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martes, 16 de agosto de 2011

Summary: Isabella Swan no es la típica chica de 17 años, torpe, indefensa e inocente. Ella es atrevida, rebelde, decidida, no le importa decir lo que piensa ni lo que los demás piensen de ella, y, por sobretodo, es la chica más deseada de todo el Instituto desde que llegó. Cualquier chico moriría por tenerla, cualquier chica desearía ser su mejor amiga, Isabella era el objetivo de todos. Pero ella ya tenía a sus dos objetivos bien fijados. Pero, ¿qué ocurrirá cuando ellos terminen siendo diferentes a lo que aparentan?

Advertencia: Contiene escenas sexuales explìcitas -por eso el rating M, daa-, lees bajo tu propia voluntad. Persona que no les gusten los trios, RETROCEDAN. No me hago responsable bajo advertencia.

 
11. Capitulo Once: “Descontrol”
Naughty Game
By Ally Cullen-Black
&.
Bella POV
—Okey, Bells…—Dijo Jane entrando en mi habitación con una toalla alrededor de su cuerpo.
Luego de que le enseñara algunos trucos y lo que en realidad implicaba el masoquismo, ella fue a darse una ducha mientras yo me tomaba mi tiempo para relajarme. La verdad, esta había sido mi primera vez con una mujer, y a pesar de que fue realmente placentera, no cambiaba en absoluto mi gusto acerca de los hombres y su “amigo de abajo”. (N/A: Se refiere a los penes, vergas, miembros, ingles, como a ustedes se les plazca llamarles a…ya saben)
—Es viernes…—Dijo Jane alzando sus cejas varias veces antes de caminar hacia mi espejo de cuerpo completo para mirarse.
—¿Y…? —Pregunté sin entender a qué quería llegar.
—¿Qué dices si salimos a divertirnos? —Dijo guiñándome un ojo a través de su reflejo con una sonrisa plasmada en él. Sonreí mientras me levantaba de mi cama desnuda y corría al baño a ducharme.
Una vez que salí, me dispuse en llamar a Alice. Ella seguramente aún estaría preocupada; aunque Edward le hubiera dicho que había hablado conmigo, la conocía lo necesario para saber que eso no era suficiente para Alice Cullen.
—¿Hola? —me atendió Edward soñoliento con la voz ronca. Sonreí para mí misma mordiéndome el labio, imaginándomelo recién levantado, con ese rebelde cabello cobrizo todo enmarañado… Suspiré.
—Lo siento, ¿te desperté? —Pregunté lo más sensual que pude.
Él se aclaró la garganta antes de hablar. —Está bien, no te preocupes, ya era hora de levantarme de mi siesta de todas formas…—Reí ya que eran cerca de las 8 p.m. —¿A qué se debe tu llamado, preciosa? —Preguntó de la misma forma en que yo había hablado, o sea con sensualidad.
Con Edward, parecía que estuviéramos en un constante juego de seducción. Yo lo seducía haciéndome la inocente, sabiendo él que no lo era en lo más mínimo; él me seducía cuando me llamaba con sus apodos de “Chica atrevida” o “Preciosa”, sabiendo que me derretía con el tono con el que lo hacía. Era un juego, un juego que me encantaba jugar con él.
—¿Está Alice por allí? —Pregunté inocentemente.
Él resopló creyendo que no lo había oído antes de pegarle el grito a Alice, y que ésta le contestara que ya subía. —Sí, ya viene. —Dijo con seguramente un sonrisa en su rostro.
—Gracias, Edward.
—De nada, preciosa. —Y aquí nuestro juego de seducción con los nombres. Mordí mi labio inconscientemente. O quizás muy consciente. No lo sé, ese es uno de mis tics, es casi imposible evitar hacerlo.
—¿Qué sucede, Edward? ¿Por qué tienes esa sonrisa de “quiero follarte” en tu rostro? ¿Con quién hablas? —Escuché la fina e inconfundible voz de Alice del otro lado del teléfono. Reí sin poder evitarlo mientras él fingía toser. Alice también reía.
—¿Hola? —Habló ella por el teléfono.
—Alice…—No logré a decir más antes que ella me interrumpiera.
—¡Bella! ¿Cómo estás? ¡¿Por qué demonios no contestabas el teléfono?! ¡¿Es que estás loca o quieres hacerme morir de un infarto?! ¡¿Tienes idea de cuán preocupada estuve?! —Gritó reprendiéndome. Me sentía como un cachorrito al cual su dueño está reprendiéndolo por haber hecho alguna travesura.
—Alice, cálmate. Estoy bien. Lo sé, y lo siento…—Dije arrepentida. Realmente la quería, y no quería perderla como amiga.
Ella suspiró antes de continuar. —Está bien, solo…la próxima vez, no nos prohíbas acercarnos a ti, Bella. Somos tus amigas, estamos en las buenas y malas. —Sus palabras me llegaron al alma. Alice tenía razón, tenía que confiar en ella y Rosalie, así como confiaba en Jane. Ellas eran mis mejores amigas.
—De acuerdo, lo siento. —Volví a disculparme.
—Okey, basta de disculpas, ya todo está solucionado…—Dijo antes que yo la interrumpiera.
—No, no está todo solucionado…al menos hasta que esta noche me acompañes a tu *bar favorito para recompensarte…—Dije antes de que ella pegara un grito. Podía imaginármela dando saltitos en su lugar.
—¡Si, si, si, si, Bella! —Gritó entusiasmada. Sonreí alegre.
—Entonces, ¿nos encontramos allí esta noche? Quiero presentarte a una persona…—Juro que escuché un resoplido o algo parecido del otro lado pero que no provenía de Alice, conocía demasiado su voz como para identificar hasta sus suspiros.
—De acuerdo, —Concluyó ella luego del silencio que se prolongó ante el resoplido.
—Okey, recuerda avisarle a Rosalie…
—Oh, sí, sí. ¡No me olvido! —Dijo Alice antes de que nos despidiéramos y cortar la conversación.
.
.
.
—Muchas gracias, —Dijo sensualmente Jane al taxista que nos había traído hasta el nuevo bar de moda, llamado ‘Eclipse’.
El taxista, no tan viejo, le guiñó un ojo a mi amiga mientras se la comía con la mirada. Ella le devolvió el guiño con picardía antes de que el taxista se fuera a seguir con su trabajo.
—No puedes esperar a que estemos adentro, ¿no? —Le pregunté burlona antes de que ella me regalara un ligero golpe en mi hombro descubierto.
Ambas comenzamos a reír mientras emprendíamos viaje a la larga cola en la entrada del lugar. Pero por suerte, mis amigas nos esperaban cerca del comienzo de la cola. Sentí mi pulso acelerarse cuando vi a Edward y Jasper detrás de ellas haciendo la cola.
—Oh. Mi. Dios. —Exclamó Jane con disimulo, solo para que yo notara su sorpresa.  —Jódeme, y dime que esos no son tus “dioses griegos”… —Me pidió mordiéndose el labio mientras los miraba de arriba abajo. Resoplé rodando mis ojos por su comentario. No sé por qué, pero en ese momento, mi lado posesivo salió a flote, gritando en mi interior: “¡Míos!”.
—¡Bells! —Me gritó Alice cuando me vio caminar hacia ellos con Jane.
Mis dos dioses se giraron a mirarme, provocando que mis bellos se pusieran de punta y flashbacks de ese primer encuentro entre los tres me volvieran a la mente con rapidez, recordando los labios de Edward en mi cuello y las caricias de Jasper en mis brazos. Ambos se mordieron el labio inferior al recorrerme de arriba abajo con la mirada, viendo cómo iba vestida.
—Okey, son tuyos…—Dijo Jane al notar la acción de mis dioses. Sonreí victoriosa.
—¡Hey! —Saludé a todos una vez que llegué. —Les presento a Jane. —La presenté antes de acercarme más a ellos.
Luego deposité un sonoro beso en la mejilla de Alice, Rosalie y a Emmet. Éste último estaba abrazando a Rosalie por la cintura, por lo que sonreí alzando una de mis cejas. Él me miró con esa mirada de hermano mayor, con una pizca de diversión y picardía, que me había dedicado el día de nuestra charla, se la devolví con la misma intención.
Me giré a mis dioses, y el primero en acercarse a saludarme fue Jasper.
—Hola, hermosa. —Susurró en mí oído sensualmente y con una de sus manos en mi cintura. —¿Cómo estás? Me tenías preocupado…—Siguió susurrando en mi oído antes de dejar un beso en la comisura de mis labios.
Sentí mis piernas flaquear mientras suspiraba al verlo alejarse para darle paso a Edward.
—Hola, preciosa. —Susurró en mi oído contrario en el que lo había hecho Jasper. —No tenía pensado perderme una noche así…—Susurró antes de hacer lo mismo que Jasper: besarme en la comisura de mis labios, solo que del otro lado en el que lo había hecho el anterior. Se alejó y me guiñó un ojo.
En ese momento ya no estaba en este mundo, la sensualidad de ambos me había transportado a otro lugar. Me golpeé mentalmente intentando volver a la realidad al *trastabillar y casi perder el total equilibrio de mi cuerpo cuando íbamos entrando en el bar, de no ser por aquellos enormes y morenos brazos que me sujetaron. Escuché dos leves gruñidos detrás de mí.
Levanté mi mirada para ver quién era el que me tenía sujeta por la cintura.
—¿¿Jake??
—¡¡Bella!! —Gritó mi amigo sonriendo mientras me alzaba abrazándome por la cintura. Le devolví el abrazo pasando mis brazos alrededor de su cuello. —Sabes, era imposible confundirme de persona. ¿Quién es la única que usa zapatos de tacones altos sin estar acostumbrada a ellos y tropieza todo el tiempo? Ah, sí. La única, e inconfundible, ¡Bellas Swan! —Dijo burlona y teatralmente una vez que me devolvió al suelo.
—¿Cómo has estado, Bubu? —Le pregunté llamándolo por el sobrenombre que yo le había colocado de niña.
Jacob Black fue mi mejor amigo en Phoenix, prácticamente me crié con él. Su madre era la mejor amiga de mi madre, por lo que se convirtió en la madrina de Jake. Y por ello nos criamos juntos, ya que tenemos casi la misma edad; él es un año y dos meses mayor que yo. Éramos tan amigos, que casi compartíamos hasta la misma vida de mierda. Sus padres también se separaron, su madre está con un hombre tres años menor que ella, y su padre se fue a vivir a Seattle, por lo que no me sorprendía mucho encontrármelo aquí.
Cuando se enteró que vendría a vivir a Seattle, tres semanas antes, él tomó la decisión de irse a vivir con Billy, su padre, para así no separarnos. Pero cuando no me lo encontré en el Instituto, perdí las esperanzas de seguir con nuestra amistad. Nunca nos confundimos con los sentimientos, siempre fue “Bubu y Nany, amigos por siempre”. “Bubu y Nany” era una serie que veíamos de niños, ya que eran dos dinosaurios amables que amaban a los niños, y bla, bla, bla… Puras cosas de niños.
—¡Genial! Solo que estuve buscándote por cielo y tierra y nunca apareciste, Nany —Dijo pellizcándome las mejillas con suavidad. Reí antes de acercarme y besarlo en la mejilla.
Escuché que alguien se aclaraba la garganta detrás de mí, por lo que reaccioné y me giré, para encontrarme con todos mis amigos viéndome, y las fulminantes miradas de mis dioses en mi mejor amigo.
—Ammm, chicos, él es Jake, un viejo amigo. —Dije antes de Jake me *pechara desde atrás. Reí divertida. Todos los saludaron con sonrisas, excepto Edward y Jasper, que lo fulminaron con la mirada. Jake tampoco se quedó atrás, él se las devolvió con gusto.
Un silbido, de esos que los chicos hacen cuando ven a una chica linda, nos sacó del momento de tensión. Jane se giró y sonrió, luego me miró a mí con esa sonrisa. Se la devolví antes de que ella se fuera, perdiéndose entre la multitud. Me giré, y los únicos que quedábamos éramos Edward, Jasper, Jake y yo.
Cuando Edward estuvo a punto de decir algo, dos chicas rubias, con más cirugías que Michael Jackson (N/A: Sin ofender, chicas, pero no se me ocurría otra persona que haya tenido muchas cirugías en el rostro), se acercaron a ellos, rodeando sus cuellos con sus esqueléticos brazos, mientras les susurraban algo al oído. Sentí cómo la adrenalina, la furia, comenzaba a subir desde la punta de los dedos de mis pies hasta arriba, expandiéndose por cada centímetro de mi cuerpo. ¡¿Quién demonios se creían esas rubias oxigenadas con gomas de plástico (N/A: Se refiere a los pechos, para las que no captaron la idea xD) siquiera tocar a Mis dioses?!
Jake me tomó del brazo, y comenzó a tirar de mí hasta que llegamos a la *barra, donde pidió bebida para ambos.
—¡Bella, vuelve! —Me gritó zarandeándome un poco de los hombros. Sacudí mi cabeza reaccionando. — Cariño, necesitas urgente liberarte…—Dijo soltándome los hombros y entregándome un vaso con algo.
Realmente no vi que me había dado, y solamente lo supe cuando me lo tragué todo de golpe dejándolo a él con la palabra en la boca. Sentí un ardor tan caliente que quemaba subir por toda mi garganta. Solamente había una bebida alcohólica que producía ese ardor: Vodka.
—No me dejaste advertirte…—Dijo al notar mi cara de sufrimiento gracias al ardor. Intentó no reírse, pero no lo logró por más de dos segundos, al igual que yo. Reí junto con él mientras pedíamos otro trago.
Luego de un par de horas, en las que habíamos estado allí sentados con Jake charlando de todo lo que nos perdimos al estar separados, una chica menudita de cabello castaño claro, se acercó y le susurró algo a Jake en el oído. Lo vi sonreír antes de guiñarme un ojo y preguntarme si no me molestaba que se fuera por unas horas. Le contesté que no y se perdió camino al baño con la chica.
Sonreí mientras me giraba hacia la pista, donde visualicé a mis dioses demasiado cerca de las putas oxigenadas con gomas de plástico. La furia volvió a subir mientras los veía apoyar sus erecciones notorias, gracias al baile que hacían, contra el trasero de las oxigenadas.
¡Puta madre! Tenía que distraerme, y urgente. Si no quería terminar siendo echada del lugar por intentar matar a dos rubias sin cerebro.
—Isabella Swan…—Escuché una voz pronunciar mi nombre en mi oído. Giré mi cabeza para ver de quién provenía esa voz conocida.
—James Richardson…—Dije al reconocer esa voz masculina y al encontrarme con esos grises ojos y esa pose de “no me importa una mierda de nada”, con sus antebrazos apoyados en la mesa del bar. Le sonreí con picardía, como solía hacerlo siempre. La música estaba tan fuerte, que no lo había oído llegar.
James había sido uno de los tantos con los que había pasado una noche; en pocas palabras, él era otro de con los que había acostado en Phoenix. Lo último que supe de él, fue de cuando se mudó, no me dijo exactamente a dónde, pero ahora lo sabía.
—Qué raro encontrarte por aquí…—Comentó acercando su rostro más al mío.
—Vivo aquí, cariño. —Le contesté casi rozando mis labios con los suyos.
—Mmmm, esa es una muy buena noticia. —Dijo pasando su brazo alrededor de mi cintura. —Estas hermosa esta noche…—Dijo recorriéndome con la mirada. Sonreí guiñándole un ojo. —¿Qué dices si bailamos? —Asentí tomando su mano y mezclándonos entre la multitud, intentando no perder el equilibrio, gracias a que comenzaba a sentir cómo las pastillas de Jane empezaban a surtir efecto.
*Flashback*
Antes de dirigirnos al bar, acompañé a Jane a su departamento. Su padre estaba de viaje de negocios, así que no había nadie allí, excepto el gato negro de ella llamado *Cruckshangs.
—¿Qué es eso? —Le pregunté a Jane cuando la vi sacar una bolsita de su mesita de noche.
—Esto es algo nuevo que conseguí, —Me respondió guiñándome un ojo y sonriéndome. —¿te animas a probarlo conmigo? —Suspiré indecisa viendo la pastilla color azul morado que Jane me entregaba. —Oh, vamos, Bells. Así funciona esto para los vendedores. Pruebas, y si te gusta, les compras más. Confía en mí… El chico que me las dio es de confianza, despreocúpate…—Insistió.
—Está bien…—Me rendí tomando el vaso de agua que ella me entregaba. Jane sonrió vencedora.
—¿Lista? —Me preguntó una vez que ambas tomamos la rara pastilla. Asentí sonriendo antes de que emprendiéramos viaje.    
*Fin del flashback*
Casi todos bailaban como si estuvieran teniendo sexo, pero con ropa. El lugar estaba repleto, era la primera vez que venía a este lugar y no podía creer la cantidad de personas que había, y que cabían. Comenzamos a movernos, muy pegados, tanto que podía sentir la excitación de James contra mi pierna. Rodeé su cuello con mis brazos mientras él mi cintura con los suyos. Miré de reojo, y vi a Edward y Jasper abandonar a sus oxigenadas e irse refunfuñando a la barra cuando me vieron con James.
Reí sin razón. Mis pies comenzaban a sentirse livianos, tanto que sentía como si volara. Tenía ganas de reír, luego gritar a los cuatro vientos, volver a reír, y comenzar a correr. Ya no pensaba con coherencia, parecía como si lentamente se estuvieran abriendo las puertas del infierno, que se sentía como el cielo. Ya estaba completamente cagada. Sentía el fuego y la adrenalina correr por mis venas, mezclado con algo de dolor y ardor, pero no me importaba, me atraía aún más.
Veía todo borroso, casi ni distinguía a James ni a los demás hombres alrededor mío bailando como si me estuvieran cogiendo todos juntos. Estaba toda sudada, y me valía una mierda. Saltaba, bailaba, contorneaba mis caderas, besaba castamente a aquellos hombres…
Estaba completamente descontrolada, y me encantaba.
—¡Bella! —Oí a lo lejos. Abrí mis ojos y visualicé a Jane caminando hacia mí igual de ida que yo, tambaleándose y riéndose como estúpida.
Se metió por en medio de los hombres que me rodeaban, y me abrazó por el cuello antes de susurrarme:
—Tenemos que irnos. —Dijo riendo mientras me seguía con los sensuales movimientos. Todos los hombres comenzaron a gritar excitados por la escena entre nosotras, refregándonos la una contra la otra.
—¿Por qué? —Le pregunté confundida, aunque por fuera no se notaba la confusión, ya que reía como si me hubieran contado un chiste realmente bueno.
Mis manos quemaban, al igual que todo mi cuerpo cuando me tocaban.
—Las pastillas son fuertes, un par de minutos más, y nos *iremos completamente…—Intentó hablar coherente.
Uno de los hombres, no sé quién exactamente, no lo conocía, me tomó de la cintura separándome de Jane y pegándome a su duro pecho antes de besarme con rudeza. Me sentí extraña, era como si el mundo se me hubiera caído encima en ese puto segundo. Abrí mis ojos de golpe y vi a Jane en el suelo tomándose el pecho, como si le doliera. Quise apartarme del hombre, pero me tenía rodeada con sus enormes brazos. Me sentía asfixiada por él. ¡Puta madre!
Como no me soltaba, no importara lo que intentara hacer, le atiné un rodillazo en su ingle. Él se alejó adolorido. ¡Al fin! Sin pensarlo, me giré, tomé a Jane pasando su brazo por mi cuello, y comencé a caminar hacia la salida. Yo estaba igual o peor que ella, por lo que tenía que intentar no caerme. Misión casi imposible…
—¡Bella! —Me interceptó una sonriente Alice. Me había olvidado completamente de ella, en realidad de casi todos. —¿Qué ocurrió? —Preguntó al ver a Jane. Negué con la cabeza antes de señalarle la salida. Me ayudó con ella, y salimos afuera del lugar.
—¿Puedes llevarla a su casa? —Le pregunté suspirando. —Ella te dirá donde queda…
—Pero, ¿está bien? —Preguntó preocupada.
—Sí, solo está borracha. —Mentí mientras Jane reía divertidamente.
—Sí, claro…borracha…—Comentó Jane riendo. Rodee los ojos suspirando, intentando que no se notara la opresión que sentía en el pecho.
Alice paró un taxi y metió a Jane dentro de él antes de girarse a mí.
—¿Vendrás?
—No, dejé mis cosas adentro. No te preocupes, luego me iré en otro…—Mentí mientras señalaba al taxi. Ella asintió y se subió al auto.
Luego que el auto se perdió girando a la derecha, todo ocurrió muy rápido. El mismo hombre que me había besado adentro del lugar, me tomó de la cintura y me arrastró hasta apoyarme contra la pared de al lado de la entrada con fuerza, haciendo que mi cabeza se golpeara contra los ladrillos.
—Niñita, te enseñaré a nunca volver a golpearme…—Dijo metiendo su mano dentro de mi apretada, y completamente mojada gracias al sudor, musculosa.
—¡Suéltame! —Cerré mis ojos y grité con la voz ronca por antes haber gritado cantando. La opresión se hizo tan grande, que desee estar muerta.
—¡SUÉLTALA! —Gritó una voz conocida antes de que las manos de aquel hombre desaparecieran de mi cuerpo e hiciera que perdiera el equilibrio. ¡Mierda! Esto dolería en la mañana.
Abrí mis ojos y vi al hombre en el suelo mirando con miedo al otro hombre parado que me daba la espalda, y que le gritaba. No pude distinguir qué era lo que le decía, ya todo comenzaba a moverse en círculos, haciendo que viera doble, o triple; escuchaba todo en zumbidos agonizantes que hacían mi cabeza doler como la mierda. Fruncí el ceño mientras tapaba mis orejas intentando vanamente dejar de oír. Me sentía desorientada, y completamente jodida.
—¿Estás bien? —Preguntó la voz conocida. Abrí mis ojos y me encontré con Jasper tendiéndome una mano. Asentí contestándole mientras la aceptaba, y me ayudaba a ponerme en pie.
Cuando lo hice, la sensación de estar volando, de que todo me valía una mierda, volvió de golpe, haciendo que perdiera el equilibrio y que sus sudados brazos me rodearan la cintura para no caerme.
Capitulo Veintitres
Charla
Bella POV
Estaba corriendo en dirección a la casa de los Cullen, pero antes de llegar vi a Edward corriendo hacia mí.
-¡Bella! –gritó desesperado mientras me abrazaba por la cintura y me alzaba una vez que llegó a mí. Una sonrisa estúpida no se iba de mis labios.
Había extrañado tanto el calor de sus brazos a mi alrededor, que no me importaba ni me molestaba estar todo el tiempo alrededor de ellos.
Edward se alejó un poco para posar sus labios sobre los míos, una vez que me devolvió al suelo. Me sentí llena, y feliz, cuando sentí la suavidad de sus labios y la delicadeza con la que comenzó a besarme. Había extrañado todo de él, y por ese motivo, le correspondí de la misma forma.
 Sus labios dejaron los míos para pasar al resto de mi cara. Edward besaba mis mejillas, mi frente y mi nariz, una y otra vez, sin cansarse, mientras tomaba mi rostro entre sus manos. Luego comenzó a revisarme, no entendí con exactitud porque lo hacía.
-¿Estas bien? ¿Estas herida? –me preguntó quitándome la campera y revisando mis brazos mientras yo fruncía el ceño.
¿Por qué me preguntaba él si estaba herida? ¿Qué es lo que él sabía? Muchas preguntas surgieron en mi cabeza mientras él se disponía a revisarme.
Frunció el ceño cuando vio por primera vez mis brazos, todos mordidos por vampiros. Él no los había visto antes, ya que no se me había ocurrido usar mangas cortas hasta ese momento. El dolor cruzó por su rostro, haciendo que yo también lo sintiera.
Tomé su rostro entre mis manos mientras hacía que me mirara directo a los ojos.
-Estoy bien, tranquilo –le dije antes de darle un corto beso en los labios mientras él me abrazaba por la cintura.
Edward me volvió a besar, pero esta vez intentando profundizar el beso. Le correspondí mientras pasaba mis brazos alrededor de su cuello y él me apretaba más a su cuerpo. Era reconfortante sentirlo en mis labios, sentirlo mío otra vez, sentir que yo era muy afortunada por tenerlo conmigo, sentirme la mujer más amada en el mundo, y todo por él.
Pero las preguntas volvieron a mi mente, haciendo que comenzara a bajar los niveles de nuestro beso. Separé nuestros labios ganándome una protesta de parte de él, y apoyando mi frente sobre la suya.
-Tenemos que hablar –susurré con la respiración acelerada mientras soltaba mi agarre en su cuello. Él asintió alejándose un poco de mí.
Me sentí estúpida por haber cortado con ese momento tan lindo, pero no podía seguir haciéndome ilusiones si la realidad resultaba ser otra.
Tomé su mano y lo llevé hacia un árbol de allí, donde él se apoyo una vez que se sentó y yo me senté a su lado, pero estando al frente suyo. Edward no soltó mi mano, sino que comenzó a acariciarla con ambas manos y me sonreía alegre, y ya calmado. Suspiré antes de empezar a hablar, sin devolverle ninguna sonrisa y mirando nuestras manos unidas.
-Edward, ambos estamos confundidos –comencé mientras él suspiraba- Ambos tenemos preguntas hacia el otro, y creo que es el momento de contestarlas –dije sin mirarlo, temiendo de que su mirada no fuera la que yo esperaba.
-Tienes razón, -dijo removiéndose pero sin soltar mi mano- creo que es el momento de aclarar algunas cosas –dijo antes de levantar mi mirada con una de sus manos en mi barbilla.
Se quedó unos segundos viendo directamente a mis ojos, como si buscara algo antes de preguntar.
-Bella, ¿me amas? –me preguntó mirando directo a mis ojos.
Tuve miedo de contestar. ¿Y si daba la respuesta equivocada? No creía poder soportar que él no me amara. Pero si pude seguir adelante una vez, podría hacerlo de nuevo, aunque costaría, y mucho.
-Sí, Edward. Te amo…-le dije antes de que él se acercara y me diera un corto beso en los labios, dejándome sorprendida.
-Yo también te amo, Bella –dijo con su frente pegada a la mía.
Comencé a respirar aceleradamente mientras sus palabras se reproducían en mi mente. Estaba muy confundida.
-Pero, tú dijiste…
-Sé lo que dije –me interrumpió alejándose de mí y mirando directo a mis ojos- Sé lo que dije hace 15 años atrás, sé cuanto te lastimaron mis palabras, sé cuanto me costo el haberte dejado. Me costo tu vida, Bella –dijo apenado mientras el dolor se reflejaba en su rostro, al igual que en el mío.
-Entonces, ¿por qué te fuiste? –le pregunté con mi voz algo quebrada- ¿Por qué dijiste que no me amabas?
-Bella, lo ocurrido con Jasper me hizo pensar en todos los peligros más en que te pude haber metido. Te mentí, Bella. Tuve que hacerlo, por tu bien, para protegerte –dijo sin apartar su mirada de la mía- Pero tu me creíste tan rápido que no me dio posibilidad de nada.
-Te creí porque no tenía sentido que me amaras, -le contesté de golpe mientras él cerraba sus ojos, como si se hubiera enojado- yo era humana…nada…una simple humana…-dije con desprecio bajando mi mirada.
-Bella, -protestó Edward acercándose a mí y apoyando su frente sobre la mía- tu fuiste y siempre serás todo para mí…TODO –aclaró antes de besarme otra vez.
Comencé a sollozar en sus labios. Él me alzó y me sentó en su regazo, sin apartar nuestros labios, mientras yo pasaba mis brazos por su cuello y él por mi cintura. Corté con el beso, necesitaba abrazarlo, y así lo hice. Lo abracé por el cuello, escondiendo mi rostro en su cuello mientras no podía evitar sollozar. Y no lo hacía de tristeza, lo hacía de felicidad.
Edward nunca me había dejado porque no me amaba, él lo había echo para protegerme. Porque me amaba, porque siempre fue el novio sobre-protector y yo la novia protegida, porque yo le importaba, porque siempre fui todo para él. Reí estúpidamente antes de alejarme de su cuello y mirarlo a los ojos.
-Bella, ¿te ríes o lloras? –me preguntó Edward divertido.
Reí nerviosamente antes de apoyar mi frente sobre la suya y volverlo a besar. Él sonrió contra mis labios mientras me abrazaba fuerte, sin miedo a quebrarme o algo por el estilo. Solté sus labios y le sonreí en respuesta, mirando directo a sus ojos, y abrazándolo por el cuello con fuerza, pero no demasiada.
-Te amo, -le dije sonriendo. Sus ojos brillaron y me sonrió de oreja a oreja.
-Te amo, Bella –me contestó dulcemente dándome un corto beso en los labios.
Le correspondí con dulzura justo cuando Alice y Jasper aparecían de entre los árboles, tomados de las manos y sonriendo. Me giré hacia ellos mientras Edward apoyaba su frente en mi mejilla y cerraba los ojos, protestando.
-Lo siento, le dije que esperara, pero no me hizo caso –se disculpó Jasper mientras Alice lo arrastraba hacia nosotros.
Le sonreí en respuesta mientras me levantaba, y mientras Edward seguía protestando. Corrí hacia Alice para abrazarla, y cuando ella vio mis intenciones, no dudo en soltar a Jasper para correr hacia mí. Nos abrazamos fuerte, riendo como niñas pequeñas.
-Te extrañe mucho, Bells –dijo Alice durante el abrazo.
-Yo igual, Alice –le contesté con una sonrisa y alejándome para darle un beso en la mejilla.
Ella se quedó sorprendida ante mis acciones, todavía no se acostumbraba a que yo fuera más demostrativa, a que no tuviera vergüenza de decir lo que sentía y quería, como antes.
Me giré para volver hacia Edward tomada de la mano de Alice. Él seguía sentado contra el árbol y Jasper estaba en la misma posición que yo había estado antes, sentado al frente de Edward. La diferencia era que él estaba un poco más alejado de Edward.
Solté la mano de Alice cuando llegamos a ellos y Edward me estiró sus brazos, dándome a entender que quería que me sentara en su regazo. Me senté en él y lo abracé por el cuello, como antes, mientras Alice se sentaba al lado de Jasper y él la abrazaba por la cintura, al igual que Edward me abrazaba a mí. En eso, Jasper y Alice me miraron preocupados y sorprendidos.
-¿Qué ocurre? –pregunté dándome cuenta de sus miradas mientras Edward besaba mi cuello, provocando que me estremeciera- No lo hagas, -le susurré a Edward mientras me giraba a mirarlo y Jasper daba una tosida fingida.
-Lo siento, -se disculpó besando mi nariz con una sonrisa.
-Volviendo al tema, -dije girándome hacia Alice y Jasper que me miraban con una sonrisa pero en sus ojos había preguntas- ¿Qué ocurrió para que me miraran de esa forma? –pregunté sin miedo.
-Amm, pues…tus brazos…-dijo Alice dubitativa.
Miré mis brazos dándome cuenta a que se refería. Mis brazos estaban llenos de mordeduras de vampiros, gracias a mi trabajo. Jasper miraba mis brazos con el ceño fruncido, confundido, mientras millones de preguntas cruzaban su mente, haciendo que tanto Edward como yo, nos mareáramos.
 -¡Jasper! –dije perdiendo la paciencia y haciendo que Edward y Alice saltaran por mi grito- Por favor, controla tus pensamientos, -le pedí mientras suspiraba gracias a que él dejaba de pensar.
“Y yo que creía que Alice era la alborotada…” pensé dejando que Edward me escuchara. Él comenzó a reírse, escondiendo su rostro en mi cuello, sin poder evitarlo. Volví mi escudo a su lugar.
-Se que tienes preguntas, pero no las pienses a todas de una vez, pregúntame –le pedí a Jasper mientras intentaba controlar las risas de Edward en mi cuello.
Jasper asintió omitiendo a Edward y comenzó con su cuestionario junto con Alice.
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^_^ Espero coments! ♥ Las amoo! Se me cuidan, ¿sip? xD
Capitulo Veintidos
Propuesta
Bella POV
Ya habían pasado cuatro semanas desde que había viajado a Volterra, y con Lena nos encontrábamos sentadas en el avión que nos llevaría de vuelta a casa.
“¡Por fin!” gritó mi mente cansada, al igual que la de Lena.
Gracias a mis dones y al don de Lena, terminamos antes de la cuenta, ya que el vampiro se había enterado de que íbamos tras él e intentó escapar. Nos llevó una semana el intentar alcanzarlo, ya que era bastante rápido y fuerte, sobre todo fuerte. Cada vez que lográbamos tocarlo, sus fuertes golpes nos estropeaban todo. Pero eso fue hasta que Lena habló, y no le quedó otra que hacer lo que ella le dijo.
Luego de encargarnos de él, fuimos con los demás a ayudarlos. Pero cuando llegamos, ellos aún no habían llegado. Eso enfureció demasiado a Aro cuando Demetri, “el buchón”, como los demás le apodaron, le contó la verdad.
En fin, ya nos encontrábamos camino a casa. No podía dejar de pensar en mi familia, en los Cullen, y sobre todo en Edward. No podía dejar de imaginarme el momento en cuando lo volviera a ver. Juraba que lo besaría hasta que mis labios me dolieran, pero aún quedaba dos temas pendientes entre ambos.
Uno, eran los Vulturis. ¿Cómo tomaría Edward mi trabajo? Esto no era algo que yo había querido, simplemente ocurrió y no tenía opción de dejar de ir a Volterra, al menos que quisiera ver a mi familia muerta, cosa que no quería ni dejaría que pasara, o que yo muriera, cosa que ninguno en mi familia estuvo de acuerdo cuando lo propuse.
Y dos, sus sentimientos hacia mí. ¿Edward aún me seguía amando? ¿Era posible que en realidad él nunca me hubiera dejado de amar como yo a él? Y si lo había sido, ¿por qué me había dejado cuando era humana? Necesitaba urgente terminar con esos dos temas que me estaban martirizando la cabeza.
-¿Por qué esa frustración, Bella? –me preguntó Dean jugando. Él estaba sentado en los asientos de adelante con Tiffany mientras Lena estaba a mi lado, como cuando habíamos viajado hacia Italia.
-Son solo mis pensamientos –dije relajándome en mi lugar.
Lena me sonrió abiertamente cuando la miré con una sonrisa. Pero su sonrisa desapareció tan rápido como llegó.
-¿Qué ocurre, cariño? –le pregunté acercándome a ella.
La miré directo a los ojos. Esos ojos color rubí que en ese momento tenían una tonada de dorados. Sí, ella había aceptado mi forma de alimentarme e incluso la había querido para ella, cosa que me puso inmensamente feliz.
-Nada, es que…son las últimas horas que estaremos juntas…hasta que nos llamen de nuevo…-dijo bajando su mirada triste. Sonreí, la hora había llegado.
-Cariño, yo quería proponerte algo –dije sonriéndole.
-¡Por Dios, Bella! ¡Es una niña! ¿Cómo se te ocurre proponerle matrimonio? –bromeó Dean. Lo fulminé con la mirada antes de arrojarle un almohadón haciendo que por la fuerza, cayera hacia atrás mientras todos reían, Lena y yo inclusive.
-Volviendo al tema, -dije llamando la atención de Lena que reía feliz- ¿Qué dices si te vienes a vivir conmigo y mi familia? –le pregunté con una sonrisa. Ella me miró impresionada antes de que una gran sonrisa apareciera en su rostro y se lanzara a abrazarme.
-Tomaré eso como un sí –dije devolviéndole el abrazo. Ella asintió riendo.

-Bella, -me llamó Lena apretando mi mano. Me giré a ella con una sonrisa- ¿crees que me aceptaran? –preguntó con sus ojitos tristes.
-Claro, cariño –le contesté con una sonrisa alentadora- Ya veras, –le dije mientras aceleraba el paso.
Estábamos corriendo hacia mi casa por el bosque que tanto reconocía. Respiré profundamente, llenándome de ese exquisito aroma a naturaleza que desprendía el lugar. Estaba en casa.
Dejé de correr cuando mi casa apareció en nuestra vista. Lena se quedó mirándola con la mandíbula por el piso, literalmente.
-Bella, ¿esa es tu casa? –preguntó Lena con los ojos abiertos como platos.
-Nuestra casa, -le corregí con una sonrisa. Ella me la devolvió mientras yo la abrazaba por los hombros de costado.
Caminamos hacia ella, pero antes de llegar todos salieron de adentro corriendo y sonriendo. Seguramente ya me habían olido. Josh era el primero, como siempre. Solté a Lena y a mi maleta y corrí hacia él.
-¡Lizy! –gritó mientras me abrazaba por la cintura y me alzaba. Reí sin poder evitarlo. Lo besé en la mejilla antes de que me bajara.
Nicky y Jaime me abrazaron a la vez sonriendo. Los besé a ambos en la frente mientras Sophia se me acercaba y me abrazaba fuerte.
-Te extrañé, niña –dijo mientras nos abrazábamos con fuerza.
Josh y Carmen fueron los siguientes, que me besaban la frente y las mejillas, como cualquier padre y madre lo haría. Luego de sonreírles en respuesta, me giré hacia Lena, que se encontraba mirando la escena con una sonrisa y con un poco de vergüenza.
Caminé hacia ella y la tomé de la mano para acercarla a mi familia. Eleazar miraba sonriendo y entendiendo todo.
“¿Otra integrante de la familia?” me preguntó Eleazar con una sonrisa en su rostro. Asentí disimuladamente.
Antes de que yo pudiera hablar, Nicky se acercó hacia Lena.
-¿Lena? –la llamó sorprendida.
-¿Nicole? –le contestó Lena de igual forma.
Ambas pegaron un grito antes de correr la una a la otra y abrazarse. Pegaban saltitos mientras se abrazaban, haciéndome recordar a Alice cuando me abrazó la vez que decidí dejar de lado mi orgullo. Todos sonreíamos viendo la escena entre ellas.
Cuando miré a Jaime, se veía raro. Sus ojos tenían un brillo especial, un brillo que me hacía recordar a Edward, y tenía una gran sonrisa en sus labios. Lo entendí al instante. ¡Jaime estaba enamorado! Pero entonces, eso quería decir que él también conocía a Lena.
-¡No lo puedo creer! –gritaba Nicky riendo junto con Lena una vez que se soltaron.
-¿Se conocen? –pregunté con una sonrisa.
-¡Bella, ella fue mi mejor amiga en toda la primaria! –me contestó Nicky sonriendo. Miré sorprendida a Lena que me sonreía sin poder creerlo aún.
-Y ustedes, ¿como se conocen? –preguntó a Lena dirigiéndose a Nicky y a mí.
-Lena, ella es mi hermana biológica –le respondió Nicky con una sonrisa. Lena me miró impresionada.
-Ahora entiendo el parecido –dijo haciendo que todos rieran.
Lena, apartó su mirada de Nicky, que la tenía en frente, y la dirigió detrás de ella, en dirección a Jaime. Pude jurar que el mismo brillo especial apareció en los ojos de Lena.
-Hola, Jaime –le saludó ella con una sonrisa tímida en el rostro.
-Hola, Lena –le saludó Jaime acercándose a ella y estirando su mano caballerosamente. Suspiré con una sonrisa junto con Sophy, que estaba a mi lado mientras Lena estrechaba su mano.
-¿Quieren dejar de ser tan niños y declararse? –dijo Nicky cruzándose de brazos y haciendo que todos riéramos. Lena y Jaime se sonrieron abiertamente antes de abrazarse.
Hice señas a todos para que nos fuéramos y los dejáramos solos. Carmen, Eleazar, Josh, Sophy, Nicky y yo, comenzamos a caminar hacia la casa, dejando a Lena y Jaime solos, abrazándose, sin ningún indicio de querer soltarse.
-Son tan tiernos…-dijo Carmen suspirando mientras ella, Sophy y yo nos sentábamos en el sofá más grande que había.
Josh se sentó en el sofá individual, con Nicky en su regazo. Y Eleazar se sentó en el brazo del sofá grande al lado de Carmen.
-Hacen muy linda pareja –comentó Nicky con una sonrisa.
-¿Tú la apruebas? –le preguntó Josh a Nicky.
-Lena no deja de ser mi mejor amiga, y Jaime no deja de ser mi mellizo, por lo tanto es obvio que algo celosa voy a estar –dijo mientras todos reíamos.
-¿Y tú? –me preguntó Josh.
-Opino igual que Nicky, -dije sonriendo- Soy la mayor, mi deber es cuidarlos –dije levantándome e ir hacia la ventana para ver lo que ocurría allí abajo.
Jaime estaba sentado en la roca que había a un costado con Lena en su regazo y tomados de las manos. Ambos reían de algo. La curiosidad me entró y dudé si meterme en sus cabezas para ver de qué se trataba.
-Dales privacidad, no seas tan sobre-protectora –me pidió Josh abrazándome por detrás. Sonreí asintiendo y devolviéndole el abrazo- Hay alguien que se muere por verte –susurró en mi oído para que yo únicamente lo escuchara. Lo miré confundida.
“No seas estúpida, Lizy, sabes a quien me refiero” pensó Josh. Lo miré con el ceño fruncido.
“No soy estúpida, y no, no se a quien te refieres” le contesté volviendo mi mirada a Jaime y Lena.
“¿A no? ¿Y la palabra CULLEN no te suena?” preguntó divertido. Me tensé mientras Josh rió divertido. Me giré para preguntarle algo cuando él me volvió a hablar por su mente.
“Corre, están en su casa” pensó con una sonrisa. Se la devolví antes de darle un beso en la mejilla y correr hacia fuera.
-¿A dónde vas? –me preguntó Eleazar desde arriba.
-Se va a lo de los Cullen –contestó Josh.
-¡Trata de no volver tan tarde! –me gritó Carmen mientras yo salía por la puerta principal.
-¡Está bien! –contesté mientras salía corriendo en dirección a la casa de Edward. Lena me miró confundida y Jaime con una sonrisa. Les guiñé un ojo antes de partir.
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^_^ Coments!! Las amoo! ♥

domingo, 14 de agosto de 2011

1. Capitulo Único.
“Death is peaceful, easy. Life is harder…” Bella Swan.
You lost me
By Ally Cullen-Black
&.
¿Por qué gritas, si estoy a tu lado? ¿Por qué me tomas fuerte del brazo y me zarandeas, si entiendo lo dices? ¡¿Por qué me lastimas?! ¡No es necesario! Pero sé que mis palabras no te gustaron. Sé que no te gustó oírlas. Sé que te dolieron. Pero no puedo negarlas. Se siente como si el mundo se hubiera infectado… de ti. De tus golpes, tus mentiras, tus engaños. No puedo resistirlo más...
Lo perdimos todo. El amor se fue, ya no existe entre nosotros. Por más que lo quieras hacer volver con tus golpes hacia la pared, y algunas veces hacia mí.
Había magia entre nosotros. Yo todavía sentía esas mariposas revolotear en mi estómago cada vez que me besabas, como aquella primera vez que lo hiciste en el parque de diversiones. Pero ya no más. Tú hiciste que se fueran. Tú hiciste que comenzara a odiarte con cada golpe de tus manos en mi rostro. Esas manos que no supiste guardártelas, esas con las que una vez me amaste, y con las que amaste a otra mujer.
—¡ERES MÍA! ¡Y LO SEGUIRÁS SIENDO POR SIEMPRE! ¡¡NO ME IMPORTA LO QUE DIGAN UNOS MALDITOS PAPELES!! —Me gritaste cuando te mostré los papeles del divorcio.
Pero sabes que lo intentamos. Sabes que hicimos hasta lo imposible para intentar que lo nuestro no terminara. Pero nos perdimos a nosotros mismos en el intento. El amor ya había muerto... Y tú no quisiste entenderlo. No quisiste dejarme ir, no quisiste dejar de lastimarme.
Sé que no fue tu intención que la bala se escapara del arma que tenías en tus manos apuntándome cuando quise irme de nuestra casa. Sé cuan arrepentido estas de haberlo hecho. Porque tú sabes que lo hiciste con intención. Pero por el amor que nos tuvimos, quiero creer que fue un accidente… aunque sé que no lo fue.
Y sé que te arrepientes. Vi tus lágrimas caer sobre mi rostro cuando estaba en el suelo, sentí tu abrazo sobre mi cuerpo frío y casi sin vida. Oí esas hermosas palabras que hacía tiempo no me decías…
—Te amo... ¡Perdóname! ¡Por favor, vuelve! ¡No me dejes! —Gritaste meciéndonos de un lado a otro en el suelo con desesperación.
Lo sé. Sé que me amas, por eso hiciste lo que hiciste. Sé que yo te pertenecía, por eso no me dejaste ir. Pero aún así no puedo amarte. Sí, te amé, pero ya no más. Como te dije antes, el amor murió para nosotros. Y aunque quisiera amarte, no puedo. El tiempo se está acabando para mí…
Lo único que quiero pedirte, es que no cometas el mismo error con otra mujer, no se lo merece. Tienes que cambiar; sabes que es de poco hombre golpear a una mujer. Por favor, no te culpes por siempre. Se feliz…
Siempre me dijiste que yo era un ángel caído del cielo. Pues entonces, te suplico, solo déjame ir a donde pertenezco…  
Me zarandeas, intentas que vuelva a abrir mis ojos, no quieres dejarme ir. Y en mi interior lloro, porque no quiero volver. No puedo amarte como tú quieres que lo haga, y lo siento.
Yo necesito irme. Necesito ser libre, ser feliz. Necesito un poco de paz…
Aún así, tú sigues insistiendo. —Por favor, vuelve…—Suplicas con lágrimas en tu rostro que caen sobre el mío.
Pero ya es tarde. Ya cerré completamente mis ojos. Ya di mi último suspiro de vida. Ya me sumergí en esa tranquila y pacífica oscuridad de la que las personas hablan.
Ya me perdiste…
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Chicas!! Bueno, dije que iba a publicar un OS inspirada en la cancion de You lost me de Christina Aguilera, y aca esta! Aunque es mas un Drabble que un OS, pero me encanto como quedo!! xD

lunes, 8 de agosto de 2011

Summary: Isabella Swan no es la típica chica de 17 años, torpe, indefensa e inocente. Ella es atrevida, rebelde, decidida, no le importa decir lo que piensa ni lo que los demás piensen de ella, y, por sobretodo, es la chica más deseada de todo el Instituto desde que llegó. Cualquier chico moriría por tenerla, cualquier chica desearía ser su mejor amiga, Isabella era el objetivo de todos. Pero ella ya tenía a sus dos objetivos bien fijados. Pero, ¿qué ocurrirá cuando ellos terminen siendo diferentes a lo que aparentan?

Advertencia: Contiene escenas sexuales explìcitas -por eso el rating M, daa-, lees bajo tu propia voluntad. Persona que no les gusten los trios, RETROCEDAN. No me hago responsable bajo advertencia.

En este cap, no hay trio, pero si MUCHO LEMMON…Sobre todo trata de Dominación y Sumisión, así que mentes NO abiertas, sensibles e inocentes...ya saben...xD
Y SUPER ADVERTENCIA!!! En este cap hay un poco de Femlash, es decir relaciones entre chicas. Si no te gustan estos temas, ¡VUELVETE POR DONDE VINISTE!
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10. Capitulo Diez: Encuentro
Naughty Game
By Ally Cullen-Black
&.
Bella POV
¡Pip, pip! ¡Pip, pip! ¡Pip, pip! ¡Pip, pip!
“Maldito despertador…” pensé tomando el maldito aparato y aventándolo contra la pared. Ya me tenía harta ese sonidito, era como la cuarta vez que sonaba y no encontraba el estúpido botón de apagado.
Me levanté de mi cama a duras penas y con todo el cuerpo agarrotado. Me dolía todo.
Daniel se había ido al anochecer del día anterior, después de follarme por atrás y hacerme llegar como cuatro veces más al orgasmo. Maldito, sádico e inhumano imbécil.
Fui hasta mi closet a buscar ropa, ya que aún me encontraba desnuda. Cuando Daniel se fue, no tardé ni dos segundos en caer en la profundidad del sueño, para despertar recién al día siguiente. Dejé mi ropa sobre la cama, y me dirigí al espejo de cuerpo entero que tenía a un costado de la puerta a observar mi cuerpo.
Tenía toda mi cadera y en algunas partes de mis piernas llenas de moretones, mis pezones estaban algo lastimados; tenía chupones desde mi clavícula hasta mis pechos, y mi labio inferior estaba rojo y algo hinchado. Estúpido Daniel.
Ángelbella: -Bueno, creo que nos olvidamos de los resultados de estar con Daniel…-comentó cansada.
Devilbella: -Maldito Daniel…-insultó adolorida- ¡Ja! Pero él no se fue limpio y sano como llegó -dijo con malicia. Sonreí imaginándome las marcas de mis uñas que seguramente quedaron en su piel.
Me vestí con mi ropa para salir a correr. Necesitaba salir y despejarme un poco. Cambié las sábanas de mi cama, ya que las mismas apestaban a sexo. Luego fui hacia la cocina y me serví un vaso de jugo de naranja antes de salir. Tomé mi Ipod con los auriculares y salí.
Di unas vueltas por el parque, escuchando música clásica y viendo de reojo cómo hombres me observaban con deseo y me enviaban sonrisas lascivas. Yo únicamente bajaba mi mirada a mis pies mientras se me escapaba un sonrisita sintiendo el calor acumulado en mis mejillas. Irónico, ¿no? Hacía unas horas había tenido sexo salvaje con el novio (y hasta creo que el prometido) de mi madre, y me vengo a sonrojar porque hombres se me insinúan.
Dejé de correr sintiendo mi corazón latiendo desbocado por el ejercicio y la falta de aire en mis pulmones, sosteniéndome con mis manos en mis rodillas e intentando recobrar el aire, cuando sentí que alguien me dio una nalgada de atrás.
Me enderecé con lentitud quitándome los auriculares, sintiendo la furia subir por mis venas. Juraba que mandaría al demonio al imbécil que se había propasado. Pero toda furia se desvaneció cuando vi a quién me había nalgueado el trasero.
—¡Bella! —Me gritó Jane rodeando mi cuello con sus brazos con fuerza.
—¡Jane! —Grité devolviéndole el abrazo mientras ambas comenzábamos a saltar. —¿Cómo has estado? —Dije separándome para observarla mejor. Ella estaba vestida con ropa deportiva, al igual que yo.
—¡Genial! —Dijo antes de depositar en mi mejilla un sonoro beso. Reí divertida, ya que seguramente desde lejos, se veía como si ella me hubiera besado en los labios. Cuando se separó, siguió hablando. —Estuve tratando de ubicarte luego de que nos separáramos, pero no hubo caso, no te encontré…—Dijo haciendo un sobreactuado y delicado puchero con sus labios. Reí antes de besarla en la mejilla, de la misma forma en que ella lo había hecho.
—Bella, ¿qué le pasaron a tus labios? —Preguntó acariciando con su pulgar mi labio inferior.
—Larga historia…—Suspiré revoleando los ojos.
—¿Qué te parece si vamos por un helado y me cuentas? —Me preguntó mientras enredaba su brazo con el mío.
 Le sonreí divertida. —Por supuesto, cariño. —Le contesté  antes de que ella me sorprendiera robándome un corto y casto beso de los labios. Reí conociendo sus estúpidos juegos mientras emprendíamos el viaje hacia la heladería que quedaba en frente.
Ella caminaba sensualmente, devolviendo sonrisas coquetas y miradas insinuadoras a los hombres que nos comían con la mirada, donde sus ojos celestes claros decían: “Te prometo el mejor sexo de tu vida”. Yo únicamente reía bajando mi mirada.
Llegamos a la heladería y compramos un bote de ½ kilo con nuestros gustos preferidos. El mío, era el dulce de leche, y el de ella, el chocolate. Salimos después de que Jane consiguiera el número y se le insinuara, una vez más, al chico que atendía en la heladería; un rubio de ojos celestes y cuerpo esbelto. Me hizo recordar a mi dios de mirada felina y salvaje, Jasper Hale. Aunque sus cuerpos no se comparaban, Jasper le ganaba por partida doble.
Salimos y nos fuimos a mi casa. Cuando llegamos, nos sentamos en el sofá a charlar y comer nuestro helado. Comencé a contarle todo lo que había ocurrido desde que llegué; empezando en el bar con Edward, luego mis amigas, Alice y Rosalie, mi primera sesión erótica con Edward y Jasper (en la cual ella no se guardó comentarios inapropiados), y siguiendo con el rico sexo con Emmet.
—Debió estar riquísimo…—Comentó ella ensoñadora.
—Imagínalo. —Dije mordiendo mi labio inferior ligeramente, ya que aún lo sentía un poco sensible. —Pero tuve que mentirles a mis amigas.
—¿Por qué? —Preguntó confundida.
—Porque Emmet es el hermano mayor de Alice, y Rosalie, prácticamente, se babea por él desde hace tiempo. —Contesté llevando una cucharada de helado de dulce de leche a mi boca.
—¡Ahhh! —Pegó un salto gritando, haciéndome dar un saltito en mi lugar por la sorpresa. —O sea que Edward, Emmet y Alice, ¡son hermanos! ¡¡Y te acostaste con el chico al que le gusta tu mejor amiga!! —Gritó emocionada con una sonrisa maléfica en su rostro.
—¡Shhh! —Intenté callarla.
—Eso está fuera de las normas de una amistad, Isabella. —Dijo fingiendo reprobación. Reí divertida.
Luego, proseguí en contarle lo ocurrido con Félix en el Instituto (donde ella no se guardó ni un solo insulto que procesaba su mente), y lo que acaba de pasar hacía unas horas con Daniel. Que mientras le contaba esa última parte, ya estábamos recostadas en la cama de mi habitación, descalzas y relajadas.
Jane conocía toda mi historia, ya que el día que nos conocimos, ambas confesamos el por qué ingeríamos droga. Yo sabía que ella lo hacía gracias a que su madre era una prostituta con título, y que cuando Jane nació, no dudó en meterla en el negocio; por eso, ella recurrió a mandarse toda esa mierda, que en fin ayudaba para olvidarse por unos instantes el infierno en el que se encontraba.
Una vez que se hartó de ser el juguete de los hombres, se empecinó con encontrar a su padre, Aro Vulturi, el famoso dueño de una empresa de negocios (¿quién lo diría?), donde muchos de ellos estaban aquí en Forks, que a pesar de ser un pueblito, era muy transcurrido. Cuando él se enteró acerca de que Jane existía (diecisiete años después de su nacimiento, cuando ella lo encontró), él no dudó en sacarla de toda esa mugre, así que le quitó a tenencia a Judith, la madre de Jane, y se la trajo a vivir con él a Seattle.
Cuando Jane aceptó irse con él, se inventó un lema, o algo parecido. Más bien fue como un pensamiento para ella misma, para llenarse de valentía y fuerzas: “De ahora en más, no seré yo el juguete de los hombres. Ellos serán mis juguetes…”.
Y concordaba plenamente con ella. “O usas, o serás usada”. Ese es el lema del mundo del sexo fácil, o el polvo de una noche (como prefieran llamarlo).
—No. Lo. Puedo. Creer. —Dijo entrecortadamente mientras se sentaba y me miraba fijamente con una sonrisa divertida. —¡Eres una masoquista, Bella! —Dijo sentándose a horcadas sobre mí. Reímos juntas, como si fuéramos cómplices.
—Hey, yo no lo empecé…—Dije defendiéndome a mí misma. —Él me influenció a hacerlo, o más bien, no me dio otra alternativa. —Concluí llevando mis manos debajo de mi cabeza.
Los ojos de Jane destilaban ansias y picardía. Una picardía que comenzaba a asustarme.
—Así que, —Dijo relamiéndose los labios. ¿Por qué algo me decía que saliera corriendo? ¿Dónde estaban Ángelbella y Devilbella cuando se las necesita? —¿qué dices si me enseñas algo? Ya sabes, trucos, para cuando tenga a alguno de esos…—Dijo acercando su rostro al mío. Sonreí sorprendida.
—¿Tú quieres aprender sobre el masoquismo? —Le pregunté divertida con una ceja alzada. Sus mejillas, por primera vez, tomaron un delicado color rosado.
—¿Qué? No me mires así…—Dijo ocultando su rostro en el hueco de mi cuello. Acaricié su espalda dándole ánimos, era demasiado raro verla así de cohibida.
Pero todo indicio de timidez o vergüenza desaparecieron cuando ella se alejó un poco y aplastó sus labios contra los míos. Me sorprendió comenzar a sentir su húmeda y delicada lengua rozar mi labio inferior, pidiendo permiso a entrar. Esto…era nuevo para mí. Con una mujer era todo diferente.
Su lengua insistía contra mi labio inferior, pidiendo la entrada, y yo no entendía por qué no contestaba. Estaba…sorprendida. Ella perdió la paciencia tomando mi rostro entre sus manos y metiéndola de golpe en mi boca. Sentir el roce de nuestras lenguas húmedas hizo que mandara todo al diablo. ¿Qué más daba? Ya estábamos suficientemente cagadas, ¿qué le hace una mancha más al tigre? Jane sonrió contra mis labios cuando comencé a corresponderle.
 
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