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miércoles, 14 de septiembre de 2011


Summary: Bella Swan, una niña de 16 años, secuestrada por una organización de traficantes de jovencitas, obligada a entregar su cuerpo a cambio de dinero, el cual, no era para ella. Pero, ¿que ocurrirá cuando Edward Cullen se cruce en su camino, dispuesto a darle una segunda oportunidad  y enseñarle el verdadero significado del amor?
1º ACLARACION: Rating: M; contiene lenguaje fuerte, escenas sexuales explicitas, escenas de violación...quedan advertidas!
2º ACLARACION: Agradezco enormemente a Guadi, mi hermosa -y nueva- Beta que me dio una gran mano con el cap! Te quiero hermosa! ^.^


4. Capitulo Cuatro
Precious Passion
By Bad Influence
&.
Alec POV
"¡Imbécil!" Me gritaba una voz en mi mente mientras salía de aquella habitación subiéndome el cierre de mis pantalones. "Eres un completo idiota, Alec. ¡Ahora sí que la cagaste!" Maldita conciencia… aunque, en cierta forma, tenía toda la razón del mundo.
Ella se había entregado a mí de una forma que no creí que lo haría, de una forma que dudaba que lo hiciera con otro hombre, aunque, seguramente eso se lo enseñarían y obligarían.
El solo pensamiento de imaginarla con otro me ponía de lo peor, ni siquiera me gustaba la idea de imaginarla coquetear con otro como lo hacían las demás. Al primero que la tocara, juraba que ese maldito no tendría descendencia en el futuro.
—¿Te divertiste? —Preguntó Félix burlón mientras supuestamente leía un artículo de una revista.
—Muy divertido, idiota. —Le contesté con malhumor. En definitiva, el haberla engañado me había bajado de la nube de felicidad en la que estuve hasta hace dos minutos atrás.
—¡Woow! Se supone que con lo que acabo de escuchar deberías de estar de muy buen humor.
—Se supone…—Contesté echando mi cabello hacia atrás con mi mano derecha mientras me apoyaba en uno de los respaldares de los asientos.
Felix suspiró antes de cerrar la revista, colocarla en su regazo y mirarme fijamente.
—Dime que hiciste lo que Demetri te dijo que hicieras…—Reí ante sus palabras, parecían un "trabalenguas". Asentí cruzándome de brazos.
—Alec, —Me llamó Tanya mientras dejaba un bolso sobre los asientos—¿hiciste lo que te pedí? —Preguntó buscando algo dentro del bolso.
—Sí, todo está listo. —Contesté firme.
—Sí, claro, y creo que algo más…—Susurró Félix antes de ganarse un golpe de mi parte para callarlo. Idiota.
—Bien, en dos horas aterrizamos. —Dijo ella antes de tomar el bolso e ir hacia la habitación donde se encontraba Bella.

Bella POV
Oscuridad. Era lo único que podía ver en ese momento. Pero podía escuchar, muy a lejos, pero podía. Y también podía sentir, como justo en ese momento sentía que alguien caminaba conmigo en brazos.
—¿Crees que estará resentida por lo que hiciste? —Dijo una voz masculina que no reconocí.
—No lo sé, pero de ser así, creo que ella se merece una explicación…—Contestó una voz totalmente conocida. Sabía que era el rubio. Maldito imbécil.
Era más que obvio que estaría resentida y enojada con él por lo que hizo. Primero me usa y luego me desecha como si fuera una toallita descartable. ¡Ja, sí claro! Yo le enseñaría que con Isabella Swan nadie se mete.
Claro que para demostrárselo tendría que esperar un poco ya que mi situación actual no era la mejor opción para hacerme la problemática. Debía de darle crédito al rubio al menos en una cosa… Y es que, como mínimo, su actitud me ayudó a tapar- no borrar, borrar lamentablemente nunca- aquellas sucias y horribles caricias con las que aquél infeliz me había cubierto en lo que debería de haber sido una entrega feliz, o por lo menos normal.
Nunca pedí ni pensé nada extraordinario para mi primera vez, un chico al que quisiera y me quisiera, sentirme cuidada y segura, pero obviamente lo que nunca imaginé fue que mi inocencia fuera quitada, arrebatada de tan horrible y brusca manera.
"Vamos Isabella" Me dije. "No es el momento para regodearse en algo que ya nunca se podrá cambiar". Cierto. Tenía que enfocarme en averiguar cuanto pudiera sobre mi condición actual, tenía que saber dónde estaba. Qué esperaban de mí –obviamente tenía una ligera y estremecedora idea al respecto pero lo mejor sería correr sobre seguros-. ¡Dios! ¿Y Charlie? ¿Y Reneé?
“No. Enfócate Isabella, enfócate” Me recriminé a mí misma. Sí. Tenía que bloquear todo lo que no fuera el aquí y el ahora. Por lo que veía esa sería la única forma para mí de seguir funcionando.
Había sentido ligeramente como alguien entraba al lugar donde me encontraba. Una mujer. Podía decirlo por el horrible y asfixiante perfume que inundó mis fosas nasales, algo realmente muy dulce. Sentí movimiento en mi cuerpo ¿Ropa? Creo que era ropa. Después de unos segundos me vi envuelta por la oscuridad, otra vez.
Cuando más o menos volví en mí pude sentir unos tibios y fuertes brazos llevándome y ruidos distorsionados de fondo, pero nada más.
De nuevo me dejaron sobre algo mullido. Otra cama, otro colchón ¿Otro lugar? ¿El mismo? Dios, quería abrir mis ojos, pero no podía, sentía mis párpados pesados y todavía el resto de mis sentidos estaban un poco aturdidos por tanta droga en mi sistema.
—¿Crees que debería dejarla así o…? —Dijo la primera voz que había escuchado al principio de todo.
—Déjala así, ya veremos como dejarla cuando él la vea. —La mujer.
¿Él? ¿Quién era él? Intenté agudizar más mis oídos.
—Cierto ¿Y cuando llega?
—Para la noche, cerca de la hora del show.
“Noche”, o sea que todavía era de día, bien. ¿Show? Por favor ¡Digan algo más! Esto era demasiado frustrante.
Lo que tenía hasta ahora es que estaba en algún lugar esperando que alguien viniera a, verme, a tasarme seguramente, como el ganado a la venta.
Esforzando al máximo mi audición logré oír música y algunas voces más. Nada concreto. La puerta volvió a abrirse y unos pasos pesados se acercaron.
—Acaba de llamar avisando que acaba de arribar. —Dijo la voz del rubio.
—Rayos. Se adelantó. Bien debo ir a ver si todo está en orden para la revisión. Ustedes asegúrense de que todo siga bien por aquí.
Escuché sus tacones resonar contra el piso mientras se alejaba.
Sentí que el control de mi cuerpo volvía poco a poco.
—Vamos a esperar afuera. —Dijo la voz desconocida.
—No. Ya debe de estar por despertar… Y creo que merece que le explique un poco de lo que ocurre. —Dijo el rubio. “Espera a que pueda decirte lo que pienso” Pensé para mí.
—Ya sabes que no puedes decirle nada. Las explicaciones se las darán después. Además no tiene por qué importarte nada de ella. —Respondió el otro. Luego agregó: —Sabes que eso es lo mejor Alec. No te involucres demás con nadie de aquí. Son sólo trabajo.
—Lo sé. —Dijo el tal "Alec" con voz ronca. —Lo sé. Pero sabes tan bien como yo que no quiero ser un completo perro como la mayoría de los que hay aquí. Y tú tampoco lo eres. —El otro suspiró. —Sólo le explicaré lo mío. El resto… El resto será como debe de ser.
—De acuerdo. Tienes suerte, creo que está a punto de despertar.
Silencio. De seguro me vieron moviendo los dedos o algo ya que era de lo poco que podía hacer. Sabía por Charlie que cualquier droga se elimina más rápido de tu sistema si el cuerpo está en movimiento. Así que eso precisamente era lo que quería ¡Pero por Dios que sí costaba! Sentí un movimiento a los pies de la cama, o al menos de lo que pensaba que era una cama.
No sé cuánto tiempo después, logré abrir los ojos y mover todo el brazo para restregármelos.
—¿Tienes sed?
No lo había notado hasta que lo dijo, pero ¡Rayos! ¡Sí! Tenía la garganta como papel de lija. Asentí pues no confiaba en mi propia voz.
Él se movió levantándose a servirme un vaso de una botella que había en un rincón de la habitación. No confiaba mucho de que en verdad fuera sólo agua, pero la resequedad ganó.
Por lo que podía ver ya no estaba en aquel mugroso cuarto donde desperté la primera vez. Esta habitación estaba bien pintada y acomodada, pero parecía más una sala que una habitación para tener a alguien encerrado.
—Toma.
Hice lo que dijo y tomé el vaso de un tirón. Tomaba tan rápido que mi garganta hacía sonoros ruidos al tragar y un poco se escurría por mis comisuras. No me importaba.
—Tranquila. Toma despacio o te ahogaras.
“¿Y qué más da?” Pensé. Lo terminé y se lo tendí esperando con ganas que me sirviera un poco más. Lo hizo y yo repetí el mismo procedimiento.
—¿Mejor?
Asentí. No sabía por qué pero no me sentía muy cómoda ahora con lo que había hecho con él, o mejor dicho no estaba para nada cómoda con cómo había reaccionado él después. Debió de notar algo en mi cara porque al instante comenzó a hablar.
—Sé que lo de antes no estuvo bien. Y créeme que lo lamento.
—¿Por… Por qué? —Pregunté con voz rasposa. Él me miró.
—Lo cierto es que sólo había ido para… Para inyectarte aquello. Pero al verte así… en la ducha, yo…
—¿Quisiste probar lo que el otro había tenido? —Dije con furia apenas contenida.
—NO. —Dijo de manera rotunda y mirándome con ira. —No. Te vi tan… triste, por lo ocurrido que… Sólo quise borrar ese recuerdo de ti. Aunque al parecer sólo lo empeoré. Nunca fue mi intención dañarte. —Me dijo bajando un poco la mirada al final.
Yo guardé silencio. En este momento no podía confiar en nada ni en nadie. Aunque si me era sincera yo sabía que él no había hecho nada que yo no quisiera y que además había sido muy cuidadoso. Sin embargo me lo guardé para mí. Quizás sólo fuera un truco para que confiara en él. Es como el truco de los policías. El policía bueno y el policía malo. Uno de los dos te quiebra.
—Debes despejarte. —Dijo tras mi silencio. —Ahora vendrá a verte alguien muy importante y te explicará todo lo que tienes que saber.
—¿Saber para qué? —Me arriesgué a preguntar.
—Eso no me corresponde a mí decírtelo. —Respondió tensando el rostro.
Sin decir nada más se levantó y salió por la puerta. Llegué a escuchar incluso hasta como echaba el cerrojo.
No había mucho que mirar o hacer aquí. Había una mesa de madera y dos sillas en una esquina. Una ventana bloqueada con maderas en la pared de la derecha tapada a la vista con unas cortinas, quizás por eso es que no había visto antes. Y la cama donde había estado acostada hasta hace unos momentos. Oh, y una puerta que daba a un minúsculo baño, pequeño pero limpio. Gracias a Dios. Ya bastante revuelto tenía el estómago como para encima tener que aguantar olores inmundos.
Fui al baño y me mojé bien la cara y un poco el cuerpo. No quería bañarme por si ocurría algo similar a lo anterior. Me enjuagué la boca y bebí un poco más de agua fresca.
Caminé como gato enjaulado por toda la habitación durante un buen rato, tanto que las pantorrillas comenzaban a dolerme cuando por fin escuché ruidos detrás de la puerta. Murmullos. Ruidos de sillas que se corren. Y por último el pestillo de la puerta abriéndose.
La puerta se abrió y dio paso a un hombre de porte frío y majestuoso, y modales elegantes.
—Buenas noches, pequeña. —Dijo con una voz engañosamente suave. Si esperaba una respuesta educaba ya podía ir sentándose a esperarla. Él lo notó porque sólo enarcó una ceja y continuó hablando. —Veo que no eres muy conversadora. No importa. Mi nombre es Aro y es un placer conocerte.
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martes, 16 de agosto de 2011

Summary: Isabella Swan no es la típica chica de 17 años, torpe, indefensa e inocente. Ella es atrevida, rebelde, decidida, no le importa decir lo que piensa ni lo que los demás piensen de ella, y, por sobretodo, es la chica más deseada de todo el Instituto desde que llegó. Cualquier chico moriría por tenerla, cualquier chica desearía ser su mejor amiga, Isabella era el objetivo de todos. Pero ella ya tenía a sus dos objetivos bien fijados. Pero, ¿qué ocurrirá cuando ellos terminen siendo diferentes a lo que aparentan?

Advertencia: Contiene escenas sexuales explìcitas -por eso el rating M, daa-, lees bajo tu propia voluntad. Persona que no les gusten los trios, RETROCEDAN. No me hago responsable bajo advertencia.

 
11. Capitulo Once: “Descontrol”
Naughty Game
By Ally Cullen-Black
&.
Bella POV
Okey, Bells…Dijo Jane entrando en mi habitación con una toalla alrededor de su cuerpo.
Luego de que le enseñara algunos trucos y lo que en realidad implicaba el masoquismo, ella fue a darse una ducha mientras yo me tomaba mi tiempo para relajarme. La verdad, esta había sido mi primera vez con una mujer, y a pesar de que fue realmente placentera, no cambiaba en absoluto mi gusto acerca de los hombres y su “amigo de abajo”. (N/A: Se refiere a los penes, vergas, miembros, ingles, como a ustedes se les plazca llamarles a…ya saben)
Es viernes…Dijo Jane alzando sus cejas varias veces antes de caminar hacia mi espejo de cuerpo completo para mirarse.
¿Y…? Pregunté sin entender a qué quería llegar.
¿Qué dices si salimos a divertirnos? Dijo guiñándome un ojo a través de su reflejo con una sonrisa plasmada en él. Sonreí mientras me levantaba de mi cama desnuda y corría al baño a ducharme.
Una vez que salí, me dispuse en llamar a Alice. Ella seguramente aún estaría preocupada; aunque Edward le hubiera dicho que había hablado conmigo, la conocía lo necesario para saber que eso no era suficiente para Alice Cullen.
¿Hola? me atendió Edward soñoliento con la voz ronca. Sonreí para mí misma mordiéndome el labio, imaginándomelo recién levantado, con ese rebelde cabello cobrizo todo enmarañado… Suspiré.
Lo siento, ¿te desperté? Pregunté lo más sensual que pude.
Él se aclaró la garganta antes de hablar. Está bien, no te preocupes, ya era hora de levantarme de mi siesta de todas formas…Reí ya que eran cerca de las 8 p.m. ¿A qué se debe tu llamado, preciosa? Preguntó de la misma forma en que yo había hablado, o sea con sensualidad.
Con Edward, parecía que estuviéramos en un constante juego de seducción. Yo lo seducía haciéndome la inocente, sabiendo él que no lo era en lo más mínimo; él me seducía cuando me llamaba con sus apodos de “Chica atrevida” o “Preciosa”, sabiendo que me derretía con el tono con el que lo hacía. Era un juego, un juego que me encantaba jugar con él.
¿Está Alice por allí? Pregunté inocentemente.
Él resopló creyendo que no lo había oído antes de pegarle el grito a Alice, y que ésta le contestara que ya subía. Sí, ya viene. Dijo con seguramente un sonrisa en su rostro.
Gracias, Edward.
De nada, preciosa. Y aquí nuestro juego de seducción con los nombres. Mordí mi labio inconscientemente. O quizás muy consciente. No lo sé, ese es uno de mis tics, es casi imposible evitar hacerlo.
¿Qué sucede, Edward? ¿Por qué tienes esa sonrisa de “quiero follarte” en tu rostro? ¿Con quién hablas? Escuché la fina e inconfundible voz de Alice del otro lado del teléfono. Reí sin poder evitarlo mientras él fingía toser. Alice también reía.
¿Hola? Habló ella por el teléfono.
Alice…No logré a decir más antes que ella me interrumpiera.
¡Bella! ¿Cómo estás? ¡¿Por qué demonios no contestabas el teléfono?! ¡¿Es que estás loca o quieres hacerme morir de un infarto?! ¡¿Tienes idea de cuán preocupada estuve?! Gritó reprendiéndome. Me sentía como un cachorrito al cual su dueño está reprendiéndolo por haber hecho alguna travesura.
Alice, cálmate. Estoy bien. Lo sé, y lo siento…Dije arrepentida. Realmente la quería, y no quería perderla como amiga.
Ella suspiró antes de continuar. Está bien, solo…la próxima vez, no nos prohíbas acercarnos a ti, Bella. Somos tus amigas, estamos en las buenas y malas. Sus palabras me llegaron al alma. Alice tenía razón, tenía que confiar en ella y Rosalie, así como confiaba en Jane. Ellas eran mis mejores amigas.
De acuerdo, lo siento. Volví a disculparme.
Okey, basta de disculpas, ya todo está solucionado…Dijo antes que yo la interrumpiera.
No, no está todo solucionado…al menos hasta que esta noche me acompañes a tu *bar favorito para recompensarte…Dije antes de que ella pegara un grito. Podía imaginármela dando saltitos en su lugar.
¡Si, si, si, si, Bella! Gritó entusiasmada. Sonreí alegre.
Entonces, ¿nos encontramos allí esta noche? Quiero presentarte a una persona…Juro que escuché un resoplido o algo parecido del otro lado pero que no provenía de Alice, conocía demasiado su voz como para identificar hasta sus suspiros.
De acuerdo, Concluyó ella luego del silencio que se prolongó ante el resoplido.
Okey, recuerda avisarle a Rosalie…
Oh, sí, sí. ¡No me olvido! Dijo Alice antes de que nos despidiéramos y cortar la conversación.
.
.
.
Muchas gracias, Dijo sensualmente Jane al taxista que nos había traído hasta el nuevo bar de moda, llamado ‘Eclipse’.
El taxista, no tan viejo, le guiñó un ojo a mi amiga mientras se la comía con la mirada. Ella le devolvió el guiño con picardía antes de que el taxista se fuera a seguir con su trabajo.
No puedes esperar a que estemos adentro, ¿no? Le pregunté burlona antes de que ella me regalara un ligero golpe en mi hombro descubierto.
Ambas comenzamos a reír mientras emprendíamos viaje a la larga cola en la entrada del lugar. Pero por suerte, mis amigas nos esperaban cerca del comienzo de la cola. Sentí mi pulso acelerarse cuando vi a Edward y Jasper detrás de ellas haciendo la cola.
Oh. Mi. Dios. Exclamó Jane con disimulo, solo para que yo notara su sorpresa.  Jódeme, y dime que esos no son tus “dioses griegos” Me pidió mordiéndose el labio mientras los miraba de arriba abajo. Resoplé rodando mis ojos por su comentario. No sé por qué, pero en ese momento, mi lado posesivo salió a flote, gritando en mi interior: “¡Míos!”.
¡Bells! Me gritó Alice cuando me vio caminar hacia ellos con Jane.
Mis dos dioses se giraron a mirarme, provocando que mis bellos se pusieran de punta y flashbacks de ese primer encuentro entre los tres me volvieran a la mente con rapidez, recordando los labios de Edward en mi cuello y las caricias de Jasper en mis brazos. Ambos se mordieron el labio inferior al recorrerme de arriba abajo con la mirada, viendo cómo iba vestida.
Okey, son tuyos…Dijo Jane al notar la acción de mis dioses. Sonreí victoriosa.
¡Hey! Saludé a todos una vez que llegué. Les presento a Jane. La presenté antes de acercarme más a ellos.
Luego deposité un sonoro beso en la mejilla de Alice, Rosalie y a Emmet. Éste último estaba abrazando a Rosalie por la cintura, por lo que sonreí alzando una de mis cejas. Él me miró con esa mirada de hermano mayor, con una pizca de diversión y picardía, que me había dedicado el día de nuestra charla, se la devolví con la misma intención.
Me giré a mis dioses, y el primero en acercarse a saludarme fue Jasper.
Hola, hermosa. Susurró en mí oído sensualmente y con una de sus manos en mi cintura. ¿Cómo estás? Me tenías preocupado…Siguió susurrando en mi oído antes de dejar un beso en la comisura de mis labios.
Sentí mis piernas flaquear mientras suspiraba al verlo alejarse para darle paso a Edward.
Hola, preciosa. Susurró en mi oído contrario en el que lo había hecho Jasper. No tenía pensado perderme una noche así…Susurró antes de hacer lo mismo que Jasper: besarme en la comisura de mis labios, solo que del otro lado en el que lo había hecho el anterior. Se alejó y me guiñó un ojo.
En ese momento ya no estaba en este mundo, la sensualidad de ambos me había transportado a otro lugar. Me golpeé mentalmente intentando volver a la realidad al *trastabillar y casi perder el total equilibrio de mi cuerpo cuando íbamos entrando en el bar, de no ser por aquellos enormes y morenos brazos que me sujetaron. Escuché dos leves gruñidos detrás de mí.
Levanté mi mirada para ver quién era el que me tenía sujeta por la cintura.
¿¿Jake??
¡¡Bella!! Gritó mi amigo sonriendo mientras me alzaba abrazándome por la cintura. Le devolví el abrazo pasando mis brazos alrededor de su cuello. Sabes, era imposible confundirme de persona. ¿Quién es la única que usa zapatos de tacones altos sin estar acostumbrada a ellos y tropieza todo el tiempo? Ah, sí. La única, e inconfundible, ¡Bellas Swan! Dijo burlona y teatralmente una vez que me devolvió al suelo.
¿Cómo has estado, Bubu? Le pregunté llamándolo por el sobrenombre que yo le había colocado de niña.
Jacob Black fue mi mejor amigo en Phoenix, prácticamente me crié con él. Su madre era la mejor amiga de mi madre, por lo que se convirtió en la madrina de Jake. Y por ello nos criamos juntos, ya que tenemos casi la misma edad; él es un año y dos meses mayor que yo. Éramos tan amigos, que casi compartíamos hasta la misma vida de mierda. Sus padres también se separaron, su madre está con un hombre tres años menor que ella, y su padre se fue a vivir a Seattle, por lo que no me sorprendía mucho encontrármelo aquí.
Cuando se enteró que vendría a vivir a Seattle, tres semanas antes, él tomó la decisión de irse a vivir con Billy, su padre, para así no separarnos. Pero cuando no me lo encontré en el Instituto, perdí las esperanzas de seguir con nuestra amistad. Nunca nos confundimos con los sentimientos, siempre fue “Bubu y Nany, amigos por siempre”. “Bubu y Nany” era una serie que veíamos de niños, ya que eran dos dinosaurios amables que amaban a los niños, y bla, bla, bla… Puras cosas de niños.
¡Genial! Solo que estuve buscándote por cielo y tierra y nunca apareciste, Nany Dijo pellizcándome las mejillas con suavidad. Reí antes de acercarme y besarlo en la mejilla.
Escuché que alguien se aclaraba la garganta detrás de mí, por lo que reaccioné y me giré, para encontrarme con todos mis amigos viéndome, y las fulminantes miradas de mis dioses en mi mejor amigo.
Ammm, chicos, él es Jake, un viejo amigo. Dije antes de Jake me *pechara desde atrás. Reí divertida. Todos los saludaron con sonrisas, excepto Edward y Jasper, que lo fulminaron con la mirada. Jake tampoco se quedó atrás, él se las devolvió con gusto.
Un silbido, de esos que los chicos hacen cuando ven a una chica linda, nos sacó del momento de tensión. Jane se giró y sonrió, luego me miró a mí con esa sonrisa. Se la devolví antes de que ella se fuera, perdiéndose entre la multitud. Me giré, y los únicos que quedábamos éramos Edward, Jasper, Jake y yo.
Cuando Edward estuvo a punto de decir algo, dos chicas rubias, con más cirugías que Michael Jackson (N/A: Sin ofender, chicas, pero no se me ocurría otra persona que haya tenido muchas cirugías en el rostro), se acercaron a ellos, rodeando sus cuellos con sus esqueléticos brazos, mientras les susurraban algo al oído. Sentí cómo la adrenalina, la furia, comenzaba a subir desde la punta de los dedos de mis pies hasta arriba, expandiéndose por cada centímetro de mi cuerpo. ¡¿Quién demonios se creían esas rubias oxigenadas con gomas de plástico (N/A: Se refiere a los pechos, para las que no captaron la idea xD) siquiera tocar a Mis dioses?!
Jake me tomó del brazo, y comenzó a tirar de mí hasta que llegamos a la *barra, donde pidió bebida para ambos.
¡Bella, vuelve! Me gritó zarandeándome un poco de los hombros. Sacudí mi cabeza reaccionando. Cariño, necesitas urgente liberarte…Dijo soltándome los hombros y entregándome un vaso con algo.
Realmente no vi que me había dado, y solamente lo supe cuando me lo tragué todo de golpe dejándolo a él con la palabra en la boca. Sentí un ardor tan caliente que quemaba subir por toda mi garganta. Solamente había una bebida alcohólica que producía ese ardor: Vodka.
No me dejaste advertirte…Dijo al notar mi cara de sufrimiento gracias al ardor. Intentó no reírse, pero no lo logró por más de dos segundos, al igual que yo. Reí junto con él mientras pedíamos otro trago.
Luego de un par de horas, en las que habíamos estado allí sentados con Jake charlando de todo lo que nos perdimos al estar separados, una chica menudita de cabello castaño claro, se acercó y le susurró algo a Jake en el oído. Lo vi sonreír antes de guiñarme un ojo y preguntarme si no me molestaba que se fuera por unas horas. Le contesté que no y se perdió camino al baño con la chica.
Sonreí mientras me giraba hacia la pista, donde visualicé a mis dioses demasiado cerca de las putas oxigenadas con gomas de plástico. La furia volvió a subir mientras los veía apoyar sus erecciones notorias, gracias al baile que hacían, contra el trasero de las oxigenadas.
¡Puta madre! Tenía que distraerme, y urgente. Si no quería terminar siendo echada del lugar por intentar matar a dos rubias sin cerebro.
Isabella Swan…Escuché una voz pronunciar mi nombre en mi oído. Giré mi cabeza para ver de quién provenía esa voz conocida.
James Richardson…Dije al reconocer esa voz masculina y al encontrarme con esos grises ojos y esa pose de “no me importa una mierda de nada”, con sus antebrazos apoyados en la mesa del bar. Le sonreí con picardía, como solía hacerlo siempre. La música estaba tan fuerte, que no lo había oído llegar.
James había sido uno de los tantos con los que había pasado una noche; en pocas palabras, él era otro de con los que había acostado en Phoenix. Lo último que supe de él, fue de cuando se mudó, no me dijo exactamente a dónde, pero ahora lo sabía.
Qué raro encontrarte por aquí…Comentó acercando su rostro más al mío.
Vivo aquí, cariño. Le contesté casi rozando mis labios con los suyos.
Mmmm, esa es una muy buena noticia. Dijo pasando su brazo alrededor de mi cintura. Estas hermosa esta noche…Dijo recorriéndome con la mirada. Sonreí guiñándole un ojo. ¿Qué dices si bailamos? Asentí tomando su mano y mezclándonos entre la multitud, intentando no perder el equilibrio, gracias a que comenzaba a sentir cómo las pastillas de Jane empezaban a surtir efecto.
*Flashback*
Antes de dirigirnos al bar, acompañé a Jane a su departamento. Su padre estaba de viaje de negocios, así que no había nadie allí, excepto el gato negro de ella llamado *Cruckshangs.
¿Qué es eso? Le pregunté a Jane cuando la vi sacar una bolsita de su mesita de noche.
Esto es algo nuevo que conseguí, Me respondió guiñándome un ojo y sonriéndome. ¿te animas a probarlo conmigo? Suspiré indecisa viendo la pastilla color azul morado que Jane me entregaba. Oh, vamos, Bells. Así funciona esto para los vendedores. Pruebas, y si te gusta, les compras más. Confía en mí… El chico que me las dio es de confianza, despreocúpate…Insistió.
Está bien…—Me rendí tomando el vaso de agua que ella me entregaba. Jane sonrió vencedora.
¿Lista? Me preguntó una vez que ambas tomamos la rara pastilla. Asentí sonriendo antes de que emprendiéramos viaje.    
*Fin del flashback*
Casi todos bailaban como si estuvieran teniendo sexo, pero con ropa. El lugar estaba repleto, era la primera vez que venía a este lugar y no podía creer la cantidad de personas que había, y que cabían. Comenzamos a movernos, muy pegados, tanto que podía sentir la excitación de James contra mi pierna. Rodeé su cuello con mis brazos mientras él mi cintura con los suyos. Miré de reojo, y vi a Edward y Jasper abandonar a sus oxigenadas e irse refunfuñando a la barra cuando me vieron con James.
Reí sin razón. Mis pies comenzaban a sentirse livianos, tanto que sentía como si volara. Tenía ganas de reír, luego gritar a los cuatro vientos, volver a reír, y comenzar a correr. Ya no pensaba con coherencia, parecía como si lentamente se estuvieran abriendo las puertas del infierno, que se sentía como el cielo. Ya estaba completamente cagada. Sentía el fuego y la adrenalina correr por mis venas, mezclado con algo de dolor y ardor, pero no me importaba, me atraía aún más.
Veía todo borroso, casi ni distinguía a James ni a los demás hombres alrededor mío bailando como si me estuvieran cogiendo todos juntos. Estaba toda sudada, y me valía una mierda. Saltaba, bailaba, contorneaba mis caderas, besaba castamente a aquellos hombres…
Estaba completamente descontrolada, y me encantaba.
¡Bella! Oí a lo lejos. Abrí mis ojos y visualicé a Jane caminando hacia mí igual de ida que yo, tambaleándose y riéndose como estúpida.
Se metió por en medio de los hombres que me rodeaban, y me abrazó por el cuello antes de susurrarme:
Tenemos que irnos. Dijo riendo mientras me seguía con los sensuales movimientos. Todos los hombres comenzaron a gritar excitados por la escena entre nosotras, refregándonos la una contra la otra.
¿Por qué? Le pregunté confundida, aunque por fuera no se notaba la confusión, ya que reía como si me hubieran contado un chiste realmente bueno.
Mis manos quemaban, al igual que todo mi cuerpo cuando me tocaban.
Las pastillas son fuertes, un par de minutos más, y nos *iremos completamente…Intentó hablar coherente.
Uno de los hombres, no sé quién exactamente, no lo conocía, me tomó de la cintura separándome de Jane y pegándome a su duro pecho antes de besarme con rudeza. Me sentí extraña, era como si el mundo se me hubiera caído encima en ese puto segundo. Abrí mis ojos de golpe y vi a Jane en el suelo tomándose el pecho, como si le doliera. Quise apartarme del hombre, pero me tenía rodeada con sus enormes brazos. Me sentía asfixiada por él. ¡Puta madre!
Como no me soltaba, no importara lo que intentara hacer, le atiné un rodillazo en su ingle. Él se alejó adolorido. ¡Al fin! Sin pensarlo, me giré, tomé a Jane pasando su brazo por mi cuello, y comencé a caminar hacia la salida. Yo estaba igual o peor que ella, por lo que tenía que intentar no caerme. Misión casi imposible…
¡Bella! Me interceptó una sonriente Alice. Me había olvidado completamente de ella, en realidad de casi todos. ¿Qué ocurrió? Preguntó al ver a Jane. Negué con la cabeza antes de señalarle la salida. Me ayudó con ella, y salimos afuera del lugar.
¿Puedes llevarla a su casa? Le pregunté suspirando. Ella te dirá donde queda…
Pero, ¿está bien? Preguntó preocupada.
Sí, solo está borracha. Mentí mientras Jane reía divertidamente.
Sí, claro…borracha…Comentó Jane riendo. Rodee los ojos suspirando, intentando que no se notara la opresión que sentía en el pecho.
Alice paró un taxi y metió a Jane dentro de él antes de girarse a mí.
¿Vendrás?
No, dejé mis cosas adentro. No te preocupes, luego me iré en otro…Mentí mientras señalaba al taxi. Ella asintió y se subió al auto.
Luego que el auto se perdió girando a la derecha, todo ocurrió muy rápido. El mismo hombre que me había besado adentro del lugar, me tomó de la cintura y me arrastró hasta apoyarme contra la pared de al lado de la entrada con fuerza, haciendo que mi cabeza se golpeara contra los ladrillos.
Niñita, te enseñaré a nunca volver a golpearme…Dijo metiendo su mano dentro de mi apretada, y completamente mojada gracias al sudor, musculosa.
¡Suéltame! Cerré mis ojos y grité con la voz ronca por antes haber gritado cantando. La opresión se hizo tan grande, que desee estar muerta.
¡SUÉLTALA! Gritó una voz conocida antes de que las manos de aquel hombre desaparecieran de mi cuerpo e hiciera que perdiera el equilibrio. ¡Mierda! Esto dolería en la mañana.
Abrí mis ojos y vi al hombre en el suelo mirando con miedo al otro hombre parado que me daba la espalda, y que le gritaba. No pude distinguir qué era lo que le decía, ya todo comenzaba a moverse en círculos, haciendo que viera doble, o triple; escuchaba todo en zumbidos agonizantes que hacían mi cabeza doler como la mierda. Fruncí el ceño mientras tapaba mis orejas intentando vanamente dejar de oír. Me sentía desorientada, y completamente jodida.
¿Estás bien? Preguntó la voz conocida. Abrí mis ojos y me encontré con Jasper tendiéndome una mano. Asentí contestándole mientras la aceptaba, y me ayudaba a ponerme en pie.
Cuando lo hice, la sensación de estar volando, de que todo me valía una mierda, volvió de golpe, haciendo que perdiera el equilibrio y que sus sudados brazos me rodearan la cintura para no caerme.
Capitulo Veintitres
Charla
Bella POV
Estaba corriendo en dirección a la casa de los Cullen, pero antes de llegar vi a Edward corriendo hacia mí.
-¡Bella! –gritó desesperado mientras me abrazaba por la cintura y me alzaba una vez que llegó a mí. Una sonrisa estúpida no se iba de mis labios.
Había extrañado tanto el calor de sus brazos a mi alrededor, que no me importaba ni me molestaba estar todo el tiempo alrededor de ellos.
Edward se alejó un poco para posar sus labios sobre los míos, una vez que me devolvió al suelo. Me sentí llena, y feliz, cuando sentí la suavidad de sus labios y la delicadeza con la que comenzó a besarme. Había extrañado todo de él, y por ese motivo, le correspondí de la misma forma.
 Sus labios dejaron los míos para pasar al resto de mi cara. Edward besaba mis mejillas, mi frente y mi nariz, una y otra vez, sin cansarse, mientras tomaba mi rostro entre sus manos. Luego comenzó a revisarme, no entendí con exactitud porque lo hacía.
-¿Estas bien? ¿Estas herida? –me preguntó quitándome la campera y revisando mis brazos mientras yo fruncía el ceño.
¿Por qué me preguntaba él si estaba herida? ¿Qué es lo que él sabía? Muchas preguntas surgieron en mi cabeza mientras él se disponía a revisarme.
Frunció el ceño cuando vio por primera vez mis brazos, todos mordidos por vampiros. Él no los había visto antes, ya que no se me había ocurrido usar mangas cortas hasta ese momento. El dolor cruzó por su rostro, haciendo que yo también lo sintiera.
Tomé su rostro entre mis manos mientras hacía que me mirara directo a los ojos.
-Estoy bien, tranquilo –le dije antes de darle un corto beso en los labios mientras él me abrazaba por la cintura.
Edward me volvió a besar, pero esta vez intentando profundizar el beso. Le correspondí mientras pasaba mis brazos alrededor de su cuello y él me apretaba más a su cuerpo. Era reconfortante sentirlo en mis labios, sentirlo mío otra vez, sentir que yo era muy afortunada por tenerlo conmigo, sentirme la mujer más amada en el mundo, y todo por él.
Pero las preguntas volvieron a mi mente, haciendo que comenzara a bajar los niveles de nuestro beso. Separé nuestros labios ganándome una protesta de parte de él, y apoyando mi frente sobre la suya.
-Tenemos que hablar –susurré con la respiración acelerada mientras soltaba mi agarre en su cuello. Él asintió alejándose un poco de mí.
Me sentí estúpida por haber cortado con ese momento tan lindo, pero no podía seguir haciéndome ilusiones si la realidad resultaba ser otra.
Tomé su mano y lo llevé hacia un árbol de allí, donde él se apoyo una vez que se sentó y yo me senté a su lado, pero estando al frente suyo. Edward no soltó mi mano, sino que comenzó a acariciarla con ambas manos y me sonreía alegre, y ya calmado. Suspiré antes de empezar a hablar, sin devolverle ninguna sonrisa y mirando nuestras manos unidas.
-Edward, ambos estamos confundidos –comencé mientras él suspiraba- Ambos tenemos preguntas hacia el otro, y creo que es el momento de contestarlas –dije sin mirarlo, temiendo de que su mirada no fuera la que yo esperaba.
-Tienes razón, -dijo removiéndose pero sin soltar mi mano- creo que es el momento de aclarar algunas cosas –dijo antes de levantar mi mirada con una de sus manos en mi barbilla.
Se quedó unos segundos viendo directamente a mis ojos, como si buscara algo antes de preguntar.
-Bella, ¿me amas? –me preguntó mirando directo a mis ojos.
Tuve miedo de contestar. ¿Y si daba la respuesta equivocada? No creía poder soportar que él no me amara. Pero si pude seguir adelante una vez, podría hacerlo de nuevo, aunque costaría, y mucho.
-Sí, Edward. Te amo…-le dije antes de que él se acercara y me diera un corto beso en los labios, dejándome sorprendida.
-Yo también te amo, Bella –dijo con su frente pegada a la mía.
Comencé a respirar aceleradamente mientras sus palabras se reproducían en mi mente. Estaba muy confundida.
-Pero, tú dijiste…
-Sé lo que dije –me interrumpió alejándose de mí y mirando directo a mis ojos- Sé lo que dije hace 15 años atrás, sé cuanto te lastimaron mis palabras, sé cuanto me costo el haberte dejado. Me costo tu vida, Bella –dijo apenado mientras el dolor se reflejaba en su rostro, al igual que en el mío.
-Entonces, ¿por qué te fuiste? –le pregunté con mi voz algo quebrada- ¿Por qué dijiste que no me amabas?
-Bella, lo ocurrido con Jasper me hizo pensar en todos los peligros más en que te pude haber metido. Te mentí, Bella. Tuve que hacerlo, por tu bien, para protegerte –dijo sin apartar su mirada de la mía- Pero tu me creíste tan rápido que no me dio posibilidad de nada.
-Te creí porque no tenía sentido que me amaras, -le contesté de golpe mientras él cerraba sus ojos, como si se hubiera enojado- yo era humana…nada…una simple humana…-dije con desprecio bajando mi mirada.
-Bella, -protestó Edward acercándose a mí y apoyando su frente sobre la mía- tu fuiste y siempre serás todo para mí…TODO –aclaró antes de besarme otra vez.
Comencé a sollozar en sus labios. Él me alzó y me sentó en su regazo, sin apartar nuestros labios, mientras yo pasaba mis brazos por su cuello y él por mi cintura. Corté con el beso, necesitaba abrazarlo, y así lo hice. Lo abracé por el cuello, escondiendo mi rostro en su cuello mientras no podía evitar sollozar. Y no lo hacía de tristeza, lo hacía de felicidad.
Edward nunca me había dejado porque no me amaba, él lo había echo para protegerme. Porque me amaba, porque siempre fue el novio sobre-protector y yo la novia protegida, porque yo le importaba, porque siempre fui todo para él. Reí estúpidamente antes de alejarme de su cuello y mirarlo a los ojos.
-Bella, ¿te ríes o lloras? –me preguntó Edward divertido.
Reí nerviosamente antes de apoyar mi frente sobre la suya y volverlo a besar. Él sonrió contra mis labios mientras me abrazaba fuerte, sin miedo a quebrarme o algo por el estilo. Solté sus labios y le sonreí en respuesta, mirando directo a sus ojos, y abrazándolo por el cuello con fuerza, pero no demasiada.
-Te amo, -le dije sonriendo. Sus ojos brillaron y me sonrió de oreja a oreja.
-Te amo, Bella –me contestó dulcemente dándome un corto beso en los labios.
Le correspondí con dulzura justo cuando Alice y Jasper aparecían de entre los árboles, tomados de las manos y sonriendo. Me giré hacia ellos mientras Edward apoyaba su frente en mi mejilla y cerraba los ojos, protestando.
-Lo siento, le dije que esperara, pero no me hizo caso –se disculpó Jasper mientras Alice lo arrastraba hacia nosotros.
Le sonreí en respuesta mientras me levantaba, y mientras Edward seguía protestando. Corrí hacia Alice para abrazarla, y cuando ella vio mis intenciones, no dudo en soltar a Jasper para correr hacia mí. Nos abrazamos fuerte, riendo como niñas pequeñas.
-Te extrañe mucho, Bells –dijo Alice durante el abrazo.
-Yo igual, Alice –le contesté con una sonrisa y alejándome para darle un beso en la mejilla.
Ella se quedó sorprendida ante mis acciones, todavía no se acostumbraba a que yo fuera más demostrativa, a que no tuviera vergüenza de decir lo que sentía y quería, como antes.
Me giré para volver hacia Edward tomada de la mano de Alice. Él seguía sentado contra el árbol y Jasper estaba en la misma posición que yo había estado antes, sentado al frente de Edward. La diferencia era que él estaba un poco más alejado de Edward.
Solté la mano de Alice cuando llegamos a ellos y Edward me estiró sus brazos, dándome a entender que quería que me sentara en su regazo. Me senté en él y lo abracé por el cuello, como antes, mientras Alice se sentaba al lado de Jasper y él la abrazaba por la cintura, al igual que Edward me abrazaba a mí. En eso, Jasper y Alice me miraron preocupados y sorprendidos.
-¿Qué ocurre? –pregunté dándome cuenta de sus miradas mientras Edward besaba mi cuello, provocando que me estremeciera- No lo hagas, -le susurré a Edward mientras me giraba a mirarlo y Jasper daba una tosida fingida.
-Lo siento, -se disculpó besando mi nariz con una sonrisa.
-Volviendo al tema, -dije girándome hacia Alice y Jasper que me miraban con una sonrisa pero en sus ojos había preguntas- ¿Qué ocurrió para que me miraran de esa forma? –pregunté sin miedo.
-Amm, pues…tus brazos…-dijo Alice dubitativa.
Miré mis brazos dándome cuenta a que se refería. Mis brazos estaban llenos de mordeduras de vampiros, gracias a mi trabajo. Jasper miraba mis brazos con el ceño fruncido, confundido, mientras millones de preguntas cruzaban su mente, haciendo que tanto Edward como yo, nos mareáramos.
 -¡Jasper! –dije perdiendo la paciencia y haciendo que Edward y Alice saltaran por mi grito- Por favor, controla tus pensamientos, -le pedí mientras suspiraba gracias a que él dejaba de pensar.
“Y yo que creía que Alice era la alborotada…” pensé dejando que Edward me escuchara. Él comenzó a reírse, escondiendo su rostro en mi cuello, sin poder evitarlo. Volví mi escudo a su lugar.
-Se que tienes preguntas, pero no las pienses a todas de una vez, pregúntame –le pedí a Jasper mientras intentaba controlar las risas de Edward en mi cuello.
Jasper asintió omitiendo a Edward y comenzó con su cuestionario junto con Alice.
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