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miércoles, 4 de mayo de 2011

Capitulo Dieciséis
El Invernadero
Luego de que Arthur se fuera, volvimos a la historia de Eleazar. Edward prestaba atención a todo lo que yo iba narrando y de vez en cuando me interrumpía para hacer un comentario o preguntar algo, pero siempre lo hacía con esa sonrisa torcida que yo tanto amaba y recordaba.
Había muchas cosas en las que Eleazar y Carlisle se parecían. Ambos formaron parte de los Vulturis, ambos tenían siglos de existencia, ambos conocieron a sus esposas en circunstancias difíciles y ambos tenían una gran familia. La única diferencia era que Eleazar no necesitó décadas o siglos para abstenerse a la sangre humana, ese era su don, por lo tanto, él podía decidir si quería hacerlo o no.
En medio de toda la explicación, escuché un grito del invernadero, que era el único lugar que faltaba que Edward viera y la única habitación del piso de arriba. Con Edward, salimos corriendo preocupados hacia arriba, cortando con toda la historia.
Cuando llegamos, yo delante de Edward, Josh tenía a Carmen sobre sus hombros y Eleazar reía. Suspiré relajándome. Cuando Josh nos vio, bajó a Carmen al suelo, mientras Edward y yo sonreíamos.
-Creí que había ocurrido algo malo…-dije mientras entrábamos en el invernadero.
-Que raro, tu siempre pensando en lo malo –dijo Josh pasando por mi lado. Cuando lo hizo, se ganó un golpe por parte mía en el hombro mientras Eleazar y Carmen reían. Cuando se fue, presente a Edward.
-Carmen, él es Edward –dije con una sonrisa- Edward ella es Carmen, mi madre –dije mirando a Edward. Él la saludó educadamente con un beso en su mano, haciendo que Carmen riera nerviosa.
En eso el móvil de Edward sonó.
-Es Carlisle, -dijo Edward mirando al móvil y luego a mí. Asentí dándole a entender que contestara.
Edward se disculpó antes de alejarse y atender. 
-¿Él es Edward? –me susurró Carmen con una sonrisa. Asentí con una media sonrisa en el rostro.
Ella sabía toda mi historia, al igual que todos los integrantes de mi familia, por lo tanto ya estaban informados de quien era él.
No me concentré explícitamente en la conversación de Carlisle y Edward, ya que estaba muy entretenida con los pensamientos halagadores de Carmen hacia Edward y las plantas del lugar.
Cuando Edward colgó y se giró hacia donde yo estaba, Carmen y Eleazar estaban bajando las escaleras, para darnos privacidad.
 -Carlisle quiere que vuelva, -dijo acercándose a mí- necesita mostrarme algo –dijo poniendo su mano sobre mi mejilla. Asentí acercándome a él y abrazándolo por la cintura. Él me devolvió el abrazo.
En realidad no quería que se fuera, pero si Carlisle lo necesitaba para algo urgente, no se lo impediría. Edward levantó mi barbilla con su dedo antes de posar sus labios en los míos. Era tan reconfortante sentir sus labios sobre los míos, y la vez tan extraño. Yo los recordaba fríos, duros y con preocupación, ya que ahora entendía la delicadeza que él debía tener conmigo cuando era humana, para tratar de no lastimarme; y ahora, era tan decidido, tan despreocupado, y a la vez tan suave que me hacía amarlo más de la cuenta.
Luego de ese pequeño, pero amoroso beso, acompañé a Edward a la puerta, para despedirlo ya que tenía que volver a su casa.
-¿Iras mañana al Instituto? –me preguntó una vez que llegamos a las escaleras del porche.
-No lo se, quizás…-le contesté con una sonrisa. Edward frunció el ceño divertido. Sonreí mostrando mis dientes mientras acariciaba su mejilla.
Él se encontraba dos escalones más debajo de donde yo estaba parada, dejándome así ser la más alta. Me agaché un poco para volver a besar sus labios. El me devolvió el beso antes de despedirse e irse corriendo en dirección a su casa.
Me giré volviendo a entrar en la mía, mirando hacia el suelo con una sonrisa estúpida en mi rostro. Cuando levanté la vista, Josh estaba en frente mío con sus brazos cruzados y haciéndose el serio.
-Quiere explicarme, señorita Elizabeth, ¿qué fue ese beso que acabo de ver? –me preguntó tratando de no reírse aunque le era imposible.
-Quiere explicarme, Señor Josh, ¿qué hacía espiando a su hermana? –pregunté siguiéndole el juego.
-Yo no estaba espiando, -empezó pero lo interrumpí abrazándolo por el cuello.
-¡Sí estabas espiando! –dije dándole un beso en la mejilla antes de salir corriendo a mi habitación en una nube.
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Capitulo Quince
Eleazar y Arthur
Subimos al tercer piso con Edward de la mano. Él no dejaba de observar todo detalladamente; en especial los cuadros, las fotografías y los adornos de Carmen.
Comenzamos a pasar por las habitaciones. La primera era la de Josh y Sophy; la segunda de Carmen y Eleazar; la tercera de Jaime y la cuarta de Nicole. Luego seguía la oficina de Eleazar, dejando así, por último, mi habitación.
-¿Esta es la oficina de Eleazar? –preguntó Edward interesado. Asentí y golpee la puerta bajo la atenta mirada de Edward.
-Adelante, -dijo Eleazar desde adentro. Abrí la puerta y entré seguida por Edward.
La oficina de Eleazar era realmente grande. En casi a todo el alrededor habían estantes con libros, productos de su trabajo, fotografías de la familia, cuadros y libros de hacía siglos. Él conservaba todo mediante los años transcurrían, siempre decía que era lindo a veces recordar cosa buenas del pasado.
-Hola, papá –lo saludé con una sonrisa mientras Edward miraba todo a su alrededor.
-Hola, cariño –dijo antes de bajar el libro que estaba leyendo- Oh, veo que hay visitas –dijo poniéndose en pie y caminando hacia nosotros.
-Hola, señor O’Conner. Soy Edward Cullen, es un placer conocerlo –se presentó Edward estirando su mano hacia Eleazar.
-¿Cullen? ¿Hijo de Carlisle Cullen? –preguntó Eleazar sorprendido. Edward y yo asentimos a la vez- Es un placer conocerte, Edward –dijo tomando su mano y sacudiéndola como saludo- Pero, llámame Eleazar –dijo soltando su mano y con una sonrisa.
-De acuerdo, Eleazar –contestó Edward con una sonrisa.
-¿Se conocen? Quiero decir, Carlisle y tú…-le pregunté a Eleazar.
-No personalmente, pero en el hospital se habla mucho de él –me contestó Eleazar. Asentí con una sonrisa.
-¿Puedo ayudarlos en algo? –preguntó al ver que Edward se concentraba en unos de los cuadros de Eleazar.
Seguí la mirada de Edward para ver de qué cuadro se trataba, y no me sorprendió descubrir cual era. En el cuadro, salía Eleazar, hacía dos siglos antes, de traje y capa negra, sentado en uno de los tronos. Los Vulturis.
Edward frunció el ceño concentrándose en la imagen. Eleazar suspiró antes de dirigirse hacia el cuadro.
-Italia, 1650, -empezó Eleazar mirando atentamente el cuadro, con aire soñador.
Empujé a Edward al lado de Eleazar mientras me colocaba al medio y abrazaba a Eleazar. Yo sabia que su tiempo con ellos no había sido el mejor, y no le gustaba mucho hablar sobre el tema. Por supuesto, que yo había sido la excepción. Él me había contado absolutamente todo sobre su tiempo allí. Edward nos miró durante un determinado momento en el que el silencio reinó.
-¿Prefieres que yo la cuente? –le pregunté mirándolo con una media sonrisa.
-Estaría bien, -dijo dándome un beso en la frente- además, te la sabes prácticamente de memoria, como si hubiera sido tu historia –dijo riendo y volviendo a su escritorio- Yo iré a ver como esta Nicky –dijo mientras guardaba el libro que había estado leyendo- Fue un placer conocerte, Edward –dijo con una sonrisa antes de salir por la puerta.
-Igualmente, Eleazar –contestó Edward.
Una vez que Eleazar se fue, Edward me miró atentamente y en su mirada había millones de preguntas.
-Lo siento, a Eleazar no le gusta mucho hablar mucho de cuando estuvo con los Vulturis –le dije a Edward- Fue un tiempo difícil para él.
-¿Difícil? –preguntó queriendo saber más.
-Veras, -empecé volviendo mi mirada al cuadro- cuando Eleazar formó parte de ellos, -dije señalando a Aro, Marco y Cayo- él hizo muchas cosas de las que hoy se arrepiente…
Edward estuvo a punto de interrumpirme, pero justo a tiempo coloqué mi dedo en sus labios para evitar que lo hiciera.
-Escuche ahora, pregunte después –le dije en forma divertida. Él sonrió contra mi dedo y asintió.
-Eleazar, -empecé mientras retiraba mi dedo de sus labios- mató a muchas personas durante su tiempo allí, entre ellos, niños…-dije volviendo mi mirada al cuadro- Eso es lo que menos se perdona.
-Me lo imagino…-comentó Edward mirando el cuadro- Pero, no lo entiendo -dijo mirándome- Si tanto odia todo el tiempo que pasó allí, ¿por qué conserva ese cuadro? –dijo señalándolo.
-A veces es bueno tener algo así, del pasado, –dije bajando mi mirada a mi collar-  siempre presente, para no volver a cometer el mismo error…-dije tomándolo en mis manos. Edward frunció el ceño y retiró mi mano del collar para tomarlo él y observarlo.
El collar era un diamante negro en forma de gota. Era realmente bonito, a la vista de los demás, a mí vista, solo era un objeto que me recordaba que a pesar de todo mi esfuerzo, seguía siendo un monstruo por naturaleza.
Edward frunció más el ceño mirándome al haber escuchado mi pensamiento. Cuando me ponía sensible, mi escudo fallaba.
-Bella, -empezó pero lo interrumpí.
-Este collar, -dije retirándolo de sus manos y tomándolo entre las mías- fue del primer humano que mate –le dije mirándolo a los ojos. Él se quedó mirándome sorprendido- Es por eso que lo conservo, -dije bajando mi mirada- lo llevo conmigo siempre, para recodarme el error que cometí, y tratar de no volverlo hacer –concluí levantando mi mirada y dejando que el collar colgara normalmente de mi cuello.
Edward llevo su mano a mi mejilla y la acarició. Sonreí ante el tacto suave y cálido. Yo lo recordaba frío y duro, pero ahora todo había cambiado.
-Bella, -susurró antes de apoyar su frente sobre la mía y cerrar sus ojos.
Podía sentir su respiración en mi rostro, haciendo que deseara tenerlo más cerca. Llevé mi mano a su mejilla y la acaricié, mientras Edward se estremecía ante mi contacto. Él comenzó a acercarse a mis labios lentamente.
-¿Edward? –le llamé cuando estaba a centímetros de mis labios.
-¿Sí? –preguntó respirando aceleradamente.
-¡Quieres besarme de una vez! –exclamé sin poder aguantarme un segundo más. Él sonrió antes de estampar sus labios contra los míos.
Sus labios era suaves, a comparación a como los recordaba, pero seguían provocando que mis piernas temblaran ante el contacto. Edward comenzó a mover delicadamente sus labios sobre los míos mientras llevaba sus manos a mi cintura, provocando que millones de descargas eléctricas recorrieran mi cuerpo, mientras yo enredaba mis manos en su pelo. Cuando lo hice, Edward me llevó más a él, apretándome a su cuerpo, mientras delineaba mi labio inferior con su lengua, como si pidiera permiso para entrar. Se lo concedí gustosa y ansiosa. Cuando sentí su lengua tocar la mía, fue como si nada me importara, a excepción de ese beso que cada vez se volvía mas profundo.
Lo único que llegó a distraerme, luego de unos minutos extremadamente largos, fue cuando escuché un ruido sobre el escritorio de Eleazar. Con el mayor dolor del mundo, me separe de Edward, respirando aceleradamente y apoyando mi frente sobre la suya.
-Tenemos…compañía…-dije entrecortadamente por la respiración y abriendo mis ojos. Edward bufó mientras se alejaba a ver quien era y se quedó realmente sorprendido al ver al gato de Carmen sentado sobre el escritorio de Eleazar, mirándonos fijamente.
-¿Qué haces aquí, Arthur? –le hablé al gato.
-¿Arthur? –preguntó Edward confundido.
-Es el gato de Carmen, -dije mientras me acercaba al escritorio y acariciaba al gato- y un gran amigo de la familia.
Edward lo miraba realmente atónito.
-De hecho, creo que tiene más años que Eleazar –comenté mientras Edward y yo reíamos. Arthur me mordió el dedo en el medio de las risas dando a entender que se había ofendido- ¡Hay! –exclamé aunque no me había dolido, solo me había sorprendido- Lo siento, Arthur –me disculpé mientras el gato asentía y saltaba a treparse por mis hombros.
-Arthur, te presento a Edward –dije mientras lo acurrucaba en mis brazos- Edward, él es Arthur –dije bajo la sonrisa de Edward.
-Un placer conocerte, Arthur –dijo Edward mientras lo acariciaba en el lomo.
Arthur ronroneó ante el contacto durantes unos segundos, luego saltó de mis brazos al suelo y salió por la puerta que había quedado medio abierta.
-Eso fue extraño…-comentó con una sonrisa y mirando por donde había salido el gato.
-Tú no eres quien tiene que convivir con él, -dije mientras Edward reaccionaba y me abrazaba por la cintura.
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Capitulo Catorce
Mi familia
Luego de que Jaime abrazara a Edward, se fue a ver como estaba su melliza. Yo, una vez que Jaime desapareció por el corredor, comencé a frotarme la mordedura, ya que la ponzoña hacía que se produjera una sensación de quemadura, y era realmente molesto.
-¿Estas bien? –me pregunto Edward sentándose a mi lado.
-Me escuece el veneno –le contesté sin dejar de frotarme el hombro.
Edward retiró mi mano de mi hombro, y con la suya comenzó a acariciar suave y dulcemente en el lugar donde Jaime me había mordido. En ese momento, millones de descargas eléctricas recorrieron mi interior. 
-Si sigues frotando de esa manera, la molestia se expandirá –dijo mirándome directo a los ojos mientras seguía acariciando mi hombro.
La molestia de a poco desaparecía, dejando otra sensación en su lugar.
-¿Mejor? –preguntó retirando su mano. Asentí sonriendo. 
Edward sonrió antes de comenzar a mirar a su alrededor. Entendí que es lo que quería.
-¿Quieres dar una vuelta por la casa? –le pregunté poniéndome de pie. El asintió sonriendo.
Tomé su mano y corrí hacia abajo, lista para empezar con el recorrido.
-Ésta, como ya te habrás dado cuenta, es la sala principal, aunque no la usemos demasiado –aclaré haciendo que Edward riera.
Luego me acerqué a un mueble que poseía fotografías de toda mi familia.
-¿Quiénes son ellos? –preguntó señalando la fotografía de Jaime y Nicole cuando eran bebes.   
-Ellos son Nicole y Jaime –le dije sonriendo- Aquí, en esta, -aclaré señalando otra fotografía- tenían seis años –dije sonriendo.
-Son idénticos a ti –comentó Edward con una sonrisa.
Luego de ver unas cuantas fotografías más, Edward habló.
-Bella, ¿puedo hacerte una pregunta? –preguntó un poco indeciso.
-Sí, claro –le contesté asintiendo.
-¿Cómo, o mejor dicho, quien transformó a tus hermanos?
-¿Quieres que te conteste o prefieres verlo? –le pregunté con una sonrisa. El frunció el ceño confundido.
Estaba dispuesta a mostrarle todo lo que había ocurrido, gracias a uno de mis dones. Me acerqué a él, tomé su rostro entre mis manos y cerré mis ojos, concentrándome en aquel momento…
**Flashback**
Era el cumpleaños número 15 de mis hermanos biológicos, y estaba realmente ansiosa por irlos a saludar, aunque tenía que tener cuidado de que Renné o Phil me vieran.
-¡¡Josh, date prisa, que llegamos tarde!! –grité impaciente a Josh.
-¡¡Ya voy!! –gritó desde su habitación.
No aguanté más la espera, así que le grité a Josh- ¡Me voy! ¡Nos vemos allá! –antes de salir por la puerta principal.
Corrí dirección a casa de Charlie, que ahora era la casa de mis hermanos y de Renné. Cuando llegué, me escondí tras una ventana para ver todo. Dentro de la casa estaban mis hermanos enfrente de una gran torta con velas, rodeados por Renné y Phil que no paraban de tomar fotografías. No me sorprendía en absoluto las actitudes de Renné, y era obvio que Phil terminaría contagiándose.
Estaba con una gran sonrisa en mi rostro, observando a la feliz familia, cuando dos sombras pasaron detrás de Renné y Phil, para luego atacar sus cuellos. Me levanté dispuesta a entrar y salvarlos, pero otro vampiro me sorprendió por atrás, pasando su brazo por mi cuello, con intención de matarme. Pero no lo logró. Gracias a un don que había absorbido hacía poco tiempo, hice que comenzara a sentir dolor dentro de él. El vampiro me soltó y cayó al suelo retorciéndose y gritando de dolor. No sentí un minúsculo de culpa, ya que él se lo había buscado.
Me giré para ver qué ocurría dentro de la casa, y vi a los dos vampiros prendidos del cuello de mis hermanos. Automáticamente me giré y terminé con el vampiro que seguía retorciéndose de dolor.
Corrí hacia adentro, tirando la puerta abajo y haciendo que los vampiros se sorprendieran y soltaran a mis hermanos. Antes de que pudieran reaccionar, comencé a producir en ellos el mismo sentimiento que había echo en el otro. Una vez que ellos se derrumbaron al suelo retorciéndose de dolor, me acerqué a ellos y acabé con ellos, sin sentir una pizca de culpa o remordimiento.
-¡Lizy! –entró preocupado Josh junto con Sophy justo en el momento en mis hermanos comenzaban a retorcerse en el suelo, gracias a la ponzoña.
Cerré mis ojos frunciendo el ceño. No había llegado a tiempo.
-Llévenlos a casa –les pedí a ambos sin abrir mis ojos.
Josh y Sophy alzaron a mis hermanos y se lo llevaron a casa, mientras yo me quedé ahí parada con lo ojos cerrados. Escuché un movimiento detrás de mí, así que me giré para ver a Renné con sus ojos medio abiertos y moviéndose. Corrí hacia ella y la abracé por última vez.
-¿B-bella? –preguntó tartamudeando.
-Aquí estoy, mamá –le dije tratando de no sollozar, aunque no sirvió de nada.
-¿Ya estoy en el cielo? –preguntó mirando a su alrededor.
-No, pero aguanta, ya estas por llegar a él –le dije riendo, pero sin dejar de sollozar.
-¿Tú no estas en él? –me preguntó un poco temblorosa.
-No, -le contesté justo cuando una lágrima cayó por su rostro. Sequé su lágrima con mi pulgar- pero hay alguien que seguramente te está esperando allí –dije sonriendo.
-Phil...-dijo ella cerrando sus ojos y sonriendo.
Todo acabó allí, Renné había muerto. Abracé su cuerpo y comencé a sollozar, prometiéndole una y mil veces que cuidaría de mis hermanos a muerte. Una vez que me calmé, solté su cuerpo y preparé todo para quemar la casa, junto con los tres vampiros en ella.
**Fin del Flashback**
Abrí mis ojos para encontrarme con la mirada triste de Edward. Él me abrazó con todas sus fuerzas, y le correspondí de la misma manera.
-No sabes cuánto lo siento…-dijo durante el abrazo.
-Gracias –le contesté.
Luego de unos minutos que estuvimos abrazados, hablé.
-Bueno, -dije separándome, pero no del todo- es hora de seguir con el recorrido –le dije esbozando una sonrisa. Él me la devolvió mientras tomaba su mano y subíamos al segundo piso.
-Bueno, -dije una vez que estábamos arriba- ésta es la segunda sala principal, y la más usada –dije sonriendo y haciendo que Edward riera.
Luego fuimos hasta la cocina, donde Edward miraba fascinado.
-Ésta es la cocina, -le dije una vez que entramos- la usábamos mucho cuando Jaime y Nicole eran niños –comenté mientras Edward me observaba con atención- pero luego de su transformación, casi nadie viene aquí –dije acariciando la mesa- En fin, ¿sigamos? –le pregunté a Edward tendiéndole mi mano. Él la tomó con una sonrisa y salimos de la cocina, para dirigirnos al tercer piso.
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Capitulo Trece
Mal momento
La mirada de Edward pasó de mis ojos a mis labios, y de a poco se fue acercando, a lo que no puse resistencia. Necesitaba tanto sentir de nuevo sus labios sobre los míos, que no me importó absolutamente nada, ni siquiera su familia, que se suponía que estaba alrededor nuestro. Pero no era así, ya que no se los escuchaba. Cuando quedamos a solo unos centímetros de distancia, Josh y Sophia nos interrumpieron.
-¡Lizy! Lo siento, pero es realmente urgente –dijo Josh realmente exaltado y preocupado. Edward se separó al instante.
-¿Qué sucede? –le pregunté preocupada.
-Nicole…-mi cara cambió completamente.
Corrí al lado de Josh, realmente preocupada. Edward, en ningún momento se alejó de mí, lo que agradecí en grande.
-¿Q-qué le ocurrió? –tartamudee de la preocupación.
-Te lo explico durante el camino, necesitamos encontrarla…-dijo Josh realmente preocupado. Asentí sin poder entenderlo todavía.
¿Qué demonios le había ocurrido a mi hermanita? Necesitaba encontrarla y acunarla en mis brazos, como cuando era niña. Esa era la única forma de sentirme segura, tenerla en mis brazos. Cada vez que ella se tropezaba, cuando era niña, yo estaba ahí, para levantarla y acunarla en mis brazos para que dejara de llorar; pero en ese momento, que no sabía qué había ocurrido, no estaba ahí para abrazarla y la culpa me carcomía por dentro.
Saqué las llaves de mi auto y se las arrojé a Sophy.
-Mi auto está ahí, -le dije señalándolo- llévalo a casa –le dije antes de adentrarme en el bosque. Josh y Edward me siguieron por atrás. Giré para encarar a Josh.
-Dime qué ocurrió –le ordené demasiado preocupada.
-Nicole y Jaime quisieron salir de caza hace unas horas –empezó intranquilo- yo salí a buscarlos ya que tardaban demasiado. Cuando llegué al centro del bosque, encontré a Jaime sin un brazo y solo, sin Nicole –mi cara se desfiguró completamente y mis manos fueron directo a mi boca para evitar el grito de dolor que quería salir de ella. Edward se colocó a mi lado y me abrazó para tranquilizarme, lo que ayudó bastante- Tranquila, Eleazar lo está viendo en este momento –me tranquilizó Josh.
-¿Y Nicky? –le pregunté tratando de que mi voz saliera.
-No la encuentro, por eso vine a buscarte, eres la única que puede llegar a saber donde está –dijo pasando su mano por su cabello, nervioso y preocupado.
Asentí tomando la mano de Edward y comenzando a correr hacia el bosque, mientras que Josh nos seguía por atrás.
-Josh, guíanos a donde está Jaime –le grité mientras corríamos.
Desaceleré el paso, dejando que Josh fuera adelante para guiarnos. Edward tenía los dedos de su mano entrelazados con los míos, y, de vez en cuando, me acariciaba la mano con su pulgar para tranquilizarme. Lo miré, y traté de darle la mejor sonrisa de agradecimiento que podía, pero me sentía tan preocupada que no sabía si él había entendido. Edward se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla mientras corríamos.
“Tranquila, Bella. Ella va a estar bien…” me dijo por su mente. Asentí y me apegué mas a él, necesitaba tenerlo cerca, necesitaba de su consuelo.
Luego de correr unos kilómetros más adentro del bosque, llegamos a donde estaban Jaime y Eleazar. Él, estaba arrodillado en frente a Jaime curándole el brazo. Cuando llegamos a ellos, solté la mano de Edward, dispuesta acercarme a Jaime, pero no podía, me dolía en el alma verlo así, no podía soportarlo. Seguí de largo, dispuesta a encontrar a Nicole. Me adentré más en el bosque, corriendo a velocidad humana.
-¡Bella! –escuché el grito de Edward a lo lejos.
-¡Aquí estoy! –le devolví el grito. En dos segundos, tenía a Edward y a Josh a mi lado- Tenemos que encontrarla –dije poniéndome en marcha otra vez. Ellos me siguieron por atrás.
Luego de buscar un par de horas mas tarde, llegamos a un lugar, en el que no podíamos mirar, gracias a la fuerte oleada de repulsión que desprendía.
-Nicky…-dije mirando a Josh, que me miró frunciendo el ceño. Él trató de mirar hacia ese lugar, pero no pudo. Y asintió comprendiéndolo.
Comencé a caminar hacia ese lugar, pero Edward me agarró del brazo.
-¿A dónde vas? –me preguntó tratando de disimular la repulsión que sentía.
-Tengo que tratar de pasar el escudo, necesito hablar con ella…-le dije sin tratar de disimular lo que sentía: Repulsión y, a la vez, preocupación.
Edward me soltó y comencé a caminar hacia el lugar, pero la ola de repulsión era tan inaguantable que no pude mantenerme en pie, y me derrumbé al suelo con arcadas.
-¡Bella! –gritó Edward preocupado.
-¡No, detente! Ella ya está por llegar a Nicole…–le dijo Josh a Edward mientras yo seguí avanzando de rodillas hacia el lugar.
-Ni…cky…-dije entrecortadamente gracias a las arcadas, con los ojos cerrados tratando de no pensar en la repulsión que sentía y estirando mi brazo.
En eso, sentí como una manito tomó la mía y me llevó hacia adentro del escudo, haciendo que el sentimiento de repulsión se fuera completamente. De eso se trataba el don de Nicole. Ella creaba escudos de sentimientos, que los de afuera los sentían, en cambio, los de adentro, no.
En el momento en que Nicole me atrajo hacia ella, me sentí aliviada. Ella me abrazó por la cintura y comenzó a sollozar desconsoladamente mientras ya la abracé y la arropé en mi pecho.
-Tranquila, cariño, aquí estoy…-le dije tranquilizándola. Lo que sirvió para que ella dejara de crear el escudo y permitir a Josh y a Edward acercarse a nosotras tranquilamente.
Cuando giré mi cabeza hacia un costado, vi el cuerpo de una joven, totalmente muerto. Y ahí fue cuando entendí de qué se había tratado todo, pero necesitaba confirmarlo.
-Nicky, mírame…-le pedí tomando su cara entre mis manos y mirando directo a sus ojos. Usé uno de mis dones para saber si era lo que yo creía que era, esperando que no lo fuera.
Al mirar a sus ojos, me metía en su cabeza y podía ver su pasado. Y lo vi todo. Vi el momento en que ella mató a la joven, sentí lo que ella sintió al oler su sangre, vi cuando ella le sacó el brazo a Jaime en un acto de defensa ya que él intento pararla y sentí el dolor que ella sintió al darse cuenta de todo lo que había echo. Lo que temía, era realidad.
Cuando volví a la realidad, cerré mis ojos frunciendo el ceño, y la abracé con todas mis fuerzas. Ella me respondió con la misma fuerza y sollozando desconsoladamente.
-L-lo...s-s-siento…-dijo entrecortadamente sin dejar de sollozar.
-Escúchame, -dije firmemente tomando su cara entre mis manos- tú no tienes la culpa de nada, ¿me oyes? –le dije seria. Ella seguía hipando- Estas cosas pasan por ser lo que somos, y no debes avergonzarte –le dije volviéndola a abrazar, mientras ella seguía hipando.
La culpa que sentía por dentro era inexplicable. Me sentía tan completa, tan feliz por haberla metido en mi mundo y sentir que, tanto ella como Jaime, estarían conmigo para siempre, que en ningún momento se me había cruzado por mi mente que algo como eso podía llegar a ocurrir.
Ella seguía sollozando desconsoladamente, y se me ocurrió decirle lo que a mí me había ocurrido para tratar de que no se sintiera tan  mal.
-Tranquila, cariño. Es común sentirse así, sabes, yo tampoco tuve opción a resistirme –le dije tratando de ocultar mis sentimientos de culpa.
Ella se separó y me miró directo a los ojos, buscando la verdad.
-¿En…s-serio? –preguntó con su carita de ángel dolida. Asentí.
-Sí, cariño, a mí me ocurrió lo mismo –le dije acariciando su mejilla- Estaba cazando y su olor apareció, de la misma forma en que te ocurrió a ti, y me dejé llevar…-le dije con media sonrisa. Ella asintió más segura y tranquila.
Llamé a Josh con una mano para que se acercara a nosotras. Cuando él llegó a nosotras, Nicole me soltó y se arrojó a los brazos de Josh. Él era su hermano mayor y se protegían el uno al otro.
“Llévala a casa, Josh” le pedí por mi mente mientras me levantaba del suelo y me dirigía al cadáver.
Cuando llegué a él, lo levanté, lo coloqué en mi hombro derecho y corrí dirección al río. Cuando llegué, me lancé al agua y nadé hacia lo profundo a enterrar el cadáver. Lo puse sobre la tierra y coloqué una gran roca encima, para que no flotara. Una vez terminado mi trabajo, volví hacia la superficie y caminé hacia Edward, que estaba esperándome fuera del río. Pero antes de llegar a él, a orillas del río, me arrodillé y comencé a sollozar. No aguantaba la angustia que sentía. Él corrió hacia mí, se arrodilló a mi lado y me abrazó.
-Tranquila, Bella –trató de calmarme Edward.
-Es…una…niña…-dije entrecortadamente.
-Lo se, pero ella es fuerte. Solo…-empezó, pero se interrumpió. Sentí su voz algo impaciente, así que me alejé a mirarlo al rostro- Tranquilízate, ¿sí? No soporto verte así…-dijo tomando mi rostro entre sus manos. Asentí volviendo a abrazarlo.
Luego de unos minutos que estuvimos abrazados, reaccioné y me levanté del agua. Tenía que ver cómo se encontraba Jaime y Nicole. Le ofrecí mi mano a Edward para ayudarlo a levantarse, aunque no lo necesitara. Él, con una sonrisa la aceptó y de la mano corrimos hacia mi casa, donde se encontraban mis hermanos.    
Unos metros antes de llegar dejé de correr, haciendo que Edward también lo hiciera.
-¿Qué sucede? –preguntó Edward preocupado.
-Nada, es solo que…ya estamos por llegar…-le dije comenzando a caminar a paso humano. El asintió y comenzó a caminar conmigo, tomados de las manos.
Era tan reconfortante volver a sentirme querida por él, que no me importaba que él no me amara. Aunque me dolía, disfrutaría de ese momento en el que él había tomado la decisión de acompañarme.
-¿Sabes que sigo preguntándome qué es lo que piensas, no? –dijo en forma de broma y con una sonrisa. Asentí riendo y recordando cuando era humana y él se desesperaba al no poder leer mi mente.
Cuando llegamos, Edward se paró en seco mirando la casa.
-¡Woow! ¿Esa es tu casa? –preguntó sorprendido. Asentí con una sonrisa mientras comenzaba a caminar hacia la puerta.
Cuando entramos, Edward se quedó más fascinado de lo que ya estaba.
-Es muy linda…-comentó mientras miraba a todos lados.
-Carmen la diseñó –le dije con una sonrisa.
-Entonces, recuérdame felicitarla si es que la llego a conocer –dijo observando todo a su alrededor.
-¿”Si es que”? Edward, es más que seguro que la vas a conocer –le dije firme. El asintió sonriendo.
-¿Lizy? –escuché la voz de Jaime que se encontraba arriba.
Tomé la mano de Edward y corrí hacia arriba, donde se encontraba Jaime sentado en el sofá. Solté la mano de Edward, me senté al lado de Jaime y lo abracé.
-¿Cómo te encuentras? –le pregunté preocupada una vez que lo solté. Edward estaba parado y apoyado en la pared enfrente de nosotros.
-Un poco mejor. Todavía no puedo mover completamente el brazo. Eleazar intentó hacer lo posible…-contestó Jaime mirando su brazo.
“Bella, sé como acomodárselo” me dijo Edward por su mente. Asentí disimuladamente, solo para que Edward se diera cuenta.
Automáticamente me colgué del cuello de Jaime, mientras que Edward se acercó y tomó su brazo.
-¿Q-que van a…-alcanzó a preguntar Jaime antes de pegar un grito de dolor y morderme el hombro.
Tuve que cerrar mis ojos para aguantar la ponzoña que Jaime hizo entrar en mi organismo al morderme. No me molestaba en absoluto que él me mordiera, al contrario, me lo merecía.
Luego de unos segundos, Jaime me dejó de morder, y lo tomé como que el dolor ya se había ido, así que me alejé para ver su rostro.
Jaime comenzó a mover el brazo normalmente, como si nada hubiera ocurrido. Una multiplicación de Jaime apareció detrás de mí moviendo el brazo, y otro más apareció cerca de donde estaba Edward, haciendo que él se sorprendiera al verlo aparecer de la nada. Tanto el verdadero Jaime como sus multiplicaciones, estaban sonriendo alegres por el echo de ya podían mover el brazo sin ningún dolor.
Las multiplicaciones desaparecieron y el verdadero Jaime saltó a mi cuello riendo alegre. Luego se fue a abrazar a Edward, que lo recibió con gusto.
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Capitulo Doce
Despedidas
Luego de terminar con toda la charla, llegó el momento de volver a casa. Los Cullen me acompañaron al porche para las despedidas. En todo el trayecto fui pensando, en como sería si entre ellos y yo estuvieran las cosas bien, en como sería volver a ser la amiga de Alice, en como sería volver a sentirme parte de su familia, en como sería volver a ser la novia de Edward…
Fui pensando en todo eso hasta que llegamos al porche, donde me giré a despedirme de ellos. Tenía intención de que la despedida fuera corta y sencilla, pero algo dentro de mí me pedía que dejara de pensar en el pasado y que me centrara en el presente, y el futuro. Y eso fue lo que hice.
Alice me miraba con impaciencia y daba pequeñísimos saltitos en su lugar, al lado de Jasper, como si tuviera ganas de hacer algo, pero otra cosa se lo impedía; y allí entendí. Ella quería abrazarme como despedida, pero no se animaba. Al menos eso decía en su mente.
Comencé a reírme de ella al verla de esa forma; y en ese momento tomé una decisión…dejar de lado mi estúpido orgullo.
Miré a Alice antes de dirigirme a ella.
-Adelante, Alice –dije abriendo mis brazos y con una gran sonrisa en el rostro- Sé que quieres un abrazo de despedida.
-¡Bella! –gritó con una sonrisa de oreja a oreja mientras corría a abrazarme. Los demás reían ante la forma de expresarse que tenía Alice.
Nos abrazamos durante un largo tiempo, había extrañado demasiado a mi mejor amiga.
-No tienes idea lo feliz que estoy, Bella –dijo abrazándome más fuerte.
-No tienes idea lo bien que se siente volver a recuperar a tu mejor amiga –le contesté con una sonrisa.
Ella se separó para mirar mi rostro. Al darse cuenta que lo decía en serio, pegó un grito de alegría, me volvió a abrazar y comenzó a dar saltitos. Comencé a reírme mientras saltaba con ella. Parecíamos dos niñas en vez de dos adultas.
-Alice, tengo que despedirme de los demás…-dije dejando de saltar.
-Ups, cierto…-dijo soltándome y dándome un beso en la mejilla. Reí sin poder evitarlo.
Alice se alejó y se colocó al lado de Jasper, que me miró con una sonrisa dubitativa antes de hablar.
-Espero que todo ya esté perdonado entre nosotros…-comenzó, pero no lo dejé terminar. Alice, entre medio de lo que Jasper iba diciendo, me pidió que lo abrazara. Y así lo hice. Lo abracé por el cuello ante la aprobación de Alice. Jasper al principio no contestó a mi abrazo, pero dos segundos después, pasó sus brazos por mi cintura devolviéndomelo.
-Espero que con esto entiendas que ya te perdoné, Jasper –le dije alejándome un poco para mirarlo, pero sin soltar nuestro abrazo.
Él asintió con una sonrisa. Le di un beso en la mejilla antes de soltarlo y caminar hacia Emmet, que se encontraba al lado. Él abrió sus brazos, dándome a entender que lo que quería era un abrazo. Con una sonrisa, lo abracé por el cuello, mientras que él me abrazaba por la cintura y me alzaba. Todos comenzamos a reír, yo ante lo feliz que estaba, y los demás seguramente ante lo tan propio de Emmet.
Luego de que Emmet me devolviera al suelo, tenía intención de saltear a Rosalie, que se encontraba al lado de Emmet, ya que seguramente ella no se sentiría cómoda con la situación. Pero una vez más, me sorprendió su reacción.
Cuando Emmet me soltó, pasé por el lado de Rosalie y le dediqué una sonrisa dubitativa, y pretendía seguir a Esme, que se encontraba a su lado, pero antes de llegar a ella, Rosalie me habló.
-Bella, -me llamó antes de llegar a Esme. Me giré y la miré con suma atención- Sé que en el pasado no nos llevábamos bien, o mejor dicho, no me caías bien –dijo seriamente- Pero, como dije, fue antes, en el pasado –aclaró con una sonrisa- Me gustaría que empezáramos de nuevo…¿qué dices? –dijo estirando su mano hacia a mí. Asentí con una sonrisa y estrechando su mano.
Luego pasé a Esme, que con una gran sonrisa me abrazó.
-Lamento haber sido tan fría al comienzo…-me disculpé con ella mientras le devolvía el abrazo.
-Está bien, cariño. Es entendible…-me contestó alejándose y dándome un beso en la mejilla.
Luego pasé a Carlisle, que de la misma forma, me abrazó. 
-Sabes que siempre serás bienvenida en esta casa, y me encantaría que volvieras –dijo antes de darme un beso en la frente. Asentí con una sonrisa.
El último que quedaba era Edward. Me acerqué a él, que estaba serio, y lo miré a los ojos perdiéndome en ellos. Esos ojos color dorado que cuando era humana me hacían suspirar con solo una mirada, esos ojos con los que en ese momento me hacían delirar. Él, en ningún momento apartó sus ojos de los míos, y sin pensarlo ni una vez más, me colgué de su cuello, necesitándolo cerca. Él, sin siquiera meditarlo, me abrazó fuerte por la cintura, devolviéndomelo.
No sabía exactamente hacía cuánto tiempo había pasado, lo único que sabía era que no quería que me soltara, y por lo que veía, él tampoco. Luego de un rato, me alejé un poco, pero sin soltar nuestro abrazo, necesitaba mirarlo a los ojos, necesitaba saber si él me quería. Él me miró con dulzura, alegría y…amor.
Eso me dejó totalmente confundida. ¿Acaso él no me había dejado porque no me amaba? Y si había sido así, ¿por qué sus ojos me decían otra cosa? No entendía absolutamente nada. 
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