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domingo, 22 de septiembre de 2013

Summary: "Siempre me gustaron los vampiros. En especial, desde que Twilight apareció. Pero nunca creí que existieran, aunque en mi profundo ser sí lo deseaba.
¿Alguna vez se han preguntado si tanto los Cullen como cualquiera de los vampiros mencionados en la saga realmente existen? Pues, yo sí. Y créanme que todo cambió cuando pude verlos realmente.
Sí, descubrí que los Cullen existen. Descubrí que los lobos también existen. Y como consecuencia, también descubrí que los Vulturi existen. Allí es donde comienza mi historia..."

2. Capitulo Uno
SUNSET
By Ally C-B
&.
Cerré mis ojos respirando profundamente, conteniéndome, cuando vi el ómnibus irse. Lo había perdido. Y por ello, llegaría tarde a mi trabajo. Otra vez. Hacía un mes que trabajaba en “Giorgy’s”, un bar de comida rápida, y esta sería mi cuarta llegada tarde. Genial.
Suspiré resignándome mientras me sentaba en el pequeño banco de la parada del ómnibus a esperar. El día no había comenzado bien, y por lo que notaba, tampoco cambiaría. Pero sabía que el problema lo tenía yo.
Me sentía angustiada, y al mismo tiempo, sentía una inmensa felicidad. ¿Por qué? Simplemente porque el final había llegado… El final de la saga que seguí con total fidelidad desde el comienzo terminó. Había sido duro aceptarlo, pero la vida continuaba, así que debía volver a la “normalidad”. Pero siempre estaría agradecida con la autora de la saga, Stephenie Meyer. A pesar que había sido la causante de mi alta expectativa en los hombres, le agradecía por tan hermosa historia de amor, amistad y valentía.
En fin, como había dicho, mi día no mejoró. Cuando llegué al trabajo, me regañaron por haber llegado tarde y me amenazaron con que si llegaba una vez más tarde, sería mi último día de trabajo.
—¿La cuarta vez en un mes? ¡Scarlett Hochner! —Me reprendió Lizy, una chica rubia, de 1.75 metros de altura. Toda una modelo, y por cierto, mi mejor amiga.
—De acuerdo, ¿qué querías que hiciera? ¿Qué lo corriera por detrás como loca desesperada?
—Eso hubiera sido divertido de ver… —Comentó con una sonrisa maliciosa en su rostro.  Bufé mientras continuaba limpiando el bar.
Por haber llegado tarde, mi adorado jefe me había puesto a limpiar todo el local, y hasta que no terminara, no podía irme a casa.
Lizy continuaba con su sermón de casi todos los días, regañándome por únicamente estar pendiente de mi adorada saga y gracias a ello olvidándome de mí alrededor, mientras yo iba y venía ordenando y limpiando.
Cuando dos personas entraron al bar unos minutos más tarde.
En el momento en que ellos cruzaron la puerta del local, supe algo iba a ocurrir. No solo por el aspecto de aquellos hombres, sino porque hasta el ambiente se sentía extraño.
Cuando Lizy se percató de aquellos hombres, se calló y automáticamente se fue detrás de la caja registradora en silencio. Yo me armé de valor respirando profundo y fui hasta la mesa en donde los extraños se habían sentado como si nada.
—¿Estás seguro que es ella? —Logré oír antes de que ambos se callaran cuando me vieron acercarme.
—Disculpen, pero ya está cerrado. —Uno de ellos me sonrió. Sentí un escalofrío recorrerme cuando vi sus blancos dientes, y sobre todo, sus puntudos colmillos.
Me reprendí a mi misma ante la idea de imaginarlo como un vampiro. Por más de que amara Twilight, sabía que nada era cierto. Lamentablemente.
—No te preocupes. No tardaremos demasiado… —Volvió a sonreír, y de a poco, comencé a sentir que todo perdía peso. Mi vista se nubló por completo y perdí la estabilidad de mi cuerpo.
.
.
.
Gritos se oían a mí alrededor. Y de vez en cuando, sentía como si me pisaran o se tropezaran  conmigo. Un olor fuerte inundó mi nariz, logrando despertarme por completo. ¿Qué había pasado? No podía recordar nada, me sentía perdida.
Comencé a abrir mis ojos, y en ese momento, desee no haberlo hecho. Nunca.
Personas cubiertas de sangre corriendo desesperadas como si hubieran visto al diablo mismo. Otras, ya ni eran personas, sino cadáveres. El miedo me invadió. ¿Qué demonios ocurría? Miré a mí alrededor y como pude, me arrastré hasta detrás de una enorme columna que había al costado de aquel salón atestado de horror.
No entendía qué ocurría. ¿Por qué estaban masacrando personas de esa manera? ¿Cómo había llegado yo hasta allí? ¿Qué hacía yo en un lugar como ese? Recordé a Lizy en ese instante, y su regaño en el bar. Luego a aquellos hombres y…
Me quedé totalmente petrificada cuando vi a un hombre, del tamaño casi mayor al de un oso, tomar a una chica que corría, desesperada y con terror de él, y morder su cuello. No podía creer lo que mis ojos estaban viendo. La chica gritaba con fuerzas y dolor, pero él solo se mantenía prendido de su cuello. 
Mi respiración se aceleró. ¿Acaso él estaba...? No. No podía ser cierto. Él no podía estar... ¿bebiendo su sangre?
A los pocos minutos, la chica fue perdiendo voz y fuerzas. Ya había dejado de golpearlo intentando que la soltara. Él se alejó, dejando que su cuerpo cayera al suelo como si fuera nada. El pecho se me encogió cuando reconocí a la chica.
Lizy.
Tapé mi boca reprimiendo un grito de horror, pero no sirvió de nada. Aquel monstruo levantó su mirada dirigiéndola hacia mí, descubriendo mi escondite. Comencé a retroceder arrastrándome hasta que mi espalda chocó contra una pared, y entonces una sonrisa curvó su rostro. Solo parpadeé una vez y ya lo tenía parado frente a mí. Me tomó por el cuello levantándome sin dejar de sonreír. Mi corazón se aceleró aún más, no solo porque su mano apretaba con fuerza mi cuello, sino también porque en ese momento me percaté del color de sus ojos…
De un espeso y terrorífico escarlata.
Intenté quitar su mano de mi cuello, pero era inútil, y hasta yo misma sabía que lo sería. Cerré mis ojos repitiéndome en mi cabeza que esto tenía que ser un sueño, que no podía ser real. Volví a abrirlos y allí seguía, sonriéndome y observándome como si fuera un plato de comida. Mis pies ya no tocaban el suelo y era muy poco el aire que entraba y permanecía en mis pulmones.
En los ojos de aquel hombre, vi llegar mi final. El monstruo dijo algo, pero realmente no lo escuché. Todo a mí alrededor había comenzado a perder sentido, los sonidos eran lejanos y mi vista empezó a perder enfoque. Cerré los ojos otra vez, y me rendí.
¡Felix! —Oí muy a lo lejos, y sentí cómo todo volvía a caer sobre mí. El monstruo me había soltado y caí de bruces al suelo, tosiendo desesperada en busca de aire.
Levanté mi vista aún tosiendo, y allí estaba. Uno de los hombres del bar, solo que ahora traía puesto un traje negro y no llevaba lentes de sol, permitiéndome ver sus ojos profundamente rojos.
Ella no, Felix. —Dijo sin dejar de mirarme, pero yo apenas y escuchaba su voz. Volví a ver todo negro y sentí como si abandonara a mi propio cuerpo, otra vez.
.
.
.
Todo era negro. Sentía como si flotara en la nada. No había gravedad, no había absolutamente nada a mí alrededor. Había mucha tranquilidad, mucha paz, y deseaba poder quedarme allí.
Pero toda esa paz empezó a desaparecer a medida que los recuerdos volvían a mi cabeza.
Los hombres del bar. Aquel lugar atestado de horror, uno que nunca creí posible. Lizy. El enorme hombre. Sus ojos
No. No podía ser cierto. Todo había sido un sueño, ¿verdad? Tenía que serlo. Los vampiros no existen…
“Los vampiros no existen.” Me repetí una y otra vez a mi misma antes de comenzar, lentamente, a abrir mis ojos.
Estaba recostada boca abajo sobre algo frío y duro, y a medida que iba abriendo los ojos, mi temor se iba haciendo realidad. Un grito se atascó en mi garganta y las lágrimas nublaron mi vista.
No estaba segura de cuántos, pero en el momento en que vi la montaña de cadáveres que estaba siendo apilada por hombres vestidos con capas negras en el centro de aquel salón, mi pecho dolió.
¿Por qué? ¿Quiénes eran esas personas? ¿Qué hacía yo en ese lugar? ¿Qué había hecho para merecer algo como eso?
“Los vampiros no existen.”
Me arrastré lo más silenciosa que pude en dirección a una enorme puerta, conteniendo aquel sollozo que quería escaparse. No tenía idea a donde me llevaría esa puerta. Si a la salida o hacia algún cuadro peor del que estaba presenciando en ese momento. Solo quería salir de allí.
—¿A dónde crees que vas?
Me paralicé sintiendo el pánico invadirme. No me atreví a mirar hacia arriba, no quería hacerlo. Sentí cómo me tomaron del cabello, obligándome a hacerlo. Pero una vez que lo hice, el tirón no cesó hasta que estuve en pie.
El dolor, no solo en el tirón sino también en todo mi cuerpo, estaba haciéndome perder el sentido de todo lo que me rodeaba.
Abrí mis ojos y como pude, hablé.
—¿Q-quién eres? —Pregunté entre medio de un gemido de dolor cuando me encontré con el mismo hombre del bar.
Él solo sonrió en respuesta. Pero esa sonrisa no mejoró nada, sino que empeoró mi pánico. Mis lágrimas caían por mis mejillas y no podía pararlas. ¿Qué iba a suceder ahora?
De pronto, el tirón en mi cabello cesó, pero sentí el duro y frío suelo chocar bruscamente contra mi espalda, haciendo que mi cabeza sintiera el doloroso impacto. Casi grité del dolor.
Pero aquel se atascó en mi garganta cuando sentí algo filoso acariciar la piel de mi cuello.
“Los vampiros no existen, ¿o sí?”
Abrí mis ojos, encontrándome con aquel tipo sobre mi cuerpo, y su frío aliento golpear contra mi cuello. Intenté golpearlo, quitarlo de encima empujándolo, pero era inútil. Y una vez más, yo sabía que lo era.
Con que tú creías que ya lo habías visto todo… Créeme, apenas estás comenzando a vivir, belleza. Me lo agradecerás. —No entendí lo que quiso decir, y tampoco tuve tiempo para intentar comprenderlo, ya que sentí aquello filoso rasgar la piel de mi cuello.
Comencé a sentir un insoportable peso sobre mi cuerpo que quemaba. El fuego tocaba cada extremidad de mi cuerpo, cada músculo, cada  hueso, cada órgano. ¡Dios, me estaba prendiendo fuego!
“Los vampiros… existen.”
De repente ya nada se podía distinguir a mí alrededor.
Mis ojos eran lagunas de un aguado escarlata y mis sentidos se agudizaban al punto de traspasarme.
Quise sostenerme, quise aferrarme a mi final.
Quise morir.
Quise desaparecer de una vez, antes que seguir agonizando de esta forma.
Sus labios fríos aún delineaban el tenso tendón de mi cuello.
Sentí… Sentí cómo sonreía en muecas definidas y ansiosas.
A medida que la ponzoña se expandía, él jugueteaba con la poca sangre pura que habitaba en mi organismo.
Quería beber, pero no de mí. Aceleraba el cambio. El dolor lo confirmaba. Dejaba entrar y salir una y otra vez mi sangre limpia, para que se infectara de una vez. 
Mis manos soltaron sus hombros y se aferraron al duro suelo, quebrándolo como si de tierra se tratase.
El calor me abrumaba y una intensa sensación me invitaba a relamerme ante la idea de calmar mi desesperante sed, con la tibia espesura de todas aquellas inocentes víctimas.
El tiempo corría y las sensaciones se multiplicaban a mil. Su succión era excitante y sus labios habían recobrado la suavidad de un beso humano.
Pero no lo era. Y yo tampoco.

Aló (?) Alguien por allí detrás de la pantalla (?) :B
Ok, lamento haberme tardado demasiado._. 
No daré excusas, así que solo diré que lo siento... (L)
Bien, ¿qué les pareció el cap? ¿Opiniones? ^-^
Love ya' all.
Peace. Out.
Ally C-B.

domingo, 18 de noviembre de 2012


Mi segunda vida.
Summary: Cuando Edward dejó a Bella, lo hizo con la esperanza de que ella tuviera una humana y feliz vida… ¿Qué hubiera ocurrido si ella así lo hubiera planeado, a no ser por un minúsculo detalle?
Disclaimer: Nunca lo aclaro, pero no está demás hacerlo. Los personajes no son míos –I fucking wish- son de Meyer. La 'blasfemia' que están a punto de leer, sí es mía. XD


Cumpleaños
Bella POV
Una semana pasó desde aquel primer día de caza en compañía de Edward, y casi pareciera que todo fuera normal entre las dos familias y los lobos. Sin embargo, no lo era.
Los entrenamientos seguían, y ya estábamos en la etapa de que toda broma o distención era rápidamente eliminada del ambiente. Todos estábamos comenzando a sentir la adrenalina y los nervios de ver lo que nos jugábamos con esta batalla así que el tenor de todo aquello resultaba cada vez más serio y profundo.
Pero a pesar de ello, la calidez entre las parejas no había cambiado en lo absoluto. Con la tensión que había en el ambiente, cada pareja se las apañaba para relajarse y distraerse los momentos libres que teníamos. Pero algo que me había dejado completamente perpleja, fue que Edward y Jacob habían comenzado a llevarse bien. Al principio, Jacob lo culpaba de mi transformación. A pesar de qué el no me había convertido, Jake lo aborrecía por todo por lo que me había pasar y el día que me había visto junto con él y los Cullen, simplemente no le había gustado nada. Pero ahora, su mente había cambiado. Se llevaba bastante bien con todos los integrantes de la familia Cullen, aunque aún mantenía cierta distancia.
Nicole y Jaime cada vez estaban más fuertes. Pero aún me ponía incómoda el hecho de imaginarlos peleando de verdad frente a incontrolables neófitos.
—Tienes que confiar en ellos, Bells. —Me susurró Edward al oído mientras me abrazaba por la cintura desde atrás. Suspiré mientras los observaba cómo luchaban entre ellos entre bromas y risas. Ellos y Lena eran los únicos que durante los entrenamientos se divertían, los demás lo hacían completamente serios.
Un día daba paso al otro, una semana a la otra. Pronto y sin darme cuenta siquiera, estábamos entrando en aquel mes que tanto había aborrecido en mi vida humana y que tanto había odiado desde que él me había abandonado. Septiembre.
1º de Septiembre, y mi pesadilla comenzaba.
Nicole y Alice se habían claramente confabulado para organizar aquella fiesta en esa fecha innombrable para mí. Mi cumpleaños.
Ya no sabía cómo demonios decirles que esa no era una fecha de celebración para mí. Sus oídos se negaban a aceptar mis necedades -como solían decirme-. Así que frustrada y resignada me dedicaba a refunfuñar cada vez que podía. Me sentía traicionada por todos, bufé.
—No puedes tomártelo de esa forma, Bella. —Dijo Carmen mientras iba de un lado a otro en la cocina preparando la cena para los lobos.
—Simplemente, no le veo el sentido. —Refunfuñé mientras me sentaba sobre la mesada. —Se supone que se festeja el hecho de que uno está envejeciendo. Y yo ya no lo hago.
—Lo sé, cariño. —Dijo mi madre adoptiva dirigiéndose a donde estaba y colocó una de sus manos en mi mejilla mientras me sonreía amable y pacientemente. —Solo dales la oportunidad de distraer a todos un poco de lo que se nos avecina. —Suspiré resignada y asentí.
—Siempre logras manipularme… —Protesté divertida. Ella rió mientras me abrazaba y depositaba un dulce beso en mi cabeza. De repente, se quedó callada sin soltar el abrazo.
—Sabes que te quiero como si realmente fueras mi hija, ¿no? —Preguntó abrazándome con un poco más de fuerza. Sus palabras me sorprendieron. No por lo que había dicho, sino por la forma en que lo dijo. No podía ver su rostro, pero su voz resquebrajada daba indicio a que pronto llegaría el sollozo.
Le devolví el abrazo respirando profundo. Sabía por qué se sentía de esa forma. Se acercaba la fecha de la batalla y aún no sabíamos qué era lo que iba a ocurrir, si ganaríamos o perderíamos. Y comprendía su dolor. La familia que tanto le había costado conformar podía llegar a disolverse, y eso era lo que más le preocupaba. El tan solo perder a uno solo de sus hijos adoptivos, la destrozaría.
Carmen comenzó a sollozar en mis brazos y yo contuve los míos. —Yo también te quiero, mamá. —Le dije como pude sin dejar de abrazarla.
.
.
.
Finalmente, el día 13 de Septiembre había llegado. Y con ello, la gran fiesta de Alice y Nicky. No protesté ante todo lo que habían organizado, más bien agradecí con una sonrisa a todos. Luego de mi charla con Carmen, había decidido tomarlo con calma. Las familias y los lobos necesitaban un día de descanso por lo menos.
Agradecí cada regalo, a pesar de no estar en acuerdo con algunos que eran demasiado caros. Agradecí el de Jacob, que había sido una pulsera con un lobo tallado en madera. Agradecí el de mis hermanos, un recuadro de los tres juntos. Agradecí el de Jasper y Alice, el de Rose y Emmet, el de Sophy y Josh. También por supuesto el de mis padres y el de Esme y Carlisle.
El regalo de Edward, estaba a punto de conocerlo.
Edward, ¿puedes decirme ya a dónde vamos? —Le pregunté ansiosa.
Él había insistido que esa noche saliéramos juntos, solos, sin familias ni amigos licántropos que interrumpieran. Yo acepté sin saber la condición de Edward, que resultó ser que no supiera nada, ni intentara averiguarlo, ya que sería una sorpresa de cumpleaños.
Sabes que odio las sorpresas… Protesté.
Escuché su risa divertida. Resiste, ya llegamos. Dijo en mi oído con diversión.
Edward me tenía cargando en forma nupcial en sus brazos y tenía una venda negra en mis ojos, puesta a pedido y súplica de él. La curiosidad me carcomía por dentro. ¿A dónde íbamos? ¿Cuál era el tan esperado regalo?
La respuesta a esa pregunta la obtuve cuando Edward dejó de correr y me devolvió al suelo. Se posicionó detrás de mí, para poder desatar el lazo, y me dio un delicado beso en el cuello provocando que me estremeciera.
¿Lista? Preguntó ansioso. Asentí y él soltó la venda de mis ojos.
Mi respiración innecesaria se cortó ante lo que tenía frente a mis ojos. Una hermosa cabaña de madera construida sobre árboles estaba a solo unos pasos de mí.
¿Te gusta? Me preguntó Edward abrazándome por atrás. Me giré y lo abracé por el cuello con fuerzas.
Es perfecta. Dije alejándome para besarlo con dulzura. Él me correspondió sin dudarlo y sonriente.
¿Te parece si la investigamos por dentro? Preguntó cortando con el beso. Sonreí asintiendo mientras, tomados de las manos, entrábamos en aquel bello lugar.
Por dentro, era hermosa. En las paredes había fotos con mi familia, con los Cullen y hasta con los licántropos. Sonreí por ello. Todo era perfecto, hasta en los más insignificantes detalles. Pude notar tanto los gustos de Esme como los de Carmen, y eso me agradó.
Esto es… hermoso. Dije fascinada mirando a todo mi alrededor.
Aún falta más… Dijo sonriendo divertido y tomando mi mano.
Edward me llevó hacia una habitación, la cual tenía la puerta cerrada. Me dio un corto y dulce beso en los labios antes de abrir la puerta. La respiración, se me cortó otra vez ante la hermosa imagen que tenía delante de mí.
En la habitación había una cama de dos plazas, donde encima y a todo su alrededor yacían pétalos de rosas esparcidas y muchas velas que decoraban el cuarto y daban un toque de calidez a la noche, aparte de la luz de la luna que entraba por las ventanas que estaban abiertas. Todo era hermoso, y romántico. Muy al estilo de mi Edward.
Él me abrazó por la cintura desde atrás mientras yo me encontraba atónita viendo todo. Si hubiera sido humana, hubiera llorado de felicidad, pero simplemente lleve mis manos a mi boca de la emoción y observé todo con adoración.
Feliz cumpleaños, mi amor, Susurró en mi oído antes de que me girara hacia él. Lo bese con el mayor amor que podía demostrarle. Él me correspondió de la misma forma, haciéndome sentir la mujer más afortunada de todo el mundo por tenerlo.
De pronto, una canción comenzó a sonar y sonreí más que contenta. Edward me devolvió la sonrisa mientras pegaba su frente sobre la mía y comenzaba a moverse de un lado a otro, lento, y sin soltarme. Entendí lo que quería, así que lo seguí sin soltarlo y sin alejarme un milímetro. Él sonrió más aún, satisfecho.
—No tenías por qué molestarte con todo esto… —Dije mirándolo a los ojos.
—Esto es nada a comparación de todo lo que mereces, Bella. —Me dijo algo molesto mirándome serio. Le sonreí sacudiendo mi cabeza antes de besar su nariz, haciendo que volviera a sonreír.
Los minutos, o quizás horas, pasaban mientras Edward y yo bailábamos en silencio, dejándonos llevar por esa hermosa melodía. Ambos estábamos con los ojos cerrados, disfrutando de aquel hermoso y mágico momento.
¿Recuerdas nuestro primer baile en la graduación? Preguntó de repente, mientras acariciaba mi espalda. Suspiré ensoñadoramente antes de contestarle.
¿Cómo podría olvidarlo? Fue uno de los momentos más mágicos que vivimos juntos cuando era humana… Contesté mientras lo recordaba con una sonrisa y abría mis ojos.
Me encontré con la profunda mirada de Edward, que también sonreía. Su mirada reflejaba un sincero amor mezclado con un intenso deseo, provocando que mis piernas temblaran con solo una mirada.
No es suficiente la frase “Te amo” para decirte todo lo que siento por ti. —Sonreí sintiéndome más que feliz.
Te amo tanto… Contesté como pude antes de que me Edward besara con desesperación.
La balada seguía sonando mientras Edward me besaba profundamente. Demostrándome con cada caricia de nuestros labios todo el deseo que sentía por mí. ¿Cómo aguantaría todo ese deseo si yo fuera humana? Era imposible, no encontraba respuesta.
Luego de ese profundo e interminable beso, Edward pegó su frente sobre la mía, respirando aceleradamente, al igual que yo.
Bella… Susurró con la voz ronca. Abrí mis ojos para encontrarme con esos ojos negros de Edward, llenos de deseo. Mi autocontrol flaquea… Dijo cerrando sus ojos, al mismo tiempo en que yo lo hacía.
Me molesté un poco. ¿Quién le había pedido que su estúpido autocontrol se metiera en esto? ¿Por qué se controlaba? Yo quería pertenecerle, quería ser suya.
¿Edward? Le llamé con la voz entrecortada. Él suspiró jadeante antes de contestarme.
¿Sí?
Te necesito…
Un gruñido salió de sus labios antes de tomarme y sentir la suavidad de las sábanas y de los pétalos debajo de mi espalda desnuda. Luego nos fundimos en beso, lleno de más amor que cualquier otro.
Esa noche, fue la mejor noche de toda mi existencia. Inclusive la mejor de todas las noches que pasé como humana.
No existían palabras para describir lo perfecta que fue. Ni siquiera para describir todo el amor que nos demostramos con cada caricia y cada beso.
Jamás la olvidaría.


Otra vez, Ally reportándose. :B
Aquí les dejo el taaaaaaaaaaan esperado cap. *-*
Sé que muchas querrán matarme por no escribir lemmon, pero prometo que al final escribiré un OS con el lemmon de esta parte. Pero si alguna se ofrece a hacerlo porque quiere hacerlo YA, hablen conmigo y arreglamos. ;D
¿Qué les pareció el cap? ¿Opiniones? :]
Love ya' all!! <3
Peace. Out.
Ally C-B.


Summary: "Siempre me gustaron los vampiros. En especial, desde que Twilight apareció. Pero nunca creí que existieran, aunque en mi profundo ser sí lo deseaba.
¿Alguna vez se han preguntado si tanto los Cullen como cualquiera de los vampiros mencionados en la saga realmente existen? Pues, yo sí. Y créanme que todo cambió cuando pude verlos realmente.
Sí, descubrí que los Cullen existen. Descubrí que los lobos también existen. Y como consecuencia, también descubrí que los Vulturi existen. Allí es donde comienza mi historia..."

1. Prefacio
SUNSET
By Ally C-B
&.
Aquel vampiro se acercó firme, pero con algo de titubeo en su andar, con otros dos vampiros a sus costados. No podía ver su rostro, y mucho menos lo que a mí más me interesaba: sus ojos. El hombre se detuvo a varios metros. En ese momento, Aro se giró a mí con esa sonrisa que, a pesar de estar muerta, hacía que los bellos se me erizaran.
—Por favor, acércate, querida.
No lo dudé y me acerqué de la misma forma que aquel vampiro desconocido lo había hecho.
—Mi querida Scarlett… —Temblé al oír mi nombre completo. —Te presento al vampiro que desde hace tiempo deseas conocer. —Dijo con esa falsa amabilidad de siempre. —Carlisle, te presento a la nueva integrante de mi guardia.
En el momento en que el vampiro alzó su mirada y sus ojos se encontraron con los míos, sentí como si algo pesado me hubiera caído encima. Como si fuera humana y me hubieran tirado un balde de agua fría. Y sentí la desesperación comenzar a llenarme.
Ese vampiro no podía ser Carlisle Cullen. No era como Stephenie Meyer lo había descrito, y mucho menos como lo habían representado en las películas. Pero lo que más me desesperaba, eran sus ojos escarlata. Porque eso solo podía significar una cosa…
No existía salida a la sed. Tendría que beber sangre humana. Sería un monstruo.
—Un monstruo no, mi querida… —Dijo Aro colocándose frente a mí. No me había percatado de que él había tomado mi mano segundos antes, sabiendo de esa forma todo lo que había pensado.
—Ésta es tu naturaleza, mi bella Scarlett.
Quité mi mano de entre las suyas con brusquedad, y todos se pusieron en posición de ataque. No me importó.
—Una naturaleza que yo no elegí… —Le escupí entre gruñidos antes de salir a zancadas hasta el portón de entrada al salón. Me negaba a aceptarlo. Tenía que haber otra manera de alimentarme. No podía masacrar humanos como si fueran nada. Tenía que existir otra forma.
E iba a encontrarla.
Ese fue mi último pensamiento antes de que mi vista se nublara por completo y sentir un agonizante dolor en el cuerpo que no me permitió continuar.


Hello people!!  :D I know, I know... Algunas desean golpearme por no actualizar nada._.
La cuestión es que este año ha sido uno de los más complicados que tuve en la Uni. Y decidí intentar que al menos no me fuera tan mal, y por ello había dejado de escribir... Pero ya pronto terminan las clases, así que tendré todo el tiempo que quiera para escribir y actualizar! :D
Bueno, la idea de este nuevo fic surgió cuando fui a ver Breaking Dawn - Part 2, la cual fue IMPRESIONANTE E INOLVIDABLE. <3 
Espero que me sigan queriendo (?) y sigan dándome oportunidades... <3 ._.
¿Qué les pareció? ¿Les gusta esta nueva historia? :]
Love ya' all. 
Peace. Out.
Ally C-B.

sábado, 29 de septiembre de 2012


Summary: MINIFIC. "—¿Por qué, Edward? —Susurró ella dejando que las lágrimas se escaparan de sus ojos. —Porque no puedo evitar amarte, sin importarme que seas… que seas…—Repitió el cobrizo dejando que a él también se le escaparan lágrimas. —Que seas mi hermana…". Bella/Edward. Rating: M.
Advertencia: Bien, ésta historia contiene lenguaje adulto, pero aún no sé si habrá lemmon. :B Pero denle una oportunidad, y lean. ;D Prometo no decepcionarlas (?) C:
N/A: POR FAVOR, LEER NOTA AL FINAL. Gracias. C: ¡Enjoy en cap!


1. Capitulo Uno.
Forbidden Love
By Ally C-B
&.
Tres estudiantes caminaban en dirección a su Instituto, cuando el sonido del tren se oyó a lo lejos entremedio de esas risas que por poco lo dejaban sordo. El hecho era que no le molestaban las risas -y menos las que provenían específicamente de ella-, lo que en realidad le molestaba, era que eran a causa de él. Bromas, y exclusivamente hechas por su propia hermana.
—Juro que cuando vi su cara no pude evitar no reírme. ¡Se puso pálido! —Alice, la mejor amiga de Bella, reía animadamente mientras la castaña contaba lo que había ocurrido entre risas. —Y le dije: "Edward, no es como si nunca te hubiera visto desnudo… Nos desarrollamos en el mismo estómago antes de nacer, y que yo sepa, no estábamos vestidos". —Ambas muchachas reían a carcajadas. Edward solo bufó.
—Y esa fue la respuesta más estúpida que he oído en mi vida, Isabella. —Protestó el cobrizo algo molesto. —Todo gracias a que no tocas la puerta antes de entrar al baño.
—Ya, Edward, no chilles. —Dijo la castaña desacelerando el paso y quedando al lado de su hermano. Ella lo miraba divertida, y él solo tenía su expresión seria de siempre. —De todas formas, no estabas desnudo. Solo no tenías puesta tu camiseta…
—Aún así, ya te he dicho millones de veces que toques la puerta antes de entrar en cualquier habitación.
—Okey, no exageres. No fue para tanto… —Dijo antes de volver al lado de su mejor amiga que estaba por delante entre risas.
Edward odiaba las bromas. A sus ya 17 años, se tomaba la vida muy en serio. No tenía tiempo para ir "volando en las nubes" como Bella lo hacía, y eso que tenían la misma edad.
A tan solo una cuadra del Instituto, se oyó el timbre que sonaba como advertencia antes del que anunciaba la entrada.
—¡OH! ¡Edward, date prisa o llegaremos tarde! —Exclamó Bella antes de salir corriendo con Alice, alias "la pequeña duende".
—Claro, ¿y de quién crees que es la culpa? —Dijo Edward por lo bajo antes de salir corriendo detrás de ellas.
Una vez que llegaron, se dirigieron rápido a sus casilleros en busca de los libros que necesitarían en sus próximas horas de clase.
—Demonios. —Soltó Bella cuando el timbre de entrada sonó. —Rápido, Alice. O si no llegaremos tarde a clases, otra vez.
—Si no te hubieras tardado en tomar tu desayuno, no estaríamos aquí a esta hora para empezar. —Protestó Edward.
—¡Lo siento!
—Buenos días, señor gruñón. —Saludó Jasper refiriéndose como gruñón a Edward, su mejor amigo desde que tenían memoria. —Qué lindo, ustedes tan amigables como siempre. —El cobrizo revolea los ojos ante el sarcasmo de Jasper.
—Hola, Jasper. —Lo saludó Bella con una sonrisa antes de salir corriendo con Alice hacia sus correspondientes clases. Pero a tan solo unos pasos realizados, se detuvo y se giró a su hermano. —Edward, me pasas luego tus apuntes. ¡Gracias! —Gritó mientras salía corriendo a encontrarse nuevamente con Alice, que la esperaba a unos pocos pasos adelante.
—Okey. —Dijo Edward en un suspiro viéndola irse corriendo.
—Es impresionante la diferencia. —Comentó Jasper antes de seguir acomodando sus libros en su casillero junto al de Edward.
El cobrizo lo miró confundido. —¿A qué te refieres? —Jasper sonrió de lado.
—A pesar de ser mellizos, no tienen nada parecido ni en común. Salvo sus padres…
Mellizos. Con solo oír esa palabra, Edward sentía nauseas. ¿Por qué? ¿Por qué Dios lo castigaba de esa forma? El sentir amor por un hermano, en este caso hermana, era normal. Pero el amor que Edward sentía por Bella… Ese amor no estaba permitido. Era… era enfermizo. Un amor inaceptable en la sociedad. Un amor prohibido
Si había algo que Edward odiaba con toda su alma y todo su corazón, era el ser hermano de Isabella. Porque eso le impedía amarla como ella se lo merecía. Le impedía el poder gritar a los cuatro vientos cuánto la deseaba, cuánto la quería. Le impedía el poder besarla frente a todos y demostrar, de esa forma, que ella le pertenecía. Le impedía el poder confesarle el amor que sentía por ella. Pero, y por sobretodo, le impedía ser feliz.
Sí, un pensamiento egoísta, pero no era fácil para Edward el tener que evitarla lo más que pudiese, porque a veces con solo una mirada de ella, un encuentro de sus ojos marrones que irradiaban calidez con los verdes suyos que solo expresaban frialdad, lo tentaba a mandar al demonio a todos y perderse en su calor. No era fácil el no poder acercarse y abrazarla cuando la veía llorar, cuestión que lo hacía sentir como si rasguñaran su propio corazón, para consolarla, porque con un solo toque de sus pieles, lo tentaba a olvidarse de todo y amarla como se lo merecía. No era fácil dormir en las noches sabiendo que en esa misma habitación, aquella persona que más deseas, duerme en la cama de debajo de la cucheta.
Cada día, cada hora, cada minuto que Edward pasaba junto a Bella, era una tortura. Él deseaba poder demostrarle el verdadero amor que sentía por ella, pero sabía que no era correcto. No estaba bien a los ojos de la sociedad.
"Maldita sociedad…", pensó Edward mientras volvía su mirada a Bella y la observaba correr entre risas.
Ella era tan hermosa, tan angelical, tan perfecta, tan… ella. Y él sabía que si le expresaba sus sentimientos, la que más sufriría en toda esa historia, sería ella. ¿Por qué? La respuesta era simple…
—¿Estás seguro, Edward? —Preguntó la directora bastante sorprendida por la petición del mejor alumno de la Institución. Edward asintió desde su lugar, sentado en la silla frente al escritorio de la directora Copper.
Ya casi el día completo estaba por terminar, y ese había sido el momento justo para conversar con ella sobre lo que Edward quería, o más bien estaba obligado a hacer -por sí mismo-, para su futuro. Ese era el último año antes de entrar a la Universidad.
—Edward, el ingreso a una Universidad en el exterior es complicado. Si bien, ambos sabemos que yo tengo lo contactos para hacerlo y ofrecí la realización de un examen para aprobar el intercambio, ¿estás seguro que esto es lo que quieres? —Volvió a preguntar completamente sorprendida la directora.
—Sí, Sra. Copper. Estoy seguro. ¿Es que acaso usted duda de mi nivel de conocimiento? —Preguntó Edward aparentando ofensa. Tenía que hacerlo. Tenía que aparentar que quería eso, que quería irse sin importarle nada más que su futuro académico.
Tenía que aparentar, por más que su corazón le hiciera sentir que luego se arrepentiría. Por más que su cabeza en ese momento le trajera la imagen de Bella y ya la extrañara a pesar de que aún no se había ido. Pero tenía que aparentar…
—Por favor, Edward. Eres el mejor estudiante que esta Institución tiene. Por supuesto que no dudo de ti. Solo me extraña… —Edward frunció el ceño al ver que la directora se detuvo.
—¿Sí? —Insistió.
La directora apoyó sus antebrazos sobre el escritorio mientras entrelazaba sus dedos y observaba a Edward.
—¿No piensas en que tu hermana te extrañará? Ustedes son mellizos, ¿cierto? ¿No crees que le dolerá el verte partir? —Edward la observó sorprendido. Su respiración se aceleró un poco y bajó su mirada.
Él tuvo que hacer su corazón de piedra antes de decir: —En algún momento debemos separarnos. ¿Cuál es la diferencia de ahora con un par de años más?
La Sra. Copper suspiró mientras se alejaba recostándose un poco sobre el asiento, observando al chico que miraba sus manos sobre su regazo. Pero lo que no podía observar era cómo éstas estaban cerradas en puños y temblaban ligeramente, como si él estuviera conteniendo algo.
—De acuerdo, te daré un par de días para que lo pienses claramente. —Edward levantó la vista sorprendido. —El examen es el viernes. Si lo tienes decidido y quieres el intercambio, ven a hacer el examen. No lo tienes asegurado, ya que sería injusto para tus compañeros que tu poseas ventaja por ser quien eres.
El cobrizo asintió antes de ponerse en pie. Aún le faltaba una cosa por decir.
—Muchas gracias, directora Copper. —La mujer asintió. —Solo… me gustaría pedirle una cosa más.
La señora con aspecto de cincuenta y tantos lo miró atentamente a través de sus anteojos.
—Ésta es una decisión que yo he estado meditando hace tiempo, por lo que mi familia aún no lo sabe. Me gustaría que quedara aquí entre nosotros hasta saber el resultado de los exámenes.
Ella lo observó fijamente y sorprendida, ya que hablaba como si su decisión ya estuviera tomada. Aún así, tenía esperanzas en que el chico cambiara su forma de pensar. No por egoísta, sino porque ella tenía a su hijo mayor en una Universidad de intercambio, lejos, y sabía lo que sentía.
La mujer suspiró y asintió. —Puedes confiar en que esto no se hablará fuera de estas cuatro paredes.
—Gracias, directora. —Dijo Edward por último antes de salir de la oficina.
El timbre del final del sonó justo cuando él salía de allí suspirando y algo tenso.
—¡Edward! —Aquella voz logró calmarlo por completo. Bella tenía tanta influencia en él, que si ella le pidiera que le bajara la luna, él lo haría. Solo por ella. —¿Ya has terminado la reunión? —Preguntó la castaña mientras él la observaba perdido en cada una de sus facciones y en su preciosa sonrisa.
Edward sacudió la cabeza volviendo en sí al darse cuenta que ella esperaba una respuesta. —S-sí.
—Qué bien. ¿Volvemos juntos a casa?
En ese momento, todo ocurrió muy rápido.
Bella se acercó, tomando el brazo de Edward entre sus manos, en un acto de cariño. Y él sintió un latido rápido y profundo que logró ensordecerlo por unos momentos y tensar todo su cuerpo, en especial allí, donde ella lo tocaba.
"No…", pensó antes sacudir con fuerza su brazo haciendo que ella retrocediera apenas un par de pasos, pero dejándola lo suficientemente sorprendida.
Pero ella no podía tocarlo. No podía acercársele de esa forma, tan confiada. ¿Es que acaso no se daba cuenta de que un simple y sencillo acto lograría flaquear el poco autocontrol que el cobrizo poseía? Edward sabía que si perdía el control, que si él le confesaba absolutamente todo lo que sentía de una buena vez, todo cambiaría. Y ella sufriría. Sus padres sufrirían. Porque ése no era un amor aceptable. Ni para la sociedad, y mucho menos a los ojos de Dios.
Cuando Edward volvió en sí, se dio cuenta de su acción. De la bruteza con la que la había empujado, y la culpa lo llenó. Vio en los ojos chocolates de ella la sorpresa y duda, y no lo soportó. Por lo que solo bajó su mirada llena de culpa y dijo:
—Deja de perseguirme todo el día. —Aunque, la realidad era que él amaba que ella siempre estuviera pendiente de él. Era como un acto inconsciente por parte de ella en demostrarle que había, que existía, un sentimiento oculto. Pero él intentaba rechazar ese sentimiento y pensamiento. Podía ser, como también no, cierto.
Su expresión había sido seria y algo molesta, aunque claro, solo fingía. Porque por dentro, no sentía más que culpa y ganas de abrazarla y rogarle su perdón.
Edward suspiró ante el silencio de ella y comenzó a caminar. Cuando un delicado "lo siento", casi pronunciado en un susurro, se escuchó y él sintió que se derrumbaba ante esa voz algo resquebrajada y arrepentida que quedaba atrás a medida que él avanzaba en su caminar por el pasillo.


¡Holó a todas! :D
Primero que nada, MUCHÍSIMAS GRACIAS a todas por la oportunidad que me están dando con este fic. Agradezco cada review, cada MP, cada palabra de aliento. Fue una semana un tanto difícil, por lo que leer cada review me dieron ánimos y fuerzas. ^^
Segundo, tengo que aclarar lo del MANGA. :B Este fic es una adaptación de un MANGA (que tiene otro nombre que no se dirá hasta el final de este MINIFIC). Muchas se han confundido con un libro que se llama "Forbidden", el cual, también trata de una relación entre hermanos. Déjenme aclararles, OTRA VEZ, que éste fic es una adaptación MANGA, aunque la narración y eso, sí me pertenecen así como el nombre del fic. :]
Tercero, -y esto lo aclaro más por un sentimiento mío- cuando en la Intro mencioné lo de "OTAKUS", no lo hice con la intensión de ofender a NADIE. Solo lo dije porque yo SOY orgullosamente otaku, y como he charlado con muchas de mis lectoras, se que un gran porcentaje lo son, por lo que me pareció una simple frase de complicidad or something like that. ;B Sepan que no quise ofender a nadie, y si lo hice, MIL DISCULPAS. :]
Y cuarto, mis fechas de actualización. ^^ Como fueron desde un comienzo, actualizaré los fines de semana -entre viernes y domingo- y los días Miércoles con suerte. :B Pero éste fic, tendrá como fecha definitiva los fines de semana (a no ser que no logre poder actualizar, que en ese caso serán los Miércoles). :D
Bien, creo que esas son todas las aclaraciones que tenía para hacer. ^^
Pero ahora, necesito lo más importante para mí: SUS OPINIONES. :D ¿Qué les pareció el cap? ¿Les va gustando? :I
Love ya' all. (L)
Peace. Out.
Ally C-B.

Summary:¿Por qué, Edward? —Susurró ella dejando que las lágrimas se escaparan de sus ojos. —Porque no puedo evitar amarte, sin importarme que seas… que seas…—Repitió el cobrizo dejando que a él también se le escaparan lágrimas. —Que seas mi hermana…”. Bella/Edward. Rating: M.

Introducción
Forbidden Love
By Ally C-B
&.
Dos niños jugaban en el parque que había al frente de una Iglesia, bajo las atentas y divertidas miradas de sus padres.
La niña era menudita, de cabello color castaño con unos hermosos reflejos rojos que únicamente se distinguían a la luz del sol, sus ojos eran de un profundo color chocolate y su cara, en forma de corazón, hacía que su pequeña y sincera sonrisa fuera deslumbrante.
El niño era un poco más alto que ella, su cabello de un extraño color cobrizo, sus ojos color esmeralda y su compradora sonrisa torcida, lo hacían el niño más guapo que jamás se haya visto.
Cualquiera que los observara, no dudaría en que esa pequeña parejita de niños eran hermanos. El parecido era extraordinariamente hermoso, y no específicamente en lo físico. En este último aspecto, ellos eran distintos; pero en su personalidad, en su forma de pensar y de ver el mundo a pesar de ser niños, ellos eran iguales. Se podría decir que hasta mellizos, y eso era exactamente lo que eran.
Distintos por fuera, parecidos por dentro.
Aunque, el pequeño Eddie -como su madre llamaba al niño de nombre Edward- siempre recalcaba que él era el mayor ya que había nacido primero. Bella, el diminutivo del nombre de la niña Isabella, no le daba importancia. Ella se conformaba con tener a Edward como el mejor hermano del mundo.
—Toma. —Le dijo el pequeño Eddie a Bella colocándole una pequeña ‘diadema’ que había hecho con las flores.
La niña rió animada. —¡Qué bonito! —Dijo ella levantándose y corriendo a su madre. —¡Mami, mami! ¡Mira la que Edward me regaló!
—¡Es precioso! —Exclamó Esme, la madre de los niños, sonriendo mientras Carlisle, el padre, sonrió ampliamente. —Pareces una hermosa princesa…
El pequeño Edward, al escuchar las palabras de su madre, se levantó y corrió hacia su familia algo molesto.
—¡No! Ella no es una princesa… —Protestó cruzándose de brazos. —Es una novia. Cuando sea mayor, me casaré con ella. —Ambos padres no pudieron evitarlo y se lanzaron a reír animadamente.
Era tanto el cariño que se tenían los mellizos Edward y Bella, que nunca nadie imaginó que todo cambiaría. Que ese amor de hermanos, con el tiempo, se volvería un amor de pareja.
Un amor prohibido
Porque nunca nadie aceptaría una relación así, en la sociedad no estaba bien vista, y solo se podía llamarlo de una manera:
Incesto.
Y Edward se negaba a llamar a ese hermoso amor que lo llenaba de esa manera tan vulgar. Ese precioso sentimiento no se debía llamarlo de una manera tan irrespetuosamente cruel como aquella.
Pero él sabía que no debía… Él sabía, desde un principio, que no debía mirarla con otros ojos que no fueran de un hermano mayor. Pero simplemente, no podía.
Le costaba asimilarlo, pero la amaba.
Le costaba pensarlo, pero la deseaba.
Le costaría su vida, pero a pesar de ello, él estaba dispuesto darla con tal de que ella le permitiera ser feliz a su lado.
Pero no debía…
Ya nada era como cuando eran niños. Ambos, con sus 17 años, ya eran lo suficientemente maduros como para tomar una decisión.
¿Deberían seguir sus sentimientos a pesar de ser de una misma sangre?

¡Hooooooooooooooooooooola mi gente! (L) :D ¡Tanto tiempo! :c
Bien, primero que nada, sí lo sé, el cap es corto. -.- Pero es que cuando escribía quería llegar rápido al cap uno, estaba inspirada ese día... :B
A todas las OTAKUS presentes, sí, ésta es la adaptación que ustedes piensan. ;D -Hablamos por privado con respecto a ese tema-. ;] Pero sí, PARA TODAS, este fic será la adaptación de un manga-anime. Aún así, lo relatado y en la forma en que será hecho, ME PERTENECE. c:
Okey, that's all my girls... (L)
¿Qué les pereció el cap? ¿Opiniones?
Love ya' all.
Peace. Out.
Ally C-B.

 
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