traición de Charlie -concluí bajando mi mirada y entrelazando los dedos de mis manos, las cuales temblaban ligeramente.
Nunca le había contado a NADIE mi historia, ni siquiera a mis mejores amigas. Y no sabía cómo ni por qué había empezado a confesarle todo a Emmet. A él ya se le habían pasado los efectos de las drogas una vez que terminamos de ducharnos juntos, y una broma sobre “padres” hizo que comenzara a abrirme completamente hacia él, y no hablo del MAL sentido. Le di la entrada a una parte de mi corazón que nunca había dejado que nadie entrara, por más que me lo rogaran o me pagaran por ello.
Desde el momento en que empecé a contarle toda mi vida, él cambió rotundamente. Su actitud era otra, su forma de mirarme era otra, su forma de hablarme, de tocarme… Ya no me miraba con ojos de deseo o excitación, sino que me miraba con dulzura, con el amor con el que se miran y quieren dos hermanos. Y no entendía por qué, pero me gustaba.
-Bells, cariño -dijo levantando mi rostro con su dedo en mi barbilla. Su voz era totalmente dulce y tranquila- ¡¿HABLAS EN SERIO?! -adiós a la dulzura y tranquilidad. Su grito hizo que diera un pequeño saltito por la sorpresa- El muy hijo de perra abusa de ti, siendo la maldita pareja de tu madre ¡¿y tú no haces ni dices nada?! -a esta altura ya me tenía agarrada por los hombros y me sacudía despacio, controlando su fuerza.
Me extrañó que se comportara así, como si realmente yo le preocupara. Lo miraba realmente sorprendida, y un tanto confundida por su actitud. Él se dio cuenta, por lo que dejó de zarandearme y me miró fijamente. Me gustó darme cuenta que me miraba con dulzura, pero no pude evitar que la ira comenzara a llenarme al darme cuenta de que me miraba con lástima.
-Bells, no puedes quedarte cayada. Tienes que denunciarlo…-interrumpí a lo que iba diciendo un poco molesta, pero de buena forma. No lo entendía, pero no podía enojarme con él, por más que lo intentara. Era como enojarme con un hermano, y eso estaba fuera de mis principios.
-Emmet, esto estuvo guardado desde hace años. Y así seguirá hasta que llegue a mi tumba -le dije cortante, terminando con el tema en ese momento.
-Pero…es que… ¡ughj! -dijo haciendo un sonido frustrado al final mientras me soltaba y se giraba. Estaba enojado.
-Emm, en serio, ya no hay nada que se pueda hacer…-dije haciéndolo que se girara hacia mí. Un brillo raro apareció en sus ojos, y supe que iba a contradecirme, así que contraataqué antes de que dijera algo- Y no se va a hacer nada…-el frunció el ceño y suspiró dándose por vencido. Sonreí antes de abrazarlo.
Emmet, a pesar de haberlo conocido de OTRA forma, en ese momento no podía evitar sentirme como si estuviera abrazando a un hermano, y no podía evitar mirarlo como tal, al igual que él a mí. Cada vez que lo miraba a los ojos, podía notar un eje de arrepentimiento, y lo comprendía. Quizás él había comenzado a verme como su hermana, inclusive tenía la edad de su hermana y era su amiga, pero él comenzó a mirarme con esa mirada con la que veía a Alice, y me gustaba. Me gustaba la idea de tener un hermano mayor, y más sabiendo que sería Emmet.
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Bueno mis niñas, espero haber cumplido sus espectativas... ;) Ya saben que el fic es Edward/Bella/Jasper, así que Emmet tenía que pasar a otro plano -por decirlo de alguna forma-, solo espero que no se me enojen... =)
Espero que les haya gustado el cap!! Y espero ansiosa sus coments!! xD
Besoos!!! Las kieroo!!! 
Ally**

P.D.: Agradezco a Karito por su ayuda con el cap!! Gracias cariño!! TKMM!!!

miércoles, 29 de junio de 2011

“When everything seems like the end, don’t forget to look upstairs, send a wish upon a star, and wait the miracle happen…”
Summary: ¿Qué ocurre cuando alguien pide un deseo a una estrella? ¿Crees que ese deseo se cumplirá? Isabella sí lo creía posible. “-Deseo que Edward vuelva a ser el que era antes…-susurró la castaña cerrando sus ojos y suspirando. Una ráfaga de viento sopló, y ella supo que su deseo se cumpliría.” LEMMON. B/E.

1. Capitulo Uno.
Send a wish upon a star
By Ally Cullen-Black
&.
“When everything seems like the end…”
—Entonces, ¿qué dices Bells? ¿Te apuntas? —Le preguntó Alice a su mejor amiga, Isabella, mientras caminaban por el tan recorrido pasillo del Instituto.
Antes de que la castaña pudiera contestar, su mirada se encontró con aquella escena que tanto había deseado NO presenciar nunca en su vida.
Edward Cullen, en una esquina, y entre su cuerpo y la pared, estaba la zorra de Tanya, con sus manos enredadas en el cabello del cobrizo, y él con ambas manos sobre la pared. Podía notarse desde lejos lo que hacían. Y aunque no era nada malo que una pareja se besase, para Isabella, esa escena, era como si la apuñalaran más de cien veces en el estómago.
¿Cuántas veces ella había probado de aquellos hermosos labios que pertenecían al cobrizo? ¿Cuántas veces ella había enredado sus dedos en aquel desordenado y rebelde cabello de color dorado y negro a la vez, justo como lo hacía esa zorra? ¿Cuántas veces, Edward Cullen, le susurró en el oído que la amaba, y que ella era su mundo? Isabella ya había perdido la cuenta de todos esos acontecimientos. Y dolía. ¡Demonios! Dolía como si un camión cargado hasta el tope le pasara por encima, una y otra y otra vez.
Pero aún así, ella intentaba ser fuerte. Intentaba pretender que no le importaba, intentaba convencerse a sí misma que él ya no era importante para ella. Pero no hacía más que mentirse a sí misma, no hacía más que dañarse a sí misma.
—Bella, vámonos. —Dijo Alice comenzando a tironear de su amiga, arrastrándola hacia otro lugar que fuera lejos del estúpido de su hermano mayor, Edward Cullen.
Cuando ella se dio cuenta de la razón por la cual Bella se había quedado atónita en el medio del pasillo, y que su rostro se demacrara con demasiada rapidez, solo quería llevarse a su amiga de allí corriendo y encerrarla en una cajita musical, con seguro, y la llave la cuidaría ella misma. Justo como lo había hecho desde que la conoció.
Nunca debió prestarle la llave a su hermano, nunca debió dejar que él la sacara de esa bella cajita musical en la que ella la había puesto, nunca debió de dejar que su hermano la usara y luego la desechara como un trapo sucio y usado. ¡Nunca debió haber dejado siquiera que la mirara!
Pero ya todo estaba hecho, no había vuelta atrás. El pasado era imposible de cambiar, ya nada servía. El daño ya estaba hecho.    
Una vez que Alice y Bella salieron del Instituto, ambas caminaron juntas por el estacionamiento.
—¿Segura estarás bien, Bells? —Le preguntó Alice a Bella cuando llegaron al auto de ésta última.
—Sí, Alice, tranquila. Solo fue un incómodo momento…—La castaña intentó disimular el dolor que sentía por dentro con una sonrisa que no llegó a sus ojos.
Alice asintió antes de darle un beso en la mejilla a su amiga, y que luego ésta subiera a su auto y se pusiera en marcha a su casa. Vio por el espejo retrovisor cómo Alice se hacía cada vez más pequeña, y cómo por la puerta del Instituto salían Edward y Tanya abrazados.
Un fuerte crack se escuchó dentro de ese auto, y Bella supo que era su corazón. Supo que su corazón se había vuelto a romper, como aquel día…
…
—Bella, debemos hablar…—Dijo el cobrizo desenredando los brazos de Bella que estaban en torno a su cuello. La castaña lo miró confundida.
—¿Qué ocurre, Edward? —Preguntó Bella mientras se sentaba en el sofá tan familiar de la casa de los Cullen, haciéndose la que no sabía nada. Pero la realidad era que ella sabía mucho más de lo que él imaginaba.
—Creo…creo que…deberíamos darnos un tiempo…—Contestó Edward sentándose al lado de Bella, nervioso, pero no triste.
Isabella sintió que el aire le comenzaba a faltar. Como si fuera la maratón y ella hubiera corrido más de quince kilómetros. Ella se removió inquieta en su lugar, alejándose un poco de Edward. Él lo notó, y no pudo evitar que se sintiera culpable, otra vez.
—¿Por qué? —Preguntó la castaña bajando su mirada, conteniéndose, resistiendo a aquellas lágrimas que querían salir de sus ojos. —¿Acaso hice algo malo?
—¡NO! —Se apresuró a aclarar, o mejor dicho gritar, ante la sola mención de que había sido culpa de ella.
Porque él lo tenía claro. Porque él sabía realmente de quién era la culpa. Porque él sabía quién era el que se había pasado en drogas y alcohol. Porque él sabía quién era el que se había acostado con la reina de las zorras de todo Seattle. Porque él sabía quién era el monstruo en esta historia.
—Yo…—Quiso explicar el cobrizo, pero el fuerte grito que pegó Bella mientras se levantaba del sofá y se paraba en frente de él, lo dejó impresionado, hasta el punto de quedarse cayado.
—¡ENTONCES DIME CUAL DEMONIOS ES TU PROBLEMA! Si hasta hace no menos de unos segundos estaba todo bien, y ahora saltas con esa mierda del tiempo…—Isabella había perdido toda esa inocencia que tenía, con la cual llegó a Seattle, con Edward, y él lo sabía. Pero aún así no pudo evitar sorprenderse del vocabulario de la castaña. —¡CONTESTA! —Le exigió ella al verlo con la mirada atónita y perdida.
—Bella, yo…—Repitió para luego quedarse cayado, y así poner aún más furiosa e histérica a Bella.
—¡¿TÚ QUÉ, EDWARD?!
—Te engañé, Bella. —Contestó el cobrizo pasando su mano por su cabello despeinado, como solía hacerlo siempre que estaba nervioso.
Isabella abrió grande sus ojos, sorprendida de que el muy maldito se “entregara”, y dolida. No pudo evitar que unas ganas insaciables de tomar aquella pastilla que venía tomando hacía ya bastante tiempo, desde que comenzó a salir con Edward Cullen, le llenaran totalmente su diminuto cuerpo, y lo peor de todo, su mente.
—Yo no sé exactamente lo que pasó…—Isabella soltó una risa arrogante interrumpiendo al cobrizo.
—No sabes lo que pasó…—Dijo sarcástica mientras se cruzaba de brazos y seguía teniendo esa sonrisa arrogante que comenzaba a molestar a Edward. —¿Quieres que yo te lo diga? Okey, deja que yo te lo explique detalladamente. —Edward estaba sorprendido por la forma de hablar de la castaña. ¿Acaso ella sabía algo? —Estabas con Emmet y Jasper en un bar, cuando a mí me habías dicho que ibas a una conferencia del hospital que Carlisle te había pedido que lo acompañaras. Vi cuántos tragos tomaron, vi cuántas pastillas se tomaron… vi cuando la puta de Tanya se acercó a ti con su sequitas de plásticas. —Mientras Bella hablaba, lágrimas caían de sus ojos y se deslizaban por sus mejillas completamente sonrojadas de tanto esforzar la voz. Edward estaba petrificado, ella había visto todo. —Vi cuando Tanya comenzó a insinuársete mientras sus amigas distraían a los demás, y tú no hiciste nada para detenerla…—Al último de aquella oración no terminada, la voz de Bella ya casi salía a susurros, toda resquebrajada.
El dolor y las lágrimas impedían que su voz saliera normal, o con seguridad, como a ella le hubiera gustado. No le gustaba demostrarse indefensa, y menos delante de Edward, quien la había usado.
—Bella…—Dijo Edward poniéndose en pie y tomándola por los hombros.
—¡NO ME TOQUES! —Gritó la castaña con la poca voz que tenía mientras se sacudía las manos de Edward de sus hombros y retrocedía un par de pasos.
Ambos se miraron fijamente, el silencio reinaba entre los dos, descartando los pequeños sollozos que Isabella intentaba reprimir mientras sus lágrimas caían y caían por su rostro. Edward se maldijo una y otra vez por haber corrompido a aquel hermoso ángel.
—Vi cuando la hiciste tuya, Edward…—el aludido la miró aún más atónito, y sus ojos se encontraron con aquellos profundos ojos marrones, solo que esta vez no los llenaba alegría, amor o deseo. Estaban llenos de tristeza, furia y decepción. —…de la misma forma en la que a mí me amabas.
La castaña tomó su chaqueta que estaba sobre el sofá, y se encaminó hacia la puerta de salida. Pero antes de que llegara, una mano la tomó con fuerza desde atrás, girándola y haciendo que chocase contra el pecho del cobrizo.
—Yo aún te sigo amando…—Dijo Edward rozando sus labios con los de ella, sabiendo que eso era irresistible para Isabella.
Capitulo Cinco
Diversión

Bella POV
-¿Sabes? Fue divertido ver la cara de Tanya, la ex novia de Edward, cuando lo besaste en el bar…-dijo el pelinegro aparcando su hermosa Ducati negra en el porshe de mi casa.
-¿Ex novia? –pregunté confundida mientras me bajaba y me paraba a su lado esperando respuesta. Él apagó su moto para que pudiéramos charlar sin tener que gritar gracias al ruido del motor de su Ducati.
-Oh, sí, luego de que te fueras, Tanya armó un escándalo –dijo revoleando los ojos- Y eso fue lo que hizo que el vaso de Edward se rebalsara y la mandara a la mierda…-reí sin poder evitarlo.
-Veo que no te agradaba…-afirmé con algo de timidez.
-Tanya engañó a Edward conmigo una vez cuando nos emborrachamos –alcé mi vista totalmente atónica hacia él- Sí, lo sé. Soy un gran amigo…-dijo con ironía. Note lo dolido que estaba.
-Hey, no fue tu culpa –dije tomando su rostro entre mis manos y acariciando sus mejillas con mis pulgares.
-Sí, lo fue –dijo mirándome con arrepentimiento- Ella estaba borracha, no yo.
-Eso cambia las cosas…-dije soltando su rostro aparentando desaprobación, pero luego de tres minutos comencé a reír.
-¿Qué es lo gracioso? -preguntó confundido.
-Tú te comes la cabeza con algo que pasó hace mucho, -dije tocando la punta de su nariz con diversión, logrando que aquella hermosa sonrisa con hoyuelos apareciera en su rostro- déjalo ir, Emmet, o si no, te torturará para siempre.
Él se sumergió en sus pensamientos unos minutos, antes de volver a hablar.
-El día que besaste a Edward en el bar, tuve dos reacciones…-dijo abiertamente, con total confianza. Lo miré a la expectativa de su “confesión”- Primero, agradecí que por fin, y gracias a ti, se deshiciera de la puta de Tanya –me sorprendió la sinceridad con la que hablaba- Y segundo, maldije a Edward.
-¿Por qué? –pregunté confundida y a la vez con curiosidad.
-Porque me hubiera gustado ser el que besaras…-mis ojos se abrieron como platos ante su confesión. Su estruendosa carcajada me sacó de mi asombro minutos más tarde en lo que los habíamos pasado en silencio.
-Tranquila, Bells, solo era un broma –dijo entremedio de su risa. Revolee los ojos dejando que una sonrisa apareciera en mi rostro.
-Idiota, -dije dándole un pequeño golpe en su hombro, que seguramente ni debía haber sentido.
-Pero, -dijo calmándose mientras pasaba su brazo por mi cintura y me acercaba a él, que aún estaba sobre la Ducati- no voy a mentir, me quedé con ganas…–dijo alzando sus cejas varias veces antes de guiñarme un ojo. Le sonreí divertida antes de tomar su rostro entre mis manos y besarlo.
Sus labios eran distintos a los de Edward, ellos eran más precisos, más juguetones y más decididos. Él no dudó en corresponderme mientras su mano se deslizaba hasta mi trasero y apretaba una de mis nalgas. Reí contra sus labios, al igual que él sobre los míos, por su acción.
-¿Y que haces aún subido a esa cosa y no estás siguiéndome? –dije provocativa mientras me alejaba de él e iba hacia la puerta de mi casa para abrirla con mis llaves.
Mientras la abría, sentí los enormes y musculosos brazos de Emmet tomarme por la cintura y pegarme a su pecho, y su boca dejaba besos húmedos por toda la extensión de mi cuello. Esa acción me trajo recuerdos que lograron excitarme aún más.
-Woow, veo que nuestro “amiguito” está ansioso por salir a jugar –dije divertidamente al sentir su duro miembro contra mi trasero. Él rió orgulloso.
-Pronto verás que no es solamente un “pequeño amiguito”…-dijo divertido antes de darme una nalgada justo cuando conseguía abrir la puerta e ingresar dentro de mi casa. Reí sorprendida por su acción.
Cuando entré, todo estaba a oscuras y en silencio, sin los estúpidos gritos encaprichadores de las zorras. Me preocupé, y Emmet lo notó, ya que dejó de jugar y me siguió con seriedad hasta la cocina. Donde, una vez que encendí la luz, encontré sobre la mesa un papel doblado, el cual abrí mientras pegaba un salto para sentarme sobre la misma. Emmet escogió apoyarse en el umbral de la puerta de la cocina mientras no dejaba de comerme con la mirada.

Bella:
Hija, espero no te importe, pero Sue y yo hemos programado una vacaciones hace varias semanas, por lo que no estaremos hasta dentro de dos meses. Victoria escogió quedarse en lo de una de sus amigas. Por eso, te pido, te suplico, que mantengas el orden en la casa a pesar de que Lily irá todos los días a limpiarla. Por favor, contrólate.
Si necesitas algo, no dudes en llamarme, ¿sí?
Te extrañaré. Con amor.
Charlie.

Sonreí volviendo mi mirada hacia Emmet una vez que terminé de leer la tarjeta mientras la arrojaba por allí. Él me observó confundido.
-Mis padres se fueron por dos meses, y mi molesta hermanastra me tiene miedo, por lo que tampoco molestará…-dije guiñándole un ojo.
-Eso quiere decir…-dijo mientras caminaba hacia mí, hasta quedar posicionado entremedio de mis piernas. Sus brazos rodeaban mi cintura, pegando su frente en la mía y dejando sus labios a solo unos centímetros de distancia.
-Que tenemos tiempo de sobra para jugar…-susurré sensualmente antes de inclinarme hacia él, y atrapar su labio inferior con mis dientes y estirar de él con fuerza, rozándolo con mi lengua.
Oí un gemido gutural salir de su garganta mientras realizaba esa acción; sus manos me empujaron más hacia el borde de la mesa, dónde una vez que choqué contra su cintura, sentí su dura erección guardada en sus pantalones rozar contra mi húmedo centro. Reí divertida al mismo tiempo que él mientras soltaba su labio y me alejaba un poco.
-No sabes en la clase de juego que te estás metiendo…-dijo divertido mientras una de sus manos comenzó a subir por mi espalda, hasta llegar a enredarse en mi pelo.
Tiró fuerte de él, haciéndome inclinar la cabeza hacia atrás, y luego sentí su lengua pasar desde mi clavícula, recorrer lentamente mi garganta y mi mentón, hasta llegar a mis labios. Su lengua invadió mi boca con furia y pasión mientras su mano soltaba mi pelo, y junto con la otra se pasean por toda la longitud de mis piernas desnudas, gracias a que llevaba falda.
Luego, me alzó, montándome en sus caderas, las cuales abracé con mis piernas por inercia mientras nuestras lenguas luchaban por el territorio del otro. De repente, sentí chocar violentamente contra una pared mientras su boca abandonaba la mía y comenzaba a bajar por mi cuello, dejando besos húmedos y unas cuantas marcas. Una de sus manos comenzó a acariciarme desde mi rodilla lentamente hasta mi muslo interno, haciéndome gemir al sentir la cercanía de su mano hasta mi sensible centro. Él sonrió contra mi cuello.
-¿Dónde? -me preguntó rozando suavemente con uno de sus dedos mi centro. Un gemido reprimido salió de mis labios haciéndolo reír.
-A-arriba…a-a la i-izquierda…l-la segunda pu-puerta…-dije como pude mientras cada vez hacía más presión en mi centro. Maldito. Lo hacía a propósito.
Emmet detuvo todo mientras volvía a tomarme, y comenzó a subir las escaleras conmigo en sus brazos y nuestras lenguas luchando. De vez en cuando, me apoyaba contra la pared a un costado para poder bajar unos segundos por mi cuello para coger aire y volver a mis labios, y luego seguir subiendo.
Una vez que entró a mi habitación, me sentó sobre el modular que tenía a un lado de la puerta, y comenzó a quitarme la ropa bruscamente, mientras yo, obviamente, no me quedaba atrás e hice lo mismo con la suya. Cuando ambos quedamos en ropa interior, volvió a tomarme y me recostó sobre mi cama.
-¿Lista para comenzar el juego? -me susurró en el oído antes de morder sensualmente el lóbulo de mi oreja, haciendo que un gemido se escapara de mis labios.
-Claro que sí…-contesté mientras él comenzaba a bajar por mi cuello, lamiendo toda porción de piel existente.
Una de sus manos desabrochó mi sostén y lo arrojó por algún lugar de la habitación. Realmente no me importó donde había caído, y me importó menos cuando su boca atrapó uno de mis pezones y lo beso con rudeza mientras una de sus manos atendía el otro, y la otra mano bajaba por mi cuerpo. Su lengua se retorcía contra mi pezón, haciéndome gemir descontrolada.
Luego bajó por mi abdomen haciendo círculos con su lengua sobre mi piel. Sentí su respiración contra mi centro húmedo y palpitante que pedía a gritos atención. Pero él levantó la vista, me sonrió y volvió a mis labios. Su lengua me llenó por completo, irrumpiendo sin permiso en mi boca y saboreándola toda. Comencé a sentir cómo sus manos acariciaban mis brazos, levantándolos sobre mi cabeza mientras comenzaba a bajar por mi cuello, devuelta a mis pechos, los cuales lamió, mordió y atendió a ambos por igual. Él soltó mis brazos con la confianza de que allí los dejaría, y volvió a realizar el mismo camino hasta mi centro.
-Espero no te arrepientas…una vez que comience, ya no hay vuelta atrás…-dijo antes de tirar de mis bragas, rasgándolas y haciendo que un gritito sorprendido saliera de mis labios. Él rió orgulloso.
Eché mi cabeza hacia atrás con mis ojos cerrados, arqueando mi espalda cuando sentí sus dedos tocarme profundamente, sin miedo, como si conociera de toda la vida cómo hacerlo. Su pulgar comenzó a acariciar efusivo mi clítoris, mientras su dedo corazón se aventuraba por mi interior dando círculos, a la misma sintonía que su pulgar. El muy mal nacido sabía perfectamente lo que hacía, quería llevarme a la locura.
-Oh, sí…E-Emmet…m-más rápido…-gemí descontrolada mientras arqueaba mi espalda. Él obedeció sin protestar.
Podía sentir cómo cada vez se acercaba más el momento, cómo esa burbuja que se instalaba en el bajo vientre comenzaba a crecer más y más, estaba a punto de llegar. Pero de repente, sus dedos pararon abruptamente, y sentí algo húmedo acariciar toda la extensión, y más profundo, mi sexo. En ese momento supe que sus dedos habían sido reemplazados por su lengua. Gemí alto su nombre y quise bajar mis brazos, pero algo me lo impidió.
Abrí mis ojos y me encontré con mis muñecas amarradas al respaldar de mi cama. ¡Demonios! ¿En qué momento lo había hecho? No me sentía preocupada porque estuviera atada, pero el no tener el control me desesperaba.
Perdí toda noción de pensamiento cuando sentí su lengua retorcerse en mi interior y a dos de sus dedos penetrarme profundamente. Gemí alto, no podía controlarme. Este hombre me estaba llevando a la locura. Podía sentir cómo el momento se acercaba, cómo todo mi interior comenzaba a tiritar, cómo el cielo parecía estar muy cerca. Sentí cómo los dedos de mis pies se doblaban ante el fuerte orgasmo que me abrazó mientras tiraba fuerte de lo que fuera que me tenía atada. El dolor de la fuerza que hacían mis brazos tirando, y el placer del orgasmo entremezclados, provocaban algo totalmente nuevo en mí, casi imposible de describir.
Emmet, al cabo de unos segundos, en los que bebió todo lo que mi cuerpo le ofrecía, se posicionó entre mis piernas con su rostro cerca del mío, y con una gran sonrisa de suficiencia.
-Si sigues gritando así, los vecinos llamarán a la policía, Bells -dijo con diversión y pronunciando mí nombre provocativamente.
-Ti-tienes suerte de que…esté atada…-dije con la respiración agitada mientras sus labios comenzaban a bajar por mi cuello.
-Suerte la mía, ¿no? -dijo alejándose y mirándome profundamente con esa sonrisa divertida que marcaba unos sexys hoyuelos en sus mejillas.
Su mano bajó por mi costado acariciándome hasta mi pierna, la cual levantó colocándola alrededor de su cintura, y luego me penetró hasta el fondo de una sola estocada. Gemí cerrando mis ojos y arqueando mi espalda, mientras lo escuchaba a él jadear y soltar varios insultos. Se alejó haciendo que su miembro saliera casi por completo y volvió a embestirme con fuerza mientras su brazo rodeó mi cintura cuando arqueé mi espalda, dejándola de esa forma.
-Oh, Dios…estás tan…estrecha…-dijo entre jadeos mientras volvía a realizar la misma acción, pero más seguida- Malditamente estrecha…-susurró justo cuando su miembro me invadía sin miedo y con rudeza. Grité su nombre en un gemido mientras tiraba de lo que fuera que tenía atadas mis manos.
Sus embestidas estaban matándome, salía lento, suave y casi por completo de mi sexo y luego volvía con fuerza y rudeza. Ya no soportaba estar atada, necesitaba tocarlo, necesitaba HACER ALGO. No podía no llevar el control de la situación.
-Emmet…desátame, por favor -le pedí entre jadeos. El rió y negó con la cabeza mientras su miembro volví a mí con fuerza. Maldito- ¡Emmet! -gemí arqueándome.
-Olvídalo, Bella. Esta noche haré lo que se me plazca con tu cuerpo -susurró en mi oído antes de morder el lóbulo de mi oreja y sentir cómo su brazo abandonaba mi cintura para colocarlo a un costado y su otra mano acariciaba mis pechos.
Me arquee inconscientemente, o quizás muy consciente de lo que sus caricias me provocaban mientras no dejaba de penetrarme sin tregua. Podía comenzar a sentir cómo esa burbuja tan conocida se inflaba en mi bajo vientre, cómo en cualquier momento explotaría.
-Emmet…voy a…-no terminé de hablar y me vine como hacía ya mucho tiempo no lo hacía, arqueándome completamente, gimiendo alto y doblando los dedos de los pies.
-Mierda…-jadeo él mientras me seguía, dejándose caer sobre mi cuerpo, descansando su cabeza entre el hueco de mi cuello y alargando un brazo para poder desatarme.
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Bueno mis niñas!! Espero les guste el cap!! Realmente lamento no haber podido subirlo como habia prometido el viernes pasado, pero es que me enfermé y recien estoy saliendo de toda esa mierda...¬¬ odio estar enferma, pero bue...que se la va hacer...=/
Chicas!! Dejen coment!! Las kiero!! 
Se me cuidan sip?? besoos!!
Ally**

jueves, 23 de junio de 2011

 Bella POV
-¿Lista para comenzar el juego? -me susurró en el oído antes de morder sensualmente el lóbulo de mi oreja, haciendo que un gemido se escapara de mis labios.
-Claro que sí…-contesté mientras él comenzaba a bajar por mi cuello, lamiendo toda porción de piel existente.
Una de sus manos desabrochó mi sostén y lo arrojó por algún lugar de la habitación. Realmente no me importó donde había caído, y me importó menos cuando su boca atrapó uno de mis pezones y lo beso con rudeza mientras una de sus manos atendía el otro, y la otra mano bajaba por mi cuerpo. Su lengua se retorcía contra mi pezón, haciéndome gemir descontrolada.
Luego bajó por mi abdomen haciendo círculos con su lengua sobre mi piel. Sentí su respiración contra mi centro húmedo y palpitante que pedía a gritos atención. Pero él levantó la vista, me sonrió y volvió a mis labios. Su lengua me llenó por completo, irrumpiendo sin permiso en mi boca y saboreándola toda. Comencé a sentir cómo sus manos acariciaban mis brazos, levantándolos sobre mi cabeza mientras comenzaba a bajar por mi cuello, devuelta a mis pechos, los cuales lamió, mordió y atendió a ambos por igual. Él soltó mis brazos con la confianza de que allí los dejaría, y volvió a realizar el mismo camino hasta mi centro.
-Espero no te arrepientas…una vez que comience, ya no hay vuelta atrás…-dijo antes de tirar de mis bragas, rasgándolas y haciendo que un gritito sorprendido saliera de mis labios. Él rió orgulloso...
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Bueno mis niñas!! Les gusta?? Sigo?? Hare lo posible para traerlo listo para mañana!! =D
Besoos!! Se me cuidan!!
Ally**
Capitulo Diecinueve
Viaje
Bella POV
-¿Por que esa cara, Bells? –me preguntó Tiffany que estaba sentada a mi lado, en el avión que nos llevaría a Italia, Volterra- Intenta verle el lado positivo…-me dijo entusiasmada y con una sonrisa sincera. La miré fijamente y algo asustada.
¿Qué le ocurría? Sacudí mi cabeza antes de contestarle.
-Simplemente, no entiendo tu entusiasmo…-le conteste frunciendo el ceño confundida.
¿Desde cuando a ella le gustaba la idea de viajar a Volterra? No entendía sus repentinos cambios de humor. Primero, estaba que explotaba de la rabia por el hecho de que no nos habían dado más tiempo con nuestras respectivas familias, y luego, me pedía que viera el lado positivo de toda esa basura con entusiasmo. ¿Qué rayos ocurría allí? Había algo que ella no me había contado, y lo iba a descubrir.
-¿Entusiasmo? –me preguntó  haciéndose la tonta. Fruncí el seño enojada.
-No soy estúpida, Tiff –le dije seria- Anda, cuéntame. ¿Qué rayos ocurrió para que pienses de esa forma? –le pregunté ya cansada de sus rodeos.
-Pues, podríamos decir que Felix ayuda bastante a que olvide donde me encuentro…-dijo avergonzada bajando su mirada. Si hubiera sido humana, ella se habría sonrojado.
-¡Ajá! ¡Lo sabía! ¡Sabía que te habías acostado con Felix! –grité con una sonrisa en mi rostro haciendo que varios de otros vampiros que estaban en el avión se giraran a nosotras.
El mismo, aún no había despegado, ya que faltaban muchos de los vampiros que los Vulturis reclutaban. Por lo tanto, había que esperar a que llegaran.
-¡Sshh! –me chistó Tiff viendo como miraban los demás- ¡Deja de gritar! –me pidió agachando su cabeza detrás del asiento de adelante avergonzada. 
-¡Oh, vamos! Ya todos sabían eso…-dijo Dean, otro de nuestros amigos sentándose en los asientos de adelante.
-¡Dean! –dije antes de lanzarme a su cuello a abrazarlo.
-¡Hola, Bells! –me saludó sonriendo- ¿Cómo has estado? –me preguntó soltándome y sentándose en su asiento, pero dándose vuelta para poder mirarme mientras yo volvía a mi asiento.
Dean se había convertido en otro de mis amigos cuando un día, en el que nos encontrábamos en Italia, con Tiffany salimos de caza y él nos había seguido. A Dean le llamó mucho la atención nuestra forma de alimentarnos y no dudo en unírsenos al grupo de los “N.B.D.S.H.”, que quería decir “No bebedores de sangre humana”.  
-Sin comentarios –dije bajando mi mirada. Él suspiro frustrado.
-Entiendo, -fue lo único que dijo antes de cambiar de tema- ¿Se enteraron de la nueva? –nos preguntó entusiasmado.
-¿La nueva? –preguntó Tiff con el ceño fruncido, al igual que yo. Dean señaló hacia el fondo del avión.
Una niña, de unos 15-16 años, estaba sentada en los asientos del fondo mirando hacia el lado de afuera, concentrada en algo. La curiosidad me embargó, así que me concentré en su mente. En ella, se reproducían una y otra vez imágenes de ella con un chico. El novio, supuse. Pero su rostro era de dolor y rabia.
Me levanté de mi lugar bajo las miradas de confusión de Tiffany y Dean, y caminé hacia el fondo, en dirección a ella. No sabía el motivo por el cual quería hablar con ella, quizás era porque me hacía recordar a Nicole. No lo sabía con exactitud si era por eso, pero sí sabía que quería conocerla, ayudarla y aconsejarla. Estar con los Vulturis no era algo fácil, era mucho más difícil de lo que se podía llegar a imaginar y no quería que ella saliera mal de todo eso.
-Hola, -la saludé una vez que llegué a ella.
-Hola, -me saludó girando su atención hacia mí.
Sus ojos aún eran rojos, y su delicadeza al hablar, se podía notar a leguas lo nueva que era en todo esto.
-Me llamo Isabella, pero puedes decirme Bella –le dije extendiendo mi mano para saludarla. Ella miró mi mano dudosa- Anda, tómala, sin miedo –le dije con una sonrisa alentadora.
Ella me devolvió la sonrisa y tomó mi mano estrechándola. Tenía mucha fuerza, otro sinónimo de su condición como neófita. Pero a mí no me hizo nada, tenía hermanos recién convertidos, por lo tanto estaba acostumbrada a la fuerza. Nicole y Jaime a veces no la controlaban del todo.
-Soy Lena –dijo con una sonrisa y soltando mi mano.
-Es un placer, Lena –dije sin quitar de mi rostro la sonrisa. Eso la ayudaba a sentirse bien.
“¡Wow! Bella es muy bonita…” pensaba Lena sorprendida. Sonreí sin poder evitarlo, sus pensamientos eran halagadores. “Me encantaría que fuera mi amiga, pero, ¿quién querría ser amiga de la nueva?” pensó desanimadamente.
Su cara se apartó de mi mirada y se fue de nuevo hacia la ventana. Me sentí mal por ella, era tan niña y tan nueva en todo esto, que me daban ganas de matar al que sea que la haya transformado.
-¿Te importa si me siento? –le pregunté con una sonrisa aún en mi rostro. Ella se giró sorprendida hacia a mí mientras un brillo de esperanza aparecía detrás de esos ojos color rubí.
-C-claro que n-no…-tartamudeó sorprendida. Le sonreí más aún mientras me sentaba.     
El silencio se prolongo durante unos minutos, mientras ella no dejaba de mirarme sorprendida. Aún no se acostumbraba a la belleza que los de nuestra especie poseían. La miré de reojo con una sonrisa pícara en mi rostro. Cuando se dio cuenta, bajó la mirada avergonzada y tomo entre sus manos una pulsera que llevaba en su muñeca derecha.
-Linda pulsera…-comenté tratando de llamar su atención. Lena levantó su vista y me sonrió.
-Mi madre me la regalo para mi último cumpleaños como humana –dijo muy sabiamente.
Me sorprendió. Se supone que siendo neófito te olvidas de una cuantas cosas de tu vida anterior, ella sin embargo, lo explicó como si nada hubiera ocurrido.
-Lena, ¿cuántos tienes? –ella me miró confusa- Me refiero a tu edad como vampiro…-expliqué con una sonrisa.
“¿Bella quiere saber sobre mí? Esto es raro…” pensó Lena confundida.
-No me malinterpretes, solo quiero saber sobre ti, -le dije con una sonrisa amable y liberando un poco de calma por el lugar.
Ella suspiro al sentirla y sonrió cerrando sus ojos, dejándose llevar por ella. Ahora sí, estaba más que confundida.
-Creas oleadas de sentimientos…-dijo en un susurro con los ojos cerrados.
-Sí, -fue lo único que se me ocurrió contestar, estaba bastante confundida.
¿Cómo era que ella sabía sobre mi don? ¿Cómo era posible que recordara siendo tan joven en esta vida?
-Ya pasaron 8 meses desde que me transformaron –dijo Lena sacándome de mis pensamientos.
-Eres joven aún, -comenté mirando como aún estaba con los ojos cerrados disfrutando de la oleada. Ella asintió sonriendo sarcásticamente.
-Eso no pensó el vampiro que me transformo –dijo con esa sonrisa, pero pude detectar tristeza en su voz.
-¿Quién lo hizo? –le pregunté de golpe. Lena me miró sorprendida pero a la vez feliz.
“¡Aghj! ¡Bella, contrólate!” pensé para mis adentros.
-Lo siento…yo…-intenté disculparme pero ella me interrumpió con una gran sonrisa en su rostro.
-No, está bien, solo…-dijo dubitativa. Le sonreí infundiéndole valor- yo…quisiera…saber…
-¿Sí? –pregunté con curiosidad.
-Emmm... ¿en realidad te interesa mi historia? –me preguntó Lena con una mirada esperanzada.
 -Claro, cariño. Eres joven, yo soy la mayor aquí, por lo tanto puedes confiar en mí…-le dije con una sonrisa amable.
Ella se lanzó a mi cuello a abrazarme. La acción me dejó un tanto sorprendida al principio, pero luego le devolví el abrazo. Se notaba que estaba sola en todo esto, y necesitaría tanto de mi ayuda como la de los demás de mis amigos.
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Chicas!! Espero les haya gustado estos dos caps que dejé por el dia de hoy...xD
Espero sus coments!! =P
Ally**
 
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