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lunes, 6 de junio de 2011

Capitulo Cuatro
Chica atrevida
Bella POV
Félix no dejaba de mirar mi cuerpo con deseo, aunque también sus ojos detonaban miedo y vergüenza. Inútil.
Me acerqué a él, lo tomé del cuello y lo besé, en la propia nariz de Victoria. Mis amigas se pararon en seco sorprendidas, aunque seguían demostrando firmeza; cuando se dieron cuenta de mi plan, comenzaron a sonreírles a sus presas. Besé a Félix de la misma forma en que lo hice con aquél desconocido en el bar, pero no eran los mismos suaves y carnosos labios que provocaron que tuviera un sueño húmedo esa misma noche. Así que me imaginé esos labios, y lo besé con más fuerza mientras el idiota de Félix me seguía, al menos hasta que se escuchó el grito de Victoria y él reaccionó, empujándome para que lo soltara.
-¿Qué demonios haces? –me preguntó enojado cuando lo solté.
-Félix, cariño, ¿qué no te acuerdas de mí? –le pregunté haciéndome la confundida- ¿O tengo que recordarte la maravillosa noche que pasamos juntos? –dije guiñándole un ojo con una sonrisa picara. Automáticamente, él miró a Victoria.
-Cariño, -dijo antes de que ella lo interrumpiera.
-Creí que me amabas –dijo con los ojos llenos de lágrimas- ¡Eres un idiota! –gritó la pelirroja antes de estampar su mano en la mejilla derecha de Félix y salir corriendo seguida de sus plásticas.
-Me dijiste que no tenías novia, imbécil –dije antes de descargarme y darle un cachetazo en su mejilla izquierda- Eso es para que se empareje lo colorado –dije y lo empujé para pasar entremedio de todo ese grupo seguida de Alice y Rose.
Una vez que estuvimos afuera de la cafetería comenzamos a reír a carcajadas las tres juntas. Mi plan había resultado ser todo un éxito.
-¿Qué dicen si para festejar  que acabamos con el reinado de la plástica de Victoria vamos a mi casa y comemos algo? –preguntó Alice una vez que calmamos nuestras risas.
-Yo estoy de acuerdo, -no tardó en responder Rosalie. Noté un brillo especial en sus ojos y su impaciencia.
-¿Por qué tanta alegría, Rose? –le pregunté juguetona.
-Amm, creo saberlo…-contestó Alice con una sonrisa pícara- Verás, Bells. Tengo dos hermanos mayores, y ¡Oh, casualidad! –sobreactuó Alice juntando sus manos- ¡A Rose le gusta el mayor! –Alice y yo comenzamos a reír a carcajadas mientras Rosalie rodaba sus ojos.
-Muy graciosas, -dijo mientras emprendíamos camino hacia nuestros casilleros.
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-¿Esta es tu casa? –pregunté cuando Rosalie aparcó su descapotable rojo en el porshe de aquella lujosa casa de tres pisos, con enormes ventanales de vidrios, y un hermoso jardín lleno de flores al frente.
-Es realmente útil tener un padre que es el director del hospital más utilizado en Forks y que tu madre sea una reconocida diseñadoras de interiores, ¿no Alice? –preguntó sarcástica Rosalie. Alice asintió con una orgullosa sonrisa mientras las tres bajábamos del auto.
Alice prácticamente corrió hacia la entrada para abrir la puerta con su llave, mientras Rose me esperaba, y una vez que llegué a ella, entrelazó su brazo con el mío y seguimos a Alice. El interior de aquella lujosa mansión me había dejado sin habla, se notaba a leguas la cantidad de dinero que poseían los padres de Alice y sus hermanos.
Cuando llegamos a la sala del segundo piso, tres jóvenes estaban sentados en un hermoso sofá negro frente a un televisor jugando videojuegos, pero ese trío totalmente concentrado en el juego nos daban la espalda, por lo que no pude ver sus rostros, pero sus cabellos me parecían conocidos. Uno, más específicamente el que estaba a la izquierda, tenía el pelo negro; el del medio, un extraño color cobrizo; y el de la derecha, rizos rubios.
No sabía por qué, pero me sonaban muy conocidos. 
-Papá los matará por no haber ido hoy al Instituto…-dijo Alice mientras dejábamos nuestras mochilas a un lado contra la pared.
-Como si realmente le importara lo que hacemos o dejamos de hacer –dijo una voz aterciopelada que hizo que mis piernas temblaran.
En eso, uno de ellos se paró. Era el de pelo negro que estaba a la izquierda. Su cuerpo era enorme, casi como un oso. Mi mente rebobinó automáticamente, y encontró a aquel hombre del bar. ¡Oh, mi Dios!
El gran oso fue hasta la PlayStation para cambiar de juego, pero cuando se dio vuelta se quedó petrificado mirándome, al igual que yo a él. ¡Ese era el mismo chico que estaba con el dios griego al cual besé!
-Oh…mi…Dios…-dijo mientras una divertida sonrisa aparecía en su rostro, formando unos hermosos hoyuelos, como aquella vez- Miren a quién tenemos aquí…-automáticamente, los otros dos chicos se giraron curiosos a ver de quien hablaba el gran oso.
Ambos se pararon de inmediato al verme, y sonrisas aparecieron en sus rostros mientras yo no salía de mi petrificación. No solo por haberme encontrado con ellos, sino porque ¡ellos eran algo de mis amigas!
-Alice, por favor dime que ellos no tienen nada que ver contigo…-le susurré antes de que ella corriera a abrazar al cobrizo y al pelinegro.
-Bella, te presento a mis hermanos, –dijo entrelazando su delgado y delicado brazo con los recién abrazados- Emmet, -dijo señalando al pelinegro que me sonrió divertidamente- y Edward –el cobrizo me guiñó el ojo seductoramente con una hermosa sonrisa torcida que hizo que comenzara a delirar.
-Y yo te presento al mío, -dijo Rosalie entrelazando su brazo con el de rizos dorados- Jasper, -el de la mirada felina se paró derecho y con solo una de esas miradas asechadoras hizo que me mojase al instante, sin siquiera haberme tocado.
De repente, todo comenzó a girar, todo me empezó a pesar sobre mi espalda, hasta que todo se volvió negro, empujándome a la inconsciencia.
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Sentía mi cabeza partirse a la mitad, como si fuera una mañana luego de mis alteradas noches llenas de alcohol y drogas. Gemí del dolor mientras de a poco comenzaba a abrir mis ojos. Noté que estaba recostada sobre algo demasiado suave.
-Hey, chica atrevida…-dijo una voz aterciopelada con total suavidad y casi en un susurro.
Abrí completamente mis ojos para encontrarme con el dios griego arrodillado a mi lado mirándome con dulzura y con deseo al mismo tiempo.
-¿Qué hago aquí? –pregunté intentando levantarme de aquella cama, que justo en ese momento noté que las sabanas eran negras y de seda.
-Te desmayaste, -dijo mientras yo me ponía en pie. No tuve mejor idea que justo perder el equilibrio, y el cobrizo no tardó en atraparme en sus reconfortantes brazos, tomándome por la cintura- y veo que aún sigues débil…–dijo sonriendo divertido con sus labios muy cerca de los míos- Dime, ¿comiste algo? –preguntó levantando una de sus cejas dejando ver el doble sentido, y haciéndolo ver más sexy de lo que ya era.
-¿Qué? ¿Eres mi padre ahora? –pregunté provocándolo mientras me paraba derecha, demostrándole que ya estaba bien, pero él no me soltaba de la cintura.
-Sonaría muy depravado que una hija ande besando a su padre, ¿no lo crees? –contestó con sus labios rozando los míos.
Sabía perfectamente lo que hacía, se estaba vengando por lo del bar. Yo no pensaba quedarme de brazos cruzados, si él quería jugar, podríamos jugar de a dos.
-¿Únicamente besándose? –le pregunté tocando con la punta de mis labios los suyos mientras comenzaba a caminar hacia la cama- ¿O crees que harían algo más? –susurré seductoramente en su oído antes de sentir la fuerte inspiración que él realizaba para no perder el control. Sonreí satisfecha antes de empujarlo y que callera recostado sobre la cama de seda. Le guiñé un ojo antes de girarme y salir de aquella habitación.
Llegué a unas escaleras las cuales bajé, a pesar de no conocer la casa pude llegar sin ningún problema hacia la sala en la que me había desmayado. Pero todo estaba vacío y en silencio, al menos hasta que lo escuché al cobrizo bajar las escaleras.
-¿Dónde están Alice y Rose? –le pregunté girándome hacia él. Su mirada era divertida y al mismo sus ojos desprendían deseo.
-No están, -escuché una voz firme y melodiosa a mi espalda.
Me giré y vi una puerta abierta, que daba a una cocina. Entré en aquella habitación y me encontré con el rubio apoyado en una pared que al lado tenía una ventana abierta, por la cual botó el humo del cigarrillo que tenía en su mano.
-¿Dónde están? –pregunté acercándome a él sin miedo.
Cuando llegué a él, le quité el cigarrillo de su mano y lo llevé a mis labios para inspirar de aquel humo que hacía mucho tiempo había dejado por las pastillas. Tanto el rubio como el cobrizo me miraron asombrados.
-Se fueron con Emmet a comprar algo para cenar –dijo el rubio sin dejar de mirarme cuando boté el humo por la ventana. Lo miré de reojo y le guiñé un ojo, a lo que él me sonrió cómplice, aunque pensándolo mejor, creo que esa sonrisa no fue para mí.
Luego, todo ocurrió muy rápido. Jasper me quitó el cigarrillo de las manos y lo llevó a sus labios, llevando aquel humo a sus pulmones, mientras dos fuertes y familiares manos me tomaron por la cintura. En ese instante supe que era el cobrizo, gracias a su aroma a lilas y miel entremezclado. El cobrizo me pegó a su pecho sin decir una palabra, sentía su respiración en mi cuello, y dos segundos más tarde, comenzó a besarlo, dejando pequeños besos húmedos por toda su extensión haciendo que mis piernas comenzaran a flaquear gracias al placer que me provocaba. No tuve más opción que cerrar mis ojos y disfrutar de las sensaciones, debía admitirlo, me excitaba que él estuviera haciendo eso mientras el rubio miraba.
Abrí mis ojos de golpe cuando sentí una presencia frente a mí, demasiado cerca…era el rubio. Su aroma a vainilla entremezclado con algo cítrico me embriagó completamente cuando tuve tanto su rostro como su cuerpo demasiado cerca de mí. Él comenzó a acariciar mis brazos suavemente mientras el cobrizo apretaba su agarre en mi cintura y de vez en cuando mordía mi cuello sensualmente. Ambos me estaban llevando a la locura, y lo sabían perfectamente. 
Una de las manos del rubio tomó mi mandíbula con delicadeza, levantándola para que mis labios quedaran más a la altura de los suyos; su mirada felina con ojos totalmente poseídos por el deseo hicieron que mis piernas temblaran por el placer, aparte de que la lengua del cobrizo en mi punto débil, o sea mi cuello, estaba llevándome al paraíso.
-Abre la boca, chica atrevida –susurró el cobrizo en mi oído seductoramente mientras el rubio rozaba sus labios contra los míos. Aún no entendía qué pretendían.
Abrí mi boca lentamente, y cuando estuvo lo necesariamente abierta, que no fue tanto, el rubio soltó el humo del cigarrillo de su boca, depositándolo en la mía. Tan solo el pensar en esa imagen tan erótica, hizo que me mojara. Una vez que lo depositó por completo en la mía, le guiñé un ojo cuando se apartó solo unos centímetros y moví mi rostro a un lado para botar el humo en el aire.
De repente, el ruido de una puerta abrirse y muchas risas llenar el lugar, hizo que ambos me soltaran y se alejaran completamente. Estaba demasiado excitada como para moverme o siquiera reaccionar, solo lo hice cuando mis amigas y el pelinegro entraron en la cocina riendo.
-¡Bella! –gritó entusiasmada Alice cuando me vio parada. Respiré profundamente antes de girarme y sonreírle intentando aparentar normalidad.
-¿Cómo te sientes, Bells? –preguntó Rose preocupada.
-No se alarmen, estoy bien –dije acercándome a ellas y abrazándolas- Solo fue una bajada de tensión, eso es todo –dije una vez que las solté mientras iba hacia la sala y buscaba mi mochila, seguida de todo el grupo.
-¿A dónde vas? –preguntó confundida Alice.
-Debo irme, ya es tarde –contesté mirando hacia la ventana, la cual mostraba que ya la luna estaba apareciendo- ¿Puedes llevarme, Rose?
-Amm…de hecho, tuve un pequeño percance con mi descapotable –dijo realmente apenada- No sé qué demonios le ocurre, no quiere encender…-asentí sonriendo.
-Está bien, cariño. Una caminata al aire libre no viene del todo mal…-dije guiñándole un ojo.
-En realidad, yo puedo llevarte –dijo el cobrizo sonriéndome ladinamente- Mi auto está en el garaje, solo dame unos minutos así lo saco.
-Yo tengo mi auto afuera, no creo que deberías molestarte, Edward –dijo el rubio mirándome con esa mirada felina que me ponía los bellos de punta.
-Mi Ducati aún está en marcha –dijo el pelinegro con total confianza, mostrando la diferencia entre lo que es estar desesperado y lo que es la gentileza- Tengo que irme, si quieres puedo llevarte de paso –juro que en ese momento escuché dos gruñidos desde el fondo, donde justo estaban el rubio y el cobrizo.
-Okey, tú ganas –dije tomándolo del brazo y arrastrándolo a la salida- ¡Nos vemos mañana, chicas! –les grité a mis amigas desde la puerta de salida.
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Chicas!!! La imagen de portada de este cap se las debo!! Es que ando con un poquito de prisa, asique... ;) Espero les guste!!! ;)
Las kiero!!!
Ally**

miércoles, 1 de junio de 2011

Bella POV
-Oh…mi…Dios…-dijo mientras una divertida sonrisa aparecía en su rostro, formando unos hermosos hoyuelos, como aquella vez- Miren a quién tenemos aquí…-automáticamente, los otros dos chicos se giraron curiosos a ver de quien hablaba el gran oso.
Ambos se pararon de inmediato al verme, y sonrisas aparecieron en sus rostros mientras yo no salía de mi petrificación. No solo por haberme encontrado con ellos, sino porque ¡ellos eran algo de mis amigas!
-Alice, por favor dime que ellos no tienen nada que ver contigo…-le susurré antes de que ella corriera a abrazar al cobrizo y al pelinegro.
-Bella, te presento a mis hermanos, –dijo entrelazando su delgado y delicado brazo con los recién abrazados- Emmet, -dijo señalando al pelinegro que me sonrió divertidamente- y Edward –el cobrizo me guiñó el ojo seductoramente con una hermosa sonrisa torcida que hizo que comenzara a delirar.
-Y yo te presento al mío, -dijo Rosalie entrelazando su brazo con el de rizos dorados- Jasper, -el de la mirada felina se paró derecho y con solo una de esas miradas asechadoras hizo que me mojase al instante, sin siquiera haberme tocado.
De repente, todo comenzó a girar, todo me empezó a pesar sobre mi espalda, hasta que todo se volvió negro, empujándome a la inconsciencia...

Capitulo Tres
Nueva Alianza
Bella POV
-Así que tú eres Isabella…–dijo una chica pelirroja entrando en mi habitación- Te imaginaba más linda –dijo mirándome de arriba hacia abajo. ¡¿Quién demonios se creía que era?!
-¿Disculpa? ¿Y tú quién demonios eres? –le pregunté rebajándola con la mirada.
-Victoria, la hija de Carmen –dijo estirando su mano hacia mí, la cual miré con desprecio sin si quiera mover un mísero musculo con intención de generar contacto.
-Así que tú eres la hija de la zorra –dije cruzándome de brazos con una sonrisa falsa- Eres su clon, solo que en versión pelirroja. Aún más zorra que ella –comenté riendo mientras me giraba a seguir con el desempaque de mis maletas.
-Ten cuidado como me hablas –dijo empujándome con una sonrisa de superioridad.
Me giré hasta quedar al frente suyo, y una vez que lo estuve, la empujé con fuerza. Su espalda chocó con la puerta de mi armario, y cayó al suelo adolorida.
-Tú ten cuidado de cómo te comportas conmigo –dije agachándome hasta quedar cerca de su rostro- No me conoces, zorra –me acerqué a su oído dispuesta a infundirle miedo- Y si quiero, puedo ser tu peor pesadilla –ella tembló ante mis palabras antes de levantarse e irse corriendo de mi habitación. CONSEGUIDO. Zorra hija espantada, aún quedaba la zorra madre.
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-Compórtate, Isabella –dijo Charlie serio mientras aparcaba su auto en la puerta del Instituto.
-Sí, lo que tu digas, Charlie –dije acomodándome el cabello antes de salir del auto y cerrar la puerta.
-Hablo en serio, Bella –gritó desde adentro del auto mientras yo comenzaba a caminar en dirección al Instituto. Levanté mi pulgar hacia el cielo, contestando a su comentario, sin girarme a él. Aún seguía enojada con él.
Luego de mi “escenita” en el bar, Charlie me había castigado adelantando el plazo a la entrega de mi propio auto, a lo que la muy zorra de su prometida, Carmen, había reído por lo bajo cuando él me informó del castigo. Maldita. Seguramente había sido su idea.
Entré al Instituto a grandes zancadas, aún tenía que ir a secretaría a pedir mis horarios y las llaves de mi casillero. Una vez que me los entregaron, me fijé cuál era mi primera clase. Ballet. ¡Genial! Al menos enseñaban algo decente en ese colegio. Corrí hacia los vestuarios al fijarme en la hora, eran las 7:25 y la clase comenzaba a las 7:50.
¿Olvidé mencionar que tardo cerca de una hora para alistarme? Creo que lo olvidé. Corrí lo más rápido que pude, y tarde únicamente cinco minutos en llegar, y diez más en alistarme. ¡Todo un record para Isabella Swan! Tomé mi Ipod, y me dirigí al salón donde Judith, la secretaria, me había informado que se realizaban las clases de ballet.
Llegué al salón, pero era la única, aún no llegaba nadie. Por lo que no le vi nada de malo encender mi Ipod, colocarme los auriculares y comenzar a calentar. Al principio, realizaba los básicos pasos del ballet, los clásicos y aburridos pasos. Hasta que en un momento, me cansé de ellos, y comencé a bailar olvidándome de todos los estrictos pasos, comencé a hacerlo dejándome llevar por el momento, las melodías, y por lo que mi cuerpo sentía.
Cuando la melodía comenzó a terminar, mi cuerpo fue realizando pasos leves que seguían la misma, terminando al mismo tiempo con una delicada pose de ballet. No me di cuenta de que ya no estaba sola hasta que comencé a escuchar como muchos aplausos y silbidos llenaban el lugar. Me giré quitándome los auriculares para encontrarme con las profesoras y las demás alumnas realizando esas acciones. Sonreí tímidamente.
-Tú debes ser Isabella Marie Swan –dijo una de las profesoras caminando hacia mí con una sonrisa de oreja a oreja y un brillo especial en sus ojos.
-Así es, -afirmé estrechando su mano cuando ella la estiró hacia mí.
-Me dejaste sin aliento, lo que acabas de hacer fue asombroso –dijo con aire soñador llevando sus manos a su pecho, justo en el lugar donde se encuentra el corazón.
-¡Sí! ¡Fue hermoso! –comentó una chica menudita, de cabello negro con sus puntas señalando distintas direcciones.
-Gracias, -les contesté con una sonrisa mientras otras de las chicas se me acercaban a halagarme.
-Bueno, veo que tenemos a una profesional entre nosotras –comentó otra de las profesoras sonriendo con la misma admiración que las otras.
Algo me decía que sería muy odiada con el tiempo…
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-Entonces, eres de Phoenix, ¿cierto? –me preguntó Riley, el capitán del equipo de bascket.
-Así es, -contesté con una sonrisa antes de darle un mordisco a mi porción de pizza.
Estaba en la cafetería junto con Alice, la chica menudita, y Rosalie, su hermana. Ella era una modelo sacada de la más cara de las revistas sobre moda y belleza; su cabello rubio cayendo en cascada por su espalda, era la envidia para cualquier adolescente de nuestra edad; sus marcadas curvas hacían que cualquier chica quisiera morir y volver a nacer; sus ojos celestes como el mar, al igual que los de Alice, era profundos y delicados al mismo tiempo.
Alice, a pesar de ser menudita, tenía unas curvas parecidas a las de Rosalie, su melliza; su sonrisa era encantadora y tenía esa intuición sobre las cosas que la hacía aún más especial.
-Vaya, vaya, vaya…-comentó una voz seguida de varias risas.
¿Por qué esa voz me sonaba muy conocida? Me giré para comprobar si era esa persona que creí, y bufé rodando mis ojos al comprobar que sí era.
-Veo que ya encontraste a tu grupo de arpías –dijo mientras las demás chicas que estaban con ella reían ante el chiste que yo no le vi gracia, al igual que Alice y Rose.
-Veo que conseguiste amigas de tu misma especie –comenté mientras me levantaba de mi asiento, al mismo tiempo que Alice y Rose.
Alice se paró a mi derecha, y Rosalie a mi izquierda, dejándome a mí en el medio. Victoria estaba al medio de las otras dos rubias plásticas que se reían por nada.
-¿Qué quieres decir con eso? –preguntó la rubia que se encontraba a la izquierda de Victoria.
-Oh, lo siento, debe ser difícil entender algo como lo que dije para una plástica sin cerebro como ustedes –dije haciéndome la preocupada mientras mis amigas se reían y la mayoría de los presentes en la cafetería- Lo explicaré mejor para que tus plásticas puedan entenderlo –le dije a Victoria parándome sensualmente como lo hacía siempre- Veo que ya conseguiste a zorras como tus amigas, o sea de tu misma especie –todos en la cafetería comenzaron a reírse.
-Esto no se queda así, Isabella –dijo Victoria acercándose a mí como si me intimidara.
-Te estaré esperando, plástica –le contesté cerca de su rostro con una sonrisa de superioridad. Ella resopló y se fue corriendo seguida de sus “amigas”.
Cuando me giré, Alice y Rosalie me atraparon en un abrazo tritura costillas mientras las tres reíamos animadamente.
-¿Tienes idea de cuánto deseábamos quitarnos de encima a esa zorra? –preguntó irónicamente Alice suspirando aliviada.
-¿Victoria? No es más que una simple niña mimada y consentida de mami que siempre obtiene lo que quiere, pero yo le demostrare lo que es que te quiten todo lo que es de uno…-dije más para mí que en respuesta a la pregunta irónica de Alice.
-Y creo que sé por donde puedes empezar…-susurró Rosalie cerca de mi oído justo antes de decirme que Victoria tenía novio.
Alice, Rose y yo, sonreímos maliciosamente. Las tres habíamos tenido el mismo malvado pensamiento. Pero mi atención se fue completamente cuando lo vi entrando en la cafetería seguido de otros estudiantes. Todos reían animadamente, hasta que él me vio parada y se paró en seco sorprendido. Mi ira creció cuando nuestros ojos se encontraron, cuando volví a ver esos negros ojos que me quitaron mi inocencia.
-Bella, ¿qué ocurre? –preguntó Alice preocupada al notar mis manos cerradas en puños.
Su voz me sonó distante, lejana, como si no estuviera allí, o como si fuera un pensamiento. Lo único que sentía era ira, que crecía desde las puntas de los dedos de mis manos y pies y que subía por todo mi cuerpo. Lo único que quería hacer en ese momento era correr a él y dejarlo castro, como castigo a lo que me hizo, pero un vengativo plan se produjo en mi mente cuando lo vi tomado de la mano de Victoria.
Rosalie comenzó a reír cuando vio la imagen delante de mí. –El plan comenzó, ¿cierto Bells? –preguntó acomodándose el cabello visualizando a su presa, el novio de una de las rubias plásticas.
-Así es, Rose –dije pasando mis manos por el costado de mi cuerpo acomodando mi ropa, y haciéndolo a propósito ya que Félix no quitaba su mirada de mi cuerpo.
-Al ataque, niñas –dijo Alice mordiendo su labio inferior mientras miraba al novio de la otra rubia plástica.
-Mataré dos pájaros de un tiro –susurré para mí misma mientras empezaba a caminar hacia donde estaban Félix y Victoria seguida por Alice y Rose.
Las tres caminábamos sensualmente, contorneando nuestras cinturas de un lado a otro como si estuviéramos en una pasarela y todos se babearan por nosotras. Y la realidad era que eso mismo estaba ocurriendo, todos los estudiantes nos seguían con la mirada sin importarles sus novias o amigas. De ahora en más, seríamos el trío invencible, el trío más deseado por todos, el trío del cual cualquier chica querría formar parte. De ahora en más, seríamos respetadas hasta por las porristas.
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Bueno chicas!! Espero les guste este cap!! Lamento no haber podido subir nada el finde semana como habia prometido, pero hubo cambio de planes, =/
Se me cuidan, sip?? :D
Ally**

jueves, 26 de mayo de 2011


 Bella POV
-Mi turno –dijo Edward acercándose a mí en silencio, para luego comenzar a rodearme con movimientos felinos y atentos, como un puma. Sabía lo que intentaba hacer, quería intimidarme.
Ambos amagábamos el uno al otro mientras acortábamos la distancia, hasta que él se lanzó sobre mí con rapidez y destreza. Pero él no estaba acostumbrado a mis movimientos, por lo que cada vez que él lograba rozarme, me escabullía de sus brazos como gotas de agua. Y cada vez que yo lograba estar cerca de él y atraparlo, se giraba o se movía justo cuando me faltaban milímetros de llegar a él. Ambos teníamos mucha rapidez, por lo que se escuchaba lo protesta de algunos de los presentes por no poder ver claramente lo que ocurría.
-Okey, niños, dejémoslo como un empate –dijo Carlisle interceptando la lucha.
Reí mirando a Edward y asentí al mismo tiempo que él, mientras ambos girábamos dándonos la espalda. Aproveche para girarme de nuevo hacia él y atacarlo, pero su fuertes brazos me atraparon levantándome del suelo, haciendo que no pudiera mover mis brazos atrapados entre los suyos.
-No debo confiar en mi oponente –dijo sonriendo engreído antes de guiñarme un ojo y depositar un tierno beso sobre mis labios. Sonreí correspondiéndole.
Casi todos comenzaron a aplaudir riendo mientras Edward me soltaba y volvía a su lugar.
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Bueno mis niñas, aqui viene la explicacion...
Este seria uno de los caps que seguiria si mi blog no se hubiera borrado, por lo que este fin de semana, publicare todos los que faltan para llegar a este, asi que no se sorprendan cuando vean todos caps de Mi segunda vida... =)
Jaajajaja..bueno, espero les guste!
Besoos!! Las kiero!!
Ally**
Capitulo Dos
Juego de miradas
-¿Crees que lo notaran? –me preguntó Jane con una sonrisa divertida mientras esperábamos a que nuestras maletas aparecieran.
-No lo sé, -contesté antes de soltar una risa idiota, seguida por la suya.
Definitivamente, no esperaba que ella viniera de San Francisco, y menos que en ese maldito lugar vendieran los mejores “caramelos” que haya probado en mi puta vida, al menos desde que comencé con ello.
Una vez que encontramos nuestras maletas, salimos de aquel lugar riendo como estúpidas, y gracias a eso, un guardia nos siguió con la mirada hasta que desaparecimos del lugar.
-¡Bella! –escuché una voz masculina a lo lejos. Comencé a buscar al dueño girándome hacia todos lados, y no me sorprendió en absoluto al ver a Charlie, mi padre, agitando un cartel sobre su cabeza que decía “Bienvenida a casa, mi niña”, con una gran sonrisa pegada en su rostro. Reí por esas acciones tan típicas de Charlie, y por el efecto de las drogas. Eso me gustó, duraban aún más que las mías.
-Hey, -susurró Jane en mi oído mientras sentía como ella movía mi mochila colgada en mi espalda- lo necesitarás más que yo…–ella me guiñó un ojo antes de darme un beso en la mejilla como saludo y perderse entre la gente. Sacudí mi cabeza antes de comenzar a caminar hacia Charlie.
-Hola, cariño –me saludó Charlie mientras depositaba un beso en mi mejilla y bajaba el cartel hasta el suelo.
-Hola, papá –no podía no llamarlo por lo que él era en realidad. A pesar de que no tuviéramos mucho contacto, él no dejaba de ser el que introdujo sus “pequeñas semillas” en Renné para así crearme a mí. En pocas palabras, el era mi Padre, me gustara o no.
Charlie tomo mis maletas luego de entregarme el cartel. Dejándome a mí, únicamente, llevar mi mochila y el cartel mientras él llevaba mis dos enormes maletas.
-Por lo que veo, planeas quedarte bastante tiempo –comentó con una sonrisa y remarcando el “bastante”.
-Si no quieres que me quede, mañana mismo vuelvo con Renné –su sonrisa desapareció y me miró casi con suplica- Tranquilo, solo bromeo –aclaré guiñándole un ojo y sonriéndole. El suspiró tranquilizándose y murmurando para sí mismo “adolescentes” mientras sacudía su cabeza.
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-¿Qué dices si paramos a comer algo? –preguntó Charlie rompiendo con ese silencio tan cómodo en el que íbamos en su auto, un flamante Volvo negro.
-Okey, -dije sonriendo. No me iría mal comer algo, a decir verdad, creo que no había comido desde el desayuno de hacía un día y medio atrás.
Paramos en un gigantesco bar, de esos que únicamente van las personas con dinero, o maridos con sus amantes, e inclusive prostitutas -en pocas palabras putas-, a buscar algún cliente borracho o que necesitara de sus servicios. Me sorprendí al verlas allí, pero es que no me había percatado de que ya estaba anocheciendo. Con razón, ya había llegado la hora de “¡gatos al ataque!”.
-¿Qué vas a pedir, Bells? –me preguntó Charlie mientras le echaba una ojeada al menú del día.
-No lo sé, -contesté levantando mi mirada justo cuando unos ojos color dorado se encontraron con los míos.
Casi caigo de mi asiento al ver a aquel dios griego entrando por la puerta del bar acompañado de dos hombres más, uno más bueno que otro.
Uno de ellos, era enorme, casi como un oso, y su cabello era negro; tenía ojos color verde agua que detonaban diversión; sus músculos podías verlos desde kilómetros de distancia por lo grandote que era; la parte inferior de su cara estaba cubierta por una delicada barba que lo hacía ver extremadamente sexy, aparte de esos hoyuelos que se formaban en sus mejillas cada vez que sonreía. El otro, era mediano, con rizos dorados cayendo por su rostro; sus ojos color miel te derretían; y su mirada felina acechando a la mía cuando nuestros ojos chocaron, hicieron que mis piernas temblaran, pero no del miedo, sino del imaginarme lo que sería una noche con aquel hombre.
Pero, a pesar de todo, ninguno de esos sexys hombres se comparaban al dios griego de ojos dorados. Tenía algo, no solo en su forma de pararse, como si no le importara nada, sino hasta en la forma en que me miraba, como si fuera de su propiedad, como si nos conociéramos de toda la vida, que me llamaba, me atraía.
Le sonreí tentativamente al notar que sus ojos no dejaban los míos. Siempre tomé como juego el mirar fijamente a alguien que me estuviera mirando. Y así lo miraría, hasta que se sintiera intimidado y quitara su mirada de mí. Mientras tanto, vería cuánto duraría, muchas veces, en los hombres, con solo una mordida a mi labio inferior, bastaba para que se sintieran demasiado excitados y se fueran del lugar hiperventilándose.
Me sorprendí cuando vi una sonrisa torcida curvar su rostro ante mi sonrisa y un guiño departe de él fuera hacia mí, como si estuviera adivinando mi juego.
-¡Isabella! –me llamó mi padre exasperado.
-¿Qué? –le contesté sacudiendo mi cabeza, volviendo a la realidad.
-¿Tengo que volver a repetirte la pregunta? –preguntó molesto.
-Lo siento, -me disculpé volviendo mi mirada a aquel hombre que se reía de lo que había ocurrido con una sonrisa arrogante mientras se sentaba en su mesa con sus amigotes. Punto para él. Suspiré pesadamente- ¿decías? –le pregunté a Charlie sonriéndole, aparentando “niña indefensa e inocente”. Él sacudió su cabeza riendo y bajando su mirada al menú.
Volví mi mirada al dios griego y le guiñé un ojo relamiendo mis labios. Su sonrisa desapareció completamente y se removió inquieto en su asiento mientras me miraba, mientras los otros dos sexys acompañantes se reían de él. Punto para mí.
-Vamos uno a uno, cariño –articulé perfectamente con mis labios en su dirección antes de guiñarle en ojo y que Charlie alzara su vista a mí, pero con tiempo de sobra para que yo pudiera volver a mi papel de “niña indefensa e inocente” que siempre protagonizaba con Charlie.
-Bella, tengo que informarte de algo –dijo justo cuando una mujer rubia, vestida como adolescente, y con más cirugías en su rostro que Michael Jackson (sin ofender), apareció gritando emocionada.
-¡Amor! -dijo la mujer justo cuando Charlie se levantó de su asiento, antes de besarlo en los labios.
Una extraña adrenalina comenzó a recorrer mi cuerpo, pidiéndome a gritos que saltara encima de ella y le arrancara todo su cabello, que seguramente era una peluca, y que le desfigurara todo su rostro lleno de Bótox y estiramiento de piel que intentaban ocultar su vejez. Tomé los brazos del asiento, casi clavando mis uñas en él, mientras apretaba con fuerza la mandíbula, intentando controlarme. Mi cuerpo entero temblaba de la ira que sentía, ira que hacía ya mucho tiempo había dejado de sentir desde que le partí un florero en la espalda a Daniel, el prometido de Renné, luego de que abusara de mí.
-Bella, déjame presentarte a Carmen, mi prometida…-sentí mi corazón rasgarse, y no pude evitar interrumpirlo.
-¡¿Tu qué?! –grité con furia levantándome de mi asiento, haciendo que la silla en donde estaba sentada cayera hacia atrás y que muchas personas giraran hacia a mí.
-Cálmate, –dijo Charlie abrazando a la mujer por la cintura.
-Así que esta es la zorra por la cual dejaste a mamá –dije cruzándome de brazos y con voz fuerte y potente, para que todos escucharan- Al menos tienes buen gusto…–comenté antes de tomar mi mochila y comenzar a caminar hacia la salida- Solo te informo de una cosa, -dije girándome hacia él, justo quedando al lado de los hombres sexys- la herencia, no la pienso compartir con nadie, ¿oíste bien? –la tal Carmen me miró con un fuerte odio, a lo que le sonreí falsamente antes de girarme y justo chocarme con el dios griego, que no sé en qué momento se paró detrás de mí.
Era realmente alto, y mucho más bueno de cerca. Con todo el alboroto, me había olvidado de nuestro juego, el cual no pensaba perder. Me puse en puntas de pies, tomé su cabello desde atrás y lo besé, irrumpiendo con mi lengua en su boca sin permiso, pero muy bien recibida de su parte, mientras sus amigos comenzaron reírse, al parecer eran más de dos.
-Gané el juego, -dije agitadamente mientras me alejaba de él, le guiñaba un ojo, y salía de aquel lugar antes de que a Charlie se le ocurriera lanzarme con algo por la furia.
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Bueno mis niñas, que me dicen?? Les gusta?? Para este finde se viene cap de Mi segunda vida y Precious Passion!! ;)
Besoos!!
Ally**
 
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