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domingo, 10 de junio de 2012

Summary: "La vida nunca es justa", y Bella lo entendía a la perfección. La vida se había llevado lo que ella más valoraba, por lo que daría hasta su vida… Y eso era justo lo que iba a hacer. Pero la vida suele ser impredecible. A veces, la travesura de angelitos hace que uno sufra durante ella, pero al final… Hasta los bloqueos más resistentes tienen un punto débil...
Advertencia: Bueno, éste es un fic FUERTE. Contiene lenguaje adulto, temas de 'suicidio' y toda la shit. u_u Girls, you know... Si no les gusta, se me vuelven por donde llegaron. No me hago responsable bajo advertencia.
Canción ultra-mega-archi-super necesaria: Para todo el comienzo, yo recomiendo que escuchen The meadow_Alexandre Desplat; y cuando aparezca Edward -que de seguro ustedes se darán cuenta- denle PLAY a ésta otra: Duet_Rachael Yamagata ft. Ray Lamontagne. ;D
N/A: CHICAS, ACLARACIÓN SUPER IMPORTANTE! Por favor, el OS es FUERTE, así que les pido que lean con prudencia y bajo su responsabilidad. Ya están completamente advertidas... :) Lo que sí, recuerden: HASTA LOS CUENTOS MÁS TRISTES, TIENEN SU FINAL FELIZ. ;D Ahora sí, enjoy el OS. ^^

1. Capitulo Único.
Cold
By Ally C-B.
&.
Bella POV
Oscuridad. Murmullos. Manos. Preguntas sin respuestas. Un pinchazo en mi muñeca. Y otro más en mi antebrazo. Y frunzo el ceño. Lo sentí, y me dolió.
—Se mueve… —Dice una voz masculina resquebrajada, seguido de un suspiro desesperado. “Esa voz… ¿Papá?” Pienso confundida.
—Está despertando. —Dice otra voz masculina, solo que ésta es más decidida, neutral y profesional. Me asusto. ¿De quién es esa voz? De Emmet, mi hermano mayor, no es. Entonces, ¿a quién le pertenece? Nunca la había escuchado antes.
Intento moverme, pero todo se siente tan… pesado. Tanto, que duele. Siento puntadas en todo mi cuerpo, y solo quiero llorar del dolor. Únicamente puedo ver oscuridad. Intento abrir mis ojos, pero mis párpados también se sienten pesados.
Dios… hasta mi cabeza se siente así, y eso no es normal.
—¿Bella? Cariño, ¿me escuchas? —Escucho la desesperante voz de mi madre. Y quiero contestarle, pero no encuentro mi voz.
Y mi garganta duele. Arde. El calor del aire que entra por mi nariz para llegar a mis pulmones, el solo roce que hace con la campanilla de mi garganta, quema. Y quiero llorar del dolor.
Pero también siento que lo merezco. Merezco todo este dolor. Pero no sé el por qué. Siento que debería llorar por otra cosa, o quizás, por otra persona. Pero no sé el por qué, o por quién.
Confusión. Dolor. Pena. Tristeza. Desesperación. Un auto... La luz blanca de un auto. Un ruido fuerte. Un llanto. Giro mi cabeza y la veo a ella, observándome con miedo. El terror está plasmado en cada una de sus preciosas facciones. Mi desesperación aumenta y estiro mis manos para acariciar su rostro, y así calmarla, cuando me veo llena de cortaduras y sangre en ellas… Ella me observa aún más aterrorizada, y yo me desespero aún más. “Anny”.
—Anny… —Logro decir a través de la quemadura en mi garganta.
Más voces, y un llanto desgarrador que me pone los bellos de punta. Y de a poco, siento la movilidad volver a mi cuerpo. Al mismo tiempo que la razón…
Emmet. El auto. ¡El choque! Anny…
“Anny. Anny. Anny. Anny...” Es lo único que pasa por mi mente, y la opresión, esa incontrolable desesperación, aumenta en mi pecho.
Abro los ojos de a poco. La luz blanca me ciega, y me hace doler la cabeza, y me hace olvidar por unos segundos.
—Hola, Isabella. ¿Cómo te sientes? —Me pregunta esa voz profesional llamándome por mi nombre completo, el cual nunca me gustó.
Dolor y angustia. Eso es lo que siento. Aparte de confusión y los insistentes pinchazos en mi antebrazo.
Cuando logro abrir del todo mis ojos, descubro el por qué de los pinchazos. Agujas. Dios… siempre las odié, y siempre las odiaré. Alrededor de mi mano está sujeta la vía intravenosa. Hago un gesto de dolor al verme cubierta de vendas, y por supuesto, del tamaño de las estúpidas agujas. ¡¿Con que necesidad tenían que ser tan enormes?!
Anny también las odiaba y…
“Anny...”
Alzo la mirada preocupada. ¿Dónde está mi ángel? ¿Está ella bien? ¿Y Emmet?
Mi última pregunta queda respondida cuando el aludido entra en el lúgubre dormitorio de Hospital con una bandeja de cafés en sus manos. Sus verdosos ojos cansados se encuentran con los míos, y él deja la bandeja sobre una mesa antes de correr a mí y abrazarme.
Le devuelvo el abrazo intentando omitir el dolor de mi cuerpo al moverme, pero me relajo. Él está bien. Solo me falta comprobar que…
Me distraigo cuando Emm comienza a llorar con su rostro escondido en mi cuello. Me cuesta creerlo… ¿Emmet, el gran oso? ¿Llorando? Él nunca lloraba. ¿Por qué diablos lloraba ahora? Lo alejo con mi mano libre de agujas y seco las lágrimas de su rostro.
—¿Cómo está Anny, Emmet? —Pregunto con mi voz resquebrajada. Aún siento el ardor, y me cuesta hablar.
Pero no me interesa, necesito saberlo. Necesito oír de su voz que ella está bien. Que nuestro angelito está sana y salva…
Sin embargo, lo único que recibo son más lágrimas. Más llantos. Emmet llora. Mi madre llora. ¡Hasta mi padre llora! Y lo veo venir. Siento que algo no anda bien. Sus caras no son lo que yo hubiera querido ver, sus llantos nos son de alegría o suaves. Son llantos desconsolados, y me dan una idea.
Dios… No. NO. No puede ser posible… Ella… No. ¡NO!
—Bella… —Dice Emmet con voz ronca. Dolida. Triste. Rota… NO. No quiero oírlo. Comienzo a negar con la cabeza, y siento mis lágrimas escaparse de mis ojos. No quiero… —Anny murió.
Un ruido fuerte se escucha en la habitación, y creo que es mi llanto mezclado con un grito. También se escucha un fuerte “crack”. Y sé que es mi corazón. Y sé que yo morí con ella en ese momento…
.
.
El agua de la ducha encendida cae sobre mi desnuda espalda, y se mezcla con mis lágrimas.
Ya dos semanas pasaron desde que me dieron la noticia. Anny. Ese hermoso angelito... Ella ya no estaba conmigo. Y yo no hacía más que preguntarme: ¿Por qué? ¿Por qué ese precioso ser?
Por supuesto, no hay nadie que pueda darme las respuestas a esas preguntas, y nadie las tiene. Nadie las consigue.
Pero yo sí sé la forma de conseguirlas. "Suicidio". Esa palabra ronda bastante en mi mente. Y no es como si no lo hubiera pensado antes.
Creo, y siento, que es la única solución. La única forma de obtener lo que busco, y al ver la tina en la que estoy ovillada, me da una idea.
Le coloco el tapón a la misma antes de pararme, y dejo que se llene. Una vez lista, apago la ducha y respiro profundo. Me acuesto en ella, aún con mi cabeza fuera, y pienso...
Pienso en ella antes de volver a respirar profundo y comienzo a sumergirme con los ojos cerrados.
No hay aire, contengo la respiración. Pero a los pocos minutos mis pulmones comienzan a pedírmelo.
"Aguanta". Me digo a mí misma, alentándome. Yo puedo. Yo puedo. Yo puedo. NO. No puedo. Y me levanto de golpe respirando profundo y derramando agua fuera de la tina. No pude. Soy muy cobarde para hacerlo por mí misma, pero existen muchas otras formas de morir...
.
.
.
Acomodo la silla debajo de la soga que cuelga, ya preparada. Observo el nudo atado a uno de los caños en el frío sótano.
Está alto... Respiro profundo, intentando cobrar valentía, y me paro sobre la silla. Tomo la soga con el agujero que sobresale, y me lo coloco alrededor del cuello. Como si de un collar se tratase. O al menos, así quiero verlo o imaginarlo…
No. Sacudo la cabeza. Mientras más niegue la realidad, peor será. Yo merezco esto. Y no solo lo hago por mí… Por ella también. Lo merezco…
La vida no merece que alguien como yo pueda respirar, cuando un angelito que realmente lo merece, ya no respira. Que alguien como yo camine sobre la faz de la Tierra sin merecerlo, cuando ese angelito ya no lo hace. No. Yo soy un estorbo, y prefiero deshacerme por mí misma. Porque lo merezco…
Vuelvo a respirar, cierro mis ojos y la cuenta regresiva comienza…
Tres…
“—¡Bella! ¡Más rápido! —Grita mi hermanita entre carcajadas, sentada en una de las hamacas del parque.
Y yo, desde atrás, también río. Me gusta cómo suena esa hermosa melodía, como el cantar de ángeles. Pero ella es un ángel. Caído del mismísimo paraíso.
Sigo riendo y la empujo con más fuerza, y ella ríe aún más fuerte. Le gusta la velocidad y la altura a la que está yendo en la hamaca. Y a mí me divierte divertirla…”
Recuerdos. Tantos recuerdos buenos, y la vez malos, torturan mi cabeza, haciendo que la culpa aumente, y que desee desaparecer de la vida con más ganas.
Dos…
“—Bella, ¿y si Santa Claus no viene este año? —Me pregunta abriendo sus ojitos a la par y con preocupación.
Sonrío divertida. La inocencia de los niños es tan hermosa…
—¿Por qué no vendría, cariño? —Le pregunto mientras sigo caminando con ella en mis brazos en dirección a su habitación.
Anny se encoje de hombros sin saber qué contestar. Y a los segundos, un adorable y tierno ‘puchero’ se forma en sus labios. Me detengo confundida y preocupada cuando veo las lágrimas deslizarse por sus sonrojadas mejillas.
—¿Por qué lloras, Anny?
—¿Y si Emmy no recibe regalitos? Sé que no se comportó muy bien… —La observo atónita antes de soltar la carcajada que se anuda en mi garganta.”
El mejor y precioso ser de la Tierra. Honesto y amable. Sensible y fuerte a la vez…
Anny era mi fuerza.
Y ahora, ella ya no está.
Y yo lo perdí todo.
Uno…
“Mis ojos se cierran casi solos cuando me recuesto en mi cama. El cansancio me gana. Pero no me olvido del pequeño intruso que interceptó en medio de la noche en mi habitación, recostándose a mi lado.
—Tengo miedo, Bella. —Me dice cuando se escucha el rugido de un trueno gracias a la incesante lluvia de afuera.
—Aquí estoy, cariño. Nunca te dejaré… —Le prometo para calmarla mientras la abrazo. Ella pasa sus bracitos alrededor de mi cuello, correspondiéndome. Sonrío satisfecha al sentir su pequeño cuerpo relajarse.
Cuando estamos por dormirnos, otro trueno ruge, y ella da un saltito por el miedo. Toma la sábana que nos cubre, y nos tapa a ambas por encima de nuestra cabeza.
Sonrío. Anny es un ser tan especial, y precioso… Único.
—Shhh, tranquila… —La calmo cuando sus bracitos me vuelven a rodear desesperada debajo de las sábanas. —Solo cierra tus ojos… El sol ya saldrá y todo se calmará. —Ella asiente con sus ojitos cerrados. —Nadie puede hacerte daño, siempre te protegeré… —Le prometo decidida. Confiada en mí misma.
—Te quiero con todo mi corazón… —Me dice antes de besarme en mi mejilla derecha.
Y mi corazón se derrite con sus palabras.”
Le fallé. Le fallé a ese precioso ser. No pude cuidarla, protegerla como le había prometido, y yo merezco esto. Merezco desaparecer del suelo que ella alguna vez pisó.
Vuelvo a respirar profundo. Ya es tiempo. Pateo con fuerza la silla a la que estoy subida, alejándola. Siento el aire bajo mis pies, lo único que me sostiene es la soga. Y la presión se siente en mi cuello. Y duele. Lo merezco. ¡Mierda, que sí lo merezco!
El aire se va, siento que ya casi ni entra por mi nariz, o por mi boca. Pero no se dan por vencidos, e intentan encontrar el aire suficiente para mis pulmones. Siento los rápidos latidos de mi corazón en mis oídos, ensordeciéndome, aún sin darse por vencido. ¡Diablos! ¿Por qué no se dan por vencidos? ¿Qué no se enteraron que ya nada importa? ¿Qué todo ha acabado?
Y luego… Siento el duro, frío y mugroso suelo debajo de mi rostro, y también el dolor de la caída. ¡Y mierda que sí dolió! Intento levantarme, pero siento un punzante dolor en mi pierna. Me giro recostándome boca arriba gimiendo de dolor. Todo duele, y arde.
Observo arriba, y la mitad de la soga sigue colgando. Se partió, o se cortó. Como sea…
Y la frustración llega. ¡Demonios! Faltaba tan poco para desaparecer, y la maldita soga viene a romperse. Suspiro totalmente encabronada.
—¿Bella? —Escucho la voz de Emmet. Genial… La cereza del postre. —¡¿Qué demonios hiciste?!  —Grita preocupado, y corre a mi lado.
—Me caí.
—Eso veo… —Dice antes de girarse e ir hacia la puerta para abrirla.
Normal. Él no se da cuenta de mi intento de suicidio. Bien, un problema menos. Me quito la soga del cuello y la tiro lejos. Con mucha suerte, y puede que no note la soga colgando.
Emmet vuelve y me alza. Intento reprimir las muecas de dolor, pero fracaso en el intento. Me duele, y lo merezco…
.
.
.
Corro. Lo único que me queda es correr. Aunque no sé a dónde voy. Pero a lo mejor, sí lo sé…
Sigo corriendo.
Todos son unos hipócritas. ¿Acaso creen que unas flores y una nota diciendo: “Todo mejorará”, hará que cambie de opinión? ¿Qué no entienden que sin ella, yo no existo?
Anny se llevó todo… Mis fuerzas, mis ganas de seguir con vida, mi corazón... Y sin él, yo no puedo seguir. Sin ella yo no puedo seguir…
“—Lamento mucho lo de tu hermanita, Bella. —Dice la señora Coope, una vieja chismosa que únicamente sirve para eso, con fingida lástima.
—Ajá. —Contesto secamente y miro hacia otro lado con mis brazos cruzados.
—Isabella. —Me reprende un poco sorprendida mi madre. Me encojo de hombros dándole poca importancia.
—Tranquila, Renné. Entiendo el dolor de tu hija, no te preocupes. Pero mírale el lado positivo, Bella… —Dice la vieja volviéndose a mí. —Ya no tendrás que preocuparte por las travesuras de una chiquilla mocosa y…
—¡¿Qué?! —Grito colerizada. ¿Cómo se atreve ella a referirse así sobre Anny? ¿Quién demonios se cree? —¡No le voy permitir que hable así de mi hermanita, vieja chismosa! ¡Usted no es nadie a comparación de Anny, así que se calle su enorme y despreciable bocota, que lo único para lo que sirve es para hablar sobre las personas a sus espaldas!
Todo mundo se queda en silencio, observando la irritable escena.”
¿Me importa dañar los sentimientos de alguien como la señora Coope? Por supuesto que no. Se merece que de una vez por todas, alguien le diga quién es… ¡en su feo y consumido por los años rostro! Había tantas maldades en el mundo, que una más, no alteraría el proceso en aumento.
Sigo corriendo… Y sin darme cuenta, llego al Río Támesis. Y sonrío. Ya sé como morir, sin que nada se rompa impidiéndolo, y sin poder arrepentirme o acobardarme una vez que ya esté hecho. Perfecto.
Londres es una ciudad enorme, con un gran número de pobladores y turistas. Con tantos lugares para conocer, para apreciar su belleza, que la mayor parte del día está contaminado de personas. Pero es como si el destino me estuviera esperando, y a las 02:00hs de la madrugada, ningún alma rodea aquel río iluminado por las luces de la ciudad…
“Gracias.” Pienso agotada. Estoy cansada. Necesito desaparecer de una vez, necesito encontrarla, necesito mis respuestas…
Mi cuerpo choca con el borde del puente, y mi respiración es la de un deportista, de esos que corren la maratón de kilómetros sin parar.
Me tomo unos segundos para que respiración se normalice, pero luego pienso… ¿Acaso la vida necesita que siga mal gastando su tiempo? No, claro que no. Es mi oportunidad. Subo un pie al ancho borde, y el otro lo sigue por inercia. Me sujeto de uno de los postes de luz, necesito recordar, una última vez, por qué lo hago. Por qué lo merezco…
“—¡Vamos, Emmy! ¡Canta! —Le grita divertida Anny al aludido. Él ríe mientras dobla en una esquina con el auto y se une al coro.
Momento especial. Momento de hermanos, lo considerarían algunos. Una bella escena de entre tantas en las cuales siempre la protagonista era Anny.
La canción termina, y el ruido de un choque se escucha a lo lejos.
—Emmet, detén el auto. —Digo intentando mantener la calma. Él aprieta el freno, pero nada ocurre, y su rostro horrorizado se encuentra con el mío.
Luego algo rompe el vidrio de adelante. Cubro mi rostro con mis manos, y Emmet también lo hace. Dolor y ardor…
Desesperación. Giro mi cabeza, y el rostro de Anny está consumido por el miedo. El terror de ella me asusta, y me desespera aún más. Giro mi cuerpo completamente mientras Emmet vuelve a tomar el volante, y estiro mis manos hacia ella. Y al mismo tiempo, descubro el por qué del ardor. Están todas cortadas y ensangrentadas…
Sus ojitos lagrimosos me observan preocupada, y el ruido de otro choque se escucha. Comienzo a desatar a Anny de su pequeña sillita con desesperación. Quiero tenerla en mis brazos, quiero protegerla con mi cuerpo si es necesario. Prefiero morirme yo antes que ella.
Pero luego todo ocurre demasiado rápido…
—¡Emmet! —Grito cuando él pierde por completo el control del auto, y yo el de mi cuerpo.
Me hago un ovillo en el asiento y un delicado grito se oye. ¡Oh, por Dios!
Todo se tranquiliza de la nada. Levanto mi rostro. Emmet está inconsciente en su asiento, todo lastimado. Me giro hacia atrás con un gran esfuerzo, y Anny no está.
—Anny… —Intento llamarla a través del ardor de mi garganta.
Me vuelvo hacia adelante, y todo se derrumba. Su pequeño cuerpo está sobre el capó del auto, y ella no se mueve.
Supe que allí todo acababa. Otro golpe al auto, y la oscuridad me atrapó. Y se llevó a la razón de mi vivir…”
—Anny… —Sollozo llevando una mano a mi pecho. Duele. Y mucho.
‘La vida nunca es justa’, y lo entiendo a la perfección. La vida se llevó lo que yo más valoraba, por lo que yo daría mi existencia con tal de verla otra vez. Y eso era lo que iba a hacer. Yo no podía seguir sin ella y…
—¿Qué haces? —Me distrae una voz desconocida. Giro mi cabeza sorprendida, y me encuentro con el dueño de la voz.
Su ceño fruncido, su completo rostro demuestra preocupación. Sus ojos verdes destellan confusión, pero luego cambian a lástima. Su cuerpo se tensa al percatarse dónde estoy parada. ¿Qué diablos le importa?
—Lárgate. —Le escupo volviendo mi mirada al vacío.
—No tienes que hacerlo… —Dice y escucho sus pasos acercarse. Ahora yo me pongo tensa.
—¿Y tú que sabes de lo que yo tengo o no que hacer? Lárgate, ricachón. —Le digo cuando me percato de la forma en la que está vestido.
Zapatos negros, camisa blanca desabotonada en los primeros tres botones, pantalón y saco negro de vestir. Todo un ‘Snob’ de clase.
El ríe ante mi apodo a su persona. Pero yo no le veo lo gracioso. Está entrometiéndose en mi camino, y eso no es divertido.
—¡¿Qué esperas?! —Le grito ya harta. Necesito terminar con todo de una vez…
—No me iré. —Dice seguro y terco cruzándose de brazos. —No hasta que bajes de allí.
—Con gusto me verás bajar… Pero no hacia tu dirección, snob.
Él vuelve a reír, pero esta vez, con más ganas.
—Esa es nueva… —Dice acercándose a un banquillo. Él comienza a quitarse el saco y lo deposita sobre el mismo. Y luego los zapatos. Y las medias divertidamente naranjas -que no combinan en lo absoluto-. Y comienza a desprender su camisa…
—¡¿Qué demonios haces?! —Grito confundida, y quizás un tanto… ¿ansiosa?
Tengo que admitirlo, en cuanto el saco desapareció de su cuerpo, me dejó embobada...
Sacudo mi cabeza tratando de razonar. ¿Estoy considerándolo guapo? No, no puedo hacerlo. ¡Estoy por pagar lo que merezco, y en vez de pensar en ella como es debido, pienso en un completo desconocido que está más bueno que el chocolate!
“¡Ahhhhhh!” Grito agudamente en mi cabeza. “¡Diablos! Céntrate, Bella.” Me regaño a mí misma.
—Tú no estás dispuesta a bajar en dirección… —Dice remarcando el ‘MI’. —Así que, tendré que ir por ti al otro lado. —Concluye y sonríe arrogante.
—No estamos en Titanic, “Leonardo Dicaprio”. —Él sonríe divertido. —Así que, lárgate. No tengo tiempo para tu heroísmo. Ve a buscar otra damisela en apuros, que yo no necesito que nadie me rescate…
 —¿Heroísmo? —Pregunta, y luego suelta una risa seca. —El mundo no gira alrededor tuyo, niña. Si me tiro a salvarte, lo hago porque quiero que recapacites. No porque quiero que vivas… —Dice, y luego se pierde en su cabeza, como si estuviera meditando lo que dijo.
Auch. Golpe bajo…
“¡¿Y qué demonios me importa a mí?!” Pienso enfurecida volviendo mi mirada al frente.
Escucho un suspiro, y a los segundos aparece a mi lado. Apoya sus antebrazos en el borde del cual yo estoy parada y su vista se pierde en algún punto entre toda la luz de la ciudad que se observa enfrente de nosotros.
—Mi hermana también murió en un accidente de autos... —Suelta de la nada. Mi respiración se acelera, y la opresión en mi pecho vuelve. —Ambos teníamos seis años cuando ocurrió. Mellizos, ¿sabes? —Aclara sonriendo. Pero así de rápido como la sonrisa llega, desaparece. —En el accidente, yo sobreviví gracias a ella. Alice… Ella me empujó fuera del auto antes de que estrellara contra el camión.
No puedo creer lo que sale de su boca. ¿Su hermana? ¿Mellizos? Eso no debió haber sido nada lindo…
Pero no me sorprende en lo absoluto que él sepa del accidente. Todo había sido noticia en CNN… “Los milagros del accidente… Bella y Emmet Swan, los únicos sobrevivientes de una trágica cadena de choques de automóviles”. Pero yo no tenía que estar en esa lista. Anny debería de estarlo…
Y la opresión aumenta con solo pensar en ella.
—No es lo mismo. —Comento sentándome con mis piernas debajo de mi cuerpo. Él me observa atento. —Alice te salvó, se entregó en tu lugar. Yo… Fue mi culpa que ella muriera. —Mi voz se quiebra, y siento las lágrimas comenzar a deslizarse por mis mejillas, pero mi vista sigue perdida en alguna luz de la ciudad. No quiero mirarlo.
—Eso no es cierto… ¿Qué te hace creerlo? —La confusión es evidente en su voz.
—¡Nada me hace creerlo,… —Y me doy cuenta de que no sé su nombre. —… como-sea-que-te-llames! Si yo no hubiera desatado el maldito cinturón de su silla, si el maldito auto no se hubiera desequilibrado, y si yo no me hubiera acobardado… —A esta altura, mi voz ya casi ni salía por el llanto. —Ella no hubiera salido disparada hacia adelante… Ella… Ella no hubiera muerto… —Cubro mi rostro con mis manos, y todo vuelve a ocurrir demasiado rápido.
Siento unos brazos rodearme el cuerpo y mis piernas abandonar el lugar en donde estoy sentada. Mis pies vuelven a tocar el suelo, pero esos brazos no me sueltan, sino que me aprietan en un abrazo consolador, y mis manos se aferran con fuerza a la suave camisa. Dejo salir el llanto, ese que me desgarra el alma, y él trata en un vano intento de calmarme acariciando mi espalda.
—Mírame, Bella… —Me ordena alejándose y tomando mi rostro entre sus manos, pero las mías no sueltan su camisa y no tengo intención de mirarlo a los ojos.
“Sabe mi nombre.” Pienso emocionada. Pero es muy obvio. Las noticias. CNN. El accidente... La emoción decae.
—Mírame. —Ordena otra vez, y no puedo ignorarlo. Su voz suena demasiado autoritaria para mi costumbre. Levanto la vista, y sus ojos están llorosos. —No fue tu culpa, ¿me oyes? Tú no tienes la culpa de que un idiota como el que inició el choque se le ocurriera manejar borracho. Tú no tienes la culpa del accidente. Fue eso… Un accidente. No lo pudiste prever, por eso se llaman accidentes, Bella…
Sus palabras suenan tan reconfortantes, que quiero creerle. Pero no puedo. Me cuesta creerlo.
—Tú no… —Intento reprochar alejándome, pero él no me deja separarme demasiado.
—Sí. Sí te entiendo, Bella. —Dice seguro en que eso era lo que iba a replicar. Y está en lo cierto. —Yo también creía que Alice había muerto por mi culpa. Si yo hubiera reaccionado más rápido, a lo mejor hubiera tenido tiempo de agarrarla del brazo y traerla conmigo fuera del auto. —Dice, y una solitaria lágrima cae por su mejilla. No puedo contenerme, y suelto su camisa con una de mis manos y la llevo a secar esa lágrima. Él suspira cerrando sus ojos, disfrutando de mi caricia. —Sin embargo… —Abre sus ojos volviendo al tema. —Yo nunca tuve la culpa de que el auto que venía detrás nuestro cometiera el error de acelerar en vez de frenar, llevándose por delante el auto dónde iba Alice, y no dándome oportunidad de hacer nada. Todo ocurrió…
—Demasiado rápido… —Concluyo su oración, comprendiéndolo todo.
Quizás él tenga razón. Quizás…. Quizás no es mi culpa su muerte. Quizás todo era, y fue, un accidente… Quizás.
Suspiro y un recuerdo llena mi mente en ese momento…
“—¿Qué se sentirá morir? —Pregunta Anny. Desvío mi mirada de las nubes que están por encima de nosotras a ella.
—¿Qué te hace pensar en eso, Anny? Eres pequeña aún para pensar en cuando seas ancianita… —Ella ríe divertida. Yo sonrío, me gusta hacerla reír.
—No lo sé. —Me contesta. A los minutos, ella se sienta en el césped en el cual ambas estamos recostadas y me observa con el ceño fruncido. —Si yo muriera, ¿tu cómo te sentirías?
Abro los ojos a la par, sorprendida por su pregunta. Me siento, y le contesto:
—Si tú murieras, yo me sentiría demasiado triste... —Digo acariciando su mejilla.
—¿Pero no se supone que cuando alguien muere se va al cielo?
—Así es.
—Entonces, ¿por qué te sentirías triste? Si yo estaré protegida y rodeada de angelitos…
Suspiro embobada. Con sus cinco años, ya parece una adulta en la forma en que razona. Sonrío.
—Tienes razón.
—Entonces, prométeme que te sentirás contenta cuando muera. —La sonrisa se va de mi rostro.
—Anny…
—Promételo. —Dice terca. Vuelvo a sonreír, y asiento.
—Está bien. Lo prometo.”
Lo prometí, y rompí mi promesa al intentar matarme. ¡Se lo prometí! Prometí cuidarla, prometí quererla desde el momento en que nació. Prometí consolarla cada vez que ella se cayera de su bicicleta y se lastimara. Prometí estar feliz cuando ella muriera…
—Lo prometí. —Suelto en voz alta sin darme cuenta.
—¿Bella? —Me llama… Él con preocupación.
—Le prometí estar feliz el día que ella muriera. Le prometí siempre ser fuerte por ambas. Se lo prometí, y fallé.
Él vuelve a acercarme a su cuerpo, y me abraza.
—Aún estás a tiempo. —Dice y me aleja lo suficiente para poder observar mi rostro. Frunzo el ceño confundida, y él sonríe. —Si te hubieras tirado, si hubieras muerto, sí le habrías fallado completamente. Pero aún estas con vida. Aún estás a tiempo de cumplir tu promesa… —Siento las lágrimas salirse de mis ojos, pero éstas no son de tristeza.
No sé por qué, pero siento un enorme alivio. Siento paz, esperanza… No todo está perdido. Pero sé que sola no podré. Sé que sola nunca tendré todas las fuerzas que una vez tuve cuando ella era parte de mí…
—No estás sola, Bella. —Dice él, como si leyera cada pensamiento que pasa por mi mente. —Están tus padres, tu hermano, Emmet… Estoy yo… —Clavo mis ojos sorprendida en los suyos. Y él vuelve a sonreír.
Y esta vez, todo va amargamente lento. Su rostro comienza a acercarse con demasiada lentitud, y mi respiración comienza a acelerarse. Siento su corazón debajo de mi mano latiendo con rapidez, y escucho los latidos del mío en mis oídos. Agarro con fuerza su camisa, arrugándola más de lo que ya está, y hago puntitas de pie. Sus brazos me rodean la cintura, apretándome a su cuerpo. Mis labios se abren apenas unos centímetros sin orden alguna, y los suyos también lo hacen…
Y por fin… Por fin nuestras bocas se encuentran. Solo se rozan en una delicada caricia. Pero sin duda, la mejor caricia que nunca nadie me hizo.
Y la alegría comienza a volver a mi cuerpo. Ese extraño sentimiento que hacía demasiado tiempo no lo llenaba. Pero ahora, abundaba… Y algo dentro de mí me dice que ella también está feliz. Que tanto Anny como Alice lo están. Puedo hasta ver sus palmas chocando y un  divertido “Lo logramos” sale de sus bocas.
Sonrío sin poder evitarlo. Ellas eran nuestros angelitos…
El beso termina, no gracias a nuestra falta de aire. Pero ninguno quiere separarse del todo, por lo que él junta nuestras frentes. La estúpida sonrisa no se va de mi rostro, y de él tampoco.
—Me llamo Edward, señorita-sarcasmo-al-momento-de-tirarse-de-un-puente. —Río divertida. Y esa melodía me suena extraña, hacía tanto tiempo que no reía.
Y luego no sé qué ocurre. Solo sé que necesito oírlo…
—No me dejes. —Suelto cerrando mis ojos.
—Nunca, si así lo deseas. —Me contesta apretándome contra su cuerpo.
—No me sueltes.
—Jamás.
—Quítame el frío.
—Siempre seré tu sol.
—Ámame.
—Por siempre…

:'( -Snif, snif-. Lo sé... Algunas querrán matarme a golpes por haberlas hecho llorar (?) xB
Ok, yo AMÉ escribir este OS. *-* No sé que opinan ustedes... ;) (?)
Muchísimas gracias por haber llegado hasta aquí, eso quiere decir que me dieron una oportunidad con este OS. ^^ (L)
Love all ya'.
Peace. Out.
Ally C-B.
p.d; Se aceptan putiadas por haberlas hecho llorar (?) :B ajskasjkasjkjssk. xD LAS AMOO! (L)
Disclaimer: Los personajes no son míos –I fucking wish- son de Meyer y de L. J. Smith. La historia es mía.      
Summary: Ella, el criminal más buscado de todos, entrenada desde niña para hacer lo que hace. Él, el oficial más destacado de todo el FBI, y está detrás de ella desde hace tiempo. Ambos se odian. Pero, ¿qué ocurrirá cuando ya no puedan evitar sentir esa atracción que sienten el uno por el otro? Rating: M. Bella/Edward.


Prefacio
The Perfect Soldier
By Ally C-B
 &.
Era noche cerrada.
Sus zapatos de tacos altos golpeaban contra el frío suelo de las calles de Londres. Una ciudad bastante lúgubre en ciertos aspectos. Con sus días grises y lluviosos la gran mayoría del tiempo. Deprimente en demasía para quienes no estuvieran habituados a este estilo de climas, romántico para quienes sólo vinieran de cortas vacaciones a sus puntos de atracción más fuertes. Su cuerpo estaba cubierto por un tapado negro que le llegaba hasta por debajo de sus rodillas y su pelo estaba sujeto, por debajo de un sombrero negro, con apenas unos cuantos pasantes.
Cualquiera que la viera, simplemente no la reconocería. Nadie la miraría dos veces con aquel atuendo. Ella era fácil de camuflar. Sí, demasiado. Al menos hasta que sus penetrantes ojos chocolates se clavaran en los tuyos, esas enormes gemas oscuras y variables según su estado de ánimo eran capaces de congelarte en el lugar con una de sus más gélidas miradas que tornaban sus ojos casi de un color café llegando al negro, o por el contrario de hacerte sonreír incitándote a la plena y ciega confianza mostrando en su iris unas extrañas tonalidades ambarinas danzando por entre sus normales tonos cafés chocolatosos.
Tal era su potencial, alta y cuidadosamente desarrollado, que envolvía a las personas a su conveniencia casi sin problemas, casi. “Y hoy no sería la excepción”, pensó de manera casi arrogante. Sin ánimos de auto halagarse, pero, era la mejor de su campo y pese a no querer reconocerlo NUNCA, todo su resultado se debía a la persona que la había entrenado.
Miró en derredor y sonrió de forma casi rayana en lo maléfico.
Había llegado a su destino.
Llegó a una puerta, la cual abrió sin problemas. Ya todo estaba planeado. Inclusive el hecho de que el hombre que allí vivía estuviera petrificado en su oficina, gracias a la bebida que contenía una extraña droga que él bebió por orden y mandato suyo. Repito: Todo estaba planeado, meticulosamente planeado. Esa era una de sus mayores cualidades. Prever, planear, era muy perfeccionista y detallista cuando de trabajos se trataba. Una vez que ella entró, cerró la puerta detrás de su espalda y se dirigió a aquella oficina con andar sigiloso y gatuno. Un andar que no demostraba absolutamente nada. No era un andar pesado de enojo o impotencia ante algo, no era un andar rápido ni lento. El único detalle que se le podía atribuir a su andar sería, silencioso, tal y como los gatos, siempre en sigilo y alerta.
Antes de atravesar la puerta pudo sentir una respiración profunda, una rara mezcla de bufido y desesperación. Sonrió otra vez.
—¿Q-quién es usted? —Preguntó el hombre que estaba sentado detrás de su escritorio -sin poder mover tan siquiera un mísero músculo-, cuando ella entró en aquella habitación. —Isabella…—Dijo al reconocerla cuando se quitó el sombrero y su largo cabello caoba descendió sobre sus hombros en forma de hermosa y brillante cascada hasta por la mitad de su espalda.
Ella sonrió maliciosamente, sin contestar. Lo único que hizo fue acercarse al escritorio sin quitar la sonrisa burlesca de su rostro y buscar algo dentro de los cajones de éste, una vez que encontró lo que buscaba -es decir, una paquete con más de diez mil dólares-, lo guardó dentro de su gran tapado.
—¡¿Qué haces, maldita sea?! —Gritó el hombre con desesperación al ver lo que ella hacía.
—No necesitarás todo este dinero con tanta urgencia, ¿o sí? —Le preguntó ella sentándose sobre el escritorio, con sus piernas cruzadas, y su angelical rostro que casi llegaba a engañarte completamente, claro que eso sólo sucedía si tenías el gusto y placer de no conocerla. Algo que aquel hombre había forzado a no tener.
Su forma de sentarse solo le daba un toque de sensualidad a su aspecto de niña inocente. Algo que a su pesar, aunque jamás lo admitiera, nunca había sido. La inocencia era algo que no tenía cabida en su estilo de vida, ni siquiera a pronta edad.
Ella era la pesadilla de cualquier hombre que se atreviera a mirarla con otros ojos.
—Además, ya tienes bastante dinero. Que te quite un poco no le hace mal a nadie. Es más, creo que estaría haciéndoles un favor a todos a los que les robaste, Vulturi. —Agregó ella pronunciando el apellido del hombre con obviedad.
Marco Vulturi, era un reconocido traficante de drogas y el mayor impostor de los tres mafiosos hermanos. Cosa de familia como se diría.
Isabella había recibido la información de que no solo le robó a su primo, Michael Swan; sino también a otros importantes y poderosos mafiosos, como a Laurent Mallory. Y lo peor de todo era que como el viejo Vulturi tenía experiencia, siempre lograba salirse con la suya. Pero no esta vez, esta vez él no se había percatado de que él sería al que le robaran. Esta vez, él había sido el embaucado.
¿Cómo decía el refrán?
Ah, sí.
“Ladrón que roba a ladrón, tiene cien años de perdón”.
“Mmm… ¿Será cierto eso?” Se preguntó ella en un segundo de anormal introspección. Se encogió ligeramente de hombros. Nunca era bueno seguir aquel rumbo de pensamientos.
—Disfruta tus ultimas horas de vida, porque cuando vuelva a sentir mi cuerpo, no habrá lugar ni persona que me impida encontrarte, Swan. —Amenazó el viejo completamente enfadado y logrando sacarla así de su debate interior. Ella le volvió a sonreír antes de besarlo en la mejilla, y saltar del escritorio para irse.
Sin embargo, unos aplausos la hicieron pararse en seco justo cuando llegó al marco de la puerta de esa habitación.
—Woow, Bella. Me impresionas. Y pensar que YO te entrené…—Dijo esa voz.
Ella se giró totalmente petrificada -y aunque no lo admitiera, el pánico también la había consumido de un momento a otro-.
—¿Q-qué haces aquí, Damon? —Preguntó ella retrocediendo inconscientemente un paso al notar como él comenzaba a acercarse.
No lo quería cerca.
Si lo dejaba acercarse demasiado, sabía en qué y cómo terminaría todo.
Primero comenzaría con un beso, que se transformaría en sexo, sexo  absolutamente desenfrenado al cabo de dos minutos a veces incluso aún menos.
Y luego, bufó. Luego comenzaría el cuestionario -en su clara y muy obvia búsqueda de información-, y después se iría, huiría como siempre. Volviéndola a dejar sola, sola y… rota. Como desde el día que comenzó todo.
Aun le costaba controlar el estremecimiento que le recorría el cuerpo con apenas los recuerdos de esas ocasiones.
—Hiciste un gran trabajo, Bella. —Dijo el pelinegro de ojos glaciales, y no sólo referente al color celeste hielo, sino además por la total carente falta de sensibilidad que denotaban; pronunciando su nombre de una forma extraña, que logró que hasta los bellos más rebeldes se le erizaran. ––Todo perfecta y completamente calculado, y muy, muy bien planeado. Pero te faltó un detalle. —Dijo sacando su arma, una Glock 22mm de un negro brillante como un relámpago en noche oscura, su favorita, y apuntando al viejo Vulturi. —No se dejan testigos. —Dijo antes de dispararle, sin siquiera mirarlo, sin ni siquiera pestañar, de la manera más fría que alguien podría llegar a desarrollar jamás. La bala penetró justo al medio de su frente, matándolo al instante. Sin rito ni ceremonia, el acto estaba hecho.
Cuando el disparo salió de aquella arma, ella se sobresaltó.
Su cuerpo temblaba.
No era solo miedo, sino también la impresión de ver a aquel hombre con una bala en su cabeza, tirado sobre su escritorio, y sangre por todos lados. Y no es que fuera algo completamente ajeno a su visión, casi diríamos diaria. Bueno quizás no a esos extremos pero no era algo que no hubiese visto nunca tampoco. No. No se trataba de nada concerniente a eso sino más bien que todo se resumía al hombre que lo había llevado a cabo.
Damon era igual a un maldito vampiro. Frío, seco de corazón, y… malo. Por sobre todas las cosas, Él era malo. Una palabra tan simple que abarcaba la totalidad de lo que él era, e irónicamente él era una persona en extremo compleja, alguien a quien nunca terminabas de conocer, alguien a quién por más esfuerzo que pusieses nunca podrías llegar. Alguien a quien Bella hubiera querido odiar.
Isabella, por más delincuente que fuera, no era una asesina. Y eso ella lo tenía en claro.
A diferencia de Damon.
Eso fue lo que hizo que ella no lo quisiera más a su lado, a pesar de extrañarlo. A pesar de tantas cosas… Pero la imagen de esa mujer tirada sobre su cama, con varios disparos sobre su pecho, y Damon de pie a su lado con el arma todavía humeando en su mano derecha se repetía en su cabeza una y otra vez en cada ocasión en las que se veían. Haciéndole recordar por qué ya no estaba más con él. Grabándoselo y tatuándoselo en la piel. Lo peor de todo, fue…
Que esa mujer era su prima.
Él no dejaba de mirarla, sabiendo cuanto miedo estaba infundiéndole. La conocía a la perfección demasiado para alguien como Isabella, y aunque nunca lo admitiría, tanto él como ella sabían que estaba aterrorizada.
Bella recuperó la movilidad de su cuerpo apenas unos cuantos segundos después de que el disparo se saliese del arma.
Se dejó dirigir plenamente por su instinto. Uno que regía su vida en cuanto estaba en cercanía de él. Uno que no le fallaba como quién le enseñó a reconocerlo. Por lo que no dudó en salir corriendo de aquella casa, alejándose de él lo más que pudiera. Distancia. La distancia nunca resultaba suficiente para que Isabella considerase estar realmente lejos de él.
Mientras corría por medio de la bruma natural de aquel lugar y por entre los fríos e irregulares pavimentos, podía sentir la angustia invadirla y las lágrimas resbalarse por sus mejillas -y el maldito frío del viento golpeando en su rostro no ayudaba en lo más mínimo-. A lo lejos, escuchó las sirenas de las patrullas policiales mientras se metía en uno de los tantos callejones sucios de aquella maldita ciudad.
El solo pensamiento de querer cruzarse con su mayor enemigo, la hizo sonreír con picardía.
“Mierda.” Pensó ella “Me estoy volviendo una maldita bipolar.”
Y es que, ¿quién en su sano juicio querría cruzarse con su mayor enemigo? Al menos, a ver, ¿quién querría eso si una era una reconocida y muy, muy buscada ladrona con búsqueda de recompensa y todo y tu archi-mega-mayor enemigo de todos los tiempos era el policía que te había perseguido durante la mayor parte de tu muy malograda vida?
Ven… Era una jodida loca.


Holó (?) Las que me siguen por FF.net, conocen este fic... :]
Pero no quería dejarlo fuera de mi comienzo por blog. ^-^
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Ally C-B.

miércoles, 16 de mayo de 2012

Summary: Jasper tuvo que sufrir las consecuencias que sus actos le dejaron al intentar morder a Bella en su cumpleaños, el abandono por parte de la familia Cullen. ¿Qué ocurrirá cuando logre disculparse? J/B. R: M.
Advertencia: Este fic tiene rating M por futuros Lemmons y por el vocabulario. Ya saben, si no les gusta, vuélvanse por donde llegaron. No quiero ser mala, pero luego no quiero reclamos si ya hice advertencia.


3.-Capitulo Tres
Last Moon
By Ally Cullen-Black
&.
Bella POV
“TIK, TOK, TIK, TOK…”
“¡Estúpidos sonidos de mi despertador!” Pensé bufando mientras me giraba en mi cama. Hacía ya varias horas que estaba recostada boca arriba, mirando al techo sin poder conciliar el sueño, gracias a la rutina diaria de mis noches. Me acostaba con esperanzas de dormir un poco; a las horas, que se sentían como minutos, despertaba gritando por mis pesadillas; y por último, me despabilaba pensando en ÉL, en cómo me había usado, para luego tirarme como un trapo usado y sucio. Pero a pesar de odiarlo con lo más profundo de mí ser, aún lo amaba, y eso era lo que más dolía.
En el resto de la noche, pretendía dormir, pretendía haberlo superado, aunque no fuera cierto.
Escuché unos cuantos golpes contra mi puerta, supe que era Charlie, por lo que susurré un delicado “Adelante”, antes de que entrara con su típica sonrisa de compasión y sus ojos llenos de lastima.
—Bells, esta noche volveré tarde. No me esperes despierta, ¿sí? —Dijo con un tono raro en su voz. —Iré hasta Seattle a verificar cómo va todo en la estación.
—De acuerdo. —Dije sentándome en mi cama refregando mis ojos. Aparentando que había dormido algo. —Cuídate, ¿sí, papá? —Le pedí casi con suplica.
—Siempre lo hago. —Contestó Charlie asintiendo. —¿Estarás bien?
—Sí, no te preocupes. Jacob me llevará hoy al Instituto. Al menos hasta que mi camioneta esté lista. —Aclaré, viendo el brillo de esperanza saliendo de los ojos de Charlie. El asintió conforme antes de darme un beso en la frente e irse.
Escuché cerrarse la puerta de entrada, y a los minutos, el auto patrulla de Charlie alejarse. Suspiré cansada y miré el reloj sobre mi mesa de noche. 06:15 a.m., Martes. Volví a suspirar antes de quitarme las sábanas de encima y levantarme.
Tomé una ducha rápida y me cambié con unos jeans azules, una camiseta de mangas largas color canela, mi chaqueta gris y mis típicas Converse negras. Luego bajé a la cocina con un extraño presentimiento, como si algo fuera a cambiar en ese día.
Era raro. ¿Cuándo había sido la última vez que había sentido algo parecido? Mi cumpleaños… Mejor ni recordarlo.
Tomé un rápido desayuno que solo consistió en un nutritivo jugo de naranja exprimido y dos tostadas con mermelada. Casi me faltó la mitad de mi jugo cuando Jake tocó la bocina del auto prestado por su hermana mayor. Dejé todo en la encimera de la cocina, tomé mi nueva mochila -regalo de Jake- y corrí hacia afuera.
—¡Hey, Bells! —Dijo Jacob con su gran sonrisa de siempre.
—Hey, Jake. —Le saludé cerrando la puerta del auto. Eso era extraño. Me había acostumbrado demasiado a la… su caballerosidad, que olvidé que los jóvenes del siglo XXI no hacían ese tipo de cosas, a no ser que quisieran algo de ti.
El camino al Instituto fue divertido. Jake siempre lograba levantarme el ánimo con sus estúpidos chistes y su casi irrompible sarcasmo. Él lograba que el agujero en mi pecho se sanara, al menos, hasta que me quedaba sola.
—Adios, Jake. Y gracias, otra vez, por traerme. —Le agradecí sinceramente cuando aparcó en el estacionamiento mientras me bajaba y cerraba la puerta.
Él se quedó mirando serio detrás de mí. Fruncí el ceño confundida por su repentino cambio de humor. Vi como sus manos tomadas al volante comenzaron a temblar, al igual que su cuerpo, y su respiración se hiso más acelerada.
—¿Jake? ¿Estás bien?
—Ehh… Sí, lo siento. Nos vemos luego, Bella. —Dijo saliendo a toda prisa. ¿Qué demonios le ocurría? ¿Por qué había sido ese drástico cambio de humor?
Me giré siguiendo la dirección en la que él se había quedado mirando.
Sentí mi pecho contraerse y mis pies clavarse al suelo viendo como se acercaba hacia mí, casi con miedo. Mi vista comenzó a nublarse y mi respiración se aceleraba al punto de sentir los latidos de mi corazón en mis oídos.
—Hola, Bella. —Dijo a unos cuantos metros lejos de mí.
—Jasper… —Susurré con mi voz resquebrajada. Sentí una ola de calma invadirme. ¡Diablos! Había extrañado tanto ese don de Jasper. De poder calmarme hasta en los momentos más tensos. Lograba que me sintiera mejor, y eso era reconfortante.
Miré detrás de su espalada, pero no había nadie por allí, salvo una pareja apoyada contra los árboles que daban inicio al bosque. Ella tenía el pelo negro y largo, y él era rubio, alto y musculoso, como Jasper.
Cuando volví mi vista a él, me percaté de que él también miraba a mi espalda, como si buscara a alguien.
—Bella, yo… solo quería decirte que lo siento. Yo… —Dijo antes de suspirar y pellizcarse el puente de la nariz en un reflejo de nerviosismo. —No existe excusa para el error que cometí al intentar lastimarte, y de verdad, lo siento mucho. —No podía creer lo que mis oídos estaban escuchando, estaba en shock. Y al mismo tiempo, podía ver la clara culpa que Jasper se echaba sobre sí mismo por lo ocurrido en ese trágico día. No lo permitiría.
—Jasper, no necesitas disculparte. —Dije en un vano intento de que mi voz saliera normal, suave, pero podía sentir esa opresión en mi pecho que me impedía casi respirar tranquilamente y mis lágrimas peleando por salirse de mis ojos. —Por favor, no te disculpes por algo que fue por mi culpa. Yo debería ser la que tendría que pedir disculpas…
—Bella, tú no hiciste nada. —Me interrumpió acercándose un par de pasos. No me moví, no le temía. Al fin y al cabo, seguía siendo alguien especial para mí a pesar de que nunca hubiéramos entablado una conversación de más de un “Hola, ¿cómo estás?” y un “Adios”. —Eres humana, y un curioso imán ‘atrae problemas’. —Dijo en broma intentando aliviar la conversación. —No fue tu culpa.
—La tuya tampoco. —Contraataqué calmándome demasiado. Esa opresión de a poco, muy lento, comenzaba a desvanecerse, y podía sentir la ola de calma que Jasper me enviaba.
Él soltó una risa mirando sus pies y guardando sus manos en los bolsillos de su pantalón. Ahora que lo observaba mejor, estaba… distinto. Ya no usaba la típica camisa que de seguro Alice lo obligaba a usar de colores claros. No, él tenía puesta una camiseta negra que se veía bastante cómoda y unos gastados jeans negros. Me gustaba ese cambio. Pero, conociendo a Alice, de seguro habría protestado por esa forma de vestir de su esposo.
—Sigues siendo testaruda, Bella. —Dijo interrumpiendo mis pensamientos. Una ligera sonrisa se me escapó de los labios.
“Okey, Bella, es ahora o nunca.” Me dijo mi conciencia, ansiosa por saber algo de ella.
—¿Y… Alice? —Me animé a preguntar, aunque lo hice con un poco de timidez. Jasper frunció el ceño confundido.
—¿Qué? ¿Ella no está aquí? —Preguntó confundido. Repetí su acción con ese mismo sentimiento.
Negué con la cabeza en respuesta comenzando a sentir miedo. ¿Le habría pasado algo malo a Alice?
—Jasper, hace meses que no los veo, a ninguno. —Aclaré casi estúpidamente. —¿Acaso se encontrarían aquí? —Pregunté con esperanzas de poder volver a verla.
Sentí la confusión de Jasper chocar contra mí en una fuerte oleada. ¿Qué era lo que tanto lo confundía? No entendía nada.
—Bella, yo ya no soy un Cullen más.
¡¿QUÉ DEMONIOS…?! ¡¿Cómo que ya no era un Cullen más?! ¡¿Qué quería decir con eso?!
—¿Q-qué quieres decir con que ‘ya no eres un Cullen más’? ¿Ya no… estás más en la familia? —Pregunté sorprendida. Jasper asintió.
Justo en ese momento, el timbre sonó. Diablos. No, no ahora.
—Bella, sé que sonará raro, pero, ¿te importaría si a la salida vengo por ti y aclaramos todo esto?
“¡Gracias Dios!” Gritó mi conciencia al escuchar las palabras de Jasper. Bien, al menos, obtendría respuestas.
—Por supuesto que no, Jasper. Agradecería que lo hicieras. —Contesté con sinceridad. Él me sonrió antes de despedirse y caminar a velocidad humana hacia la pareja que estaba cerca del bosque.


 *se asoma con timidez* ¿Holó? ¿Alguien detrás de la pantalla? :B
Okey, primero en principal, MIL DISCULPAS por ser taaaan irresponsable.. ._. Acepto bullying por haberme tardado tanto, y eso que el cap ya lo tenía escrito... X.X
Ok, ya... .-. Ahora a lo importante:
¿Les gustó el cap? ¿Opiniones? :D
Love all ya'.
Peace. Out.
Ally C-B.

lunes, 14 de mayo de 2012

Summary: Bella es la prometida de Edward Cullen. Pero, ¿por cuánto tiempo? ¿Cuál será la elección de Bella una vez que asuma los sentimientos hacia el hermano mayor de su prometido, su mejor amigo, Emmet Cullen? R: M. Bella/Emmet.
ADVERTENCIA: Contiene lenguaje fuerte y escenas sexuales explícitas. Personas que no les gusta ese tipo de temas, vuélvase por donde llegó. Bajo advertencia, NO HAY RECLAMO.


4.-Capitulo Cuatro: Primera Parte.
Relaciones Prohibidas
By Ally C-B.
&.
Bella POV
Son dieciséis dólares, señor. Dijo el chofer del taxi que nos había llevado hasta aquel lugar.
Emmet me sonrió mientras me indicaba que bajara del auto con un movimiento de su cabeza y sacaba su billetera para pagarle al taxista. Él había insistido en que esa noche, luego de que estuviera mejor por la resaca, saliéramos a bailar como lo hacíamos cuando éramos adolescentes.
Solíamos salir juntos a bailar, como dos amigos, y de vez en cuando alguno volvía, o mejor dicho no volvía a su casa ya que había encontrado con quién divertirse esa noche. Pero dejamos de realizar esas salidas cuando conocí a Edward, su hermano, y mi prometido.
En fin, luego de que Emmet me secara la cabeza insistiendo con que saliéramos, acepté. Por lo que en ese momento nos encontrábamos en la puerta del bar al que siempre íbamos.
Bajé del auto con un poco de dificultad, gracias a mis nuevos zapatos de tacones altos. Yo vestía un simple vestido floreado, de color blanco y negro, que se encontraba debajo de mi tapado, ya que afuera estaba algo ventoso. Los zapatos, también negros, eran regalo de Alice, enviados desde Londres.
Ella era mi hermana menor, y mi mejor amiga. Aunque hacía ya bastante tiempo, prácticamente desde que terminamos la Universidad, no la veía, gracias al trabajo que tenía en Londres.
Esa noche, había decidido que mi cabello fuera natural, ya que no tuve tiempo, ni ganas, para peinarlo gracias a Emmet, que estaba ansioso con la salida.
Él se bajó del auto una vez que el taxista le entregó el vuelto, y me sonrió mostrándome esos blancos dientes una vez que llegó a mí, provocando que me estremeciera.
Durante el día casi ni habíamos hablado. Para ambos, o más para mí, era incómodo verlo a los ojos, por lo que me la pasé encerrada en mi cuarto, pensando, o mejor dicho durmiendo.
Luego de que tomara mi ducha, que según Emmet necesitaba urgente gracias a mi olor a vómito y alcohol mezclados, me volví a la cama a dormir un rato más, ya que todo mi cuerpo dolía. Con respecto al sueño que había tenido en ese momento, me hacía mojarme con solo recordarlo.
Mi mente no había tenido mejor idea que mostrarme todo lo que había pasado con Emmet la noche anterior en ese sueño, haciendo que me despertara agitada y completamente mojada.
¿Por qué me había gustado tanto tener sexo con Emmet? Eso no era normal. Él era mi mejor amigo, y en cierta forma, dudaba que él sintiera lo mismo. Para Emmet seguramente, lo que había pasado, no había sido otra cosa que un simple revolcón, y nada más. ¡No entendía porque yo no podía verlo de esa forma!
¿Lista para divertirnos? Dijo sacándome de mis pensamientos mientras alzaba sus cejas varias veces y sonreía divertidamente. Le devolví la sonrisa mientras asentía.
Nos pusimos en marcha hacia el bar, y en mitad del camino, Emmet me tomó por la cintura, acercándome a su cuerpo. Él estaba vestido con una playera negra, un Jean gris medio verdoso y gastado por el uso, y unas zapatillas Converse grises. Muy típico de él vestirse tan informal hasta para ir al mejor restaurante de la ciudad. Sonreí ante ese pensamiento acerca de Emmet. Tan único, especial…
Sacudí mi cabeza. ¿En qué demonios estaba pensando? Tenía que controlarme.

*Unas horas más tarde…* 
Emmet POV
“Malditos y estúpidos pendejos…” Pensé para mis adentros mientras hacía otro fondo blanco a mi trago, maldiciendo a esos hombres que la tocaban. ¿Por qué mierda se me había ocurrido ir a aquel lugar?
Bella se encontraba bailando sensualmente en la pista entre medio de dos hombres, mientras yo me había quedado sentado en la barra, tomando algo. Podía notar cómo eso dos pendejos se le apoyaban a MI Bella, podía ver como la toqueteaban y le susurraban cosas al oído. Inspiré profundamente antes de volver a tomar de mi trago.
Me giré a devolverle el vaso al barman, que resultó ser mi primo, James. El sabía de todo con respecto a Bella, ya que le confiaba hasta los peores secretos de mi persona. James era como un segundo hermano para mí.
Creo que deberías ver eso… Dijo recibiendo el vaso y señalándome hacia atrás.
Me volví hacia la pista y vi a uno de los sucios pendejos lamiendo el cuello de Bella. Eso fue lo que rebalso el vaso. Casi a trote, fui hacia ella y la saqué de entre medio de los pendejos con furia.
¿Por qué ellos podían tocarla y yo no? Yo era el “mejor amigo”, no ellos. Pero planeaba dejar de ser el amigo comprensible y cuidadoso, esa noche le demostraría a Bella cuan hombre podía llegar a ser. La arrastré en dirección al baño de mujeres, ya no lo soportaba más.
¿Qué haces, Emmet? Suéltame. Chilló con algo de miedo tratando de salirse de mi agarre, pero le era imposible.
Una vez que comprobé que no había nadie allí, la empujé hacia adentro, y sin soltarla, me metí con ella. La pegué contra la pared que había al frente del espejo, colocando mis manos en la pared, a los costados de su cuerpo, para impedirle el escape.
Emmet, se supone que… Logró decir algo agitada por nuestra cercanía antes de que la interrumpiera estampando mis labios contra los suyos. No aguantaría más tiempo si ella no volvía a ser mía, la necesitaba, y urgente.
Lo siento, pero no lo resisto más… Dije soltando sus labios y bajando por su cuello.
Nunca me hubiera esperado su reacción final. Me había hecho la idea de que seguramente me empujaría y me insultaría, pero no de que se pusiera a gemir de placer, sin alejarse y disfrutar de mis caricias.
Ella enredó sus dedos en mi pelo y me alejó de su cuello, antes de atacar mi boca, metiendo su lengua en ella sin temor a nada, provocando que le correspondiera con la misma ferocidad mientras la abrazaba por la cintura, pegándola lo más posible a mi cuerpo.

Bella POV
Por segunda vez, había mandado todo al diablo. Lo único que cruzaba por mi mente era en tenerlo dentro de mí, sin importar el costo.
Emmet me correspondió con la misma desesperación que la mía, lo que me excitó aún más. Sus manos comenzaron a subir por mis piernas y se metieron dentro de mi vestido. Respiré pesadamente cuando tocó con sus dedos mi centro sobre la tela de mis bragas.
Edward… Gemí mientras el bajaba por mi cuello. A-aquí no…
¿Por qué? Preguntó seductoramente en mi oído mientras masajeaba mi centro sobre la tela. Gemí sin controlarme.
Es un… baño público… Dije entre gemidos.
¿Y? Dijo lamiendo mi cuello sin piedad.
Okey, tenía que hacer algo. No podíamos seguir allí, en cualquier momento podría entrar alguien. Comencé a bajar con mis manos por su pecho, hasta llegar al botón de su Jean. Seguí de largo y toqué su miembro, que ya se encontraba con vida, sobre la tela del pantalón. Un gemido se escapó de sus labios.
Si sigo, en el momento en que alguien entre, tendré que parar… Dije en su oído tratando de hacer un tono seductivo, que creo no salió muy bien como me hubiera gustado. Pero es que Emmet estaba masajeando mi centro de una forma tan exquisita, que me hacía delirar. —Y tú no quieres que pare, ¿no es cierto?
Emmet jadeó mientras se alejaba completamente. Tomó mi mano, y me arrastró hacia fuera. Pasamos a buscar mi abrigo y nos fuimos hacia la casa.
La tensión, la calentura que había en el ambiente en el taxi no me dejaba respirar, aparte de que Emmet comenzaba a acariciar mis piernas, desde la rodilla hasta arriba. Sabía sus intenciones, y cuando llegaba cerca de mi sexo, atrapaba su mano juntando mis piernas para que no siguiera. Aunque sus caricias me gustaban, y mucho, estábamos en un taxi. 
Una vez que llegamos, bajé primera y corrí hacia adentro. Tiré mí tapado encima del sofá junto con mis tacos, que me los había quitado en el taxi apenas nos subimos en él.
Tenía intenciones de darle una pequeña sorpresa a Emmet, pero sus brazos me tomaron por detrás sorpresivamente. Bajó las tiras de mí vestido delicadamente, el cual, una vez que cayó al suelo, lo corrí con mis pies. Yo no llevaba puesto sostén, gracias al corte del vestido, por lo que quedé únicamente vestida con mis bragas.
Un brazo de Emmet rodeó mi cintura, mientras que con la mano del otro comenzaba a masajear mi sexo sobre la tela. Relajé mi cabeza sobre su hombro, cerrando mis ojos y dejándome llevar por esa sensación tan placentera.
Luego de unos minutos eternamente placenteros para mí, Emmet me giró sin despegarme de su cuerpo. Me besó con dulzura y delicadeza mientras sus manos bajaban de mi cintura a mi trasero, el cual apretó y masajeó antes de elevarme del suelo, provocando que por inercia rodeara su cintura con mis piernas y nuestros sexos se rozaran. En ningún momento soltó mis labios, sino que fue profundizando el beso más y más.
Segundos más tarde, sentí la suavidad de las sábanas de su cama, otra vez. Abrí mis ojos para mirarlo, y me encontré con los ojos de Emmet oscuros por el deseo, y sin su remera y Converse. ¿En qué momento se había quitado la ropa?
Comenzó a bajar por mi cuello, tomándose su tiempo para lamer y saborear toda porción de piel existente en mí, hasta llegar a uno de mis pechos y capturar uno de mis pezones con su boca mientras una de sus manos acariciaba el otro. Me mordí el labio para no gemir más de la cuenta.
Emmet continuó su camino hacia abajo, besando mi cuerpo y acariciándolo. Cuando llegó a mi ombligo, temblé ansiosa, ya que con sus manos comenzó a bajar mis bragas, que una vez que estuvieron afuera, las tiró por algún lado en la habitación. Trazó un camino de besos húmedos desde el tobillo de mi pierna izquierda hasta mi rodilla; y de mi rodilla hasta el muslo interior.
Yo tenía mi espalda arqueada y mis ojos cerrados de tanto placer que sentía. ¿Cómo era posible que con un simple roce provocara que me excitara en sobre manera?
Sentí los besos húmedos de Emmet en mi ombligo otra vez, pero en ese momento sentí algo más. Él jadeó con fuerza cuando introdujo dos de sus dedos en mi sexo, provocando que soltara todo el aire de mis pulmones mientras movía aceleradamente sus dedos dentro de mí, como si buscara algo. Hasta que un determinado momento, gemí con fuerza mientras sentía todo el aire irse de mis pulmones. Él había encontrado mi bendito ‘punto G’.
Sus dedos bombeaban en mi interior una y otra vez, llevándome a la locura, provocando que mis gritos de placer se escucharan por toda la habitación. Pero, luego de unos minutos sentí algo suave y húmedo acariciar mi sexo. Abrí mis ojos y miré hacia abajo, para encontrarme a Emmet enterrado entre medio de mis piernas. Me dejé caer hacia atrás cuando sentí su lengua entrar en mí.
¡Mierda! Era tan placentero sentirlo ahí, que no podía evitar que gemidos y jadeos roncos salieran de mis labios.
Emmet me embestía con su lengua, provocando que de vez en cuando balanceara mis caderas buscando más fricción. Esa lengua suya me estaba llevando a la locura. Podía sentir en mi estómago como se contraía, indicando que llegaría.
Emm… Emmet… Gemí mientras él aumentaba el ritmo de su lengua. —Dios… Ya… ya casi… No logré terminar.
Me vine en la boca de Emmet, llegando a casi tocar el cielo con la punta de mis dedos. Él no dudo en tomar aquello que mi cuerpo le entregaba, y cuando terminó, trazó un camino de besos húmedos de regreso a mis labios. Saboree en su boca mi propio sabor, mezclado con el tono dulce de los labios de Emmet.
Él se separó de mí para quitarse sus pantalones y sus bóxers, y luego volvió a posicionarse sobre mí. Volvió a besarme, mientras sentía su excitación contra mi vientre bajo. Tomé su miembro entre mis manos, y comencé a masajearlo mientras sus gemidos se acallaban en mi boca.
B-Bella… Dijo apartándose de mí mientras gemía.
¿Si? Pregunté mientras seguía con mi trabajo.
Ya… no lo aguanto… Dijo quitando mi mano de su miembro y entrando en mí de una sola estocada, profundamente, sin piedad.
El grito que salió de mí, creo que llegó a despertar a los vecinos de enfrente. Pero había sido un grito de placer, no como lo había interpretado Emmet, o sea, de dolor. 
Lo siento… s-soy un animal… Dijo jadeante y con el ceño fruncido.
Lo conocía perfectamente, y sabía que se torturaría por lo que había hecho.
No sabes… interpretar a una mujer… Dije agitadamente. Él me miró confundido.
Le sonreí mientras tomaba su rostro entre mis manos y lo acercaba a mis labios, que una vez que se juntaron, devoré los suyos con ansias. Mientras lo besaba, subí mis piernas por encima de su cadera, quedando totalmente abierta y expuesta a él. Solté sus labios y me dirigí a su oído.
Hazlo otra vez… Le pedí en susurro sensual antes de morder el lóbulo de su oreja.
¿S-segura? Preguntó tragando en seco e intentando contenerse.
Gruñí mientras me moví con fuerza debajo de él, provocando que gimiera con fuerza. Me sonrió maliciosamente.
Tú lo pediste… Dijo y salió casi por completo de mí, para entrar con toda fuerza y rudeza. Grité mientras rasguñaba su espalda y me arqueaba.


 ¡¡Hello people!! :D Cómo están (?) ^-^
Sí, lo sé... ._. Siento dejarlas un tanto olvidadas. :c
Pero sepan que siempre me acuerdo de ustedes, solo que no aparezco porque no tengo caps que subir, y bueno... Es un tanto frustrante, porque sé que ustedes esperan por ellos... :/
Pero, hago lo que puedo, mis niñas... :]
Okey, ahora a lo nuestro... :B <3
¿Les gustó el cap? ¿Opiniones?
Love all ya'.
Peace. Out.
Ally C-B.

miércoles, 2 de mayo de 2012


Bella POV
Nos detuvimos en seco cuando llegamos a orillas del río al cual yo muchas veces visitaba para aclarar mis pensamientos. Giré mi rostro a él, y lo miré confundida.
—¿Nadaremos? —Edward sonrió divertido antes de negar con la cabeza.
—¿Y estropear tu hermoso atuendo? Claro que no. —Me guiñó un ojo divertido, a lo que yo respondí con una media sonrisa. Si hubiera sido humana, mi corazón hubiera sufrido un lapso ante sus palabras, y de seguro, mi rostro habría sido de una tonalidad profunda de rojo.
—Saltaremos… —Dijo con diversión mientras retrocedía unos tres pasos. Reí sin poder evitarlo mientras me cruzaba de brazos sacudiendo la cabeza.
—Tú primero. —Dije con un eje de inseguridad escondida entre mis risas y la estúpida sonrisa que no se iba de mi rostro mientras lo observaba retroceder.
Edward volvió a guiñarme un ojo desde su posición antes de correr sobre sus pasos y tomar impulso desde una piedra a orillas del río, saltando hacia el otro lado de forma perfectamente elegante y deslumbrante. Su cuerpo se perdió entre los árboles del otro lado del río.
Suspiré embelesada mordiéndome el labio inferior. ¿Acaso nunca dejaría de ser tan perfecto, ni siquiera al momento de saltar una enorme extensión de río? No, claro que no. Él seguía siendo Edward Cullen.
Sacudí mi cabeza volviendo a la realidad al escuchar su socarrona y divertida risa.
—Fanfarrón. —Musité sonriente mientras retrocedía unos cinco pasos. 

Holó (?) :B Alguien aún interesado en este fic (?) ^-^
Ok, si hay, ¡mil disculpas por la tardanza! ._. Prometo ponerle un poquito más de rapidez a los dedos... :B
El cap entero tendrá que esperar a la semana que viene, ya que tendré que irme por unos días. Pero volveré, no se preocupen. :] (?)
Okey, ahora... ¿Alguna opinión sobre el adelanto? <3
Love all ya'.
Peace. Out.
Ally C-B.
 
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